Los discípulos de Emaus

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EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO

 

Queridos hermanos: En el relato que acabamos de leer, Lucas describe de un modo hermoso uno de los encuentros que tuvo nuestro Señor con sus discípulos una vez resucitado.

I EMAUS 

 

Este relato tiene una enseñanza importantísima para nuestras vidas, ya que en estos discípulos debemos saber vernos a nosotros. En ellos el evangelista descubre tres estados o momentos:

  • Antes del contacto con Cristo resucitado: Clofás, con su rostro triste le dijo ¿acaso tú eres el único que no sabe lo que ha sucedido por estos días? ….. Nosotros esperábamos que fuera el quien liberara a Israel... Y nuestro Señor les reprochara: Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas. Estaban tristes, desalentados, y esto porque su fe estaba como muerta (parecía que había muerto con Jesucristo en el Gólgota); y no tenían por esto esperanza, ante la cruz habían desesperado de Jesucristo. Y por esto volvían como derrotados a Jerusalén.
  • El encuentro: Se dio de un modo semejante a como se da en nuestras vidas, bajo el velo de la Fe. Ciertamente que de un modo distinto, pero semejante: … el mismo Jesús se acercó y continuó caminando con ellos… pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. De hecho lo reconocerán por efectos propios de Jesucristo, por dos cosas que solamente Jesucristo podía hacer de ese modo: hacer arder los corazones con sus palabras y partir el pan.

Juan Pablo II: “No hay duda de que san Lucas al narrar este episodio, especialmente el momento decisivo en que los dos discípulos reconocen a Jesús, hace una alusión explicita a los relatos de la institución de la Eucaristía, es decir, al modo como Jesús actuó en la Última Cena (cf. Lc 24, 30). El evangelista, para relatar lo que los discípulos de Emaus cuentan a los Once, utiliza una expresión que en la Iglesia naciente tenía un significado eucarístico preciso: Le habían conocido en la fracción del pan (Lc 24, 35)” (Ecclesia in America).

  • Lo que quedó en sus almas: La alegría: en ese mismo momento (antes habían dicho que era tarde y el día se acababa) volvieron a Jerusalén. El consuelo espiritual: ¿no ardían nuestros corazones cuando nos explicaba las Escrituras? 

II EMAUS EN LOS TIEMPOS DE LA IGLESIA

 

¿Cómo podemos nosotros repetir aquella experiencia de los discípulos de Emaus?

Juan Pablo II: (explicar con mis palabras) La Iglesia es el lugar donde los hombres, encontrando a Jesús, pueden descubrir el amor del Padre: en efecto, el que ha visto a Jesús ha visto al Padre (cf. Jn 14, 9). Jesús, después de su ascensión al cielo, actúa mediante la acción poderosa del Paráclito (cf. Jn 16,7), que transforma a los creyentes dándoles la nueva vida. De este modo ellos Began a ser capaces de amar con el mismo amor de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rm 5, 5). La gracia divina prepara, además, a los cristianos a ser agentes de la transformación del mundo, instaurando en él una nueva civilización, que mi predecesor Pablo VI llamo justamente ‘civilización del amor’”.

Para que la búsqueda de Cristo presente en su Iglesia no se reduzca a algo meramente abstracto, es necesario mostrar los lugares y mementos concretes en los que, dentro de la Iglesia, es posible encontrarlo.

1- En primer lugar, “la Sagrada Escritura leída a la luz de la Tradición, de los Padres y del Magisterio, profundizada en la meditación y la oración”. Por ello debemos buscar el conocimiento de los Evangelios, en los que se proclama, con palabras fácilmente accesibles a todos, el modo como Jesús vivió entre los hombres. La lectura de estos textos sagrados, cuando se escucha con la misma atención con que las multitudes escuchaban a Jesús en la ladera del monte de las Bienaventuranzas o en la orilla del Lago de Tiberíades mientras predicaba desde la barca, produce verdaderos frutos de conversión del corazón.

