{"id":5316,"date":"2022-01-03T07:29:49","date_gmt":"2022-01-03T05:29:49","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/?p=5316"},"modified":"2022-01-03T07:31:57","modified_gmt":"2022-01-03T05:31:57","slug":"dios-un-padre-providente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/index.php\/2022\/01\/03\/dios-un-padre-providente\/","title":{"rendered":"Dios un Padre providente"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"5316\" class=\"elementor elementor-5316\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-8720a2f elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"8720a2f\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-0e23597\" data-id=\"0e23597\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-e55be2d elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"e55be2d\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p>Luego de aumentar el n\u00famero de seminaristas de 42 a 147 en ocho a\u00f1os; y el de los seminaristas menores, de 200 a 500, en cuatro seminarios; luego de impartir formaci\u00f3n permanente a los sacerdotes de seis di\u00f3cesis de la Iglesia metropolitana de Hue; luego de desarrollar e intensificar la formaci\u00f3n de j\u00f3venes y laicos en la di\u00f3cesis de Nhatrang (Vietnam), el entonces obispo de esa di\u00f3cesis, Francis Xavier van Thuan, fue nombrado por San Pablo VI arzobispo coadjutor de Saig\u00f3n. Sin embargo, nueve meses despu\u00e9s de llegar all\u00ed fue arrestado por los comunistas y enviado a un \u201ccampo de reeducaci\u00f3n\u201d \u2013eufemismo que usaban para la palabra c\u00e1rcel\u2013 donde permaneci\u00f3 desde 1975 hasta 1988 padeciendo el \u201ccautiverio m\u00e1s duro\u201d<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p><p>\u00a0<\/p><p>De esos 13 a\u00f1os, 9 los pas\u00f3 en aislamiento, solo con dos guardias, algo que \u00e9l mismo describe como \u201cuna tortura mental, en el vac\u00edo absoluto, sin trabajo, caminando por la celda desde la ma\u00f1ana hasta las nueve y media de la noche para no ser destruido por la artrosis, al l\u00edmite de la locura\u201d<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>. Ten\u00eda entonces 48 a\u00f1os.<\/p><p>Ciertamente que el suyo fue un caso extremo; sin embargo, es com\u00fan a muchos hombres y mujeres de bien el padecer sin culpa males morales. Por eso, como nos podr\u00eda suceder a cualquiera de nosotros y, de hecho, nos sucede cuando las cosas por las que luchamos tan arduamente son destruidas de un d\u00eda para el otro, el obispo van Thuan, se ve\u00eda tentado y m\u00e1s que tentado, era atormentado por el hecho de que teniendo 48 a\u00f1os, de haber trabajado ocho a\u00f1os como obispo, adquirido mucha experiencia pastoral, etc., se encontraba ahora aislado, inactivo, separado de su gente.<\/p><p>Cu\u00e1ntas veces a lo largo de nuestra historia \u2013a nivel Instituto, pero tambi\u00e9n en lo personal\u2013 nos ha tocado dejar sin terminar un programa o un proyecto que estaba bien planeado, bien organizado; cu\u00e1ntas veces actividades que pusimos en marcha con mucho entusiasmo quedaron obstaculizadas; apostolados o proyectos de gran envergadura han pasado a ser actividades menores, cu\u00e1ntas veces buscando hacer el bien, hemos sido calumniados, perseguidos, amenazados\u2026 No obstante, tambi\u00e9n nosotros, como el obispo van Thuan, debemos aprender a \u201cescoger a Dios y no las obras de Dios\u201d<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a> que todo lo dispone para nuestro mayor beneficio.<\/p><p>Dios nos concede hoy comenzar un nuevo a\u00f1o. Y por eso pudiera parecer extra\u00f1o hablar de una experiencia as\u00ed, cuando el mundo entero planea el nuevo a\u00f1o con optimismo, pero frecuentemente sin incluir a Dios en sus proyectos.<\/p><p>De parte nuestra, no es que no tengamos proyectos, no es que no tengamos prop\u00f3sitos a alcanzar, ni desaf\u00edos antiguos que seguir enfrentando, pero no es menos verdad que la providencia divina tiene para nosotros designios misericordiosos que no siempre coinciden con nuestros planes. Esto no quiere decir que esa intervenci\u00f3n providencial de Dios tenga que ser siempre adversa, sino que, muy por el contrario, es siempre positiva y busca allanarnos el camino, aun cuando esas situaciones no nos den gusto y nos parezcan malas y muy desfavorables. Por este motivo, nos ha parecido que puede ser muy saludable a nuestras almas, tener en cuenta en \u2018nuestro planeamiento\u2019 esa coordinada maestra, que en realidad es el eje central del que penden las distintas variables que conforman el entretejido de los m\u00faltiples sucesos de nuestra vida diaria. De modo tal que lejos de comenzar el a\u00f1o con una visi\u00f3n pesimista de la realidad, queremos ofrecer una breve reflexi\u00f3n acerca de la especial y misericordiosa providencia divina que se manifiesta <em>aun<\/em> cuando a los buenos les acaecen cosas malas y a los malos cosas buenas, ya que, como dice San Juan de la Cruz, \u201chabiendo Su Majestad orden\u00e1dolo as\u00ed, es lo que a todos <strong>m\u00e1s nos conviene<\/strong>\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>.