{"id":566,"date":"2019-10-01T20:47:07","date_gmt":"2019-10-01T18:47:07","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/?p=566"},"modified":"2020-10-02T11:52:13","modified_gmt":"2020-10-02T09:52:13","slug":"no-tengais-miedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/index.php\/2019\/10\/01\/no-tengais-miedo\/","title":{"rendered":"\u201c\u00a1No teng\u00e1is miedo!\u201d"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"566\" class=\"elementor elementor-566\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-615d4f97 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"615d4f97\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-3e094bdd\" data-id=\"3e094bdd\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-1e7bf61a elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"1e7bf61a\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>\u201c<\/strong><strong>\u00a1No teng\u00e1is miedo!\u201d<\/strong><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a><br \/><em>San Juan Pablo II<\/em><\/p>\n<p>Durante el mes de octubre que hoy comenzamos se eleva insigne la celebraci\u00f3n de la santa memoria de nuestro querido San Juan Pablo II, el papa Magno, el Padre Espiritual de nuestra Familia Religiosa (quien nos inspir\u00f3, nos guio, nos acompa\u00f1\u00f3, nos defendi\u00f3 y nos protegi\u00f3 siempre).<\/p>\n<p>Cada uno de los miembros del Instituto tiene el orgullo de confesarle \u201cPadre\u201d de nuestra Familia Religiosa no s\u00f3lo por el v\u00ednculo de profundo afecto que nos une a \u00e9l, sino por la relaci\u00f3n del todo especial que a lo largo de la historia \u2013y por designio misericordioso de la Providencia Divina\u2013 ha unido indefectiblemente nuestros Institutos a su persona, como Vicario de Cristo, y a su magisterio.<\/p>\n<p>Muestra de ello es el hecho de que el derecho propio se halla colmado de citaciones provenientes del abundant\u00edsimo magisterio Petrino del Papa polaco (en efecto, hay m\u00e1s de 1.000 citaciones expl\u00edcitas de San Juan Pablo II en las <em>Constituciones<\/em> y <em>Directorios<\/em>).\u00a0 Y el mismo derecho propio en el <em>Directorio de Vocaciones<\/em> declara firme y contundentemente que le \u201cconsideramos como el Padre de nuestra Congregaci\u00f3n, ya que su espl\u00e9ndido Magisterio siempre fue para nosotros fuente fecunda en que abrevamos nuestra sed de fidelidad al Se\u00f1or\u201d<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, nuestro querido Instituto naci\u00f3 bajo su pontificado. Y a lo largo de los 21 a\u00f1os que vivi\u00f3 bajo su pontificado, el Instituto experiment\u00f3 la solicitud paternal con que lo protegi\u00f3 ante las distintas amenazas y peligros a los que se vio sujeto mientras apenas empezaba a desarrollarse. Por eso, en verdad podemos decir que San Juan Pablo II nos engendr\u00f3 con sus escritos y su magisterio, y con esmerados esfuerzos nos cuid\u00f3 como el Buen Pastor que apacienta a sus ovejas con justicia<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a> infundi\u00e9ndonos \u00e1nimo siempre para seguir adelante y vivir en la esperanza, \u201csin dejarnos vencer por el desaliento, por el cansancio, por las cr\u00edticas. Porque es el Se\u00f1or quien est\u00e1 con vosotros, pues os eligi\u00f3 como instrumentos suyos para que, en todos los campos del apostolado, deis fruto y vuestro fruto perdure\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>As\u00ed entonces, la historia de nuestro Instituto est\u00e1 sembrada de encuentros alentadores con el Santo Pont\u00edfice y se complace en contar las numerosas intervenciones con las que \u00e9l siempre demostr\u00f3 no s\u00f3lo su aprobaci\u00f3n sino su deseo de \u201c<strong><em>que este Instituto vaya adelante<\/em><\/strong>\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Siempre destellar\u00e1n su luz apacible sobre nuestras almas aquellas palabras que su Santidad les dijo a los nuestros cuando luego de la misa privada con \u00e9l<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\"><sup>[6]<\/sup><\/a>, y despu\u00e9s de haber conversado con ellos acerca del Instituto en una sala contigua, ya al despedirse afirm\u00f3: \u201c<strong>Lo de Ustedes nos da m\u00e1s esperanza<\/strong>\u201d<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\"><sup>[7]<\/sup><\/a>.\u00a0<\/p>\n<p>Varios a\u00f1os han pasado ya de aquellos confortadores encuentros con el ahora <em>San<\/em> Juan Pablo II. Nuestra peque\u00f1a Familia Religiosa ha pasado per\u00edodos no exentos de tensiones y pruebas, pero no podemos negar que han sido tiempos de grandes logros, de florecimiento en vocaciones, de expansi\u00f3n misionera, de consolidaci\u00f3n en el carisma y de afianzamiento en nuestra espiritualidad.<\/p>\n<p>No desconocemos, sin embargo, que los tiempos actuales trajeron consigo sus adversidades y dificultades. Mas estas pruebas no deben inducirnos al des\u00e1nimo. Ya que como dec\u00eda el mismo Juan Pablo Magno: \u201cEs preciso m\u00e1s bien <strong>comprometerse con nuevo \u00edmpetu<\/strong>, porque la Iglesia necesita la aportaci\u00f3n espiritual y apost\u00f3lica de una vida consagrada renovada y fortalecida\u201d<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\"><sup>[8]<\/sup><\/a>.\u00a0<\/p>\n<p>As\u00ed pues, la presente carta est\u00e1 escrita con el mismo esp\u00edritu que animaba la carta dirigida por el Concilio de Jerusal\u00e9n a los cristianos de Antioqu\u00eda, y tenemos la esperanza de que se repita tambi\u00e9n hoy la misma experiencia vivida entonces: <em>La leyeron y se gozaron al recibir aquel aliento<\/em><a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\"><sup>[9]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Sirvan tambi\u00e9n estas pobres l\u00edneas como sentido homenaje y agradecimiento perenne a quien nos ense\u00f1\u00f3 a ser testigos de la <em>esperanza que no defrauda<\/em><a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\"><sup>[10]<\/sup><\/a> a\u00fan cuando \u201cparece que se nos quita toda esperanza\u201d<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\"><sup>[11]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<h4><strong style=\"font-size: 16px;\">1. La esperanza cristiana<\/strong><\/h4>\n<p>Nuestro querido San Juan Pablo II dec\u00eda una vez habl\u00e1ndole a los sacerdotes y religiosos: \u201cLa esperanza para los cristianos y mucho m\u00e1s para los consagrados, no es un lujo, <em>es un deber<\/em>. Esperar no es so\u00f1ar, al contrario, es dejarse agarrar por Aquel que puede transformar el sue\u00f1o en realidad\u201d<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\"><sup>[12]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>De hecho, por la profesi\u00f3n religiosa estamos llamados a dar prueba de la trascendente esperanza cristiana contenida en nuestra misma consagraci\u00f3n. Acaso \u00bfno decimos en nuestra f\u00f3rmula de profesi\u00f3n: \u201ccasto, <em>por el Reino de los Cielos<\/em>, pobre, manifestando que Dios es la \u00fanica riqueza verdadera del hombre, y obediente, hasta la muerte de cruz para seguir m\u00e1s \u00edntimamente al Verbo Encarnado\u201d<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\"><sup>[13]<\/sup><\/a> queriendo expresar con ello que nuestra mirada est\u00e1 puesta en ese tesoro del cielo que <em>ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no horadan ni roban<\/em><a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\"><sup>[14]<\/sup><\/a>?<\/p>\n<p>Por eso \u2013como dicen nuestras Constituciones\u2013 lo propio de todo miembro del Instituto es \u201cvivir intensamente las virtudes de la trascendencia\u201d<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\"><sup>[15]<\/sup><\/a> entre las que se halla la virtud teologal de la esperanza. Pues es ella la que nos permite \u201cpermanecer como peregrinos a trav\u00e9s de las cosas que se corrompen, a la espera de la incorruptibilidad de los cielos\u201d<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\"><sup>[16]<\/sup><\/a>; haciendo de nuestra peregrinaci\u00f3n por este valle de l\u00e1grimas \u2013que tan a menudo en muchos excluye toda dimensi\u00f3n transcendente\u2013 un anuncio incesante del reino que se est\u00e1 realizando, porque Aquel que ha vencido al mundo lo ha prometido.