Elementos no negociables

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Los elementos no negociables

 

Muy buenas tardes.

Cuando me propusieron dar esta charla a los seminaristas pensé en dar una charla que ya tenía preparada sobre un tema light, pero me pareció que dando esa charla desperdiciaría la gran oportunidad de hablarles de lo que nos tiene aquí hermanados y cobijados bajo un mismo techo y que no es otra cosa sino nuestro querido Instituto del Verbo Encarnado.

[Introducción]

 

Hace ya algunos unos años, en 1987, San Juan Pablo II se reunió como cada año con la Unión Internacional de Superioras Generales en Roma, y allí delante de un auditorio colmado de superioras generales les dijo con toda la fuerza característica con la que hablaba cuando quería enfatizar algo: “cada instituto debe preocuparse de mantener su propia ‘fisonomía’, el carácter específico de su propia razón de ser, que ha ejercido un atractivo, que ha suscitado vocaciones, actitudes particulares, dando un testimonio público digno de aprecio1.

Sois hijas de vuestros fundadores –seguía diciendo el Santo Padre– reflejando en la realidad actual los rasgos característicos de su particular fisonomía espiritual. Sois hijas de vuestras congregaciones, que os han engendrado a la vida religiosa y diariamente os sostienen en vuestra santificación personal2. Y esto que decía el Santo Padre a esas religiosas me parece que muy bien se pueden aplicar a nosotros: somos hijos de nuestro fundador, somos hijos de nuestra congregación. Es tarea nuestra hacer viva esa fisonomía del Instituto en la realidad actual.

Lo cual implica que cada uno de nosotros debe preocuparse de mantener viva esa fisonomía que Dios ha querido y quiere para nuestro Instituto. ¿Cuál es ese carácter específico, la razón de ser del Instituto? Sin duda alguna el carisma del Instituto –que, dicho sea de paso, todos debieran saber de memoria y que pueden encontrar en los números 30 y 31 de las Constituciones–. Pero no es solo el carisma, sino que también son esos 11 elementos no negociables adjuntos al carisma que acabamos de ver en el video y que se hayan de un modo u otro explayados en las sanas tradiciones que tenemos en nuestro Instituto; es también el espíritu de la congre que es como el aire que se respira, que no se aprende leyendo un manual sino que se mama de nuestra madre la Congregacion como el niño que se nutre de los pechos de su madre; es en fin, el riquísimo patrimonio con el que Dios se ha complacido en enriquecer a nuestro Instituto.

Digo esto porque “a veces se encuentra en la actualidad –y aquí vuelvo a citar a Juan Pablo Magno– un prejuicio, según el cual debieran eliminarse las ‘diferencias’ que caracterizan y distinguen entre sí los institutos religiosos. […] Es ingenuo y presuntuoso pensar creer, a fin de cuentas, que cada instituto debe ser igual a los demás practicando un amor general a Dios y al prójimo. Quien así pensara, olvidaría un aspecto esencial del Cuerpo Místico: la heterogeneidad de su constitución, el pluralismo de modelos en los cuales se manifiesta la vitalidad del espíritu que lo anima, la trascendente perfección humana y divina de Cristo, su Cabeza, que solo puede ser imitada según los innumerables recursos del alma animada por la gracia”. Hasta aquí Juan Pablo II.

Por eso en esta charla vamos a ver los elementos no negociables adjuntos al carisma como expresión de esa fisonomía particular del Instituto en la realidad actual. Porque en esto se juega nuestra fidelidad a Dios, a su Iglesia y, por lo tanto, la perdurabilidad del Instituto en el futuro y, por sobre todo, nuestra propia santificación.

Fíjense lo que dice el Directorio de Vida Consagrada: “La vida religiosa es un seguimiento de Cristo en orden a alcanzar la perfección de la caridad. Pero tal cosa solamente se ha de dar en el marco del propio Instituto: [Y cita entonces un documento de la CIVCSVA]: ‘La creciente configuración con Cristo se va realizando en conformidad con el carisma y normas del Instituto al que el religioso pertenece. Cada Instituto tiene su propio espíritu, carácter, finalidad y tradición, y es conformándose con ellos, como el religioso crece en su unión con Cristo’34. De modo tal, que cada uno de nosotros debe ser la encarnación de ese carisma en el que Dios ha querido que nos santifiquemos. Por tanto, no solo somos depositarios de todo este patrimonio del Instituto sino sus responsables. De nuevo les digo: esto no es algo que les compete solo a los sacerdotes, solo a los de votos perpetuos, solo a los superiores sino a todos los miembros.