<\/p><h4><strong>1. Los \u201ctesoros escondidos\u201d de la providencia divina<\/strong><\/h4><p>\u00a0<\/p><p>A no pocos cristianos les sucede que aun cuando profesan su fe en la divina providencia y se esfuerzan con todo empe\u00f1o en dar lo mejor de s\u00ed mismos para hacer algo bueno, para s\u00ed mismos o para los dem\u00e1s, ven despreciados sus esfuerzos y la obra de sus manos esfumarse delante de sus ojos. As\u00ed, no pocos se enfrentan con la realidad, por ejemplo, de que sus negocios se fueron a la ruina; de que aun habi\u00e9ndose casado y dado todo, su familia se termine dividiendo; de que la misi\u00f3n que tantos sacrificios les ha costado se ha cerrado o una enfermedad los ha alejado del apostolado; o simplemente, aquellos de quienes esperaban ayuda los han traicionado. De aqu\u00ed que la realidad\u00a0del mal y del sufrimiento\u00a0presente bajo tantas formas en la vida humana constituya para muchos\u00a0\u2013incluso religiosos\u2013 la dificultad\u00a0principal\u00a0para aceptar la verdad de la providencia divina (y decimos <em>aceptar<\/em> en el sentido de asimilar interiormente y no simplemente de asentir intelectualmente a una verdad).<\/p><p>Haci\u00e9ndose eco de esta realidad, San Juan Pablo II afirmaba en una de sus audiencias: \u201cEn algunos casos, esta dificultad asume una forma radical, cuando incluso se\u00a0<em>acusa a Dios<\/em>\u00a0del mal y del sufrimiento presentes en el mundo llegando hasta rechazar la verdad misma de Dios y de su existencia (esto es, hasta el ate\u00edsmo). De un modo menos radical y sin embargo inquietante, esta dificultad se expresa en tantos\u00a0<em>interrogantes cr\u00edticos<\/em>\u00a0que el hombre plantea a Dios. La duda, la pregunta e incluso la protesta nacen de la dificultad de\u00a0<em>conciliar entre s\u00ed<\/em>\u00a0la verdad de la providencia divina, de la paterna solicitud de Dios hacia el mundo creado, y la realidad del mal y del sufrimiento experimentada en formas diversas por los hombres\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>.<\/p><p>Por otro lado cada a\u00f1o hacemos Ejercicios Espirituales y cada a\u00f1o, por tanto, meditamos el <em>Principio y Fundamento<\/em>: \u201cEl hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Se\u00f1or y, mediante esto, salvar su \u00e1nima; y <em>las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecuci\u00f3n del fin para que es criado<\/em>. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden. Por lo qual es menester <strong>hacernos indiferentes<\/strong> a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedr\u00edo, y no le est\u00e1 prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte m\u00e1s salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo dem\u00e1s; solamente deseando y eligiendo lo que m\u00e1s nos conduce para el fin que somos criados\u201d<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>. San Ignacio lo llama el <em>Principio y Fundamento<\/em> de sus Ejercicios Espirituales, pero tambi\u00e9n es la verdad m\u00e1s fundamental sobre la existencia del hombre y la providencia divina. As\u00ed lo expresaba San Juan Pablo II al decir: \u201c<strong>La fe en la providencia divina<\/strong>, est\u00e1 \u00edntimamente vinculada con la\u00a0concepci\u00f3n basilar de la existencia humana, es decir, con el <strong>sentido de la vida del hombre<\/strong>. El hombre puede afrontar su existencia de modo esencialmente diverso, cuando tiene la certeza de no estar bajo el dominio de un ciego destino (<em>fatum<\/em>), sino que depende de Alguien que es su Creador y Padre. Por esto, la fe en la divina providencia inscrita en las primeras palabras del S\u00edmbolo Apost\u00f3lico: \u2018Creo en Dios Padre todopoderoso\u2019,\u00a0<em>libera<\/em>\u00a0a la existencia humana de las diversas formas\u00a0<em>del pensamiento fatalista<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>. No obstante, a veces sucede que bajo presi\u00f3n o circunstancias dif\u00edciles nos olvidamos de esto o aceptamos estas palabras como simples principios abstractos de la vida espiritual sin que se vuelvan parte integral de nuestra vida diaria. Es decir, no las asumimos de manera vital. Por eso en este primer punto quisi\u00e9ramos traer a colaci\u00f3n lo que el Magisterio de la Iglesia y su ilustre Doctor, Santo Tom\u00e1s de Aquino, ense\u00f1an acerca de este tema tan fundamental.<\/p><p>Por una parte, ninguno de nosotros desconoce que la verdad de la providencia divina\u00a0est\u00e1 presente en toda la Revelaci\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, podemos decir que \u201cimpregna\u00a0<em>toda la Revelaci\u00f3n<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>. Asimismo, se encuentra desde el principio, como verdad fundamental de la fe,\u00a0en el Magisterio ordinario de la Iglesia, aunque s\u00f3lo el Concilio Vaticano I se pronunci\u00f3 sobre ella en el \u00e1mbito de la solemne Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica\u00a0<em>De fide catholica<\/em>, a prop\u00f3sito de la verdad sobre la creaci\u00f3n. He aqu\u00ed las palabras del\u00a0Vaticano I: \u201cDios conserva todo lo que ha creado y lo dirige con su providencia \u2018extendi\u00e9ndose de uno al otro conf\u00edn con fuerza y gobernando con bondad todas las cosas\u2019<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>. \u2018Todo est\u00e1 desnudo a sus ojos\u2019<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>, incluso lo que tenga