Nuestro estilo litúrgico

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Nuestro estilo litúrgico

 

“Una de las características del progresismo cristiano es el placer de demoler y vilipendiar, en grado patológico: [la] Sagrada Escritura, la Liturgia, la Tradición, las devociones populares, la doctrina católica, el culto a los santos”1, etc. Todo lo cual se halla en plena “coherencia” con su línea de pensamiento secularista, desacralizante, contraria a la Tradición y al sentido del misterio. Puesto que, según decía el P. Buela, el progresismo “es antiministerial, antieclesial, deshumanizante, inmanente”2.

“De ahí que las falencias actuales que se notan sean, de manera especial,

  • la ausencia de la adoración, es decir, el máximo amor por el Máximo Ser, por la influencia del ateísmo práctico aupado por el principio de inmanencia;
  • y el olvido del misterio, es decir, de la sobreabundancia de Dios en todos los aspectos, por la desacralización”3.

Por eso insistentemente el P. Buela nos exhortaba a “atraer a los fieles a la belleza de la liturgia, [a] su santidad, el silencio, el recuerdo, la dimensión mística y la adoración”4. Es en este sentido que la liturgia se vuelve uno de los apostolados5 propios del Instituto. Según lo cual “debiera ser una prioridad la educación litúrgica… del clero [y de los laicos, en su medida]”6.

De aquí que el derecho propio “defina” a un sacerdote religioso del Instituto como “amante de la liturgia católica”7 y consecuentemente uno de los elementos no negociables adjuntos al carisma explícitamente definido por el Fundador sea “la digna celebración de la Santa Misa8. Según esto, “hemos de caracterizarnos por la importancia que se le debe dar a la celebración de la Santa Misa, así como por el modo reverente de celebrarla. Por eso el énfasis que se le debe dar a la vida litúrgica en el Instituto9, aseguraba el P. Buela.

De modo tal que,

  • si lo propio es una marcada devoción eucarística,
  • si “lo principal, lo más importante que debemos hacer cada día, es participar del Santo Sacrificio de la Misa”10,
  • si “la Santa Misa es el acto litúrgico por excelencia, y ‘la liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza’”11,
  • si “el seminario es la Misa”12 y “toda la preparación del Seminario debe ser para subir al altar, para transustanciar el pan y el vino en el Cuerpo y en la Sangre del Señor ofrecido bajo las especies”13,
  • y si “nuestros sacerdotes”, según decía el Fundador, “tienen que ser maestros del ars celebrandi14;

consecuentemente, el “amor a la liturgia15 y la importancia de esta en la vida religiosa y misionera de los miembros del Instituto del Verbo Encarnado es primordial. De lo cual se desprende la necesidad imperiosa de una formación litúrgica no solo teórica sino también práctica16 “que vaya unida y de alguna manera se prolongue en la vida diaria, vivida en la santidad y en el don de sí por la caridad, para gloria de Dios y salvación de los hombres”17.

Solo así nuestro “estilo” de celebraciones sacrales podrán ser “dignas, sobrias, solemnes, con ritmo litúrgico, fáusticas, vivas, fieles y creativas… no triviales ni superficialmente bullangueras, no secularizadas ni desacralizadas, no chabacanas ni pueriles, no aparatosas ni acartonadas”18. Solo así podrán nuestras celebraciones litúrgicas contribuir a contrarrestar el progresismo reinante en la liturgia haciendo que se encarne el Verbo y en las que aparezca –sacramentalmente– Encarnado, en las que ‘se resalte siempre la principal presencia y acción del Sacerdote principal’19, en las que se perciba que la esencial actitud del sacerdote secundario es la actitud orante –propia del que se sabe mero instrumento, e instrumento deficiente, subordinado a la causa principal y sujeto a sus fines–, en las que todos los elementos visibles coadyuven al conocimiento esplendoroso de lo Invisible”20.

Ese es el estilo de celebraciones litúrgicas que forma parte de nuestro carisma21.

A lo largo de esta serie de escritos breves se intenta simplemente contribuir a la toma de conciencia sobre la importancia del cuidado de la Liturgia en nuestras comunidades religiosas; a recordar lo aprendido y vivido en los inicios, especialmente aquello que hemos recibido del P. Buela, y que de algún modo configura “nuestro modo” propio de celebrar liturgias vívidas y vividas y finalmente, ofrecer una instrucción formativa acerca del significado de los gestos, así como de los elementos del ajuar y del mobiliario litúrgicos, los cuales deben ser siempre revalorizados y cuidadosamente atendidos.

1 CARLOS BUELA, IVE, Sermón predicado en la Vigilia Pascual el sábado 30 de marzo de 2002.

2 Ibidem.

3 Cf. CARLOS BUELA, IVE, El Señor es mi Pastor. Memoria y Profecía, Parte II, cap. 12, 148.

4 Ibidem.

5 Constituciones, 16: “De manera especial, nos dedicaremos a la predicación de la Palabra de Dios, más tajante que espada de dos filos (Hb 4,12), en todas sus formas. En el estudio y la enseñanza de la Sagrada Escritura, la Teología, los Santos Padres, la Liturgia, la Catequesis, el Ecumenismo, etc.”

6 CARLOS BUELA, IVE, El Señor es mi Pastor. Memoria y Profecía, Parte II, cap. 12, 149.

7 Constituciones, 213.

8 Notas del V Capítulo General del Instituto del Verbo Encarnado, 4.

9 Notas del V Capítulo General del Instituto del Verbo Encarnado, 6.

10 Constituciones, 137.

11 Constituciones, 137.

12 CARLOS BUELA, IVE, Homilía del Domingo del Buen Pastor (5/5/1998).

13 Cf. CARLOS BUELA, IVE, Sacerdotes para siempre, Parte II, cap. 1, 447.

14 CARLOS BUELA, IVE, Ars celebrandi, 7.

15 Constituciones, 269.

16 Cf. Directorio de Seminarios Mayores, 217.

17 Directorio de Seminarios Mayores, 221; op. cit. Ratio Fundamentalis, 53.

18 Directorio de Vida Litúrgica, 1.

19 Vicessimus Quintus Annus, 10: “nada de lo que hacemos en la liturgia puede aparecer como más importante de lo que invisible, pero realmente, Cristo hace por obra del Espíritu”.

20 Directorio de Vida Litúrgica, 2.

21 Cf. Ibidem.

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