Entonces, aquí viene una aclaración explícita, porque no han faltado quienes dicen que “nosotros dictaminamos lo que los súbditos (o lo que todos) en la congregación deben pensar”5 como si nosotros fuésemos una secta y manipuláramos la información en pro de nuestros intereses; o como dicen algunos que somos unos fanáticos, que nos aislamos del resto de la Iglesia, que somos cerrados, arcaicos… ¡Ojo con eso! Aquí simplemente estamos afirmando y reafirmando nuestra identidad, sin aguarla, sin recortarla. ¿Qué hay de malo con eso? ¿Desde cuándo está mal llamar las cosas por su nombre? Hasta el cansancio los santos, el Magisterio de la Iglesia y los pontífices siempre han insistido en que los religiosos deben ser fieles al evangelio y al espíritu de los fundadores “sin permitir que motivaciones ideológicas e instrumentalizadoras sustituyan su identidad o inspiren su modo de actuar que debe ser siempre la de hombres de Iglesia6 porque actuar de otro modo sería ser “tributarios”. ¿Se entiende?

[El elemento no negociable] Veamos entonces primero que nada el elemento no negociable que es precisamente el carisma del Instituto. “Por el carisma propio del Instituto, todos sus miembros deben trabajar, en suma docilidad al Espíritu Santo y dentro de la impronta de María, a fin de enseñorear para Jesucristo todo lo auténticamente humano, aun en las situaciones más difíciles y en las condiciones más adversas. Es decir, es la gracia de saber cómo obrar, en concreto, para prolongar a Cristo en las familias, en la educación, en los medios de comunicación, en los hombres de pensamiento y en toda otra legítima manifestación de la vida del hombre. Es el don de hacer que cada hombre sea ‘como una nueva Encarnación del Verbo’, siendo esencialmente misioneros y marianos”7.

Por lo tanto, y como todos ustedes ya saben, “lo propio nuestro está en la focalización en el misterio de la Encarnación: así como el Verbo, al asumir la naturaleza humana, se unió en cierto modo a todo hombre, así también nosotros queremos obrar en nuestra vida y en nuestros apostolados, de tal suerte que ninguna obra de apostolado nos es ajena, precisamente porque nada de lo auténticamente humano nos es ajeno”8.

Ahora bien, la realidad es que en la actualidad “lo que escandaliza de Jesús es su naturaleza de Dios encarnado. Y como a Él, también a nosotros ‘nos tienden trampas en la vida’; lo que escandaliza de la Iglesia es el misterio de la encarnación del Verbo. También ahora oímos decir a menudo: ‘Pero ustedes cristianos, sean un poco más normales, como las otras personas, sensatas, no sean tan rígidos’. Detrás de todo eso, en realidad, está la petición de no anunciar que ‘Dios se hizo hombre’, porque ‘la encarnación del Verbo es el escándalo’”9. “El Hijo de Dios vino y se hizo carne, y cuando es eso lo que predicamos, vienen las persecuciones, viene la cruz”, decía el mismo Papa Francisco.

Para muchos, incluso religiosos, “Cristo no es más que una persona humana donde la presencia de Dios se hallaba de modo más particular y patente, pero niegan la unión hipostática de la naturaleza humana y divina en la Segunda Persona del Hijo, unión que es por asunción. Consecuentemente, Cristo no es el Salvador del género humano, sino simplemente un ejemplo o motivación”10.  Esto es grave: si Cristo no es Dios, entonces caen por tierra todos los sacramentos, la Iglesia misma, su misión salvífica y su tarea de bautizar a todos los pueblos. Si el hombre no necesita de los sacramentos para ser salvo, entonces la Iglesia se convierte en no menos que una simple organización humanitaria y no en el arca de la salvación, quedando completamente secularizada. Y si esto es así: para qué las conversiones, para qué las vocaciones, “¿para qué dejar lo que tengo y lo que hago por algo que no sé si es mejor?, ¿por qué mortificarme y crucificarme para el mundo si el que me lo exige es un mero hombre?”11.

Y aunque parezca mentira, esto es sostenido, divulgado y defendido por no pocos religiosos y sacerdotes y religiosas. Muchos de los que dicen “es la hora de los laicos” para justificar la incapacidad para atraer nuevos candidatos a una vida religiosa con un carisma particular12 muchas veces –aunque no siempre– se anidan en el pensamiento de que “Jesús es simplemente un buen amigo” no el Redentor que padeció en una cruz y resucitó. Y por eso, en vez de preocuparse y de ocuparse primeramente del ‘más allá’, de lo trascendente, de la gloria de Dios y la salvación eterna del hombre; fatalmente, su preocupación primera y esencial es el ‘más acá’, los problemas temporales, la liberación política, económica, social, la ecología. Otros hay quienes reemplazan a Cristo por la idea de “los valores del reino, que en realidad no tiene un contenido preciso y se convierte en una esperanza sin Dios, en una esperanza vacía”13.

