(en Santa Teresa de Jesús)
En el tiempo de la Reforma litúrgica se cambiaron muchas cosas. Alguien le cambió el nombre a Santa Teresa, y en vez de llamarla Teresa de Jesús, decidió que se la llamase Santa Teresa de Ávila, por el hecho de que nació en Ávila. El pueblo de Ávila, cuando recibió la noticia, hizo una protesta al Papa, muy educada y correcta, pero firme. ¿Por qué? Porque resulta que una vez se apareció Jesús a Santa Teresa, manifestando el matrimonio espiritual que con ella tenía, y le dijo: “Yo soy Jesús de Teresa, y tú eres Teresa de Jesús”[1]. Entonces el pueblo de Ávila, enojado porque le habían cambiado el nombre a Santa Teresa, escribió al Papa diciendo: “Santidad, Ávila es grande no porque en Ávila haya nacido Santa Teresa, sino porque Teresa es de Jesús. Y pedimos que se vuelva a nombrar a Santa Teresa como el mismo Jesús quiso: Teresa de Jesús”. Y lo digo porque a veces no faltan, en las letanías de los santos, por ejemplo, quienes la nombran como Teresa de Ávila ¡No es Teresa de Ávila! El Papa Juan Pablo II estableció que “en los textos litúrgicos debe ser llamada con el nombre y el título de ‘Santa Teresa de Jesús’”[2].
Eso es lo importante, y puede también aplicarse a todos los santos. Segni es grande no porque San Bruno haya sido 44 años obispo de Segni, sino que Segni es grande porque San Bruno es de Jesús. Segni es grande no porque haya nacido aquí San Vitaliano Papa, sino que Segni es grande porque San Vitaliano Papa es de Jesús. Segni es grande no porque aquí haya sido canonizado Santo Tomás Becket, sino porque Santo Tomás Becket es de Jesús.
También, puede y debe aplicarse espiritualmente a toda religiosa el diálogo de Jesús con Teresa: “Yo soy Jesús de Antipolo, tu eres Antipolo de Jesús… Yo soy Jesús de Polski, tu eres Polski de Jesús… Yo soy Jesús de Ci Bei, tu eres Ci Bei de Jesús… ”. Como las que hoy hacen sus primeros votos.
Por eso me pareció que sería útil reflexionar sobre algunos aspectos presentes en Santa Teresa, por ejemplo, cómo ella veía la sagrada Humanidad de Cristo. Para ella, había que enamorarse de la Humanidad de Cristo, que es el fin de la vida de oración.
I. El fin de nuestra vida de oración: enamorarnos de ella
“[La religiosa]…puede representarse delante de Cristo y acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada Humanidad y traerle siempre consigo y hablar con Él, pedirle para sus necesidades y quejársele de sus trabajos, alegrarse con El en sus contentos y no olvidarle por ellos, sin procurar oraciones compuestas, sino palabras conforme a sus deseos y necesidad Es excelente manera de aprovechar y muy en breve; y quien trabajare a traer consigo esta preciosa compañía y se aprovechare mucho de ella y de veras cobrare amor a este Señor a quien tanto debemos, yo le doy por aprovechado”[3].
“En que trata cuán seguro camino es para los contemplativos no levantar el espíritu a cosas altas si el Señor no le levanta, y cómo ha de ser el medio para la más subida contemplación la Humanidad de Cristo”[4].
Así: “Jesús de Ánima Christi” y “Ánima Christi de Jesús”; “Jesús de Consolata” y “Consolata de Jesús”; “Jesús de Cielo” y “Cielo de Jesús”; Jesús de Itatí” e “Itatí de Jesús”; “Jesús de Calvario” y “Calvario de Jesús”.
II. La meditación y contemplación sobre la humanidad de Cristo no se abandona en ningún estado del alma, en ninguna de las moradas, aunque cambiará ciertamente el modo, ya que la meditación discursiva de los misterios puede hacerse difícil y aún imposible.