lugar por libre iniciativa de las criaturas\u201d. Siguiendo las huellas de la constante tradici\u00f3n de la ense\u00f1anza de la Iglesia,\u00a0tambi\u00e9n de los textos del Concilio Vaticano II, se deduce que Dios es el que \u201ccuida de todos con paterna solicitud\u201d<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>, y en particular \u201cdel g\u00e9nero humano\u201d<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>. Manifestaci\u00f3n de esta solicitud es tambi\u00e9n la \u201cley divina, eterna, objetiva y universal, por la que Dios ordena, dirige y gobierna el mundo universo y los caminos de la comunidad humana seg\u00fan el designio de su sabidur\u00eda y de su amor\u201d<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>. \u201cEl hombre&#8230; no existe efectivamente sino por amor de Dios, que lo cre\u00f3 y por el amor de Dios, que lo conserva. Y s\u00f3lo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y\u00a0<em>se conf\u00eda por entero a su Creador<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a>.<\/p><p>En la <em>Summa Theologica<\/em>, I, q. 22 trata el Ang\u00e9lico sobre la providencia de Dios. No hemos de transcribir todo lo que all\u00ed se explica \u2013aunque recomendamos vivamente su lectura<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a>\u2013, sino que simplemente nos remitiremos a ofrecer los conceptos b\u00e1sicos que nos servir\u00e1n de lineamiento para abordar este tema.<\/p><ul><li>Lo que en Dios se llama providencia es la raz\u00f3n del orden de las cosas a sus fines<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a>.<\/li><\/ul><ul><li>Todos los seres est\u00e1n sujetos a la providencia divina, y no s\u00f3lo en conjunto, sino tambi\u00e9n en particular<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[17]<\/a>.<\/li><\/ul><ul><li>La providencia comprende dos cosas: la raz\u00f3n del orden de los seres prove\u00eddos a su fin y la ejecuci\u00f3n de este orden, llamada \u201cgobierno\u201d. En cuanto a lo primero, Dios provee inmediatamente a todas las cosas, porque en su entendimiento tiene la raz\u00f3n de todas, incluso de las \u00ednfimas, y porque a cuantas causas encomend\u00f3 alg\u00fan efecto las dot\u00f3 de la actividad suficiente para producirlo, para lo cual es indispensable que de antemano conociese en su raz\u00f3n propia el orden de tales efectos. En cuanto a lo segundo, la providencia divina se vale de intermediarios, pues <strong>gobierna los seres inferiores por medio de los superiores<\/strong>, pero no porque sea insuficiente su poder, sino porque es tanta su bondad, que comunica a las mismas criaturas la prerrogativa de la causalidad<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[18]<\/a>.<\/li><\/ul><ul><li>Es efecto de la providencia divina no s\u00f3lo que suceda una cosa cualquiera, sino que suceda de modo necesario o contingente, y, por tanto, <strong>sucede infalible y necesariamente<\/strong> lo que la divina providencia dispone que suceda de modo infalible y necesario, y contingentemente lo que en la raz\u00f3n de la providencia divina est\u00e1 que haya de suceder de modo contingente<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\">[19]<\/a>.<\/li><\/ul><p>Ahora bien, el sufrimiento que nace de las m\u00faltiples experiencias del mal, especialmente cuando es sin culpa,\u00a0hace que el hombre\u00a0se plantee aquellos dif\u00edciles y dram\u00e1ticos\u00a0interrogantes, que constituyen a veces una denuncia, otras un desaf\u00edo, o un grito de rechazo de Dios y de su providencia. De alguna manera estas preguntas podr\u00edan resumirse as\u00ed: \u201c\u00bfC\u00f3mo conciliar el mal y el sufrimiento con la solicitud paterna, llena de amor, que Jesucristo atribuye a Dios en el Evangelio? \u00bfC\u00f3mo conciliarlas con la trascendente sabidur\u00eda del Creador? Y de una manera a\u00fan m\u00e1s dial\u00e9ctica: \u00bfpodemos de cara a toda la experiencia del mal que hay en el mundo, especialmente de cara al sufrimiento de los inocentes, decir que Dios no quiere el mal? Y si lo quiere, \u00bfc\u00f3mo podemos creer que <em>Dios es amor<\/em>, y tanto m\u00e1s que este amor no puede no ser omnipotente?\u201d<a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\">[20]<\/a>. La aflicci\u00f3n o el sufrimiento de los buenos \u2013si es sin culpa\u2013 es lo que parece contraponerse a la providencia divina.<\/p><p>Ante estas preguntas, tambi\u00e9n nosotros como Job, experimentamos qu\u00e9 dif\u00edcil es dar una respuesta. Por eso con humildad frente al misterio<a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\">[21]<\/a> buscamos la respuesta en la Palabra de Dios que el Esp\u00edritu Santo fecund\u00f3 con la verdad<a href=\"#_ftn22\" name=\"_ftnref22\">[22]<\/a>. As\u00ed en el Antiguo Testamento encontramos la afirmaci\u00f3n:\u00a0 &#8230;<em>pero la maldad no triunfa sobre la sabidur\u00eda<\/em>. <em>La sabidur\u00eda<\/em> <em>se extiende poderosa del uno al otro extremo y lo gobierna todo con suavidad<\/em><a href=\"#_ftn23\" name=\"_ftnref23\">[23]<\/a>. Vemos entonces que frente a las multiformes experiencias del mal y del sufrimiento en el mundo, ya el Antiguo Testamento testimoniaba el <strong>primado<\/strong> de la Sabidur\u00eda y de la bondad de Dios, de su providencia divina. Esta actitud se perfila y desarrolla en el Libro de Job, que se dedica enteramente al tema del mal y del dolor vistos como una prueba a veces tremenda para el justo, pero superada con la certeza, laboriosamente alcanzada, de que Dios es bueno.