Nuestro estilo litúrgico
Introducción
“Las celebraciones litúrgicas serán, generalmente,
lo que quiera y lo que sea el celebrante.
A él le corresponde cuidar todos los detalles para que
la celebración sea como corresponde”
Directorio de Vida Litúrgica, 50
Con estas palabras damos inicio a la entrega quincenal de una serie de escritos breves que hemos denominado “Nuestro estilo litúrgico” y que hacen referencia a la exhortación que nos hace el derecho propio de “marcar un estilo de celebraciones litúrgicas como parte de nuestro carisma”[1]. Por tanto, se trata de escritos con una finalidad eminentemente práctica.
Principalmente dirigido a los sacerdotes del Instituto estos escritos abundan especialmente en citas del derecho propio, del Fundador, de las normativas específicas emanadas de los mismos textos litúrgicos y de los principales documentos del Magisterios sobre el tema.
Aunque muchas cosas que allí se mencionan sean ya conocidas de muchos, nos parece conveniente volver a recordarlas a fin de impregnar nuestras celebraciones de un fresco fervor, es decir, que sean siempre “vívidas y vividas”[2]. Pues si “hemos de caracterizarnos por la importancia que se le debe dar a la celebración de la Santa Misa, así como por el modo reverente de celebrarla”, explicaba el P. Buela, de ahí “el énfasis que se le debe dar a la vida litúrgica en el Instituto”.
Hagamos nuestro también el anhelo de que todos los sacerdotes del Instituto seamos “maestros del ars celebrandi”[3] y cuidemos cada detalle para que nuestras celebraciones sean modélicas.
[1] Directorio de Vida Litúrgica, 2.
[2] Directorio de Vida Litúrgica, 4.
[3] Carlos Buela, IVE, Ars celebrandi, 7.