<\/p>\n<p>Nos hemos consagrado como religiosos al abrigo de este Instituto y en el seno de nuestra Madre Iglesia \u201cpara realizar con mayor perfecci\u00f3n el servicio de Dios y de los hombres\u201d<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\"><sup>[17]<\/sup><\/a>. Perfecci\u00f3n que consiste esencialmente en la caridad<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\"><sup>[18]<\/sup><\/a>, pero que tambi\u00e9n implica, como sapiencialmente ense\u00f1aba el Pont\u00edfice polaco: \u201cuna tendencia consciente a la perfecci\u00f3n de la\u00a0<em>fe<\/em> [\u2026] y donde no puede faltar una tendencia consciente a la <em>perfecci\u00f3n de la esperanza<\/em>. Porque la llamada de Cristo se sit\u00faa en la perspectiva de la vida eterna\u201d<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\"><sup>[19]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Por tanto, nosotros, religiosos, estamos invitados \u201ca una s\u00f3lida y firme esperanza, tanto en el momento de la profesi\u00f3n como a lo largo de toda la vida. Esto es lo que les permitir\u00e1\u201d<a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\"><sup>[20]<\/sup><\/a>, se\u00f1alaba nuestro Padre Espiritual, \u201cdar testimonio, en medio de los bienes relativos y caducos de este mundo, del valor imperecedero de los bienes del cielo\u201d<a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\"><sup>[21]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>San Juan Pablo II fue sin lugar a duda un testigo de la esperanza. Sus palabras, sus obras, sus gestos, su oraci\u00f3n recogida en el silencio, sus preocupaciones, sus numerosos escritos y sus copiosas ense\u00f1anzas le valieron el t\u00edtulo del \u201cPapa de la esperanza\u201d<a href=\"#_ftn22\" name=\"_ftnref22\"><sup>[22]<\/sup><\/a>. Tan es as\u00ed, que su persona es recordada por muchos \u201ccomo una verdadera encarnaci\u00f3n de fe y esperanza\u201d<a href=\"#_ftn23\" name=\"_ftnref23\"><sup>[23]<\/sup><\/a>; y su ministerio petrino como el que le ha dado a nuestra \u00e9poca motivos de esperanza<a href=\"#_ftn24\" name=\"_ftnref24\"><sup>[24]<\/sup><\/a> y le restituy\u00f3 al cristianismo la fisonom\u00eda aut\u00e9ntica de la esperanza<a href=\"#_ftn25\" name=\"_ftnref25\"><sup>[25]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo entend\u00eda San Juan Pablo II la esperanza cristiana?\u00a0<\/p>\n<p>Citando el <em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/em> escrito y publicado durante su pontificado, \u00e9l dec\u00eda una vez: \u201cEs la virtud \u2018por la que aspiramos al reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoy\u00e1ndonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Esp\u00edritu Santo\u2019<a href=\"#_ftn26\" name=\"_ftnref26\"><sup>[26]<\/sup><\/a>\u201d<a href=\"#_ftn27\" name=\"_ftnref27\"><sup>[27]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>As\u00ed entendida, es la esperanza la que \u201cmueve al cristiano a no perder de vista la meta final que da sentido y valor a su entera existencia y, por otra, le ofrece motivaciones s\u00f3lidas y profundas para el esfuerzo cotidiano en la transformaci\u00f3n de la realidad para hacerla conforme al proyecto de Dios\u201d<a href=\"#_ftn28\" name=\"_ftnref28\"><sup>[28]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Por eso, con insistencia el Santo Padre enfatizaba la importancia de esta virtud a la que \u201chay que prestarle una atenci\u00f3n particular, sobre todo en nuestro tiempo, en el que muchos hombres, y no pocos cristianos se debaten entre la ilusi\u00f3n y el mito de una capacidad infinita de auto-redenci\u00f3n y de realizaci\u00f3n de s\u00ed mismo, y la tentaci\u00f3n del pesimismo al sufrir frecuentes decepciones y derrotas\u201d<a href=\"#_ftn29\" name=\"_ftnref29\"><sup>[29]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Tanto ayer como hoy \u201cmuchos peligros se ciernen sobre el futuro de la humanidad y muchas incertidumbres gravan sobre los destinos personales, y a menudo algunos se sienten incapaces de afrontarlos. Tambi\u00e9n la crisis del sentido de la existencia y el enigma del dolor y de la muerte vuelven con insistencia a llamar a la puerta del coraz\u00f3n de nuestros contempor\u00e1neos\u201d<a href=\"#_ftn30\" name=\"_ftnref30\"><sup>[30]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Pero de frente a todo ese \u201cambiente\u201d depresivo y adverso se nos presenta el Verbo Encarnado quien \u201ces verdaderamente el Dios de la esperanza\u201d<a href=\"#_ftn31\" name=\"_ftnref31\"><sup>[31]<\/sup><\/a>. \u00c9l es quien \u201cilumina ese horizonte denso de incertidumbre y pesimismo [\u2026] \u00c9l mismo es, en su persona y en su obra de salvaci\u00f3n, <em>nuestra esperanza<\/em><a href=\"#_ftn32\" name=\"_ftnref32\"><sup>[32]<\/sup><\/a>, dado que anuncia y realiza el reino de Dios\u201d<a href=\"#_ftn33\" name=\"_ftnref33\"><sup>[33]<\/sup><\/a>. \u201c\u00c9l mismo, por consiguiente, es la fuente infinita de vuestra seguridad y de la esperanza que os sostiene en todo reto y en cualquier circunstancia\u201d<a href=\"#_ftn34\" name=\"_ftnref34\"><sup>[34]<\/sup><\/a>, afirmaba San Juan Pablo II.<\/p>\n<p>Por este motivo, con infatigable insistencia el Papa Magno nos exhortaba a poner en Cristo toda nuestra esperanza: \u201c\u00c9l os guiar\u00e1, os dar\u00e1 la fuerza para seguirlo todos los d\u00edas y en cada situaci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn35\" name=\"_ftnref35\"><sup>[35]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Entonces, si hemos de ser coherentes con nuestra confesi\u00f3n de la divinidad de Jesucristo, nuestra esperanza debe ser <em>inconmovible<\/em><a href=\"#_ftn36\" name=\"_ftnref36\"><sup>[36]<\/sup><\/a>. Pues Cristo \u201clevant\u00f3 el Reino sobre s\u00f3lidas e indestructibles bases y sobre esa solidez se funda nuestra espiritualidad que debe acerarse con las pruebas, acrisolarse con las tribulaciones, perfeccionarse con las persecuciones, ser inconmovible ante todas las furias del infierno desatadas, a\u00fan en el caso de que nos tocase vivir en los tiempos del Anticristo&#8230; porque seguimos a quien hoy como ayer tiene todo el poder, por tanto no hay lugar a ning\u00fan miedo y nada nos puede mover a renunciar a la verdad revelada y al amor de Cristo\u201d<a href=\"#_ftn37\" name=\"_ftnref37\"><sup>[37]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>En este sentido, parece importante recordar aquella l\u00ednea del derecho propio que nos advierte: \u201cno se dejen llevar por la depresiva actitud de ver m\u00e1s el mal que el bien\u2026 den cabida en su alma a todas las cosas, sin despreciarlas, sin minimizarlas, pero con jerarqu\u00eda y orden\u201d<a href=\"#_ftn38\" name=\"_ftnref38\"><sup>[38]<\/sup><\/a>. Y sin perder de vista el car\u00e1cter eminentemente sobrenatural de la vida cristiana<a href=\"#_ftn39\" name=\"_ftnref39\"><sup>[39]<\/sup><\/a> \u201cpresten atenci\u00f3n a los \u2018signos de esperanza presentes\u2026 a pesar de las sombras que con frecuencia los esconden a nuestros ojos\u2019<a href=\"#_ftn40\" name=\"_ftnref40\"><sup>[40]<\/sup><\/a>\u201d<a href=\"#_ftn41\" name=\"_ftnref41\"><sup>[41]<\/sup><\/a>. Ya que si bien es cierto que \u201cnuestro siglo est\u00e1 marcado por grav\u00edsimos cr\u00edmenes contra el hombre y oscurecido por ideolog\u00edas que no han favorecido el encuentro liberador con la verdad de Jesucristo ni la promoci\u00f3n integral del hombre\u201d no es menos cierto \u201cque el Esp\u00edritu de Dios, que <em>llena el universo<\/em><a href=\"#_ftn42\" name=\"_ftnref42\"><sup>[42]<\/sup><\/a>, no ha cesado de sembrar abundantemente semillas de verdad, de amor y de vida en el coraz\u00f3n de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Esas semillas han producido frutos de progreso, de humanizaci\u00f3n y de civilizaci\u00f3n, que constituyen aut\u00e9nticos signos de esperanza para la humanidad en camino\u201d<a href=\"#_ftn43\" name=\"_ftnref43\"><sup>[43]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Con