\u00a0<\/p><p>Santo Tom\u00e1s de Aquino en su <em>Expositio super Job ad litteram<\/em> afirma lo siguiente: \u201cDespu\u00e9s de que la mayor\u00eda de los hombres afirmaron la opini\u00f3n de que las cosas naturales no sucedieron por casualidad sino por la providencia debido al orden que claramente aparece en ellas, surgi\u00f3 una duda <em>entre la mayor\u00eda de los hombres<\/em> acerca de los actos del hombre, es decir sobre si los asuntos humanos evolucionaron por casualidad o por causalidad, de si estaban gobernados por alg\u00fan tipo de providencia o un orden superior. Esta duda se aliment\u00f3 especialmente porque no hay un orden seguro aparente en los eventos humanos. Porque las cosas buenas no siempre le suceden a las buenos, ni las malas a los malos. Por otro lado, las cosas malas no siempre sobrevienen a los buenos, ni las buenas a los malvados, sino que <strong>el bien y el mal caen indistintamente sobre los buenos y los malvados<\/strong>. Este hecho movi\u00f3 especialmente el coraz\u00f3n de los hombres a tener la opini\u00f3n de que los asuntos humanos no est\u00e1n gobernados por la providencia divina. Algunos dec\u00edan que los asuntos humanos proceden por casualidad excepto en la medida en que est\u00e1n gobernados por la providencia y el consejo humano, otros atribuyen su resultado a un fatalismo gobernado por los cielos.<\/p><p><strong>Esta idea causa mucho da\u00f1o a la humanidad<\/strong>. Porque si se niega la providencia divina, no quedar\u00e1 reverencia ni verdadero temor de Dios entre los hombres. Cada hombre puede sopesar bien cu\u00e1n grande ser\u00e1 la propensi\u00f3n al vicio y la falta de deseo de virtud que se deriva de esta idea. Porque <strong>nada retrae as\u00ed a los hombres de las cosas malas y los induce al bien tanto como el temor y el amor de Dios.<\/strong> Por esta raz\u00f3n, el primer y principal objetivo de quienes hab\u00edan buscado la sabidur\u00eda inspirada por el esp\u00edritu de Dios para la instrucci\u00f3n de otros era quitar esta opini\u00f3n del coraz\u00f3n de los hombres. Entonces\u2026 el Libro de Job\u2026 est\u00e1 dirigido a esto: mostrar que <strong>los asuntos humanos est\u00e1n regidos por la providencia divina<\/strong>&#8230;<\/p><p>[\u2026] La aflicci\u00f3n de los justos es lo que parece impugnar especialmente la providencia divina en los asuntos humanos. Porque, aunque a primera vista parezca irracional y contrario a la providencia que a veces les suceden cosas buenas a los hombres malos, esto puede ser excusado de una forma u otra por la compasi\u00f3n divina. Pero que los justos sean afligidos sin causa parece socavar totalmente el fundamento de la providencia. As\u00ed, las variadas y graves aflicciones de un determinado justo llamado Job, perfecto en todas sus virtudes, se proponen como una especie de tema para la cuesti\u00f3n que se pretende discutir\u201d<a href=\"#_ftn24\" name=\"_ftnref24\">[24]<\/a>.<\/p><p>En la tradici\u00f3n espiritual cristiana Job simboliza el sufrimiento resignado; la aceptaci\u00f3n confiada del dolor. Por ello el \u2018Santo Job\u2019 es el arquetipo y el paradigma de la paciencia cristiana. Adem\u00e1s es, seg\u00fan los estudiosos, \u201cla mejor figura t\u00edpica y tropol\u00f3gica de la purificaci\u00f3n pasiva\u201d<a href=\"#_ftn25\" name=\"_ftnref25\">[25]<\/a>, pues pasa por todas las etapas de la oscura purificaci\u00f3n: desde la prueba f\u00edsica \u2013desnudez, abandono de amigos, p\u00e9rdida de los bienes\u2013 hasta el grito desgarrador del alma afligida y humillada que \u201cruge y brama\u201d<a href=\"#_ftn26\" name=\"_ftnref26\">[26]<\/a>. Y esta noche purificadora tiene sentido de medio respecto al fin, que es llegar a la uni\u00f3n con Dios. Por eso hay que saber reconocer que cualquiera sea \u2018nuestra noche\u2019 es \u201c<strong>una noche encubridora de las esperanzas de la luz del d\u00eda<\/strong>\u201d<a href=\"#_ftn27\" name=\"_ftnref27\">[27]<\/a>.<\/p><p>Siendo esto as\u00ed, la afirmaci\u00f3n de la Sagrada Escritura: <em>la maldad no triunfa sobre la sabidur\u00eda<\/em><a href=\"#_ftn28\" name=\"_ftnref28\">[28]<\/a> refuerza nuestra convicci\u00f3n de que, en el plano providencial del Creador respecto del mundo,\u00a0<strong>el mal en definitiva est\u00e1 subordinado al bien<\/strong>.