Por eso el aferrarse al carisma propio, el enarbolar bien alto la bandera de la Encarnación, el apasionarse por “‘asumir’ las culturas, purificándolas y elevándolas a partir de Cristo y su Evangelio, entendido ‘en Iglesia’1415 no es otra cosa que defender el depósito de nuestra fe y “el misterio que es más grande que la creación del mundo y que no puede ser superado por ningún otro”16 que es el misterio de la Encarnación. Es de alguna manera, defender también la causa misionera, defender la vida religiosa y el aguijonear a muchos otros a acoger en su corazón el carisma de la vocación17 para entregarse con generosidad a Jesucristo Hijo de Dios. Es de algún modo hacer pastoral vocacional, no porque hagamos proselitismo, sino porque le estamos diciendo al mundo que vale la pena entregarse el todo por el todo por Jesucristo, concretamente por el testimonio de vida que damos. Por eso no sorprende que lamentablemente congregaciones que en otro tiempo fueron ‘grandes productoras’ de vocaciones como los jesuitas, por ejemplo, que en 1965 eran más de 36000 hoy hayan perdido el 59% de sus miembros y queden solamente 14839. Algo similar pasa con los salesianos, con los franciscanos, los primeros perdieron desde 1965 hasta ahora el 38% de sus miembros y los otros el 55%; los dominicos y los agustinos el 46% y así podríamos seguir. Nosotros por gracia de Dios y aunque muy modestamente comparados con estas congregaciones gigantes hemos ido aumentando poco a poco las vocaciones y hoy somos 928 miembros. ¿Y saben cuántos sacerdotes le hemos dado a la Iglesia solo en estos últimos 6 años? 106 sacerdotes. Eso es una gracia enorme. Piensen que hay diócesis, hay congregaciones que no tienen una ordenación hace años. ¡Y nosotros hemos tenido 106! (y solo 1 de esos ha salido del Instituto, pero sigue siendo sacerdote en otro lado).

Ahora como corolario de esto, y para que se vea aún más como el defender el carisma es defender la misma vida religiosa, debemos decir que “‘si somos religiosos es para imitar al Verbo Encarnado casto, pobre, obediente e hijo de María’. Esto entra en nuestro carisma18. Lo dice el derecho propio muy clarito. Y aunque pareciera ser obvio y no necesitar aclaración el hecho de que si uno abraza la vida religiosa va a vivir pobre, casta y obedientemente, y en nuestro caso como hijos de María, esto desafortunadamente no lo entienden todos los religiosos.

¿Se dan cuenta? Afirmar y defender que “si somos religiosos es para imitar al Verbo Encarnado casto, pobre, obediente e hijo de María” es hoy en día algo contracultural. E incluso algunos se agarran de esto para decir que nosotros –como secta que idolatra al fundador– ejercemos un “control [abusivo] sobre las relaciones afectivas y la vida sexual” de nuestros miembros. ¡Es de locos! Pero es así, hace poco salía publicado que a nuestros miembros “se les separa de sus familias, no se les permite tener contacto con otras personas, a veces se les hace pasar hambre para mantenerlos débiles. Eventualmente desaparecen, a través de casas de tránsito, a destinos, entre otros, como Italia”19. ¡Estos no entendieron nada! Es ridículo decir algo así: no sé si exista otro Instituto más orientado hacia las familias que nosotros; nada más lejos de nosotros que ¡hacer pasar hambre a nuestros miembros! Y si más tuviésemos, más les daríamos… ¿Hacerlos desaparecer porque van a Italia a estudiar? … en fin, dicen lo que quieren.

El punto es que hay que darse cuenta, que el mantenerse firme en el carisma, no es sólo recitarlo de memoria. Hay que vivirlo concienzudamente, de cara a la eternidad, en la realidad del mundo en que nos toca vivir con toda radicalidad, sin achicarse y, por tanto, hay que estar dispuestos a sufrir el contrataque. Sólo así hemos de ser lo que prometimos ser el día de nuestros votos: “una huella concreta que la Trinidad deja en la historia”20.

Pasemos ahora a aquellos elementos no negociables adjuntos al carisma que no son simplemente decorativos o accesorios. “Se trata de elementos que dan frutos sobrenaturales, que son contracorriente –por lo cual provocan muchas veces rechazo–, y que nos han permitido presentar un cristianismo vivo que se contra distingue del mundo y han sido fuente de vocaciones”21. Son tan innegociables que el prescindir de ellos significaría renunciar a la misión que se nos ha confiado, deformando nuestra identidad (nuestra fisonomía como decía JPII) y muy posiblemente, significaría que nos estamos sometiendo al espíritu del mundo traicionando así, la preciosa amistad a la cual Cristo nos ha llamado.

[Espiritualidad seria] Nuestra espiritualidad como no podía ser de otra manera está profundamente marcada por todos los aspectos del misterio de la Encarnación22. Por lo tanto, es una espiritualidad que nos impele a trascender lo sensible y nos dispone al desprendimiento total buscando en todo y por todo la gloria de Dios23. Así entonces, conforme al carisma con que Dios nos ha bendecido y dadas las inmensas necesidades espirituales de la humanidad en el mundo actual, estamos convencidos de que con un afianzamiento cada vez más arraigado en los principios de nuestra espiritualidad y siendo creativos a la hora de difundirla, los miembros del Instituto del Verbo Encarnado podemos prestar el servicio particular que de nosotros pide y espera la Iglesia.

