San Juan Pablo II

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22 de octubre

San Juan Pablo II

 

En Roma, en la basílica de San Pedro, san Juan Pablo II, papa, que gobernó la Iglesia por veintisiete años, llevando su presencia misionera a todos los puntos de la tierra, alimentando la doctrina con abundantes y esclarecidos documentos, y convocando a todos los hombres de nuestra época a abrir sus puertas al Redentor.

Derecho Propio

Constituciones

  1. [Fin específico] Por otro lado, comprometemos todas nuestras fuerzas para inculturar el Evangelio, o sea, para prolongar la Encarnación en todo hombre, en todo el hombre y en todas las manifestaciones del hombre6, de acuerdo con las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia7. Al respecto enseña San Juan Pablo II: “El término ‘aculturación’ o ‘inculturación’ por muy neologismo que sea, expresa de maravilla uno de los elementos del gran misterio de la Encarnación”8.

Directorio de Espiritualidad

  1. …La vida contemplativa, como enseña San Juan Pablo II, es “el núcleo a partir del cual os aprestáis a dar sentido pleno a vuestra vida religiosa, como embajadores de Cristo en medio de este mundo” […] Por eso dice San Juan Pablo II: “Dedicarse a Dios es… la forma más noble y más alta de actividad del ser humano, en cuanto que éste se concentra del todo en la adoración del Ser Infinito, que quiere la salvación de toda la humanidad… He aquí, pues, la forma precisa de colaboración que… ofrecéis a la Iglesia para el bien de las almas”…

 Fundador

 

“El sacerdote, ícono del Padre, debe ser un reflejo de la bondad y de la misericordia de Dios. Por eso nos llaman: «¡padre!» De modo tal que, como dice San Juan Pablo II, para conseguir eficacia pastoral en el ministerio «¡se requiere firmeza de doctrina, pero sobre todo bondad de corazón! Por tanto, revestíos de los mismos sentimientos de Jesús y anunciad a todos lo que escribía el autor de la Carta a los Hebreos: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia a fin de recibir misericordia y hallar gracia para el oportuno auxilio” (Hb 4,16)». Un sacerdote con firmeza de doctrina, pero sin que prime la bondad de corazón es un absurdo, un sin sentido, una aberración” (Extracto de “Sacerdotes para siempre”).

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