\u00a0Y eso es muy importante tenerlo en cuenta siempre. Esto mismo nos lo recuerda el derecho propio al exhortarnos a dar gloria a Dios confiando sin l\u00edmites en su providencia cuando nos dice: \u201cque <em>todas las cosas se disponen para el bien de los que aman a Dios<\/em><a href=\"#_ftn29\" name=\"_ftnref29\">[29]<\/a>. Al decir <em>todas las cosas<\/em>, no except\u00faa nada. Por tanto, aqu\u00ed entran todos los acontecimientos, pr\u00f3speros o adversos, lo concerniente al bien del alma, los bienes de fortuna, la reputaci\u00f3n, todas las condiciones de la vida humana (familia, estudio, talentos, etc.), todos los estados interiores por los que pasamos (gozos, alegr\u00edas, privaciones, sequedades, disgustos, tedios, tentaciones, etc.), hasta las faltas y los mismos pecados. Todo, absolutamente todo. Al decir <em>se disponen para el bien<\/em>, se entiende que cooperan, contribuyen, suceden, para nuestro bien espiritual. Hay que tener esta visi\u00f3n y no la del carnal o mundano. Hay que ver todo a la luz de los designios amorosos de la providencia de Dios, que s\u00f3lo el hombre espiritual descubre: <em>el espiritual lo juzga todo<a href=\"#_ftn30\" name=\"_ftnref30\"><strong>[30]<\/strong><\/a><\/em>. Debemos <strong>creer con firmeza inquebrantable<\/strong> que aun los acontecimientos m\u00e1s adversos y opuestos a nuestra mira natural, son ordenados por Dios para nuestro bien, <strong>aunque no comprendamos<\/strong> sus designios e <strong>ignoremos<\/strong> el t\u00e9rmino al que nos quiere llevar. Pero por nuestra parte, hemos de cumplir una condici\u00f3n para que esto suceda as\u00ed. Por eso a\u00f1ade <em>de<\/em> <em>los que aman a Dios<\/em>, es decir, aquellos cuya voluntad est\u00e1 unida y sumisa a la de Dios, que procuran ante todo los intereses y la gloria de Dios, que est\u00e1n dispuestos a sacrificar todo sin reservas, persuadidos de que <strong>nada es tan ventajoso como abandonarse en las manos de Dios<\/strong>, en todo lo que a \u00c9l le plazca ordenar, como nos dio a entender Jes\u00fas: <em>si alguno me sirve, el Padre lo honrar\u00e1<\/em><a href=\"#_ftn31\" name=\"_ftnref31\">[31]<\/a>. S\u00f3lo \u00c9l conoce todo, aun nuestra alma, sentimientos, car\u00e1cter, los secretos resortes que es preciso mover para llevarnos al cielo, los efectos que tal o cual cosa producir\u00e1n en nosotros, y tiene a su disposici\u00f3n todos los medios\u201d<a href=\"#_ftn32\" name=\"_ftnref32\">[32]<\/a>.<\/p><p>Adem\u00e1s, en el contexto de la verdad integral sobre la providencia divina, y para una mejor comprensi\u00f3n es necesario tener en cuenta las siguientes afirmaciones: \u201cDios no quiere el mal como tal\u201d y \u201cDios permite el mal\u201d. Acerca de lo cual San Juan Pablo II explica: \u201cA prop\u00f3sito de la primera es oportuno recordar las palabras del Libro de la Sabidur\u00eda: \u2026<em>Dios no hizo la muerte ni se goza en la p\u00e9rdida de los vivientes. Pues \u00c9l cre\u00f3 todas las cosas para la existencia<\/em><a href=\"#_ftn33\" name=\"_ftnref33\">[33]<\/a>.<\/p><ul><li>En cuanto a la permisi\u00f3n del <strong>mal\u00a0<em>en el orden f\u00edsico<\/em><\/strong>, por ejemplo, de cara al hecho de que los seres materiales (entre ellos tambi\u00e9n el cuerpo humano) sean corruptibles y sufran la muerte, es necesario decir que ello pertenece a la estructura de estas criaturas. Por otra parte, ser\u00eda dif\u00edcilmente pensable, en el estado actual del mundo material, el ilimitado subsistir de todo ser corporal individual. Podemos, pues, comprender que, si <em>Dios no ha creado la muerte<\/em>, seg\u00fan afirma el Libro de la Sabidur\u00eda, sin embargo, la permite con miras\u00a0<em>al bien global del cosmos material<\/em>.<\/li><\/ul><ul><li>Pero si se trata del\u00a0<strong><em>mal moral<\/em><\/strong>, esto es, del pecado y de la culpa en sus diversas formas y consecuencias, incluso en el orden f\u00edsico,\u00a0<em>este mal decidida y absolutamente Dios no lo quiere<\/em>. El mal moral es radicalmente contrario a la voluntad de Dios. Si este mal est\u00e1 presente en la historia del hombre y del mundo, y a veces de forma totalmente opresiva, si en cierto sentido tiene su propia historia, <em>s\u00f3lo est\u00e1 permitido por la divina providencia<\/em>, porque Dios quiere que en el mundo creado haya libertad. La existencia de la libertad creada (y por consiguiente del hombre, e incluso la existencia de los esp\u00edritus puros como los \u00e1ngeles, de los que hablaremos en otra ocasi\u00f3n) es indispensable para aquella plenitud del bien que Dios quiere realizar en la creaci\u00f3n. La existencia de los seres libres es\u00a0<em>para \u00e9l un valor m\u00e1s importante y fundamental<\/em>que el hecho de que aquellos seres abusen de la propia libertad contra el Creador y que, por eso, la libertad pueda llevar al mal moral\u201d<a href=\"#_ftn34\" name=\"_ftnref34\">[34]<\/a>.<\/li><\/ul><p>Por eso el derecho propio con paternal acento nos llama a ofrecer con nuestras vidas \u2013con todas sus vicisitudes y circunstancias particulares\u2013 \u201cun culto incesante a la divina providencia\u201d, teniendo \u201cla certeza de que \u2018el peligro corporal no amenaza a aquellos que, con la intenci\u00f3n de seguir a Cristo, abandonan todas sus cosas, confi\u00e1ndose a la divina providencia\u2019<a href=\"#_ftn35\" name=\"_ftnref35\">[35]<\/a>. Aquel Padre lleno de bondad que se ocupa de los p\u00e1jaros y de las flores del campo<a href=\"#_ftn36\" name=\"_ftnref36\">[36]<\/a>, no abandonar\u00e1 a los que con tanta confianza se entreguen a \u00c9l\u201d<a href=\"#_ftn37\" name=\"_ftnref37\">[37]<\/a>.<\/p><p>Indudablemente la\u00a0<em>raz\u00f3n<\/em>\u00a0y de la\u00a0<em>revelaci\u00f3n\u00a0<\/em>nos iluminan grandemente en relaci\u00f3n con el misterio de la divina providencia que, aun no queriendo el mal, lo tolera en vista de un bien mayor. Sin embargo, la luz definitiva s\u00f3lo puede venir de la Cruz victoriosa de Cristo.