esa misma visi\u00f3n sobrenatural debemos saber ver todos los acontecimientos de nuestra vida individualmente hablando y de nuestro Instituto como un todo y a\u00fan la situaci\u00f3n misma de la Iglesia en el mundo. \u201cTened confianza en la Iglesia, porque esto significa tener confianza en Cristo muerto y resucitado, que ha prometido a la Iglesia la indefectibilidad temporal y la infalibilidad doctrinal; significa tener confianza en el Esp\u00edritu Santo, presente para iluminar las mentes y santificar las almas mediante la gracia, que act\u00faa en lo secreto de las conciencias [\u2026] Sepan mirar con ojos de optimismo y de esperanza las realidades consoladoras que tambi\u00e9n hoy existen en la Iglesia y en la sociedad: estas realidades son grandes y abundantes, y demuestran que al final vence el amor, es decir, vence Dios\u201d<a href=\"#_ftn44\" name=\"_ftnref44\"><sup>[44]<\/sup><\/a>. Por eso, hoy en d\u00eda, no basta el despertar la esperanza en la interioridad de nuestras almas; es preciso cruzar juntos el umbral de la esperanza<a href=\"#_ftn45\" name=\"_ftnref45\"><sup>[45]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>A eso nos invitaba el Santo Padre al se\u00f1alar que \u201cla esperanza tiene esencialmente tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n comunitaria y social, hasta el punto de que lo que el Ap\u00f3stol dice en sentido propio y directo refiri\u00e9ndose a la Iglesia, puede aplicarse en sentido amplio a la vocaci\u00f3n de la humanidad entera: <em>Un solo cuerpo, un solo esp\u00edritu, como una sola es la esperanza a la que hab\u00e9is sido llamados<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn46\" name=\"_ftnref46\"><sup>[46]<\/sup><\/a>. An\u00e1logamente, esta sentencia se aplica tambi\u00e9n al Instituto como a un solo cuerpo. Lo cual nos lleva al segundo punto de esta carta.<\/p>\n<h4><strong style=\"font-size: 16px;\">2. Elegir la esperanza<\/strong><\/h4>\n<p>\u201cElegir la esperanza y el futuro significa, en resumidas cuentas, elegir a Dios, futuro de la historia y del universo, presentes en su eternidad y guiados por su providencia. Significa elegir a Cristo, esperanza de todo hombre\u201d<a href=\"#_ftn47\" name=\"_ftnref47\"><sup>[47]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>El haber abrazado nuestra vocaci\u00f3n religiosa en este querido Instituto no es otra cosa que haber elegido libremente consagrar toda nuestra existencia al Verbo Encarnado. Pues, por decirlo de alguna manera, un d\u00eda elegimos echar todas nuestras riquezas en la balanza del mundo para hacer que \u00e9ste se incline felizmente hacia Dios. Nuestra opci\u00f3n ha sido decisiva; a \u00c9l le pertenecemos. Hemos elegido entregarnos a Dios \u201cpara unirnos a \u00c9l en esperanza perfecta y m\u00edstica\u201d<a href=\"#_ftn48\" name=\"_ftnref48\"><sup>[48]<\/sup><\/a> y sabiendo \u201cque todo lo mejor de ac\u00e1, comparado con aquellos bienes eternos para que somos criados, es feo y amargo\u201d<a href=\"#_ftn49\" name=\"_ftnref49\"><sup>[49]<\/sup><\/a> hemos renunciado a todo: \u201cporque toda posesi\u00f3n es contra esperanza, la cual como dice San Pablo<a href=\"#_ftn50\" name=\"_ftnref50\"><sup>[50]<\/sup><\/a> es de lo que no se posee\u201d<a href=\"#_ftn51\" name=\"_ftnref51\"><sup>[51]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Hemos elegido la generosidad y la entrega frente a la codicia y el c\u00e1lculo; hemos elegido fiarnos del amor y de la gracia desafiando a cuantos nos consideran por ello ingenuos e incluso in\u00fatiles; hemos cifrado toda la esperanza en el reino de los cielos, cuando muchos a nuestro alrededor negocian con el mundo y se afanan por asegurare una morada c\u00f3moda y placentera en esta tierra. Hemos elegido el \u2018patrimonio filos\u00f3fico perennemente v\u00e1lido\u2019<a href=\"#_ftn52\" name=\"_ftnref52\"><sup>[52]<\/sup><\/a> frente a las falsas doctrinas <em>ense\u00f1adas por impostores llenos de hipocres\u00eda<\/em><a href=\"#_ftn53\" name=\"_ftnref53\"><sup>[53]<\/sup><\/a> que repiten viejas herej\u00edas o conducen a las mismas. Hemos elegido la recia espiritualidad cristiana que nos habla de un determinarse a sujetarse en llevar la cruz desnudos de todo sin querer nada<a href=\"#_ftn54\" name=\"_ftnref54\"><sup>[54]<\/sup><\/a> frente a la evanescente espiritualidad progresista que pretende otra religi\u00f3n distinta de la fundada por Jesucristo y que dejando de lado las cosas del cielo se ocupa s\u00f3lo de las del siglo sin relaci\u00f3n a Dios<a href=\"#_ftn55\" name=\"_ftnref55\"><sup>[55]<\/sup><\/a>. Hemos elegido como lema \u201ccon Pedro y bajo Pedro\u201d<a href=\"#_ftn56\" name=\"_ftnref56\"><sup>[56]<\/sup><\/a> frente a aquellos que se empe\u00f1an en apartar a las almas de la gran corriente de vida y comuni\u00f3n que es la Iglesia Cat\u00f3lica siguiendo \u201cmagisterios paralelos, eclesialmente inaceptables y pastoralmente est\u00e9riles\u201d<a href=\"#_ftn57\" name=\"_ftnref57\"><sup>[57]<\/sup><\/a>. Hemos elegido ser \u201cesencialmente misioneros\u201d<a href=\"#_ftn58\" name=\"_ftnref58\"><sup>[58]<\/sup><\/a> y dedicar nuestras mejores energ\u00edas y toda nuestra existencia (con toda nuestra debilidad y pobreza) a ser art\u00edfices y signos de esperanza evang\u00e9lica animados por la elocuente exhortaci\u00f3n que nos hac\u00eda el Sucesor de Pedro: <em>\u00a1Abrid las puertas a Cristo!<\/em><a href=\"#_ftn59\" name=\"_ftnref59\"><sup>[59]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>As\u00ed, entonces, haci\u00e9ndonos eco de las palabras de nuestro Padre Espiritual que un d\u00eda nos dec\u00eda: \u201centre los hombres de esta generaci\u00f3n tan inmersa en lo <em>relativo<\/em>, vosotros deb\u00e9is ser voces que hablan de lo <em>absoluto<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn60\" name=\"_ftnref60\"><sup>[60]<\/sup><\/a>, tenemos por el m\u00e1s honroso de los oficios el dedicarnos a ser testigos de la esperanza, testigos de lo invisible en una sociedad secularizada. Y <em>por esto penamos y combatimos, porque esperamos en Dios vivo\u2026<\/em><a href=\"#_ftn61\" name=\"_ftnref61\"><sup>[61]<\/sup><\/a><em>.<\/em><\/p>\n<p>De aqu\u00ed que nos apartar\u00edamos gravemente de la \u201csuma esperanza de Dios incomprensible\u201d<a href=\"#_ftn62\" name=\"_ftnref62\"><sup>[62]<\/sup><\/a> si en nuestro Instituto no \u201chubiese proyectos entusiastas de futuro; si no hubiese empe\u00f1os de presente exultantes de ideales; si no hubiese agradecimiento por los beneficios del pasado; si mermase en la comunidad la generosidad en la entrega y se fuese cayendo en el aburguesamiento del confort desordenado\u201d<a href=\"#_ftn63\" name=\"_ftnref63\"><sup>[63]<\/sup><\/a>. Estar\u00edamos faltando contra la esperanza si en nuestro Instituto se respirara \u201cun clima de murmuraci\u00f3n, de suspicacias, de cr\u00edtica negativa, de pasiones desordenadas, de tensiones\u2026, si no se buscase la unidad en la verdad y en la caridad\u2026. si por el \u00e1rbol de las dificultades perdemos de vista el bosque de las cosas que est\u00e1n bien, si hacemos tormenta en un vasito de agua para llamar la atenci\u00f3n, si faltase el di\u00e1logo y la solidaridad\u2026\u201d<a href=\"#_ftn64\" name=\"_ftnref64\"><sup>[64]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p><em>Os he dicho estas cosas para que teng\u00e1is paz en m\u00ed. En el mundo tendr\u00e9is tribulaci\u00f3n. Pero \u00a1\u00e1nimo!: yo he vencido al mundo<\/em><a href=\"#_ftn65\" name=\"_ftnref65\"><sup>[65]<\/sup><\/a> nos dice el Verbo Encarnado.<\/p>\n<p>\u201cJes\u00fas dirigi\u00f3 estas palabras de esperanza a sus ap\u00f3stoles la v\u00edspera de su Pasi\u00f3n\u201d, explicaba San Juan Pablo II, \u201cestas palabras las repite hoy a vosotros, sacerdotes, religiosos y religiosas, almas consagradas\u2026. <em>\u00a1\u00c1nimo!