Noten Ustedes, que la evangelización de la cultura exige de nosotros una espiritualidad con matices peculiares, por eso dice el derecho propio que nos “pide un modo nuevo de acercarse a las culturas, actitudes y comportamientos para dialogar con profundidad con los ambientes culturales y hacer fecundo su encuentro con el mensaje de Cristo”24. Esto exige de nosotros una fe esclarecida por la reflexión continua que se confronta con las fuentes del mensaje de la Iglesia y un discernimiento espiritual constante procurado en la oración. Por lo tanto, siguiendo las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, cada uno de nosotros debe convencerse de que “el evangelizar consiste principalmente en llevar la gracia de Dios a todos los hombres, haciendo de ellos una humanidad nueva, es decir, hombres nuevos creados según Dios en justicia y santidad verdadera2526.

El día de mañana Ustedes van a ser misioneros en distintas partes del mundo, entonces, lo primero es rezar, lo segundo llevar la gracia de Dios a los hombres. ¿Y eso como lo van a hacer? Mediante la predicación de los Ejercicios Espirituales según el espíritu genuino de san Ignacio de Loyola, mediante la prédica de las misiones populares donde la devoción eucarística y el sacramento de la reconciliación juntamente con la devoción a María santísima sean los pilares sobre los que se levante y preserve la evangelización de un pueblo; y por supuesto, mediante el anuncio de la Palabra que lleve a los hombres a la conversión a Dios mediante “la adhesión plena y sincera a Cristo y su evangelio mediante la fe”27.

Esto es lo que hemos aprendido, esto es lo que nos ha sido legado y nadie aquí se sorprende si escucha en un sermón predicar sobre los novísimos, por ejemplo, o si se hablan de las purificaciones o si se exhorta a los fieles a la penitencia o si se proponen a los fieles desde que son niños los ejemplos de pureza de los santos… sin embargo, esta no es la realidad en todas las parroquias ni siquiera de esta diócesis, ni mucho menos del resto del mundo.

Hace un tiempo Mons. Aguer publicaba un artículo donde decía: “no se llama a la conversión a quienes están fuera de ella, ni se amaestra a los fieles que necesitan y desean crecer en la Fe. Temas fundamentales del Credo y la catequesis católica, han desaparecido de la predicación ordinaria: Dios en su Unidad, y Trinidad; Jesucristo, verdadero Dios, y verdadero hombre; la Redención; el pecado y la gracia; los Mandamientos (el sexto, especialmente, es cosa del pasado); la Esperanza en la vida eterna; el demonio, y sus ardides; el peligro y la amenaza de una condenación eterna; y, en general, el contenido felizmente expresado en el Catecismo de la Iglesia Católica28. 

Y no crean que esto pasa en Marte. Sin ir más lejos hace unos años en el 2019 le preguntaron al superior general de los jesuitas, el P. Arturo Sosa, “¿el diablo existe?”  a lo que respondió: “Los símbolos son parte de la realidad, y el diablo existe como realidad simbólica, no como realidad personal. […] Hemos hecho figuras simbólicas, como el diablo, para expresar el mal”29. Otro ejemplo, no sé si conocen al padre Damián María Montes, un cura influencer de Tik-Tok, español que decía: “La palabra castigo me parece muy fuerte aplicada al Dios del amor y de la misericordia en que creo y por lo tanto la homosexualidad no debe ser castigada”30. Muy distinto pensaba Santo Tomás de Aquino que escribió: “Se puede pensar en Dios en sí mismo… o en sus efectos tales como castigar”31. Ahora piensen a cuantas almas llevan al error estos tales…

Por eso es vital para nosotros afianzarnos en nuestra espiritualidad, que es sólida porque está anclada en la sólida doctrina enseñada a lo largo de los siglos por la Iglesia; que es seria, porque le da primacía a la vida de oración; porque a partir de la fe viva y vigorosa que busca infundir en nosotros nos hace capaces de juzgarlo todo desde la trascendencia, y nos da esa visión providencial de toda la vida32 (que es otro de los elementos no negociables); porque nos invita a nosotros mismos a la conversión, al amor a la cruz, y en fin, a todo lo que Ustedes ya saben.