“También os parecerá que quien goza de cosas tan altas no tendrá meditación en los misterios de la sacratísima Humanidad de nuestro Señor Jesucristo, porque se ejercitará ya toda en amor. – Esto es una cosa que escribí largo en otra parte, y aunque me han contradecido en ella y dicho que no lo entiendo, porque son caminos por donde lleva nuestro Señor, y que cuando ya han pasado de los principios es mejor tratar en cosas de la divinidad y huir de las corpóreas, a mí no me harán confesar que es buen camino. Yo puede ser que me engañe y que digamos todos una cosa; mas vi yo que me quería engañar el demonio por ahí, y así estoy tan escarmentada que pienso, aunque lo haya dicho más veces, decíroslo otra vez aquí, porque vayáis en esto con mucha advertencia; y mirad que oso decir que no creáis a quien os dijere otra cosa.
- También les parecerá a algunas almas que no pueden pensar en la Pasión; pues menos podrán en la sacratísima Virgen, ni en la vida de los Santos, que tan gran provecho y aliento nos da su memoria. Yo no puedo pensar en qué piensan; porque, apartados de todo lo corpóreo, para espíritus angélicos es estar siempre abrasados en amor, que no para los que vivimos en cuerpo mortal, que es menester trate y piense y se acompañe de los que, teniéndole, hicieron tan grandes hazañas por Dios; cuánto más apartarse de industria de todo nuestro bien y remedio que es la sacratísima Humanidad de nuestro Señor Jesucristo.
- Hay algunas almas –y son hartas las que lo han tratado conmigo– que como nuestro Señor las llega a dar contemplación perfecta, querríanse siempre estar allí, y no puede ser; mas quedan con esta merced del Señor de manera que después no pueden discurrir en los misterios de la Pasión y de la vida de Cristo como antes. […]
- Verdad es que a quien mete ya el Señor en la séptima morada […] es muy continuo no se apartar de andar con Cristo nuestro Señor por una manera admirable, adonde divino y humano junto es siempre su compañía. Así que, cuando no hay encendido el fuego que queda dicho en la voluntad ni se siente la presencia de Dios, es menester que la busquemos; que esto quiere Su Majestad, como lo hacía la Esposa en los Cantares, y que preguntemos a las criaturas quién las hizo –como dice San Agustín, creo, en sus Meditaciones o Confesiones–, y no nos estemos bobos perdiendo tiempo por esperar lo que una vez se nos dio, que a los principios podrá ser que no lo dé el Señor en un año, y aun en muchos; Su Majestad sabe el porqué; nosotras no hemos de querer saberlo, ni hay para qué. Pues sabemos el camino como hemos de contentar a Dios por los mandamientos y consejos, en esto andemos muy diligentes, y en pensar su vida y muerte, y lo mucho que le debemos; lo demás venga cuando el Señor quisiere.
- Es admirable y muy meritoria oración [repasar y recordar los misterios de la Humanidad de Cristo. Aún quien ha llegado a la perfecta contemplación, no podrá no detenerse] en estos misterios y traerlos presentes muchas veces, en especial cuando los celebra la Iglesia Católica; ni es posible que pierda memoria el alma que ha recibido tanto de Dios […] sino que […] entiende el alma estos misterios por manera más perfecta: y es que se los representa el entendimiento, y estámpanse en la memoria de manera que de sólo ver al señor caído con aquel espantoso sudor en el Huerto, aquello le basta para no sólo una hora, sino muchos días, mirando con una sencilla vista quién es y cuán ingratos hemos sido a tan gran pena; luego acude la voluntad, aunque no sea con ternura, a desear servir en algo tan gran merced y a desear padecer algo por quien tanto padeció y a otras cosas semejantes, en que ocupa la memoria y el entendimiento. Y creo que por esta razón no puede pasar a discurrir más en la Pasión, y esto le hace parecer que no puede pensar en ella.
- Y si esto no hace, es bien que lo procure hacer, que yo sé que no lo impedirá la muy subida oración, y no tengo por bueno que no se ejercite en esto muchas veces.