<\/em>, nos repite Jes\u00fas, <em>yo he vencido al mundo<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn66\" name=\"_ftnref66\"><sup>[66]<\/sup><\/a>. Y esa es la idea fija que debemos acu\u00f1ar siempre en el fondo del alma y que debe despuntar en nuestra mente para decidir y obrar con gallard\u00eda. Porque s\u00f3lo la esperanza en Cristo nos puede dar esa motivaci\u00f3n s\u00f3lida que necesitamos para enarbolar con firmeza el estandarte de la cruz, aunque tengamos que \u201csufrir las flaquezas de muchos, sin desfallecer por halagos o amenazas y manteni\u00e9ndonos por encima de los vaivenes de fortuna o de fracaso, teniendo el alma dispuesta a recibir la muerte, si fuese preciso, por el bien del Instituto al servicio de Jesucristo\u201d<a href=\"#_ftn67\" name=\"_ftnref67\"><sup>[67]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Cierto es que estos tiempos no son f\u00e1ciles en muchos aspectos, que no viene al caso detallar. Sin embargo, \u201ca cada uno de ustedes\u201d, dice Juan Pablo Magno, \u201cquiero dirigir <em>una invitaci\u00f3n a la confianza<\/em>\u2026 Ahora les toca <em>ser coherentes<\/em>, no obstante todas las dificultades. El destino espiritual de muchas almas est\u00e1 vinculado a vuestra fe y coherencia\u201d<a href=\"#_ftn68\" name=\"_ftnref68\"><sup>[68]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>La confianza filial debida a nuestro Se\u00f1or est\u00e1 indeleblemente unida a la virtud de la esperanza. Porque el tener esperanza es tener \u201cconfianza en el futuro, una confianza que no se basa solo en ideas o previsiones humanas, sino en Dios, en el \u2018Dios vivo\u2019\u201d<a href=\"#_ftn69\" name=\"_ftnref69\"><sup>[69]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>En el a\u00f1o 1988 San Juan Pablo II dirigi\u00f3 un mensaje a los sacerdotes y religiosos en Reggio Emilia, Italia. All\u00ed el Santo Padre pronunci\u00f3 \u2013a nuestro modo de ver\u2013 una de sus p\u00e1ginas m\u00e1s paternalmente confortantes y esperanzadoras para los religiosos y que aqu\u00ed transcribimos casi en su totalidad con la esperanza de que sean le\u00eddas meditativamente como especialmente dirigidas a cada uno de los miembros del Instituto y a nuestra Familia Religiosa como un todo. Dice as\u00ed<a href=\"#_ftn70\" name=\"_ftnref70\"><sup>[70]<\/sup><\/a>:<\/p>\n<p>\u201cSi Jes\u00fas os pide confianza es porque <strong><em>\u00c9l os ha dado antes confianza<\/em><\/strong><em>.<\/em> Os ha dado confianza cuando con un gesto de amor absolutamente gratuito os ha llamado a seguirlo m\u00e1s de cerca, a <em>dejar casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por su causa y por el evangelio<\/em><a href=\"#_ftn71\" name=\"_ftnref71\"><sup>[71]<\/sup><\/a><em>.<\/em> Os ha dado confianza cuando por una especial efusi\u00f3n del Esp\u00edritu, os ha consagrado y, en la diversidad de dones y de los ministerios, os ha <em>destinado para que vayan y den fruto y vuestro fruto permanezca<\/em><a href=\"#_ftn72\" name=\"_ftnref72\"><sup>[72]<\/sup><\/a>. Os ha dado confianza cuando os ha elegido y os ha mandado para que, precisamente vosotros, fuerais en esta tierra [&#8230;] proclamadores de su reino, testigos de su resurrecci\u00f3n, signo prof\u00e9tico de aquellos <em>nuevos cielos y nueva tierra en los que habita la justicia<\/em><a href=\"#_ftn73\" name=\"_ftnref73\"><sup>[73]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Vuestra misi\u00f3n, como la de toda la Iglesia [\u2026] no es f\u00e1cil. Nos encontramos ante situaciones nuevas que si, por una parte, abren prometedoras e inesperadas posibilidades al anuncio del evangelio, por otra, parecen hacer perder a los hombres la confianza ante todo lo que de cristiano, y hasta de humano, hay en el mundo. Pero no debemos tener miedo. La misi\u00f3n ha brotado de la Pascua de Jes\u00fas; y es la misma misi\u00f3n que el Padre ha confiado a Cristo y que Cristo, antes de subir al cielo, ha transmitido a su Iglesia. Misi\u00f3n de salvaci\u00f3n que deriva su fuerza de la presencia de Cristo y del poder del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Jes\u00fas no ha ocultado a sus ap\u00f3stoles las <strong><em>dificultades de la misi\u00f3n<\/em><\/strong>: el rechazo, la hostilidad, las persecuciones que habr\u00edan de encontrar. <em>Si el mundo os odia, sabed que a m\u00ed me ha odiado antes que a vosotros. Acordaos de la palabra que os he dicho: el siervo no es m\u00e1s que su Se\u00f1or. Si a m\u00ed me han perseguido, tambi\u00e9n os perseguir\u00e1n a vosotros<\/em><a href=\"#_ftn74\" name=\"_ftnref74\"><sup>[74]<\/sup><\/a><em>.<\/em> Y no s\u00f3lo hay una persecuci\u00f3n abierta, que ha hecho y continua haciendo m\u00e1rtires; hay una insidia m\u00e1s enga\u00f1osa, y por ello, quiz\u00e1s, m\u00e1s peligrosa [\u2026] Es la que no quiere hacer m\u00e1rtires, sino personas \u2018libres\u2019, libres, se entiende, de toda religi\u00f3n y de toda moral; que no sofoca la idea de Dios con sangre, sino acumulando bienes de consumo y saciando los instintos naturales; que no combate la idea cristiana, sino que la ignora, releg\u00e1ndola entre los mitos del pasado. Precisamente porque preve\u00eda todo esto, antes de confiar su misi\u00f3n a la Iglesia, Jes\u00fas nos ha dado esta consoladora afirmaci\u00f3n: <em>Y he aqu\u00ed que yo estoy con vosotros todos los d\u00edas hasta el fin del mundo<\/em><a href=\"#_ftn75\" name=\"_ftnref75\"><sup>[75]<\/sup><\/a><em>. <\/em><\/p>\n<p>He aqu\u00ed la certeza que gu\u00eda y sostiene la misi\u00f3n de la Iglesia; he aqu\u00ed la certeza que debe guiar y sostener vuestra misi\u00f3n: la certeza de que, en Cristo Jes\u00fas, Dios est\u00e1 con nosotros, ayer y hoy, hoy y ma\u00f1ana, hasta el fin del mundo. Y <em>si Dios est\u00e1 por nosotros, \u00bfQui\u00e9n contra nosotros? \u00bfQui\u00e9n nos separar\u00e1 del amor de Cristo?, \u00bfla tribulaci\u00f3n?, \u00bfla angustia?, \u00bfla persecuci\u00f3n?, \u00bfel hambre?, \u00bfla desnudez?, \u00bflos peligros?, \u00bfla espada?<\/em><a href=\"#_ftn76\" name=\"_ftnref76\"><sup>[76]<\/sup><\/a><span style=\"color: #000000;\">.<\/span><\/p>\n<p>Este elenco de obst\u00e1culos, aunque sea con connotaciones diversas, es actual tambi\u00e9n para nosotros. Tambi\u00e9n nosotros conocemos la tribulaci\u00f3n que deriva de haber quedado pocos y sobrecargados de trabajo; conocemos la angustia de tantos hermanos nuestros que han abandonado la fe; conocemos esa persecuci\u00f3n de hoy, como he dicho antes; conocemos el hambre [\u2026], no de pan, sino de almas generosas que nos sigan; conocemos la desnudez, el vac\u00edo de tantas casas nuestras y de tantas iniciativas nuestras; conocemos el peligro, sobre todo el de la infidelidad, en un mundo que, por principio rechaza el compromiso estable; conocemos la espada, la cultura de la muerte que parece haber invadido los aparatos de la sociedad humana poniendo en grave peligro la vida de los otros por razones de lucro o ideol\u00f3gicas, hasta destruir la vida en el seno materno.<\/p>\n<p>\u00bfY entonces? La respuesta de Pablo es precisa y decidida: <em>Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos am\u00f3<\/em><a href=\"#_ftn77\" name=\"_ftnref77\"><sup>[77]<\/sup><\/a>. Precisamente porque nos ha amado y nos ama <strong><em>est\u00e1 con nosotros<\/em><\/strong><em>.<\/em> Y la suya es una presencia pascual, que no s\u00f3lo ayuda y fortalece, sino que da un sentido nuevo, diverso, inesperado, a las dificultades, a las hostilidades, a los aparentes fracasos. <strong><em>Lo que parec\u00eda ser un obst\u00e1culo para la misi\u00f3n se convierte, a la luz de la fe, en el secreto de su fecundidad<\/em><\/strong><em>. <\/em>La certeza del Cristo pascual nos da la certeza de que, cuando parecemos derrotados, precisamente entonces somos vencedores, incluso \u2018m\u00e1s vencedores\u2019. Es la l\u00f3gica envolvente surgida de la cruz. En el plano humano, la cruz de Jes\u00fas es un evidente quebranto; pero precisamente de \u00c9l se deriva esa explosiva novedad que ha cambiado el rostro de la vida y de la historia humana.