La sede presbiterial

Contenido

La sede presbiterial

 

El tercer punto focal de la celebración eucarística es la sede presbiterial que el derecho propio sostiene debe ser “fija”[1] y debe dejar “ver a quien obra en persona de Cristo Sacerdote”[2].

“No prescindas de la sede presidencial”[3], nos enseñaba el P. Buela. Ya que “aquel que preside es al mismo tiempo quién enseña y ofrece el sacrificio. La sede no es por lo tanto el emblema de la potestas sino la garantía de la unidad y de la comunión”[4]. De hecho, ya la doctrina del Concilio Vaticano II señalaba un oportuno restablecimiento de la cualidad simbólica del lugar ofuscado por el decline del espíritu litúrgico. Pues la sede presbiterial es “signo de la presencia de aquel que es su única cabeza, signo de unidad y garantía de autenticidad de la enseñanza; aquí se identifican funcionalidad y simbolismo, ya que la sede no puede cumplir su función simbólica si no se la coloca dentro de la asamblea, donde el sacerdote pueda realmente presidir[5]. De este modo “la sede presidencial exalta así el unívoco valor del oficio sacerdotal”[6].

Hay dos directrices fundamentales para la impostación de la sede:

  1. La visibilidad y la facilidad de la comunicación dialógica las cuales exaltan el vínculo horizontal con los fieles, y
  2. la distinción y la eminencia que nos recuerdan la unicidad y exclusividad de la mediación sacerdotal y la orientación vertical de la entera asamblea[7].

Según lo cual la Inter Oecumenici afirma que: “La sede para el celebrante y los ministros, según la estructura de cada iglesia, sea dispuesta en modo que resulte bien visible a los fieles y el celebrante aparezca verdaderamente como el presidente de la asamblea de los fieles”[8]. De esto se sigue, la preeminencia de la sede[9], la visibilidad[10], la unicidad de la sede.

“Al sitio de presidencia puede acceder exclusivamente el sacerdote celebrante”[11] por lo tanto un uso indebido de la sede (por ejemplo, para sacarse fotos) es una violación a las reglas litúrgicas y una falsificación del signo. El respeto del espacio propio de la sede implica cierta circunspección de parte de los otros ministros y de los monaguillos que no deberían permanecer en el área de la sede u obstruirle la vista.

Junto a la sede del sacerdote se debe preparar el misal y, según las circunstancias, el folleto de cantos[12].

Basado en estos lineamientos el P. Buela preparó e incluyó en su libro Ars celebrandi un pequeño esquema de la distribución de los lugares en el presbiterio:

   

Respecto de las acciones concretas que se desenvuelven en la sede:

  • “Concluido el canto de entrada, el sacerdote de pie, en la sede, se signa juntamente con toda la asamblea con la señal de la cruz”[13].
  • “La homilía, preferentemente, debe predicarse desde la sede[14].
  • “Dicho el Símbolo, desde la sede, el sacerdote de pie y con las manos juntas, invita a los fieles a la oración universal con una breve monición”[15]. “Pertenece al sacerdote celebrante dirigir las preces desde la sede[16].
  • Terminada la distribución de la comunión el sacerdote puede regresar a la sede. Se puede observar un espacio de silencio sagrado o también entonar un salmo u otro cántico o himno de alabanza[17]. Es aquí cuando tiene lugar “la consagración a la Virgen. [La cual] Se puede cantar o rezar, según la OGMR, nn. 38, 88, 164”[18].

Queremos concluir con algunas recomendaciones especificas que nuestro Fundador daba a quienes tenían el noble oficio de presidir el Santo Sacrificio del Altar:

– “El presidente debe presidir.

– Debe conocer el Misal Romano, los Leccionarios, el Misal de la Virgen, el calendario litúrgico (añalejo, gallofa, epacta, efemérides…), conocer las diferencias entre solemnidad, fiesta, memoria obligatoria, memoria libre o memoria facultativa.

– No subestimes el papel del presidente.

– No exageres el papel del presidente.

– No te olvides de la asamblea.

– Nunca te limites simplemente a ‘decir Misa’.

– No te arrogues la parte de otro.

– El presidente es una figura pública en un marco cuasi-dramático.

– No perjudiques ni la forma ni la continuidad de la liturgia.

– No hagas los gestos como un autómata. Ni hamaques tu cuerpo.

– Cuidado con omitir algunos gestos.

– No cantes si no puedes.

– No descuides la preparación de los objetos materiales.

– Nunca hagas dos acciones (visibles) al mismo tiempo.

– Si lo crees conveniente puedes avisar a los fieles con un toque de campanilla, antes de la consagración y cuando se eleva la hostia y el cáliz (IGMR, n. 150)”[19].

[1] Directorio de Vida Litúrgica, 96.

[2] Directorio de Vida Litúrgica, 62.

[3] Carlos Buela, IVE, Ars celebrandi, 31.

[4] Carlos Buela, IVE, Mi Parroquia. Cristo vecino, Parte I, cap. 2, 76.

[5] Nuevo Diccionario de Liturgia, 161.

[6] Carlos Buela, IVE, Mi Parroquia. Cristo vecino, Parte I, cap. 2, 77.

[7] Ibidem, 78.

[8] 92.

[9] “Debe diferenciarse netamente, por la localización y la consistencia, de los bancos comunes de uso de los fieles. La particular consideración se concreta en la materia, en el estilo y en la decoración del espacio propio. Una muestra inmediata de la preeminencia de la sede es la elevación respecto al plano de la sala. Más allá del efecto distintivo del respaldo y de los reposabrazos, algún peldaño puede elevar levemente el puesto reservado al pastor”, Carlos Buela, IVE, Mi Parroquia. Cristo vecino, Parte I, cap. 2, 78.

[10] “Su lugar más adecuado es vuelto hacia el pueblo, al fondo del presbiterio, a no ser que la estructura del edificio u otra circunstancia lo impidan, por ejemplo, si por la gran distancia se torna difícil la comunicación entre el sacerdote y la asamblea congregada, o si el tabernáculo está situado en la mitad, detrás del altar”, Instrucción General del Misal Romano, 310. “No parece admisible una ubicación fuera del presbiterio” y además, se ha de evitar “poner delante [del sagrario] la sede del celebrante”, Sacramentum Caritatis, 69.

[11] Carlos Buela, IVE, Mi Parroquia. Cristo vecino, Parte I, cap. 2, 80.

[12] Instrucción General del Misal Romano, 118.

[13] Instrucción General del Misal Romano, 50.

[14] Carlos Buela, IVE, Ars celebrandi, 35.

[15] Carlos Buela, IVE, Ars participandi, 321.

[16] Instrucción General del Misal Romano, 71.

[17] Cf. Misal Romano, 88.

[18] Carlos Buela, IVE, Ars celebrandi, 42.

[19] Carlos Buela, IVE, Ars celebrandi, 27-28.

Otras
publicaciones

Otras
publicaciones