- Hay unos principios, y aun medios, que tienen algunas almas, que como comienzan a llegar a oración de quietud y a gustar de los regalos y gustos que da el Señor, paréceles que es muy gran cosa estarse allí siempre gustando. Pues créanme y no se embeban tanto –como ya he dicho en otra parte– que es larga la vida, y hay en ella muchos trabajos, y hemos menester mirar a nuestro dechado Cristo, cómo los pasó, y aun a sus apóstoles y Santos, para llevarlos con perfección. Es muy buena compañía el buen Jesús para no nos apartar de ella, y su Sacratísima Madre, y gustar mucho de que nos dolamos de sus penas, aunque dejemos nuestro contento y gusto algunas veces”[5].
“Cuando nuestro Señor es servido de regalar más a esta alma, muéstrale claramente su sacratísima Humanidad de la manera que quiere, o como andaba en el mundo, o después de resucitado; y aunque es con tanta presteza que lo podríamos comparar a la de un relámpago, queda tan esculpido en la imaginación esta imagen gloriosísima, que tengo por imposible quitarse de ella hasta que la vea adonde para sin fin la pueda gozar”[6].
“Pues vengamos ahora a tratar del divino y espiritual matrimonio, aunque esta gran merced no debe cumplirse con perfección mientras vivimos pues si nos apartásemos de Dios, se perdería este tan gran bien.
La primera vez que Dios hace esta merced quiere Su Majestad mostrarse al alma por visión imaginaria de su sacratísima Humanidad, para que lo entienda bien y no esté ignorante de que recibe tan soberano don. A otras personas será por otra forma, a ésta de quien hablamos, se le representó el Señor, acabando de comulgar, con forma de gran resplandor y hermosura y majestad, como después de resucitado, y le dijo que ya era tiempo de que sus cosas tomase ella por suyas, y Él tendría cuidado de las suyas, y otras palabras que son más para sentir que para decir”[7].
En conclusión:
“14. Creo queda dado a entender lo que conviene, por espirituales que sean, no huir tanto de cosas corpóreas que les parezca aún hace daño la Humanidad sacratísima. Alegan lo que el Señor dijo a sus discípulos, que convenía que Él se fuese[8]. Yo no puedo sufrir esto. […] Yo os digo, hijas, que le tengo por peligroso camino y que podría el demonio venir a hacer perder la devoción con el Santísimo Sacramento”[9].
Así: “Jesús de Corredentora” y “Corredentora de Jesús”; “Jesús de Sponsa Amabilis” y “Sponsa Amabilis de Jesús”; “Jesús de Mother of Mercy” y Mother of Mercy de Jesús”; “Jesús de Anunciación” y “Anunciación de Jesús”; “Jesús de Guadalupe” y “Guadalupe de Jesús”.
III. Es la experiencia de la santa
– Cristo mismo se le presentaba en su humanidad:
* Aparición en el refectorio
“Antes de esto había estado, creo tres días, con aquella gran pena que traigo –más unas veces que otras– de que estoy ausente de Dios, y estos días había sido bien grande, que parecía no lo podía sufrir; y habiendo estado así harto fatigada, vi que era tarde para hacer colación y no podía –y a causa de los vómitos, háceme mucha flaqueza no la hacer un rata antes–, así con harta fuerza puse el pan delante para hacérmela para comerlo, y luego se me representó allí Cristo, y parecíame que me partía del pan y me lo iba a poner en la boca, y díjome: ‘Come, hija y pasa como pudieres; pésame de lo que padeces, mas esto te conviene ahora’. Quedé quitada aquella pena y consolada, porque verdaderamente me pareció se estaba conmigo, y todo otro día, y con esto se satisface el deseo por entonces”[10].
* Siempre le hablaba por su humanidad
“No me acuerdo haberme parecido que habla nuestro Señor, si no es la Humanidad, y ya digo, esto puedo afirmar que no es antojo”[11].