<\/p>\n<p>Jes\u00fas lo hab\u00eda anunciado antes: <em>Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda \u00e9l solo; pero si muere, da mucho fruto<\/em><a href=\"#_ftn78\" name=\"_ftnref78\"><sup>[78]<\/sup><\/a>. En la perspectiva de esta par\u00e1bola, Pablo pod\u00eda exclamar: <em>Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo, pues, cuando soy d\u00e9bil, entonces es cuando soy fuerte<\/em><a href=\"#_ftn79\" name=\"_ftnref79\"><sup>[79]<\/sup><\/a> <a href=\"#_ftn80\" name=\"_ftnref80\"><sup>[80]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed el secreto de nuestra confianza: cuando somos d\u00e9biles, entonces somos fuertes; y cuanto m\u00e1s d\u00e9biles seamos, m\u00e1s fuertes, porque m\u00e1s dejamos resplandecer la presencia y el poder del Cristo pascual. Con esta paradoja, la Iglesia camina ya durante dos mil a\u00f1os, y caminar\u00e1. Con nada m\u00e1s, solo con esta paradoja.<\/p>\n<p>Al confiar a la Iglesia su misi\u00f3n, Jes\u00fas no solo ha garantizado la propia presencia hasta el fin del mundo, nos ha prometido y transmitido <strong><em>el poder de su Esp\u00edritu<\/em><\/strong>. [\u2026] Desde entonces <strong><em>el Esp\u00edritu est\u00e1 actuando<\/em><\/strong> en la vida y en la historia de la humanidad. [\u2026] Est\u00e1 actuando en el mundo [\u2026] Est\u00e1 actuando en la Iglesia [\u2026] Est\u00e1 actuando en vuestras comunidades, aunque sean peque\u00f1as y pobres, precisamente porque son peque\u00f1as y pobres, para que sean ricas de fe y grandes en la caridad.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu de Dios es el Esp\u00edritu de vida, capaz de hacer explotar la vida incluso all\u00ed donde todo parece muerto y seco<a href=\"#_ftn81\" name=\"_ftnref81\"><sup>[81]<\/sup><\/a>. He aqu\u00ed por qu\u00e9 podemos y debemos tener confianza. No s\u00f3lo podemos, sino que debemos [\u2026].<\/p>\n<p>Pero la esperanza, para no decaer, necesita alimentarse por una intensa vida de oraci\u00f3n, de acogida de la palabra de Dios, de contemplaci\u00f3n. El incremento del trabajo en la vi\u00f1a del Se\u00f1or, precisamente cuando va disminuyendo el n\u00famero de operarios, puede hacernos olvidar que ante todo hemos sido llamados para estar con el Se\u00f1or, escuchar su palabra, contemplar su rostro. La dimensi\u00f3n contemplativa es inseparable de la misi\u00f3n, porque seg\u00fan la c\u00e9lebre definici\u00f3n de Santo Tom\u00e1s, tomada tambi\u00e9n por el Concilio, la misi\u00f3n esencialmente es <em>contemplata allis tradere<\/em><a href=\"#_ftn82\" name=\"_ftnref82\"><sup>[82]<\/sup><\/a>, transmitir a los otros lo que antes hemos largamente nosotros contemplado.<\/p>\n<p>De ah\u00ed la exigencia de largos espacios de oraci\u00f3n, de concentraci\u00f3n, de adoraci\u00f3n; la exigencia de una lectura asidua y meditada de la Palabra de Dios; la exigencia de un ritmo contemplativo y, por consiguiente, tranquilo y distendido, en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00eda y de la liturgia de las horas; la exigencia del silencio como condici\u00f3n indispensable para realizar una profunda comuni\u00f3n y hacer as\u00ed de toda nuestra vida una oraci\u00f3n. Como consagrados no s\u00f3lo debemos rezar, debemos <strong><em>ser una oraci\u00f3n viva<\/em><\/strong>. Se podr\u00eda decir tambi\u00e9n, debemos rezar aparentemente no rezando. Debemos rezar no teniendo aparentemente tiempo para rezar, pero debemos rezar. Es otra paradoja. Humanamente, esto es algo imposible: \u00bfC\u00f3mo rezar no rezando? Pero San Pablo nos dice que <em>el Esp\u00edritu ora en nosotros<\/em>, entonces la cosa resulta algo distinta\u2026\u201d. Hasta aqu\u00ed la citaci\u00f3n de San Juan Pablo II<a href=\"#_ftn83\" name=\"_ftnref83\"><sup>[83]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>\u201cEs la esperanza la que nos sostiene y protege en el buen combate de la fe<a href=\"#_ftn84\" name=\"_ftnref84\"><sup>[84]<\/sup><\/a> y se alimenta especialmente en la oraci\u00f3n, de modo muy particular en el Padrenuestro, \u2018resumen de todo lo que la esperanza nos hace desear\u2019<a href=\"#_ftn85\" name=\"_ftnref85\"><sup>[85]<\/sup><\/a>\u201d<a href=\"#_ftn86\" name=\"_ftnref86\"><sup>[86]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>\u201cCuando ya nadie me escucha, Dios todav\u00eda me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme \u2013cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar\u2013, \u00c9l puede ayudarme. Si me veo relegado a la extrema soledad&#8230;; el que reza nunca est\u00e1 totalmente solo\u201d<a href=\"#_ftn87\" name=\"_ftnref87\"><sup>[87]<\/sup><\/a>. Es \u201cla familiaridad con el Verbo Encarnado\u201d<a href=\"#_ftn88\" name=\"_ftnref88\"><sup>[88]<\/sup><\/a> la que nos infunde esa gran esperanza que no se apaga ni siquiera en las noches de la soledad.<\/p>\n<h4><strong style=\"font-size: 16px;\">3. Modelo de nuestra esperanza<\/strong><\/h4>\n<p>La Madre del Verbo Encarnado y nuestra Madre \u201ccomo Abraham y m\u00e1s que Abraham, <em>tuvo fe esperando contra toda esperanza<\/em><a href=\"#_ftn89\" name=\"_ftnref89\"><sup>[89]<\/sup><\/a> y se abandon\u00f3 confiadamente a la palabra de Dios y al poder de su Esp\u00edritu\u201d<a href=\"#_ftn90\" name=\"_ftnref90\"><sup>[90]<\/sup><\/a>. Por eso \u201ca trav\u00e9s de las generaciones [Mar\u00eda] est\u00e1 presente en medio de la Iglesia peregrina mediante la fe y como modelo de la esperanza que no desenga\u00f1a\u201d<a href=\"#_ftn91\" name=\"_ftnref91\"><sup>[91]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Por tanto, como miembros de este Instituto no debemos dejar de encomendarnos a Ella y de pedirle \u201cel valor de estar con Ella junto a la cruz y de aceptar la dial\u00e9ctica de la cruz; el valor de gritar con la fuerza del Esp\u00edritu: <em>Tenidos por impostores siendo veraces; como desconocidos, aunque bien conocidos; como quienes est\u00e1n a la muerte, pero vivos; como castigados, aunque no condenados a muerte; como tristes, pero siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como quienes nada tienen, aunque todo lo poseemos<\/em><a href=\"#_ftn92\" name=\"_ftnref92\"><sup>[92]<\/sup><\/a>\u201d<a href=\"#_ftn93\" name=\"_ftnref93\"><sup>[93]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Mar\u00eda es la Madre de la esperanza. Y es Ella quien hoy nuevamente nos recuerda aquellas palabras de su Amad\u00edsimo Hijo: <em>No tiemble vuestro coraz\u00f3n ni se acobarde<\/em><a href=\"#_ftn94\" name=\"_ftnref94\"><sup>[94]<\/sup><\/a> y nos invita a hacer todo lo que \u00c9l nos diga<a href=\"#_ftn95\" name=\"_ftnref95\"><sup>[95]<\/sup><\/a>. Ella misma, nuestra Madre Sant\u00edsima, con amor materno nos ayuda para que nuestra esperanza crezca y se fortifique siendo Ella misma \u201csigno de esperanza cierta\u201d<a href=\"#_ftn96\" name=\"_ftnref96\"><sup>[96]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Ella, [la Virgen Mar\u00eda] no es mera espectadora de nuestras luchas, sino que se involucra de lleno en nuestras vidas, sean cuales fueran las circunstancias particulares o lo complejo de la realidad; la amplitud de su amoroso cuidado maternal no tiene l\u00edmites. Ella quiere ser nuestro Refugio. Nuestro querido San Juan Pablo II dec\u00eda: \u201cMar\u00eda abraza a todos, con una solicitud particular\u2026 Ella misma reza con nosotros\u201d<a href=\"#_ftn97\" name=\"_ftnref97\"><sup>[97]<\/sup><\/a>; Ella siente maternalmente nuestras luchas y conoce a fondo nuestros sufrimientos y esperanzas<a href=\"#_ftn98\" name=\"_ftnref98\"><sup>[98]<\/sup><\/a>. Por eso la presencia compasiva de la Madre del Verbo Encarnado en nuestras vidas, que no es accesoria sino fundamental e integral, debe ensancharnos el coraz\u00f3n con una santa confianza, como la de un ni\u00f1o que todo lo espera de la bondad de su querida madre, para as\u00ed adentrarnos cada vez m\u00e1s profunda y generosamente por el camino de la cruz, que es \u201cel \u00fanico camino de la vida\u201d<a href=\"#_ftn99\" name=\"_ftnref99\"><sup>[99]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Muchos habr\u00e1 que pondr\u00e1n sus esperanzas en \u201csus riquezas o en sus honras del mundo; otros en la preeminencia de sus oficios y dignidades\u201d<a href=\"#_ftn100\" name=\"_ftnref100\"><sup>[100]<\/sup><\/a>; otros habr\u00e1 que \u201cesperen de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el n\u00famero de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones\u201d<a href=\"#_ftn101\" name=\"_ftnref101\"><sup>[101]<\/sup><\/a>, en cuanto a nosotros todo lo esperamos de esta augusta Se\u00f1ora a quien Dios mismo \u201cescogi\u00f3 por dispensadora de cuanto \u00c9l posee\u201d<a href=\"#_ftn102\" name=\"_ftnref102\"><sup>[102]<\/sup><\/a> y por cuyas manos virginales pasa todo don celestial.