El ambón

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“El ambón es estructuralmente en la Iglesia el signo monumental de la Resurrección y significa únicamente la tumba vacía del Señor Resucitado”[1], por eso los ministros sagrados, sacerdote y diácono, que proclaman el Evangelio desde el ambón son equiparados a los ángeles que dieron el anuncio de la Resurrección del Señor a las santas mujeres (cf. Lc 24,1-8)[2].

A nosotros se nos indica: “Que el ambón sea el lugar digno donde colocar la Palabra de Dios”[3].  Lo cual quiere decir que:

– sea “un lugar conveniente desde el que se proclame, y al que durante la Liturgia de la Palabra, se dirija espontáneamente la atención de los fieles[4]. Es decir, “debe estar colocado de tal manera que los ministros ordenados y los lectores puedan ser vistos y escuchados convenientemente por los fieles”[5].

– “Conviene que por lo general este sitio sea un ambón estable, no un simple atril portátil”[6].

Respecto de esta última característica, fijo o portátil, el derecho propio establece para nosotros que “La sede y el ambón fijos[7]. Y así lo explicó nuestro Fundador que ha preferido siempre el ambón estable: “el atril portátil cumple la función pero no es un ambón en sentido propio, y por ello la distinción fijo-móvil más que dos categorías del mismo objeto señalan dos entidades diferentes. En su fijación al suelo, en su disposición logística, y en su consiguiente armonización ambiental se ve por lo tanto una precisa elección de valor y significado. El ambón es entonces constitutivamente estable y permanente con todas las implicancias que de ello se derivan en la configuración del templo y el desarrollo de los ritos”[8]. El lugar de la proclamación de la Palabra de Dios “reducido a un miserable atril, anula su elocuencia y pierde la fuerza de polo de concentración de la atención de los fieles”[9].

El ambón debe ser uno[10], fijo, debe tener un espacio propio en el ámbito de la celebración (por tanto, no se debe colocar el ambón, el altar, y la sede sobre el mismo eje visivo[11]) y debe estar en un lugar ligeramente elevado. Asimismo, debe “distinguirse por su hechura y cualidad: ‘convenientemente noble’, ‘visible’ o ‘eminente’, ‘digno’”[12].

Si en alguna de nuestras capillas o parroquias se inaugura un nuevo ambón es conveniente que se bendiga según el rito descrito en el Ritual Romano[13].

Ahora bien, ¿cuáles son las actividades propias que se realizan desde el ambón?

  • “Desde el ambón se proclaman únicamente las lecturas, el salmo responsorial y el pregón pascual;
  • también puede tenerse la homilía y proponer las intenciones de la Oración universal”[14].

Según esto, el P. Buela nos enseno: “Usa un solo ambón, púlpito o atril para proclamar toda la Palabra de Dios y sólo la Palabra de Dios”[15].

Nótese además que dice “proponer las intenciones” es decir, que el uso del ambón se limita sólo a la formulación de las intenciones de la oración universal, pues la introducción y la oración conclusiva, de suyo pertenece a quien preside la celebración, y por lo tanto se deben leer desde la sede o el altar. Entonces, enseña el P. Buela, “dar avisos o indicaciones desde el ambón, antes, durante o después de la Misa —práctica lamentablemente bastante difundida— es algo fuera de lugar y banal, pues no tiene en cuenta el respeto debido a la santidad del lugar”[16].

“La dignidad del ambón exige que a él sólo suba el ministro de la Palabra”[17]. Por tanto, “personas que no están ligadas institucionalmente al ministerio de la Palabra, por ejemplo quien hace el guion, el cantor, o el animador del canto, puede ser tolerado pero nunca recomendado[18][19].

Además, el P. Buela siguiendo el Ordo Lectionum Missae[20] hace otras precisiones a tener en cuenta respecto del ambón. Por ejemplo:

– para que el ambón puede servir de modo adecuado a las celebraciones [se requiere] que posea una cierta amplitud, pues algunas veces allí deben estar juntos más de un ministro.

– cuidar que los lectores dispongan sobre el ambón de una iluminación suficiente para la lectura del texto;

– en cuanto sea posible, buenos micrófonos para que los fieles los puedan escuchar fácilmente.

Respecto de esto último nos aconsejaba el Fundador: “Controla la distancia al micrófono en la sede y en el ambón: 10 cm para el tono confidencial, 20 para las comunicaciones, 30 para la proclamación. Así como no debes usar el mismo tono para tu voz, debes usar distintas distancias para el micrófono. Los altoparlantes deben estar dirigidos hacia donde debe llegar la voz del orador, nunca debe llegar desde atrás, así se pierde el 30 % de comprensión conceptual”[21].

Algunos preguntan: ¿se puede adornar el ambón? A lo cual responde el Ordo Lectionum Missae:

“Conviene que el ambón, de acuerdo con su estructura, se adorne con sobriedad, ya sea de una manera permanente, o por lo menos ocasionalmente en los días más solemnes”[22].

Concluimos haciendo nuestro el anhelo de nuestro padre Fundador: “cómo deberíamos colaborar para que nuestros templos y campanarios, los altares, sedes y ambones, los ornamentos litúrgicos y el mobiliario litúrgico, las imágenes y retablos, el sonido y la iluminación, la música y el canto sagrado con coros dignos, el desempeño correcto de todos los oficios y ministerios litúrgicos, etc., sean de lo mejor, ya que son para el Señor, ¡y al Señor hay que darle lo mejor!”[23].

[1] Crispino Valenziano, La riforma liturgica del Concilio. Cronaca, teologia, arte, EDB, Bologna 2004, 104-106.

[2] Carlos Buela, IVE, Mi Parroquia. Cristo Vecino, Parte I, cap. 2, 66.

[3] Directorio de Vida Litúrgica, 62.

[4] Instrucción General del Misal Romano, 309.

[5] Ibidem.

[6] Ibidem.

[7] Directorio de Vida Litúrgica, 96.

[8] Carlos Buela, IVE, Mi Parroquia. Cristo Vecino, Parte I, cap. 2, 67.

[9] Nuevo Diccionario de Liturgia, 161.

[10] “Habrá un ambón […] para la proclamación de la Palabra de Dios desde el presbiterio o cerca de él”, Peter Elliott, Guía práctica de la liturgia, EUNSA, Pamplona 2004, 34. Citado por Carlos Buela, IVE, Mi Parroquia. Cristo Vecino, Parte I, cap. 2, 68.

[11] Carlos Buela, IVE, Mi Parroquia. Cristo Vecino, Parte I, cap. 2, 68.

[12] Ibidem, 69.

[13] Instrucción General del Misal Romano, 309.

[14] Ibidem.

[15] Carlos Buela, IVE, Ars celebrandi, 32.

[16] Carlos Buela, IVE, Mi Parroquia. Cristo Vecino, Parte I, cap. 2, 70.

[17] Instrucción General del Misal Romano, 309.

[18] Cf. Ibidem; Ordo Lectionum Missae, 32.

[19] Carlos Buela, IVE, Mi Parroquia. Cristo Vecino, Parte I, cap. 2, 71.

[20] 33-34.

[21] Carlos Buela, IVE, Ars celebrandi, 33.

[22] 33.

[23] Carlos Buela, IVE, Nuestra Misa, Parte II, cap. 3, 149.

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