[Visión providencial de toda la vida] si nosotros no tuviésemos esa visión providencial de la vida que nos enseña a que todo, absolutamente todo, Dios lo dispone para nuestro bien hace rato que hubiésemos cerrado las puertas de nuestras casas y nos hubiésemos dedicado a otra cosa. Y, sin embargo, a pesar de todos los desafíos, de todas las críticas, de todas las amenazas, de todos los decretos, no hemos dejado de ir a misionar, no hemos dejado de intentar ser mejores, no hemos dejado de mandar a los nuestros a estudiar… y como “la cruz fecunda cuanto toca”33 por gracia de Dios y a pesar de que somos siervos inútiles34 Dios ha hecho fructificar nuestros apostolados increíblemente. Y hoy el Instituto está presente en 45 países, y se han triplicado la cantidad de monasterios en estos últimos 6 años, por primera vez, por ejemplo, el número de sacerdotes con título académico supera a los que no tienen título académico, el número de religiosos hermanos ha aumentado mucho también (antes había 15 hnos., ahora hay 48) y así con muchas cosas…

¿Se van dando cuenta como defender los no negociables es defender no solo la fisonomía del Instituto en la Iglesia sino también la espiritualidad recia que nos enseñó el Verbo Encarnado?

[Morder la realidad] Muy unido a lo que venimos diciendo se presenta otro elemento no negociable adjunto al carisma y que es el “morder la realidad” con lo cual queremos significar la injerencia eficaz de nuestro trabajo apostólico en la cultura que buscamos evangelizar. Este aspecto es sin duda, uno de los componentes esenciales de nuestra tarea evangelizadora y lo que le da a nuestro ministerio sacerdotal una nota distintiva. Esto tan es así, que en medio de todos los ataques que sufre el Instituto, incluso quienes nos persiguen, no pueden sino confesar que nuestros misioneros hacen una tarea inigualable y que están en lugares donde nadie quiere ir: Papúa, Gaza…

Este ‘morder la realidad’, en primer lugar, nace y se nutre de la justa consideración del misterio del Verbo Encarnado y la fidelidad al mismo, sin la cual toda nuestra pastoral caería indefectiblemente en rotundo fracaso. Lejos de nosotros “el abrazarse con la cultura actual renunciando a impregnarla del Evangelio”35. Si nosotros no predicamos a Cristo, con toda radicalidad, sin recortar la verdad; perdemos el tiempo.

Para hacer eso –y de esto estamos persuadidos y la experiencia así nos lo ha demostrado– es necesario la familiaridad con el Verbo Encarnado –alimentada y acrecentada en la vida de oración–. Porque es esa familiaridad con Cristo, con sus criterios, con su Verdad, la que nos da “ese sentido común cristiano”36, esa habilidad especial de interpretar los signos de los tiempos libres de toda pretensión mundana. Eso es lo que nos da la posibilidad de saber estimar y valorar los diversos caminos por los que Dios busca comunicarse con los hombres y, en definitiva, insertarnos eficazmente donde estamos trabajando apostólicamente, porque siempre será cierto que “la verdadera inculturación es desde dentro por una renovación de la vida bajo la influencia de la gracia”37. Si hacemos misiones populares, si organizamos un campamento, si tenemos grupos de jóvenes, si damos clase en un seminario… todo eso es para que haya más almas en gracia y más gracia en cada alma.

En segundo lugar, nos ayuda a morder la realidad, a no dar golpes en el aire38, la metafísica tomista, es decir, eso es lo que nos permite realizar una contribución efectiva a fin de que la fe se encarne en la vida y en la cultura de los hombres39. Y ahí viene otro elemento no negociable que es la firme intención de seguir a Santo Tomás de Aquino.

[Clara intención de seguir a Santo Tomás de Aquino] Hay que esforzarse en aprender a pensar la realidad –desde el mismo Santo Tomás, entrando en diálogo y en polémica con los problemas y pensadores contemporáneos– para darlo a conocer a los demás de manera siempre creativa sin que esto quiera decir entrar en “componendas con el espíritu del mundo”40. Y esta tarea se vuelve cada vez más imperativa en este tiempo dado el progresismo que asola la Iglesia “por la falta de crítica y discernimiento frente a las filosofías modernas y la asimilación del principio de inmanencia”41.

Esto, que nosotros damos por sentado, es una gracia de Dios para nosotros. Cuántas congregaciones –como diría un autor– están “impregnadas del modernismo, ecologismo y pastelerismo que predomina, claramente, en la Iglesia actualmente”42. “El relativismo se ha impuesto casi oficialmente; ya no se puede esperar que se defina con claridad lo que hay que creer, y los errores de los que debemos guardarnos”43, afirmaba hace poco un obispo emérito de Argentina.

[Devoción eucarística o la digna celebración de la Santa Misa] Encadenado a todo lo que venimos diciendo, es decir, porque nuestro fin especifico es el trabajar por transfigurar las culturas en Cristo44 y para Cristo45; por la bellísima espiritualidad cristocéntrica y eucarística que nos identifica, nosotros naturalmente defendemos una auténtica educación litúrgica conducente a una participación “plena, consciente y activa”46 de la Eucaristía. Ahí viene entonces ese elemento no negociable que nosotros denominamos como “la digna celebración de la Santa Misa” que no es otra cosa sino un estilo de celebración de la misa según nuestro carisma47, “en las que se encarna el Verbo y en las que aparece –sacramentalmente– Encarnado, en las que se resalta siempre la principal presencia y acción del Sacerdote principal −Cristo mismo−, y en las que se percibe que la esencial actitud del sacerdote secundario es la actitud orante –propia del que se sabe mero instrumento, e instrumento deficiente, subordinado a la causa principal y sujeto a sus fines–, y en las que todos los elementos visibles coadyuven al conocimiento esplendoroso de lo Invisible”48.