<\/p><p>Esto lo desarrolla magistralmente el Padre Espiritual de nuestra Familia Religiosa en una serie de catequesis diciendo: Pues, \u201cen el plano eterno de Dios y en su\u00a0<em>acci\u00f3n providencial<\/em>\u00a0en la historia del hombre, <strong>todo mal<\/strong>, y de forma especial el mal moral \u2013el pecado\u2013\u00a0<em>es sometido al bien de la redenci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n<\/em>\u00a0precisamente mediante la Cruz y la Resurrecci\u00f3n de Cristo. Se puede afirmar que, en \u00c9l, Dios\u00a0<em>saca bien del mal<\/em>. Lo saca, en cierto sentido, del mismo mal que supone el pecado, que fue la causa del sufrimiento del Cordero inmaculado y de su terrible muerte en la Cruz como v\u00edctima inocente por los pecados del mundo. Por eso en la liturgia de la Vigilia Pascual exclamamos: \u2018<em>felix culpa<\/em>\u2019<a href=\"#_ftn38\" name=\"_ftnref38\">[38]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn39\" name=\"_ftnref39\">[39]<\/a>.<\/p><p>\u201cAs\u00ed pues, a la pregunta sobre c\u00f3mo conciliar el mal y sufrimiento en el mundo con la verdad de la providencia divina, no se puede ofrecer una respuesta definitiva\u00a0<em>sin hacer referencia a Cristo<\/em>. Efectivamente, por una parte Cristo \u2013el Verbo Encarnado\u2013 confirma con su propia vida \u2013en la pobreza, la humillaci\u00f3n y la fatiga\u2013 y especialmente con su pasi\u00f3n y muerte, que\u00a0<em>Dios est\u00e1 al lado del hombre en su sufrimiento<\/em>; m\u00e1s a\u00fan, que \u00c9l mismo toma sobre S\u00ed el sufrimiento multiforme de la existencia terrena del hombre. Jes\u00fas revela al mismo tiempo que este\u00a0<em>sufrimiento posee un valor y un poder redentor y salv\u00edfico<\/em>, que en \u00e9l se prepara esa <em>herencia que no se corrompe<\/em>, de la que habla San Pedro en su primera Carta: <em>la herencia que est\u00e1 reservada para nosotros en los cielos<\/em><a href=\"#_ftn40\" name=\"_ftnref40\">[40]<\/a>. La verdad de la providencia adquiere as\u00ed mediante \u201cel poder y la sabidur\u00eda\u201d de la Cruz de Cristo, su sentido escatol\u00f3gico definitivo. La\u00a0<em>respuesta<\/em>\u00a0definitiva a la pregunta sobre la presencia del mal y del sufrimiento en la existencia terrena del hombre la ofrece la Revelaci\u00f3n divina en la\u00a0<em>perspectiva de la \u2018predestinaci\u00f3n en Cristo\u2019<\/em>, es decir, en la perspectiva de la\u00a0<em>vocaci\u00f3n del hombre a la vida eterna<\/em>, a la participaci\u00f3n en la vida del mismo Dios. Esta es precisamente la respuesta que ha ofrecido Cristo, confirm\u00e1ndola con su Cruz y con su Resurrecci\u00f3n. De este modo, <strong>todo, incluso el mal y el sufrimiento<\/strong> presentes en el mundo creado, y especialmente en la historia del hombre,\u00a0<em>se someten a esa sabidur\u00eda<\/em>\u00a0inescrutable, sobre la cual exclama San Pablo, como transfigurado: <em>\u00a1Oh profundidad de la riqueza, de la sabidur\u00eda y de la ciencia de Dios! \u00a1Cu\u00e1n inescrutables son sus juicios e insoldables sus caminos&#8230;!<\/em><a href=\"#_ftn41\" name=\"_ftnref41\">[41]<\/a>. En todo el contexto salv\u00edfico, ella es de hecho la <em>sabidur\u00eda contra la cual no puede triunfar la maldad<\/em><a href=\"#_ftn42\" name=\"_ftnref42\">[42]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn43\" name=\"_ftnref43\">[43]<\/a>.<\/p><p>Por eso, lo que venimos diciendo \u2013aunque como hemos dicho lo trataremos en otra oportunidad\u2013, se aplica tambi\u00e9n a la acci\u00f3n de los demonios, que son simples creaturas y que no pueden sustraerse a la causalidad de Dios, Primera Causa Universal de todo el ser y del obrar. Ellos, muy a su pesar, terminan cumpliendo el plan de Dios, que <em>dispone todo para el bien de los que lo aman<\/em><a href=\"#_ftn44\" name=\"_ftnref44\">[44]<\/a>. Y cuanto m\u00e1s se ensa\u00f1an contra las obras de Dios y contra los cristianos, hasta causarles incluso el martirio, m\u00e1s contribuyen a la santificaci\u00f3n de los elegidos y a la difusi\u00f3n del Reino de Dios. Por eso dec\u00eda Tertuliano que \u201cla sangre de los m\u00e1rtires es semilla de nuevos cristianos\u201d.<\/p><h4><strong>2. Algunos avisos pr\u00e1cticos de los santos<\/strong><\/h4><p>Bien sabido es que los santos tambi\u00e9n sufrieron y se purificaron en el crisol de las penas que les acaec\u00edan tantas veces \u2018injustamente\u2019 siendo ellos totalmente inocentes. Ahora bien, dado que los santos no se equivocaron en la pr\u00e1ctica de las virtudes<a href=\"#_ftn45\" name=\"_ftnref45\">[45]<\/a> conviene aprender de ellos a completar lo que falta a la Pasi\u00f3n de Cristo<a href=\"#_ftn46\" name=\"_ftnref46\">[46]<\/a> con una reparaci\u00f3n afectiva\u2026 efectiva\u2026 y aflictiva\u2026 en provecho propio y de todo el Cuerpo M\u00edstico, como se pide de cada uno de nosotros<a href=\"#_ftn47\" name=\"_ftnref47\">[47]<\/a>. De modo tal, que si alguna vez todo se desmoronase y todo por lo que luchamos y tanto defendimos pareciese arruinado; si las cosas que proyectamos hacer llegasen a afrontar amenazas y nos vi\u00e9semos envueltos en males morales y sufri\u00e9semos el peso aplastante de la humillaci\u00f3n y la calumnia; si la pregunta \u201c\u00bfqu\u00e9 hacer cuando nada parece tener sentido?