<\/p>\n<p>La Virgen Madre de Dios es, seg\u00fan nos advierte San Basilio, \u201cnuestra \u00fanica esperanza despu\u00e9s de Dios\u201d<a href=\"#_ftn103\" name=\"_ftnref103\"><sup>[103]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * * * *<\/p>\n<p>Queridos Todos:<\/p>\n<p>A ejemplo de San Juan Pablo Magno, quien a lo largo de su vida terrena pas\u00f3 por grandes avatares y supo luchar con esp\u00edritu de pr\u00edncipe, sepamos tambi\u00e9n nosotros \u2013en medio de las tempestades que nos acosan\u2013 \u00adser perseverantes en la esperanza ya que por la pr\u00e1ctica de esta virtud mostramos nuestra fe profunda en la misericordia de Dios y damos testimonio de ese amor que es m\u00e1s poderoso que el mal y m\u00e1s fuerte que la muerte. Debemos ser como Mois\u00e9s, quien, como ense\u00f1a la Carta a los Hebreos, <em>se mantuvo firme en su camino como si estuviera viendo al Invisible<\/em><a href=\"#_ftn104\" name=\"_ftnref104\"><sup>[104]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Tengamos confianza en el que nos llam\u00f3: Dios mismo. Tengamos confianza en ese Dios <em>que es poderoso para hacer que copiosamente abundemos m\u00e1s de lo que pedimos o pensamos, en virtud del poder que act\u00faa en nosotros<\/em><a href=\"#_ftn105\" name=\"_ftnref105\"><sup>[105]<\/sup><\/a>.\u00a0<\/p>\n<p>No olvidemos que lo nuestro propio es jugarnos la vida para que los otros tengan vida y esperanza<a href=\"#_ftn106\" name=\"_ftnref106\"><sup>[106]<\/sup><\/a>. Por tanto, es nuestro deber el continuar perseverantes en la esperanza la misi\u00f3n que la Iglesia nos ha confiado<a href=\"#_ftn107\" name=\"_ftnref107\"><sup>[107]<\/sup><\/a>. Teniendo siempre presente que \u201ca nosotros s\u00f3lo nos cabe rezar, trabajar y esperar, sabiendo que pasa la figura de este mundo\u201d<a href=\"#_ftn108\" name=\"_ftnref108\"><sup>[108]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Hoy queremos hacer de aquellas sentidas palabras que San Juan Pablo II dirig\u00eda a los consagrados en Buenos Aires, Argentina, un mensaje especialmente dirigido a los miembros presentes y futuros de nuestra congregaci\u00f3n. Pues San Juan Pablo II desde el cielo parece volver a decirnos: \u201c\u00a1Instituto del Verbo Encarnado <em>lev\u00e1ntate y resplandece<\/em><a href=\"#_ftn109\" name=\"_ftnref109\"><sup>[109]<\/sup><\/a>! [\u2026] Caminad firme, decididamente; el Se\u00f1or os tiene de la mano y os iluminar\u00e1 con su luz para que vuestro pie no tropiece<a href=\"#_ftn110\" name=\"_ftnref110\"><sup>[110]<\/sup><\/a>! [\u2026] Si vuestro Instituto mantiene su fidelidad a Cristo, podr\u00e1 ser luz que ilumine al mundo para que camine por el sendero de la solidaridad, de la sencillez, de las virtudes humanas y cristianas, que son el verdadero fundamento de la sociedad, de la familia, de la paz en los corazones.<\/p>\n<p>De ah\u00ed vuestro compromiso evangelizador; vuestra misi\u00f3n de ser luz para iluminar a quienes est\u00e1n en tinieblas. Hab\u00e9is sido llamados, queridos hermanos y hermanas, para <strong><em>sentir <\/em><\/strong>dentro de vosotros y <strong><em>vivir<\/em><\/strong> con todas las consecuencias <strong><em>el lema de San Pablo<\/em><\/strong>, que se os convierte en examen cotidiano: <em>\u00a1Ay de mi si no evangelizare!<\/em><a href=\"#_ftn111\" name=\"_ftnref111\"><sup>[111]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>[\u2026] Que vuestro coraz\u00f3n, pues, se ensanche con esta alegr\u00eda y esperanza anunciada por el profeta Isa\u00edas<a href=\"#_ftn112\" name=\"_ftnref112\"><sup>[112]<\/sup><\/a>. Con las palabras del Salmo, alabad al Se\u00f1or <em>contad a los pueblos su gloria<\/em><a href=\"#_ftn113\" name=\"_ftnref113\"><sup>[113]<\/sup><\/a>. \u00a1S\u00ed! \u00a1Cristo crucificado reina! Por su cruz y resurrecci\u00f3n Cristo es el centro de la creaci\u00f3n, Se\u00f1or de la historia, Redentor del hombre. \u00c9l nos ha dado al Padre, nos ha dado una vida nueva que procede de Dios y que es participaci\u00f3n en su misma vida trinitaria de donaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Que la Sant\u00edsima Virgen de Luj\u00e1n se haga para vosotros la Virgen del \u2018s\u00ed\u2019, la Virgen de la fidelidad generosa y de la donaci\u00f3n total a la misi\u00f3n; y que sea Ella tambi\u00e9n la Virgen de la Esperanza, que hab\u00e9is de anunciar y comunicar a todos los hombres haci\u00e9ndola primero realidad en vuestros corazones. As\u00ed sea\u201d<a href=\"#_ftn114\" name=\"_ftnref114\"><sup>[114]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Confiemos en la poderosa intercesi\u00f3n del Santo Pont\u00edfice \u2013que conoce perfectamente todos los detalles del gobierno de la Iglesia, que \u00e9l rigi\u00f3 en otro tiempo<a href=\"#_ftn115\" name=\"_ftnref115\"><sup>[115]<\/sup><\/a>\u2013 pues tenemos en el cielo un intercesor y protector lleno de lucidez y pleno de coraje, de visi\u00f3n intr\u00e9pida y caridad ardiente, que siempre nos escuchar\u00e1 y que desde el cielo nos repite: <strong><em>\u00a1no teng\u00e1is miedo!<\/em><\/strong> <a href=\"#_ftn116\" name=\"_ftnref116\"><sup>[116]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Marchemos firmes y alegres a la misi\u00f3n como hombres que han encontrado en Cristo la verdadera esperanza<a href=\"#_ftn117\" name=\"_ftnref117\"><sup>[117]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Que la intercesi\u00f3n de San Juan Pablo II como Padre Espiritual de nuestra Familia Religiosa a los pies de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda a quien tan tiernamente am\u00f3, nos ayude a cada uno de nosotros a vivir repitiendo d\u00eda tras d\u00eda a Dios, como \u00e9l hizo, por medio de Mar\u00eda, con plena confianza: <em>Totus tuus!<\/em><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Homil\u00eda en el comienzo de su pontificado<\/em> (22\/10\/1978).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> <em>Directorio de Vocaciones,<\/em> 78.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Cf. Ez 34, 16.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Cf. San Juan Pablo II, <em>A las personas consagradas y a los agentes de pastoral en Buenos Aires<\/em> (10\/04\/1987).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Testimonio de alguien allegado al Santo Padre durante 1999-2000. \u00a0<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> El 9 de septiembre de 1996. \u201cParticiparon de la Santa Misa las comunidades de las Servidoras \u2018Nuestra Se\u00f1ora de Luj\u00e1n\u2019; \u2018Santa M\u00f3nica\u2019 (de Roma) y la comunidad \u2018Mar\u00eda Jerosolimitana\u2019 (de Jerusal\u00e9n). Con el Papa concelebraron los PP. Carlos Buela, Carlos Pereira, Alejandro Molina y Rolando Santoianni\u201d. P. C. Buela, IVE, <em>Juan Pablo Magno<\/em>, cap. 29.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> P. C. Buela, IVE, <em>Juan Pablo Magno<\/em>, cap. 29.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> <em>Vita Consecrata<\/em>, 13.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Hch 15, 31.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Ro 5, 5.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> Cf. San Juan Pablo II, <em>A los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas en Parma, Italia<\/em> (07\/06\/1988).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A los sacerdotes, religiosos y religiosas en Reggio Emilia, Italia <\/em>(06\/06\/1988).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 254; 257.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> Mt 6, 20.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> <em>Constituciones,<\/em> 10.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A la Uni\u00f3n Internacional de Superioras Generales, en Roma<\/em> (14\/05\/1987).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 6.