 

Si en la Eucaristía esta Cristo verdadera, real y sustancialmente, como nos enseña nuestra fe; si la Eucaristía no sólo es fuente de la caridad sino, de alguna manera, el objetivo de todo nuestro apostolado; si la Sagrada Eucaristía es la “consumación de la vida espiritual y el fin de todos los sacramentos”49 y por lo tanto todos los miembros del Instituto están “dispuestos a ir a cualquier parte de la tierra a donde sea necesaria la predicación del Evangelio y la celebración de la Eucaristía”50 entonces, necesariamente el Santo Sacrificio de la Misa debe ser celebrado como dice el derecho propio: “dignamente, sobriamente, solemnemente, con ritmo litúrgico, etc. No tienen que ser celebraciones litúrgicas triviales ni superficialmente bullangueras, no secularizadas ni desacralizadas, no chabacanas ni pueriles, no aparatosas ni acartonadas51.

¿Cuántas veces ese estilo para celebrar la Misa no ha sido motivo de ataque por parte de algunos sectores de la Iglesia y de la sociedad? Esto es porque el progresismo “es compelido a caer en el sincretismo religioso o irenismo o falso ecumenismo, en donde desaparecen todas las diferenciaciones doctrinales, aun las reveladas”52. Respecto de lo cual, dice el derecho propio que “es un género de mezcla del cual no se ha de vestir ningún cristiano entendimiento”53.

[Fidelidad al Magisterio de la Iglesia] Consecuentemente y –como no podía ser de otro modo– todo lo que hacemos en nuestro Instituto, desde la celebración de la misa, las clases en los seminarios, el apostolado en los hogares, la pastoral parroquial… en fin, lo que quieran, todo lo hacemos “de acuerdo con las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia”54. Y de aquí emana, este elemento adjunto al carisma no-negociable que es la “docilidad al Magisterio vivo de la Iglesia de todos los tiempos”55. Pues, buscamos en el tesoro del Magisterio de la Iglesia la solidez, la pureza y la norma próxima de la fe que requiere la sublime tarea de evangelizar.

[Creatividad apostólica] Unido a esto está la creatividad apostólica. Porque “la sana creatividad es un elemento esencial de la Tradición viva de la Iglesia”56. Y por eso no hay que tener miedo a los apostolados inéditos, ni rechazar a priori algún apostolado. Ahora, por ejemplo, este año que pasó se hicieron 3 tandas de ejercicios online, participaron más de 10000 personas, eso en otro tiempo hubiera sido impensable y, sin embargo, hoy en día da muchísimos frutos.

[Destinos emblemáticos] Entonces, como se darán cuenta, sigue siendo actual el llamado de Cristo: Navega mar adentro57 y eso hay que tomarlo como personalmente dirigido a nosotros porque como el mismo Magisterio de la Iglesia nos señala que “son millones de hombres y mujeres los que aún no conocen todavía a Cristo, Redentor del hombre”58. De aquí que es propio nuestro el ir a misionar en lo que nosotros denominamos destinos emblemáticos. Muchos de nuestros misioneros están en esos destinos emblemáticos y Ustedes se tienen que preparar para un día estar en un destino emblemático también.

Créanme que, si nosotros no estuviésemos en esos lugares, no habría misioneros allí. Si no nos hubiesen legado e inculcado el ímpetu misionero, la generosidad, si no defendiésemos nuestra identidad misionera en la Iglesia, cuántas almas se quedarían sin sacerdotes, sin Eucaristía, sin el perdón de sus pecados, sin el bautismo…

De nuevo: el defender el carisma, los no negociables, no es solo defender el Instituto y lo que somos, es defender y abogar por la causa misionera en la Iglesia.

[Obras de misericordia] Ahora, nos han pedido en otra diócesis de Tanzania, por ejemplo, hacernos cargo de un hogar para discapacitados, abuelos, y niños huérfanos. ¡Super precario todo! Pero Jesucristo está en los necesitados59 y como lo nuestro es “enseñorear para Jesucristo todo lo auténticamente humano”60, las obras de caridad se vuelven para cada uno de los miembros del Instituto un medio aptisímo y eficaz de evangelización, y por eso son otro de los elementos no negociables adjuntos al carisma. Y es por eso que dentro la gran variedad de apostolados que puede abrazar nuestro Instituto le reservamos “un lugar preferencial a la labor caritativa, ya que es un componente esencial de la misión evangelizadora de la Iglesia y un elemento imprescindible para la evangelización de la cultura”61. Así es que hoy en día tenemos 9 hogares en varias partes del mundo.