* Se le presentaba en su pasión
“Acabando de comulgar, segundo día de Cuaresma en San Josef de Malagón, se me representó nuestro Señor Jesucristo en una visión imaginaria como suele, y estándole mirándole, vi que en la cabeza en lugar de corona de espinas, en toda ella –que debía ser adonde hicieron llaga- tenía una corona de gran resplandor. Como yo soy devota de este paso, consoléme mucho y comencé a pensar que gran tormento debía ser, pues había hecho tantas heridas, y a darme pena. Díjome el Señor que no le tuviese lástima por aquellas heridas, sino por las muchas que ahora le daban…
- Díjome que no era ahora tiempo de descansar, sino que me diese prisa a hacer estas casas, que con las almas de ellas tenía Él descanso; que tomase cuántas me diesen, porque habían muchas que por no tener adónde, no le servían, y que las que hiciese en lugares pequeños fuesen como ésta, que tanto podían merecer con deseo de hacer lo que en las otras, y que procurase que anduviesen todas debajo de un gobierno de perlado, o que pusiese mucho que por cosa de mantenimiento corporal no se perdiese la paz interior, que Él nos ayudaría para que nunca faltase; en especial tuviesen cuenta con las enfermas, que la perlada que no proveyese y regalase a las enfermas era como los amigos de Job, que Él daba el azote para bien de sus almas, y ellas ponían en aventura la paciencia…”[12].
* O también resucitado
“Casi siempre se me representaba el Señor así resucitado, y en la Hostia lo mismo, si no eran algunas veces para esforzarme, si estaba en tribulación, que me mostraba las llagas; algunas veces en la cruz y en el Huerto; y con la corona de espinas, pocas; y llevando la cruz también algunas veces, para –como digo– necesidades mías y de otras personas, mas siempre la carne glorificada”[13].
* Generalmente luego de comulgar
“Un día, acabando de comulgar, me pareció verdaderamente que mi alma se hacía una cosa con aquel cuerpo sacratísimo del Señor, cuya presencia se me representó, e hízome gran operación y aprovechamiento”[14].
Así: “Jesús de Concepción” y “Concepción de Jesús”; “Jesús de Aracoeli” y “Aracoeli de Jesús”; “Jesús de Lágrimas” y “Lágrimas de Jesús”; “Jesús Mater Misericordiae” y “Mater Misericordiae de Jesús”; “Jesús de Radosty” y “Radosty de Jesús”; “Jesús de Malaika” y “Malaika de Jesús”.
IV. Los efectos de esta consideración de la humanidad de Cristo en la vida de la Santa
*Sólo el Hijo se encarnó, pero en la santa “se prolonga la Encarnación”
“Estando una vez con esta presencia de las tres Personas que trajo en el alma, era con tanta luz que no se puede dudar el estar allí Dios vivo y verdadero, y allí se me daban a entender cosas que yo no las sabré decir después. Entre ellas era como había la Persona del Hijo tomado carne humana y no las demás. No sabré, como digo, decir cosa de esto, que pasan algunas tan en secreto del alma, que parece el entendimiento entiende como una persona, que, durmiendo o medio dormida, le parece entiende lo que se habla. Yo estaba pensando cuán recio era el vivir que nos privaba de no estar así siempre en aquella admirable compañía, y dije entre mi: Señor, dadme algún medio para que yo pueda llevar esta vida. Díjome: ‘Piensa, hija, como después de acabada no me puedes servir en lo que ahora, y come por Mí y duerme por Mí, y todo lo que hicieres sea por Mí, como si no lo vivieses tú ya, sino YO, que esto es lo que decía San Pablo’[15]”[16].
*Su hermosura sirve para purificar los amores
“4. De ver a Cristo me quedó impresa su grandísima hermosura, y la tengo hoy día, porque para esto bastaba sola una vez, ¡cuánto más tantas como el Señor me hace esta merced! Quedé con un provecho grandísimo y fue éste: tenía una grandísima falta de donde me vinieron grandes daños, y era ésta: que como comenzaba a entender que una persona me tenía voluntad y si me caía en gracia, me aficionaba tanto, que me ataba en gran manera la memoria a pensar en él, aunque no era con intención de ofender a Dios, mas holgábame de verle y de pensar en él y en las cosas buenas que le veía. Era cosa tan dañosa, que me traía el alma harto perdida. Después que vi la gran hermosura del Señor, no veía a nadie que en su comparación me pareciese bien ni me ocupase; que, con poner un poco los ojos de la consideración en la imagen que tengo en mi alma, he quedado con tanta libertad en esto, que después acá todo lo que veo me parece hace asco en comparación de las excelencias y gracias que en este Señor veía. Ni hay saber ni manera de regalo que yo estime en nada, en comparación del que es oír sola una palabra dicha de aquella divina boca, cuánto más tantas. Y tengo yo por imposible, si el Señor por mis pecados no permite se me quite esta memoria, podérmela nadie ocupar de suerte que, con un poquito de tornarme a acordar de este Señor, no quede libre”[17].