\u201d toca a la puerta de nuestras almas; nuestra respuesta sea: es tiempo de creer. Es tiempo de ejercitar nuestra fe. Es tiempo de aferrarse a\u00fan m\u00e1s a Dios. Es tiempo de vivir con confianza la locura de la Cruz que consiste en vivir las bienaventuranzas<a href=\"#_ftn48\" name=\"_ftnref48\">[48]<\/a>. Es el tiempo de vivir \u201cla locura del amor sin l\u00edmites ni medidas por la cual hemos de bendecir a los que nos maldicen, sin devolver <em>mal por mal<\/em><a href=\"#_ftn49\" name=\"_ftnref49\">[49]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn50\" name=\"_ftnref50\">[50]<\/a>. Es el tiempo de esforzarse en adquirir la sabidur\u00eda de la Cruz, por la cual el mundo no podr\u00e1 enga\u00f1arnos<a href=\"#_ftn51\" name=\"_ftnref51\">[51]<\/a>.<\/p><p>Precisamente de esta sabidur\u00eda est\u00e1n llenos los escritos apost\u00f3licos para ayudarnos, cuando estemos atribulados, a reconocer el paso de la gracia de Dios. As\u00ed, San Pedro escribe a los cristianos de la primera generaci\u00f3n: <em>Exultad por ello, aunque ahora teng\u00e1is que entristeceros un poco, en las diversas tentaciones<\/em><a href=\"#_ftn52\" name=\"_ftnref52\">[52]<\/a>. Y a\u00f1ade: para <em>que vuestra fe, probada, m\u00e1s preciosa que el oro, que se corrompe, aunque acrisolado por el fuego, aparezca digna de alabanza, gloria y honor en la revelaci\u00f3n de Jesucristo<\/em><a href=\"#_ftn53\" name=\"_ftnref53\">[53]<\/a>. Estas \u00faltimas palabras se refieren al Antiguo Testamento, y en especial al libro del Eclesi\u00e1stico, en el que leemos: <em>Pues el\u00a0<strong>oro\u00a0se prueba en el fuego<\/strong>, y los hombres gratos a Dios, en el crisol de la humillaci\u00f3n<\/em><a href=\"#_ftn54\" name=\"_ftnref54\">[54]<\/a>. Por eso el Ap\u00f3stol, tomando el mismo tema de la prueba, contin\u00faa en su Carta: <em>Antes hab\u00e9is de alegraros en la medida en que particip\u00e1is en los padecimientos de Cristo, para que en la revelaci\u00f3n de su gloria exult\u00e9is su gozo<\/em><a href=\"#_ftn55\" name=\"_ftnref55\">[55]<\/a>.<\/p><p>De forma an\u00e1loga se expresa el Ap\u00f3stol Santiago cuando exhorta a los cristianos a afrontar las pruebas con alegr\u00eda y paciencia: <em>Tened, hermanos m\u00edos, por sumo gozo, veros rodeados de diversas tentaciones, considerando que la prueba de vuestra fe engendra la paciencia. Mas la paciencia sea acompa\u00f1ada de obras perfectas, para que se\u00e1is perfectos y cumplidos<\/em><a href=\"#_ftn56\" name=\"_ftnref56\">[56]<\/a>. Por \u00faltimo, San Pablo en la Carta a los Romanos despu\u00e9s de comparar los sufrimientos humanos a los \u201c<em>dolores de parto<\/em>\u201d a\u00f1ade: <em>Ahora bien, sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman&#8230;<\/em><a href=\"#_ftn57\" name=\"_ftnref57\">[57]<\/a>, y m\u00e1s adelante, <em>\u00bfQui\u00e9n nos separar\u00e1 del amor de Cristo? \u00bfLa tribulaci\u00f3n, la angustia, la persecuci\u00f3n, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?<\/em><a href=\"#_ftn58\" name=\"_ftnref58\">[58]<\/a>, concluyendo al fin: <em>Porque estoy persuadido que ni muerte ni vida&#8230; ni\u00a0ninguna\u00a0otra criatura\u00a0podr\u00e1 separarnos del amor de Dios\u00a0(manifestado) en Cristo Jes\u00fas, nuestro Se\u00f1or<\/em><a href=\"#_ftn59\" name=\"_ftnref59\">[59]<\/a>.<\/p><p>Por eso debemos aprender a ver junto a la paternidad de Dios, que se manifiesta mediante la providencia divina, la pedagog\u00eda de Dios: <em>Sufr\u00eds en orden a vuestra correcci\u00f3n. Como con hijos se porta Dios con vosotros; Pues, \u00bfqu\u00e9 hijo hay a quien su padre no corrija (eduque)&#8230;? Dios, mirando a nuestro provecho, nos corrige para hacernos participantes de su santidad<\/em><a href=\"#_ftn60\" name=\"_ftnref60\">[60]<\/a>.<\/p><p>As\u00ed, pues, visto con los ojos de la fe, el sufrimiento, si bien puede presentarse como\u00a0<em>el aspecto m\u00e1s oscuro de nuestro destino\u00a0<\/em>terrenal, nos permite transparentar el\u00a0<em>misterio de la divina providencia<\/em>, contenido en la revelaci\u00f3n de Cristo, y de un modo especial en su Cruz y en su Resurrecci\u00f3n.\u00a0<\/p><p>Los santos de todos los tiempos tuvieron esta verdad de la divina providencia bien asentada en el alma. Y por eso cuando las cosas no iban bien, cuando ve\u00edan sus planes gravemente alterados y los frutos de sus esfuerzos por el piso, cuando los insultaban y los echaban de los pueblos (incluso en algunos casos los obispos de las di\u00f3cesis), cuando no los dejaban predicar, cuando los acusaban falsamente, incluso cuando los amenazaban de muerte y los conduc\u00edan al cadalso, ellos no se turbaban, no perd\u00edan la calma, perdonaban a los enemigos y hasta se gozaban.<\/p><p>Nosotros, como todo cristiano, no estamos exentos de esas pruebas, y por tanto, si algo de esto nos sucediese tenemos que hacernos el favor a nosotros mismos de <strong>rezar<\/strong>. No una oraci\u00f3n que le diga a Dios las cosas que tiene que hacer respecto de las injusticias que padecemos y los sufrimientos que nos laceran. Dios ya sabe lo que tiene que hacer. Sino que la nuestra debe ser una oraci\u00f3n que nos clave m\u00e1s aun en nuestro centro, a saber, Dios mismo \u2013que por nosotros fue clavado en la Cruz<a href=\"#_ftn61\" name=\"_ftnref61\">[61]<\/a>\u2013, y nos reafirme que estamos en sus manos, procurando, como dice San Juan de la Cruz, \u201cconservar el coraz\u00f3n en paz\u201d sin que nos \u201cdesasosiegue ning\u00fan suceso de este mundo\u201d; pues que \u201cmire que todo se ha de acabar\u201d<a href=\"#_ftn62\" name=\"_ftnref62\">[62]<\/a>.