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> Cf. Santo Tom\u00e1s de Aquino,\u00a0<em>S. Th.<\/em>, II-II, q. 184, aa. 1 y 3.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (09\/11\/1994).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (09\/11\/1994).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a> <em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref22\" name=\"_ftn22\">[22]<\/a> As\u00ed le llama el P. Santiago Mart\u00edn, escritor espa\u00f1ol, quien titul\u00f3 su libro \u201c<em>Juan Pablo II: el Papa de la esperanza<\/em>\u201d. Lo mismo puede decirse de G. Weigel, autor la famosa biograf\u00eda de S. Juan Pablo II llamada <em>\u201cTestigo de la esperanza\u201d.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref23\" name=\"_ftn23\">[23]<\/a> Valdas Adamkus, presidente de Lituania, citado en P. C. Buela, IVE, <em>Juan Pablo Magno<\/em>, cap. 32.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref24\" name=\"_ftn24\">[24]<\/a> Cf. Mons. Sean Brady, arzobispo de Armagh y Primado de toda Irlanda; citado en P. C. Buela, IVE, <em>Juan Pablo Magno<\/em>, cap. 32.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref25\" name=\"_ftn25\">[25]<\/a> Cf. Benedicto XVI, <em>Homil\u00eda de beatificaci\u00f3n del Siervo de Dios Juan Pablo II<\/em> (01\/05\/2011).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref26\" name=\"_ftn26\">[26]<\/a> <em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/em>,\u00a01817.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref27\" name=\"_ftn27\">[27]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (11\/11\/1998).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref28\" name=\"_ftn28\">[28]<\/a> <a href=\"https:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1994\/documents\/hf_jp-ii_apl_19941110_tertio-millennio-adveniente.html\"><em>Tertio millennio adveniente<\/em><\/a>, 46.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref29\" name=\"_ftn29\">[29]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (03\/07\/1991).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref30\" name=\"_ftn30\">[30]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (11\/11\/1998).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref31\" name=\"_ftn31\">[31]<\/a> <em>Ibidem<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref32\" name=\"_ftn32\">[32]<\/a> 1 Tm 1, 1.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref33\" name=\"_ftn33\">[33]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (11\/11\/1998).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref34\" name=\"_ftn34\">[34]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A los sacerdotes, religiosos y religiosas en Dar Es Salaam, Tanzania<\/em> (02\/09\/1990).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref35\" name=\"_ftn35\">[35]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Vigilia de oraci\u00f3n en Tor Vergata<\/em> (19\/08\/2000).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref36\" name=\"_ftn36\">[36]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 219.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref37\" name=\"_ftn37\">[37]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 121.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref38\" name=\"_ftn38\">[38]<\/a> Cf. <em>Constituciones<\/em>, 198.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref39\" name=\"_ftn39\">[39]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 120.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref40\" name=\"_ftn40\">[40]<\/a> <em>Tertio millennio adveniente<\/em>, 46.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref41\" name=\"_ftn41\">[41]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (18\/11\/1998).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref42\" name=\"_ftn42\">[42]<\/a> Sb 1, 7; cf. <em>Gaudium et spes<\/em>, 11.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref43\" name=\"_ftn43\">[43]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (18\/11\/1998).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref44\" name=\"_ftn44\">[44]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A las superioras mayores de Italia, en Roma<\/em> (09\/04\/1988).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref45\" name=\"_ftn45\">[45]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (11\/11\/1998).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref46\" name=\"_ftn46\">[46]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, cf. Ef 4, 4.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref47\" name=\"_ftn47\">[47]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A la comunidad mon\u00e1stica de Cam\u00e1ldula, Italia <\/em>(17\/09\/1993).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref48\" name=\"_ftn48\">[48]<\/a> Cf. Santa Edith Stein, <em>La Ciencia de la Cruz<\/em>, Parte II, 2, d.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref49\" name=\"_ftn49\">[49]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Epistolario<\/em>, Carta 12, A una doncella de Narros del Castillo, \u00c1vila (febrero de 1589).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref50\" name=\"_ftn50\">[50]<\/a> Heb 11, 1.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref51\" name=\"_ftn51\">[51]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida al Monte<\/em>, Libro III, cap. 7, 2.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref52\" name=\"_ftn52\">[52]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 227. Ver tambi\u00e9n: <em>CIC<\/em>, c. 251.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref53\" name=\"_ftn53\">[53]<\/a> 1 Tim 4, 2.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref54\" name=\"_ftn54\">[54]<\/a> Cf. San Juan de la Cruz, <em>Subida al Monte<\/em>, Libro II, cap. 7, 7.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref55\" name=\"_ftn55\">[55]<\/a> Cf. P. C. Buela, IVE, <em>El Arte del Padre<\/em>, Parte III, cap. 14, IV.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref56\" name=\"_ftn56\">[56]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 211; cf. <em>Ad Gentes<\/em>, 38.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref57\" name=\"_ftn57\">[57]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Discurso en la inauguraci\u00f3n de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Puebla, M\u00e9xico<\/em> (28\/01\/1979).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref58\" name=\"_ftn58\">[58]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 31.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref59\" name=\"_ftn59\">[59]<\/a> <em>Redemptoris Missio<\/em>, 39.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref60\" name=\"_ftn60\">[60]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A los sacerdotes, religiosos y religiosas en Bolonia<\/em> (18\/04\/1982).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref61\" name=\"_ftn61\">[61]<\/a> 1 Tim 4, 10.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref62\" name=\"_ftn62\">[62]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida al Monte<\/em>, Libro III, cap. 2, 3.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref63\" name=\"_ftn63\">[63]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 123.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref64\" name=\"_ftn64\">[64]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 123.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref65\" name=\"_ftn65\">[65]<\/a> Jn 16, 33.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref66\" name=\"_ftn66\">[66]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A los sacerdotes, religiosos y religiosas en Reggio Emilia, Italia <\/em>(06\/06\/1988).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref67\" name=\"_ftn67\">[67]<\/a> Cf. <em>Constituciones<\/em>, 113.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref68\" name=\"_ftn68\">[68]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A los sacerdotes, religiosos y religiosas en Bolonia, Italia<\/em> (18\/04\/1982).