[Espíritu de alegría] Esto se va alargando quizás demasiado, pero no quería dejar de mencionar este no negociable que es el espíritu de alegría con que debemos vivir todos los miembros. Lo dice el derecho propio una y otra vez en varios de sus documentos. Y es algo que todos podemos practicar y que debiera caracterizarnos: el vivir en “contagiosa alegría”62. Esa alegría que es “fruto del Espíritu Santo y efecto de la caridad”63 y que nace de considerar que “Dios es alegría infinita”64.

Es la alegría sencilla, de lo cotidiano, sin grandes alardes, que trae la sinceridad y la confianza mutuas, la capacidad de diálogo, la adhesión sincera a la disciplina comunitaria65.

Esto es casi matemático: cuanto uno más fiel es al espíritu del Instituto, al carisma, más unido está uno a la voluntad del Verbo Encarnado, mejor vive la vida comunitaria (si los demás miembros están en la misma línea, claro), y mejor testimonio se da a los de afuera de la comunidad y esto se vuelve una fuente de vocaciones y se expande la familia y aumentan las posibilidades de misión, ¿me entienden? Es la alegría, la generosidad en el apostolado, la oración y el sacrificio lo que atrae a otros a ser parte de nuestra Familia.

Y esto que digo para cada uno, se pide también de las comunidades. Fíjense que el derecho propio nos indica que “nuestras comunidades deben mostrar cómo el amor de Cristo aparta hasta la sombra de tristeza”66. En efecto, paternalmente el derecho propio nos manda “propiciar aun exteriormente un ambiente de alegría”67. Y enfatiza: “Es muy importante cultivar esta alegría en la comunidad religiosa: el exceso de trabajo la puede apagar, el celo exagerado por algunas causas la puede hacer olvidar, el continuo cuestionarse sobre la propia identidad y sobre el propio futuro puede ensombrecerla…”68. Por tanto, hay que “saber alegrarse juntos, concederse momentos personales y comunitarios de distensión, tomar distancia de vez en cuando del propio trabajo, gozar con las alegrías del hermano, prestar atención solícita a las necesidades de los hermanos y hermanas, entregarse generosamente al trabajo apostólico, afrontar con misericordia las situaciones, salir al encuentro del futuro con la esperanza de hallar siempre y en todas partes al Señor: todo esto alimenta la serenidad, la paz y la alegría, y se convierte en fuerza para la acción apostólica”69. Lo pueden leer Ustedes mismos, esto está en el Directorio de Vida Fraterna.

[Devoción mariana] Finalmente, y como no podría ser de otro modo, esta nuestra devoción a la Virgen, esa impronta mariana que permea toda nuestra vida y que es parte de nuestra esencia como religiosos del Verbo Encarnado. Sin la Virgen María nosotros no podemos realizar acabadamente nuestra misión en la Iglesia. Por eso nosotros debemos ser “apóstoles de María”70, esto quiere decir que debemos “invocarla, saludarla, pensar en Ella, hablar de Ella, honrarla, glorificarla, recomendarse a Ella, gozar y sufrir con Ella, trabajar, orar y descansar con Ella”71 y esto que, si bien siempre ha sido necesario, en nuestros tiempos es, yo diría, imprescindible. No hay que cansarse de inculcar en los demás la verdadera devoción a la Virgen, una devoción que debe estar bien formada, sólidamente educada y nosotros mismos, cada uno, debemos acuñar en el alma una grande y tierna devoción a la Virgen.

[Conclusión] Creo que estos pocos casos que hemos citado aquí como contraejemplos de los no negociables hacen resaltar aún más la importancia que tiene que cada uno sea el cuerpo y la sangre del precioso carisma que Dios nos ha llamado a vivir. De nuestra fidelidad, de nuestro compromiso, de nuestra unión como un “todo único, [como] un bloque compacto”72 depende en gran medida el futuro del Instituto. “Si perdemos esta batalla, perderemos la guerra”73.

Por eso quería terminar con la frase de un santo fundador, Don Orione, para que queden como mensaje: “¡Ah, amados míos, si amamos a Dios y a la Iglesia, si amamos a nuestra alma y el bien y el futuro de nuestra Congregación, cuidemos, en nosotros, sobre todo, la observancia de las reglas y atengámonos en todo a la regla! Mantengamos firme la mano en el arado, seamos fieles y firmes en los santos propósitos y votos, seamos perseverantes y vayamos adelante, viviendo el verdadero espíritu y la vida de la Congregación, como fervientes religiosos, como verdaderos hijos, puros, humildes, pobres, simples, caritativos de la Divina Providencia”74.

Que nuestra Reina, la Virgen de Lujan, hoy y siempre custodie y defienda nuestro Instituto y a cada uno de Ustedes, y a los que vendrán después de nosotros. Muchas gracias. Recen mucho por el Instituto.

