La veneración del altar

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Luego de la procesión de entrada sigue la veneración al altar, como símbolo de Cristo y lugar específico del sacrificio eucarístico. Esta veneración se expresa con tres signos: la inclinación, el beso y la incensación.

  • Respecto de la inclinación la Instrucción General del Misal Romano, 275 (ampliamente citada por el P. Buela en su libro Ars celebrandi) establece que:

“Con la inclinación se significa la reverencia y el honor que se tributa a las personas mismas o a sus signos”. Si bien hay dos clases de inclinaciones, a saber, de cabeza (se hace cuando se nombran al mismo tiempo las tres Divinas Personas, y al nombre de Jesús, de la bienaventurada Virgen María y del Santo en cuyo honor se celebra la Misa) y de cuerpo o inclinación profunda. Esta es la que se hace en veneración al altar[1].

Nos parece importante recordar aquí lo que con tanto ahínco nos enseñó nuestro Fundador: “No hagas inclinación a la cruz en vez de hacerla al altar”[2].

  • Respecto del beso: quizás alguno recordará un sermón predicado por el P. Buela allá en el ’99 cuando comenzó diciendo: “Hay una criatura que me ha sorbido el seso. Es una criatura irracional. Más aún, es una criatura inanimada. Sin embargo, desde hace muchos años todos los días la beso dos veces. Una, cuando me acerco a ella; otra cuando me alejo y despido”[3]. Se refería pues a los dos besos al altar durante la Santa Misa, el primero correspondiente a la veneración del altar en el rito de entrada y el otro de despedida en el rito conclusivo de la Misa. Decía el P. Buela que el beso de veneración al altar al inicio de la misa era un beso “de saludo y de amor entre la Esposa y el Esposo. El cual tienen una importancia especial junto con el beso final de la Misa por ser los únicos previstos”[4]. “El apoyar las manos con ocasión del beso o de la genuflexión ante de la comunión indica el deseo de perfecta unión con la víctima. El gesto evidencia así la participación a la oblación y a la donación de Cristo”[5].
  • Acerca de la incensación: “La turificación o incensación expresa reverencia y oración, tal como se indica en la Sagrada Escritura (cf. Sal140, 2; Ap 8, 3).

El incienso puede usarse a voluntad en cualquier forma de Misa:

  1. durante la procesión de entrada;
  2. al inicio de la Misa para incensar la cruz y el altar;
  3. para la procesión y proclamación del Evangelio;
  4. después de ser colocados el pan y el vino sobre el altar, para incensar las ofrendas, la cruz y el altar, así como al sacerdote y al pueblo;
  5. En la elevación de la Hostia y del cálizdespués de la consagración”[6].

“El sacerdote, cuando pone incienso en el turíbulo, lo bendice con el signo de cruz sin decir nada. Antes y después de la incensación se hace inclinación profunda a la persona o al objeto que se inciensa, exceptuados el altar y las ofrendas para el sacrificio de la Misa.

Se inciensan con tres movimientos dobles del turíbulo: el Santísimo Sacramento, las reliquias de la santa Cruz y las imágenes del Señor expuestas a la veneración pública, los dones para el sacrificio de la Misa, la Cruz del altar, el Evangeliario, el cirio pascual, el sacerdote y el pueblo.

Se inciensan con dos movimientos dobles del turíbulo las reliquias e imágenes expuestas a la veneración pública y sólo al principio de la celebración, después de incensar el altar.

La incensación del altar se hace con sencillos balanceos de este modo:

  • Si el altar está separado de la pared, el sacerdote lo inciensa rodeándolo;
  • Pero si el altar no está separado de la pared, el sacerdote, mientras pasa, inciensa primero la parte derecha, luego la parte izquierda del altar.

Si la Cruz está cerca de altar o junto a él, se inciensa antes que el mismo altar. En otro caso, el sacerdote la incensará cuando pase ante ella.

El sacerdote inciensa los dones con tres movimientos dobles de turíbulo, antes de incensar la Cruz y el altar, o bien haciendo la señal de la Cruz con el incensario sobre los dones”[7]

De todos modos, cualquiera sea la actitud o la posición del celebrante —inclinación, reverencia, genuflexión, incensación, etc.— “Evitar totalmente los temblores de manos, de piernas, del cuerpo… No torcer los tobillos (con lo que se baja de altura)”[8].

Concluimos estas líneas con lo que el P. Buela escribía acerca de la veneración del altar: “¡Nuestra mirada al altar del sacrificio debe ser un acicate más para disponernos mejor a participar del sacrificio de Aquel que es ‘sacerdote, víctima y altar’[9]!”[10].

[1] Esta inclinación profunda se hace además “en las oraciones Purifica mi corazón y Acepta, Señor, nuestro corazón contrito; en el Símbolo, a las palabras y por obra del Espíritu Santo o que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; en el Canon Romano, a las palabras Te pedimos humildemente. El diácono hace la misma inclinación cuando pide la bendición antes de la proclamación el Evangelio. El sacerdote, además, se inclina un poco cuando, en la consagración, pronuncia las palabras del Señor”, Instrucción General del Misal Romano, 275.

[2] Carlos Buela, IVE, Ars celebrandi, 32.

[3] VoxVerbi 184, Homilía con ocasión de la solemnidad de Corpus Christi (6/6/1999).

[4] Carlos Buela, IVE, Nuestra Misa, Introducción, 40.

[5] Carlos Buela, IVE, Mi Parroquia. Cristo Vecino, Parte I, cap. 2, 61.

[6] Instrucción General del Misal Romano, 276.

[7] Instrucción General del Misal Romano, 277.

[8] Carlos Buela, IVE, Ars celebrandi, 26-27.

[9] Misal Romano, Prefacio Pascual V, n. 48.

[10] Carlos Buela, IVE, Nuestra Misa, Introducción, 40.

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