Nuestras celebraciones litúrgicas deben ser modélicas

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Nuestras celebraciones litúrgicas deben ser modélicas

 

“Me preguntó un obispo americano si yo sabía cuál era la diferencia entre los terroristas y los liturgistas. Ante mi negativa me dijo: ‘Con los primeros, se puede negociar’. Haciendo referencia al modo como quieren imponer sus opiniones acerca de los cambios en la liturgia”1. Esto lo escribía el P. Buela allá por el ’96.

Esto lo mencionamos porque no es nuestro intento en estos escritos imponer gestos litúrgicos ni abolir rúbricas para reemplazarlas por otras. Antes bien, quisiéramos remarcar el “estilo propio” delineado con todo detalle en el derecho propio y que con tanto empeño nos ha trasmitido el Fundador ya con el ejemplo, ya con la palabra, ya con sus escritos. Antes bien, nuestra intención es, como ya antes se dijo, la de contribuir a la toma de conciencia sobre la importancia del cuidado de la Liturgia en nuestras comunidades religiosas ya que si la Santa Misa constituye lo más importante que poseemos, la Liturgia que la encuadra y la expresa reviste una importancia igualmente fundamental.

Pues bien, cuentan que “un gitano se fue a confesar; pero el cura, precavido, comenzó por preguntarle si sabía los mandamientos de la ley de Dios. A lo que el gitano respondió: ‘Misté, padre, yo loh iba a aprendé; pero he oído un runrún de que loh iban a quitá’. De lo cual saca un filósofo una inmediata conclusión: “Corre un runrún de que ya no rigen los mandamientos europeos y, en vista de ello, las gentes –hombres y pueblos– aprovechan la ocasión para vivir sin imperativos”2.

Y cuántas veces no sucede lo mismo en el campo de la liturgia. Al finalizar el Concilio Vaticano II no faltaron quienes sostuvieran que las rúbricas del Concilio de Trento habían sido abolidas. Y así, tras la modificación del rito quedaron sin vigor esas rúbricas y los muchos decretos emanados por la antigua Sagrada Congregación de Ritos y surgieron innovaciones que, parafraseando el caso del gitano, daban por caducado el antiguo sistema de normas (rúbricas), sin aceptar el nuevo, e intentando llenar el vacío haciendo malabares3 en materia litúrgica.

Estos ‘malabares’ litúrgicos —sobre todo en la Eucaristía— sí, es cierto, se hacen a veces por ignorancia, aunque otras se hacen a impulsos de un individualismo “creativo” que menosprecia las normas litúrgicas vigentes. Y así la gente termina siendo manipulada y sometida a las arbitrariedades de cualquier celebrante ‘inspirado’ o de cualquier equipo litúrgico ‘creativo’ que hace de sus gustos personales una ley más férrea e inflexible que las rúbricas del Misal4.

Bajando a lo concreto, el Directorio de Vida Litúrgica declara que “nuestras celebraciones litúrgicas deben ser modélicas”5 y, a renglón seguido, puntualiza a qué se refiere: “por los ritos, por el tono espiritual y pastoral, y por la fidelidad debida tanto a las prescripciones y a los textos de los libros litúrgicos, cuanto a las normas emanadas de la Santa Sede y de las Conferencias Episcopales”6.

Por eso, sigue diciendo más adelante, “parte de la formación litúrgica consistirá en saber examinar nuestras celebraciones. Incluso es aconsejable, dadas las facilidades de hoy día, que alguien grabara en video alguna de nuestras Misas, así tendríamos la ventaja de vernos como nos ven los demás. Tal vez nos sorprendería ver en nosotros ciertos ‘tics’ o ‘furcios’, sea en los gestos, en las palabras o en las actitudes, y la no observancia de algunas rúbricas, en su letra o en su espíritu7.

Pues bien, si el ars celebrandi es “el arte de celebrar rectamente, y la participación plena, activa y fructuosa de todos los fieles”8, esto implica necesariamente “la obediencia fiel a las normas litúrgicas en su plenitud, pues es precisamente este modo de celebrar lo que asegura desde hace dos mil años la vida de fe de todos los creyentes”9.

Algunos queriendo “adaptar” el rito romano a otras formas de celebración “mejores”10 modifican oraciones, reordenan las partes de la liturgia, redistribuyen funciones litúrgicas, sin embargo, todas esas cosas por sí mismas no dan como resultado una liturgia “mejor” si se ignoran los fundamentos de la liturgia y si los que presiden la celebración desconocen los símbolos básicos y los gestos fundamentales integrados en la bimilenaria tradición del culto cristiano11.

“La liturgia no es un show, no es un espectáculo que necesite directores geniales y actores de talento. La liturgia no vive de sorpresas simpáticas, de ocurrencias cautivadoras, sino de repeticiones solemnes…”12.

Dos consejos prácticos del Fundador:

  1. “Aconsejo vivamente a los sacerdotes que, al menos una vez al año, se hagan filmar una Misa celebrada por ellos, para verse a sí mismos después, ya que a veces se dan ciertos tics, con la cabeza, dedos, manos, cuerpo… que desmerecen el sagrado rito, y que se deben, eficazmente, corregir. Es conveniente hacerse acompañar de algún hermano sacerdote, porque no se suele ser buen juez en causa propia.
  2. Es bueno también hacer el propósito de leer, todos los años, un buen libro de teología sobre la Eucaristía, la liturgia y la historia ritual, el año litúrgico, el martirologio, el santoral…”13.

Y si alguno todavía necesita alguna sugerencia acerca de qué leer el derecho propio responde: “Todos los años debería leerse al menos un buen libro sobre la Eucaristía y se deberían repasar la Ordenación general del Misal Romano, las Notas preliminares de los distintos Rituales de los Sacramentos y del Leccionario, las Normas del año litúrgico y del Calendario universal, de la Liturgia de las horas, de los Sacramentales, etc.”14

“Todo el esfuerzo que hagamos para mejorar nuestras liturgias siempre será poco frente a la grandeza del Misterio que celebramos, la grandiosidad de los frutos que se alcanzan y de los efectos que se producen. Luego de impetrar lo que necesitaba, al final de la Santa Misa, decía San Leopoldo Mandic: ‘Ahora rehusad oírme, si podéis, Señor’”15.

1 CARLOS BUELA, IVE, VoxVerbi 092, “Enormes minucias” (Referente a una Circular de viaje núm. 8 escrita por el P. Buela desde San José de California, 11 de noviembre de 1996).

2 CARLOS BUELA, IVE, Ars celebrandi, Prólogo del traductor [del libro How not to say Mass, Paulist Press, Mahwah, New Jersey, 1986], 19.

3 1. m. pl. Ejercicios de agilidad o destreza que se realizan como espectáculo, lanzando y recogiendo diversos objetos, o manteniéndolos en equilibrio inestable. 2. m. pl. Combinaciones artificiosas de conceptos con que se pretende deslumbrar al público.

4 Cf. CARLOS BUELA, IVE, Ars celebrandi, 20.

5 3.

6 Directorio de Vida Litúrgica, 3.

7 Directorio de Vida Litúrgica, 116.

8 Sacramentum Caritatis, 38.

9 Ibidem.

10 Cf. CARLOS BUELA, IVE, Ars celebrandi, 23.

11 Ibidem.

12 Entrevista de Vittorio Messori al entonces cardenal Joseph Ratzinger.

13 CARLOS BUELA, IVE, Ars celebrandi, 45.

14 Directorio de Vida Litúrgica, 114.

15 Directorio de Vida Litúrgica, 120.

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