1 A la Unión Internacional de Superioras Generales en Roma (14/05/1987); op. cit. Perfectae Caritatis, 2b.

2 A la Unión Internacional de Superioras Generales en Roma (14/05/1987)

3 Elementos Esenciales de la Vida Religiosa, 46.

4 325.

6 San Juan Pablo II, A los religiosos en Guatemala, (7/3/1983).

7 Constituciones, 30-31.

8 Notas del V Capitulo General, 5.

9 Francisco, Misas Matutinas en la Capilla del Domus Sanctae Marthae, (1/6/2013).

11 Carlos Buela, IVE, El Arte del Padre, Parte I, cap. 1, p. 67.

13 Card. Joseph Ratzinger, Intervención en la X Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, 6 de octubre de 2001.

14 San Juan Pablo II, Discurso al Consejo Internacional de los Equipos de Nuestra Señora, 17 de septiembre de 1979.

15 Directorio de Espiritualidad, 65.

16 Constituciones, 3.

17 Cf. Directorio de Espiritualidad, 292.

18 Directorio de Vida Consagrada, 326; op. cit. Palabras del P. Carlos Buela al V Capítulo General; cf. Notas del V Capítulo General, 24; Actas del V Capítulo General, acta n.º 6, (12/07/2007).

19http://www.korazym.org/75980/nomine-cardinalizie-che-provocano-sguardi-pieni-di-smarrimento-e-indignazione/?fbclid=IwAR2ddbKyhoJtDaRqmVob91gCX4Gu2QLp1bVWCso2ccRJtf4oPLSJdLArFhA : “Le conseguenze sono spesso dure per se stessi, i parenti e gli amici: sono separati dalle loro famiglie, non hanno il permesso di avere contatti con altre persone, a volte vengono affamati per mantenerli deboli. Alla fine scompaiono, tramite case di transito, verso destinazioni in, tra le altre, Italia”. 

20 Constituciones, 254,257.

21 Notas del V Capítulo General, 4.

22  Cf. Constituciones, 8.

23 Cf. Constituciones, 67.

24 Cf. Directorio de Espiritualidad, 51; op. cit. San Juan Pablo II, Alocución a los obispos de Zimbawe (2/7/1985), 7; OR (21/8/1985), 10.

25 Ef 4,23-24

26 Cf. Directorio de evangelización de la Cultura, 57.

27 Constituciones, 165; op. cit. Redemptoris Missio, 46.

31 S. Th. Suppl., q. 98, a. 5 y 8.

32 Notas del V Capitulo General, 11.

33 Beata Concepción Cabrera de Armida.

34 Lc 7, 10.

35 Cf. P. Carlos Buela, IVE, El Arte del Padre, III Parte, Cap. 14.

36 Constituciones, 231.

37 Cf. Directorio de Espiritualidad, 51.

38 Cf. 1 Co 9,26.

39 Cf. Directorio de Evangelización de la Cultura, 248.

40 Directorio de Espiritualidad, 118.

41 Directorio de Seminarios Mayores, 324 y cf. Constituciones, 220.

44 Cf. Directorio de Espiritualidad, 122.

45 Cf. Constituciones, 13.

46 Sacrosanctum Concilium, 48.

47 Directorio de Vida Litúrgica, 2.

48 Cf. Ibidem, 2.

49 SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., III, 73,3; citado en Directorio de Vida Litúrgica, 8.

50 Carlos Buela, IVE, Sacerdotes para siempre, Parte II, Cap. 3, 12.

51 Cf. Directorio de Vida Litúrgica, 1.

52 Carlos Buela, IVE, El Arte del Padre, III Parte, Cap. 13, 5.

53 Directorio de Espiritualidad, 61.

54 Constituciones, 5.

55 Notas V Capítulo General,4.

56 Constituciones, 160.

57 Lc 5, 4.

58 Directorio de Misiones Ad Gentes, 53; op. cit.  Christifideles Laici, 35.

59 Directorio de Obras de Misericordia, 75.

60 Constituciones, 31.

61 Cf. Directorio de Evangelización de la Cultura, 156.

62 Constituciones, 231.

63 Ibidem, 95.

64 Directorio de Espiritualidad, 210; op. cit. Santa Teresa de los Andes, Cartas, 101.

65 Cf. Directorio de Vida Comunitaria, 39.

66 Directorio de Obras de Misericordia, 144.

67 Directorio de Noviciados, 112.

68 Directorio de Vida Fraterna, 41.

69 Directorio de Vida Fraterna, 42.

70 Directorio de Espiritualidad, 307.

71 Constituciones, 89.

72 Directorio de Espiritualidad, 80.

73 Discurso del coronel Joshua Lawrence Chamberlain en Gettysburg.

74 Cartas de Don Orione, Vol. II, n. 68, Buenos Aires, (7/8/1935).

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