En conclusión, la religiosa debe vivir pendiente del hermosísimo rostro de Nuestro Señor.
“14. Una gran ganancia saca el alma de esta merced del Señor, que es, cuando piensa en El o en su vida y Pasión, acordarse de su mansísimo y hermoso rostro, que es grandísimo consuelo, como acá nos le daría mayor haber visto a una persona que nos hace mucho bien que si nunca la hubiésemos conocido. Yo os digo que hace harto consuelo y provecho tan sabrosa memoria”[18].
Así: “Jesús de Redentor” y “Redentor de Jesús”; “Jesús de Soledad” y “Soledad de Jesús”; “Jesús de Blanca” y “Blanca de Jesús”; “Jesús de Al Bishara” y “Al Bishara de Jesús”; “Jesús de Auxilium” y “Auxilium de Jesús”… ¡y así todas las religiosas, Esposas de Jesús!
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Por eso en este día de Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, hagamos un breve examen de conciencia, en algún momento del día, pensando cómo es nuestra relación con la sagrada Humanidad de Jesús. Si realmente cuando cómo puedo decir que Él está comiendo por mí, y duerme por mí, y todo lo que hago durante el día Él lo está haciendo por mí…: “como si no lo vivieses tú ya, sino Yo”.
Recordemos, por tanto, que en un día memorable Jesús le dijo a Teresa: “Yo soy Jesús de Teresa, y tú eres Teresa de Jesús”.
[1] La tradición recuerda así: Y en aquel encuentro sabrosísimo por las escaleras de la Encarnación de Ávila: «¿Tu quién eres?» «¿Y tú?» le pregunta el niño rubio y guapísimo de doce abriles: «Yo, Teresa de Jesús». «Pues yo—responde aquel Niño Divino—Jesús de Teresa». Tal es así que dice Santa Teresa de los Andes: “P.D. Se me había olvidado decirle que mi nombre será Teresa de Jesús. Fíjese qué nombre tan grande para mí. Ruegue para que sea verdadera Teresa de Jesús y para que Jesús pueda decirme que El es Jesús de Teresa” (CARTA 66 de Santa Teresa de los Andes. Al P. Julian Cea, C.M.F. San Pablo, 27 de febrero de 1919). Y la Beata Teresa de Calcuta tiene una poesía titulada: El Jesús de Teresa de Calcuta. Ver también, San Enrique de Ossó.
[2] Sagrada Congregación para los sacramentos y el culto divino, Litterae Pro officio mihi del 17 de febrero de 1984: “in textibus liturgicis indicatum esse nomine ac titulo ‘Sancta Teresia a Iesu’”; cfr. Enchiridion Vaticanum, EDB, 9, 686.
[3] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, BAC (Madrid 92006), Libro de la vida, cap. 12, 2, 75–76.
[4] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, 120.
[5] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, Sextas Moradas, cap. 7, 5–15.
[6] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, Sextas Moradas, cap. 9,3, 556.
[7] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, Séptimas Moradas, cap. 2,1, 570.
[8] Cf. Jn 16,7.
[9] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, 548–552.
[10] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, Cuentas de Conciencia, 12ª,3, 598.
[11] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, Cuentas de Conciencia, 58ª. 22, 629.
[12] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, Cuentas de Conciencia, 5ª, 596.
[13] ] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, Libro de la vida, cap 29,4, 155.
[14] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, Cuentas de Conciencia, 43ª, 613.
[15] Cf. Gal 2,20: “Vivo yo, no yo; Cristo vive en mí”.
[16] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, Cuentas de Conciencia, 46ª, 613–614.
[17] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, Libro de la vida, cap 29,1, 203–204.
[18] Santa Teresa de Jesús, Obras Completas, Sextas Moradas, cap. 9,14, 559.