La Sagrada Escritura, incluso el Antiguo Testamento (comenzando desde Moises y pasando por los profetas … todo lo que de él se había dicho). “Ignorar a las Escrituras es ignorar a Jesucristo” (San Jerónimo) ¡Cuántas veces nuestro mundo se queja del silencio de Dios … y sin embargo deja en el olvido a la Palabra de Dios revelada en la cual Dios nos enseña los misterios fundamentales de nuestra existencia.

2- Un segundo lugar para el encuentro con Jesús es la Sagrada Liturgia. Al Concilio Vaticano II debemos una riquísima exposición de las múltiples presencias de Cristo en la Liturgia. (SC 7): Cristo está presente en el celebrante que renueva en el altar el mismo y único sacrificio de la Cruz; está presente en los Sacramentos en los que actúa su fuerza eficaz. Cuando se proclama su palabra, es El mismo quien nos habla. Esta presente además en la comunidad, en virtud de su promesa: Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18,20). Esta presente “sobre todo bajo las especies eucarísticas”. Mi predecesor Pablo VI creyó necesario explicar la singularidad de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, que “se llama ‘real’ no por exclusión, como si las otras presencias no fueran ‘reales’, sino por antonomasia, porque es substancial”. Bajo las especies de pan y vino, “Cristo todo entero está presente en su ‘realidad física’ aun corporalmente”. (San Pablo VI Mysterium fidei) 

3- La Escritura y la Eucaristía, como lugares de encuentro con Cristo, están sugeridas en el relato de la aparición del Resucitado a los dos discípulos de Emaus. Además, el texto del Evangelio sobre el juicio final ( cf. Mt 25, 31-46), en el que se afirma que seremos juzgados sobre el amor a los necesitados, en quienes misteriosamente está presente el Señor Jesús, indica que no se debe descuidar un tercer lugar de encuentro con Cristo: “Las personas, especialmente los pobres, con los que Cristo se identifica” (29). Como recordaba el Papa Pablo VI, al clausurar el Concilio Vaticano II, “en el rostro de cada hombre, especialmente si se ha hecho transparente por sus lágrimas y por sus dolores, podemos y debemos reconocer el rostro de Cristo (cf. Mt 25,40), el Hijo del hombre”.

III – CONCLUSIÓN

 

Queridos hermanos, debemos procurar encontrar a Cristo resucitado como lo hicieron aquellos discípulos. Cristo vive, es nuestro contemporáneo y en la medida en que nos unamos a él tendremos vida eterna y por ello también la verdadera alegría del alma.

Sin embargo, dice Juan Pablo II: “La invitación del Señor respeta siempre la libertad de los que llama. Hay casos en que el hombre, al encontrarse con Jesús, se cierra al cambio de vida al que Él lo invita. Fueron numerosos los casos de contemporáneos de Jesús que lo vieron y oyeron, y, sin embargo, no se abrieron a su palabra. El Evangelio de san Juan señala el pecado como la causa que impide al ser humano abrirse a la luz que es Cristo: Vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas (Jn 3,19). Los textos evangélicos enseñan que el apego a las riquezas es un obstáculo para acoger el llamado a un seguimiento generoso y pleno de Jesús. Típico es, a este respecto, el caso del joven rico (cf. Mt 19, 16-22; Mc 10, 17-22; Lc 18, 18-23)”.

Por ello no basta encontrar a Cristo, sino que además el pide que busquemos las cosas de arriba para que el un día nos llame de la muerte a la vida. Si creéis que habéis sido resucitados con Cristo, buscad los bienes de arriba; o como dice San Pedro: De manera que la fe y la esperanza de ustedes estén puestas en Dios.

Pidámosle esta gracia a la Santísima Virgen, a ella que siempre nos dará a Jesucristo cuando se lo pidamos; ya que esa fue, es y será su vocación: darle a Jesucristo al mundo.

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