Con toda claridad el derecho propio señala que “los libros que se utilizan para proclamar los textos litúrgicos, con el pueblo o en beneficio del mismo, en lengua vernácula, deben tener una dignidad tal que su aspecto exterior mueva a los fieles a una mayor reverencia a la Palabra de Dios y a las cosas sagradas. Por ello, es necesario que se supere cuanto antes la fase provisional de las hojas y folletos, allá donde esto se dé. Todos los libros, destinados al uso litúrgico de los sacerdotes celebrantes o de los diáconos, deben ser de un tamaño lo suficientemente grande como para distinguirlos de los libros para uso personal de los fieles”[1].
Es decir, cuando están disponibles los libros litúrgicos dignos y decorosos se deberían evitar, misales o leccionarios desencuadernados (desprendidos de la tapa), con cintas desmechadas, tan pequeños que se necesita una lupa para poder leer, folletos o carpetas con hojas sueltas anilladas o bien tablets (o misal digital), etc. Aún más, nuestro Fundador aconsejaba: “Nunca proclames la Palabra de Dios desde misales manuales ni de hojas sueltas”[2] y agregaba: “No trates el leccionario como si fuera una novela”[3].
Entonces, por más que la gente tenga ‘misalitos’ o apps en el teléfono para participar de la Misa el celebrante no debería usarlos para leer las lecturas e incluso celebrar la misa desde allí. Ya que, como señala Sacramentum Caritatis: “El ars celebrandi ha de favorecer el sentido de lo sagrado y el uso de las formas exteriores que educan para ello”[4]. En este sentido manda la Instrucción General del Misal Romano: “Téngase especial cuidado de que los libros litúrgicos, principalmente el Evangeliario y el Leccionario, destinados a la proclamación de la Palabra de Dios y que por esto gozan de especial veneración, sean en la acción litúrgica realmente signos y símbolo de las realidades sobrenaturales y, por lo tanto, sean verdaderamente dignos, bellos y decorosos”[5].
Además, el P. Buela siempre se nos recomendaba que además del Leccionario y el Misal Romano tuviésemos el Misal y Leccionario de la Virgen, el Misal de Tierra Santa, y que todos los libros litúrgicos fuesen de las mejores ediciones. Especial énfasis ponía en que en nuestras sacristías no faltara un lindo Evangeliario.
Respecto de los usos de los libros litúrgicos que se usan en la Misa aquí recordamos que:
- El Leccionario debe estar colocado en el ambón abierto y señalado en la lectura correspondiente[6]. Es decir, el Leccionario no se lleva en la procesión de entrada[7].
- El Misal debe marcarse antes de la Misa. Y el P. Buela nos enseñaba a marcar el propio (oraciones, ritos, introducciones, oración universal), el Prefacio y la Plegaria Eucarística elegida. Por otra parte, el Misal ya marcado debe disponerse “junto a la sede del sacerdote”[8]. Aunque una vez que se termina la oración universal, todos se sientan y comienza el canto del ofertorio el acólito u otro ministro laico coloca el Misal sobre el altar[9].
- El Evangeliario puede prepararse ya sobre el altar y de cara a los fieles antes de empezar la misa[10]. Pero cuando se tiene procesión de entrada prepárese también el Evangeliario y una vez llegado al altar: “es laudable poner el Evangeliario sobre el altar”[11]. Durante la Liturgia de la Palabra “si el Evangeliario está en el altar, lo toma y, precedido por los ministros laicos que pueden llevar el incensario y los cirios, se dirige al ambón, llevando el Evangeliario un poco elevado”[12]. El Evangeliario se inciensa con tres movimientos del turibulo[13]. El Evangeliario (así como el altar) también se venera con un beso. “En las celebraciones más solemnes el Obispo, según las circunstancias, imparte la bendición al pueblo con el Evangeliario. Por último, el Evangeliario puede llevarse a la credencia o a otro lugar conveniente y digno”[14].
En fin, como bien dice el Directorio de Parroquias: “hay una riqueza de signos litúrgicos que deben ser aprovechados con vistas a una participación activa cada vez más fructuosa”[15] y eso nos corresponde a todos párrocos o no.
[1] Directorio de Vida Litúrgica, 100.
[2] Carlos Buela, IVE, Ars celebrandi, 32.
[3] Carlos Buela, IVE, Ars celebrandi, 33.
[4] 40.
[5] 349.
[6] Cf. Instrucción General del Misal Romano, 117; 128; Carlos Buela, IVE, Ars celebrandi, 13: “Marcar el Misal y el Leccionario (en Misas con más participantes)”.
[7] “El lector, que puede llevar el Evangeliario, mas no el leccionario, un poco elevado”, Instrucción General del Misal Romano, 120.
[8] Cf. Instrucción General del Misal Romano, 118.
[9] Cf. Instrucción General del Misal Romano, 139.
[10] Cf. Instrucción General del Misal Romano, 117.
[11] Instrucción General del Misal Romano, 122.
[12] Instrucción General del Misal Romano, 133.
[13] Cf. Instrucción General del Misal Romano, 277.
[14] Instrucción General del Misal Romano, 175.
[15] 59.