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref69\" name=\"_ftn69\">[69]<\/a> Benedicto XVI, <em>Homil\u00eda con ocasi\u00f3n del IV aniversario de la muerte de Juan Pablo II<\/em> (02\/04\/2009).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref70\" name=\"_ftn70\">[70]<\/a> Los \u00e9nfasis indicados por las palabras en <strong><em>negrita<\/em><\/strong> son del Santo Padre.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref71\" name=\"_ftn71\">[71]<\/a> Mc 10, 29.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref72\" name=\"_ftn72\">[72]<\/a> Cf. Jn 15, 16.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref73\" name=\"_ftn73\">[73]<\/a> 2 Pe 3, 13.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref74\" name=\"_ftn74\">[74]<\/a> Jn 15, 18.20.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref75\" name=\"_ftn75\">[75]<\/a> Mt 28, 20.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref76\" name=\"_ftn76\">[76]<\/a> Ro 8, 31.35.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref77\" name=\"_ftn77\">[77]<\/a> Ro 8, 37.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref78\" name=\"_ftn78\">[78]<\/a> Jn 12, 24.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref79\" name=\"_ftn79\">[79]<\/a> 2 Cor 12, 10.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref80\" name=\"_ftn80\">[80]<\/a> Por eso se\u00f1ala el <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 76 que \u201celevando el alma a los planes sobrenaturales de Dios\u2026 debemos considerarnos \u2018merecedores de todas las aflicciones\u2019\u201d; cf. Santa Catalina de Siena, <em>El Di\u00e1logo<\/em>, Obras, Ed. BAC, Madrid 1980, cap. 100, 238.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref81\" name=\"_ftn81\">[81]<\/a> Cf. Ez, 37.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref82\" name=\"_ftn82\">[82]<\/a> Santo Tom\u00e1s de Aquino,\u00a0<em>S. Th<\/em>., II-II, q. 188, a. 7; cf. <em>Presbyterorum Ordinis<\/em>, 13.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref83\" name=\"_ftn83\">[83]<\/a> <em>Discurso en el encuentro con sacerdotes y religiosos en el Santuario de la Virgen de la Ghiara<\/em>, <em>Reggio Emilia, Italia<\/em> (06\/06\/1988).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref84\" name=\"_ftn84\">[84]<\/a> Cf. Ro 12, 12.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref85\" name=\"_ftn85\">[85]<\/a> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/p3s1c1a7_sp.html#II%20Las%20virtudes%20teologales\"><em>Catecismo de la Iglesia C<\/em><\/a><em>at\u00f3lica<\/em>, 1820.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref86\" name=\"_ftn86\">[86]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (11\/11\/1998).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref87\" name=\"_ftn87\">[87]<\/a> <em>Spe Salvi<\/em>, 32; cf. Cardenal Nguyen Van Thuan, <em>Oraciones de esperanza<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref88\" name=\"_ftn88\">[88]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 231.\u00a0<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref89\" name=\"_ftn89\">[89]<\/a> Ro 4, 18.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref90\" name=\"_ftn90\">[90]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A los sacerdotes, religiosos y religiosas en Reggio Emilia, Italia <\/em>(06\/06\/1988).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref91\" name=\"_ftn91\">[91]<\/a> <em>Redemptoris Mater<\/em>, 42; cf. Ro 5, 5.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref92\" name=\"_ftn92\">[92]<\/a> 2 Cor 6, 8-10.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref93\" name=\"_ftn93\">[93]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A los sacerdotes, religiosos y religiosas en Reggio Emilia, Italia <\/em>(06\/06\/1988).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref94\" name=\"_ftn94\">[94]<\/a> Jn 14, 27.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref95\" name=\"_ftn95\">[95]<\/a> Cf. Jn\u00a02, 5.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref96\" name=\"_ftn96\">[96]<\/a> <em>Directorio de Vida Consagrada<\/em>, 409; cf. <em>Elementos Esenciales de la Vida Religiosa<\/em>, 53.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref97\" name=\"_ftn97\">[97]<\/a> San Juan Pablo II,<em> Homil\u00eda<\/em> (13\/05\/1982).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref98\" name=\"_ftn98\">[98]<\/a> Cf. Radiomensaje durante el Rito en la Bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda la Mayor. Veneraci\u00f3n, acci\u00f3n de gracias, consagraci\u00f3n a la Virgen Mar\u00eda Theotokos, en <em>Insegnamenti<\/em> di Giovanni Paolo II, IV, 1, Citt\u00e0 del Vaticano 1981, 1246.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref99\" name=\"_ftn99\">[99]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 142.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref100\" name=\"_ftn100\">[100]<\/a> Cf. P. Luis de Granada, citado por Mons. Dr. Juan Straubinger, <em>El Salterio,<\/em> Salmo 32 (33).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref101\" name=\"_ftn101\">[101]<\/a> San Claudio de la Colombiere, <em>Discurso<\/em> 682.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref102\" name=\"_ftn102\">[102]<\/a> Cf. San Luis Maria Grignion de Montfort, <em>Tratado de la Verdadera Devoci\u00f3n<\/em>, 25.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref103\" name=\"_ftn103\">[103]<\/a> Citado por San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio, <em>Las Glorias de Mar\u00eda. <\/em><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref104\" name=\"_ftn104\">[104]<\/a> Heb 11, 27.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref105\" name=\"_ftn105\">[105]<\/a> Cf. San Juan Pablo II, <em>Al clero, religiosos y religiosas en Anchorage<\/em> (26\/02\/1981); cf. Ef 3, 20-21.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref106\" name=\"_ftn106\">[106]<\/a> <em>Directorio de Vida Consagrada<\/em>, 270; <em>op. cit. Vita Consecrata<\/em>, 105.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref107\" name=\"_ftn107\">[107]<\/a> Cf. San Juan Pablo II, <em>A la Uni\u00f3n Internacional de Superioras Generales en Roma<\/em> (16\/05\/1991).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref108\" name=\"_ftn108\">[108]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 324; cf. 1 Cor 7, 31.\u00a0<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref109\" name=\"_ftn109\">[109]<\/a> Is 60, 1.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref110\" name=\"_ftn110\">[110]<\/a> Cf. Sal 91, 12.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref111\" name=\"_ftn111\">[111]<\/a> 1 Cor 9, 16.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref112\" name=\"_ftn112\">[112]<\/a> <em>Al ver esto, estar\u00e1s radiante, palpitar\u00e1 y se ensanchar\u00e1 tu coraz\u00f3n, porque se volcar\u00e1n sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegar\u00e1n hasta ti<\/em>. Is 60, 5.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref113\" name=\"_ftn113\">[113]<\/a> Sal 95, 3.10.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref114\" name=\"_ftn114\">[114]<\/a> Cf. San Juan Pablo II, <em>A las personas consagradas y a los agentes de pastoral en Buenos Aires, Argentina<\/em> (10\/04\/1987).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref115\" name=\"_ftn115\">[115]<\/a> Cf. A. Royo Mar\u00edn, <em>Teolog\u00eda de la Salvaci\u00f3n<\/em>, Madrid 1997, 465.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref116\" name=\"_ftn116\">[116]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Homil\u00eda en el comienzo de su pontificado<\/em> (22\/10\/1978).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref117\" name=\"_ftn117\">[117]<\/a> <em>Directorio de Misiones Ad Gentes<\/em>, 169; <em>op. cit.<\/em> <em>Redemptoris Missio<\/em>, 91.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sirvan estas pobres l\u00edneas como sentido homenaje y agradecimiento perenne a quien nos ense\u00f1\u00f3 a ser testigos de la esperanza que no defrauda a\u00fan cuando \u201cparece que se nos quita toda 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