Pecado

Los incondicionales de Dios

Los miembros del Instituto del Verbo Encarnado, pertenecemos a la familia de aquellos que –por el Reino de los cielos– han abandonado todas las cosas, para testimoniar a todos que: la apariencia de este mundo pasa. El cielo y la tierra pasarán, la palabra de Dios no pasa.

El amor que no nace de la cruz de Cristo es débil

No sólo todos nuestros esfuerzos de evangelización deben partir y deben conducir al misterio de la cruz -a Jesucristo crucificado- sino que además nosotros mismos debemos adentrarnos en el insondable misterio de la cruz en nuestras vidas si es que en verdad hemos de ser “memoria viviente del modo de existir y de actuar de Jesús, el Verbo hecho carne”.

Nuestro enemigo

He querido en esta carta circular desarrollar el esplendoroso hecho de que Cristo con su muerte y resurrección ha derrotado definitivamente a todos sus enemigos. Es decir, “ellos no tienen ninguna otra perspectiva ni futuro más que la definitiva supresión de su poder y su propia condenación eterna”. Ya que precisamente para esto se encarnó el Hijo de Dios, para destruir las obras del diablo.

Para que gocemos de libertad, Cristo nos ha hecho libres

El Venerable Arzobispo Fulton Sheen decía que “la raíz de nuestro problema es que la libertad por Dios y en Dios ha sido interpretada como un liberarse de Dios. La libertad es nuestra para darla. Cada uno de nosotros revela cuál es el sentido de su vida por la manera en que usa de su libertad. Los que quisiesen conocer el sentido supremo de cómo usar su libertad deben contemplar la vida de nuestro Señor y de nuestra Señora”.