<\/p><p>El M\u00edstico Doctor ten\u00eda tan embebida en el alma la verdad acerca de la solicitud paternal de nuestro Se\u00f1or que en los m\u00e1s arduos combates no ve\u00eda disminuida su confianza, muy por el contrario, esta crec\u00eda en proporci\u00f3n a las pruebas que enfrentaba. Y esto mismo aconsejaba a las almas, como consta, por ejemplo, en la carta a do\u00f1a Juana de Pedraza: \u201cTodo es aldabadas<a href=\"#_ftn63\" name=\"_ftnref63\">[63]<\/a> y golpes en el alma <strong>para m\u00e1s amar<\/strong>, que causan m\u00e1s oraci\u00f3n y suspiros espirituales a Dios, para que \u00e9l cumpla lo que el alma pide para \u00e9l. Ya le dije que no hab\u00eda para qu\u00e9 inquietarse por aquellas cosillas, sino que haga lo que le tienen mandado, y, cuando se lo impidieren, obediencia y avisarme, <strong>que Dios proveer\u00e1 lo mejor<\/strong>. <strong>Los que quieren bien a Dios \u00c9l se tiene cuidado de sus cosas, sin que ellos se soliciten por ellas<\/strong>\u201d<a href=\"#_ftn64\" name=\"_ftnref64\">[64]<\/a>.<\/p><p>Y en otra carta le aconseja a una monja carmelita algo que todos nosotros podemos practicar: \u201cCuando se le ofreciere alg\u00fan sinsabor y disgusto, acu\u00e9rdese de Cristo crucificado, y calle. Viva en fe y esperanza, aunque sea a oscuras, que en esas tinieblas ampara Dios al alma. Arroje el cuidado suyo en Dios, que \u00e9l le tiene; ni la olvidar\u00e1. No piense que la deja sola, que ser\u00eda hacerle agravio\u201d<a href=\"#_ftn65\" name=\"_ftnref65\">[65]<\/a>.<\/p><p>Adem\u00e1s, tengamos en cuenta que la verdad acerca de la providencia divina se halla tambi\u00e9n estrechamente unida a la verdad del\u00a0<strong>reino de Dios<\/strong>, y por esta raz\u00f3n tienen una importancia fundamental las palabras pronunciadas por el Verbo Encarnado en su ense\u00f1anza sobre la providencia: <em>Buscad primero el reino de Dios y su justicia&#8230; y todo eso se os dar\u00e1 por a\u00f1adidura<\/em><a href=\"#_ftn66\" name=\"_ftnref66\">[66]<\/a>. La\u00a0<em>verdad<\/em>\u00a0referente a la divina providencia, es decir, al\u00a0<em>gobierno<\/em>\u00a0trascendente de Dios\u00a0<em>sobre el mundo creado se hace comprensible a la luz de la verdad sobre el reino de Dios<\/em>, sobre ese reino que Dios proyect\u00f3 desde siempre\u00a0<em>realizar en el mundo creado\u00a0<\/em>gracias a la <em>predestinaci\u00f3n en Cristo<\/em>, quien fue engendrado antes de toda criatura<a href=\"#_ftn67\" name=\"_ftnref67\">[67]<\/a>. Por eso, es doctrina com\u00fan entre los santos el exhortar a los fieles a vivir la <strong>pobreza de esp\u00edritu<\/strong> como disposici\u00f3n fundamental para disponerse a recibir la d\u00e1diva divina. En efecto, as\u00ed es como nuestra vida \u201cse vuelve un culto incesante a la divina providencia\u201d<a href=\"#_ftn68\" name=\"_ftnref68\">[68]<\/a>. \u00a0<\/p><p>\u00a0<\/p><p>Esto mismo lo recomienda, por ejemplo, el M\u00edstico de Fontiveros: \u201c<strong>conserven el esp\u00edritu de pobreza y desprecio de todo<\/strong>\u2026 queri\u00e9ndose contentar con solo Dios. Y sepan que no tendr\u00e1n ni sentir\u00e1n m\u00e1s necesidades que a las que quisieren sujetar el coraz\u00f3n; porque <strong>el pobre de esp\u00edritu en las menguas est\u00e1 m\u00e1s constante y alegre<\/strong> porque ha puesto su todo en nonada en nada, y as\u00ed halla en todo anchura de coraz\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn69\" name=\"_ftnref69\">[69]<\/a>.<\/p><p>Por su parte, tambi\u00e9n San Juan de \u00c1vila, Doctor de la Iglesia, y en la misma l\u00ednea con San Juan de la Cruz, nos invita a ver los sucesos adversos que Dios permite que nos sucedan como momentos de especial purificaci\u00f3n para el bien de nuestra alma. As\u00ed se lo escribe con sapiencial pluma el Doctor de \u00c1vila a una mujer casada a cuyo hijo le hab\u00eda sucedido una desgracia: \u201cNuestro Se\u00f1or\u2026 tiene cuidado de enviarnos algunas tribulaciones para que veamos nuestra flaqueza, y <strong>nos desenga\u00f1emos<\/strong> si por fuertes nos ten\u00edamos, y veamos la fortaleza que Dios nos da para alegremente sufrirlas, y conozcamos cu\u00e1n poderosa es su mano, que en vasos tan flacos pone virtud, y cu\u00e1n bueno es, pues <strong>nos hace ganar en los males<\/strong>\u201d<a href=\"#_ftn70\" name=\"_ftnref70\">[70]<\/a>. Y entonces le hace ver c\u00f3mo Dios a trav\u00e9s de estos padecimientos nos \u201climpia [de] nuestras culpas y nos fabrica en el cielo coronas; y las gracias que en estas tribulaciones a Dios se dan es una m\u00fasica cristiana y suave en sus orejas. Digo cristiana, porque el d\u00e1rselas en las consolaciones es de todos, mas en las tribulaciones de s\u00f3lo los buenos cristianos\u201d<a href=\"#_ftn71\" name=\"_ftnref71\">[71]<\/a>.<\/p><p>Por tanto, sigue diciendo el Santo de \u00c1vila, esos sucesos que nos son adversos, penosos, y no pocas veces muy dolorosos, no nos deben turbar, ni debemos considerarlos castigo, \u201cporque la verdad cristiana confiesa que <strong>ninguna cosa viene acaso, mas todas debajo de la providencia de Dios<\/strong>; y como cosa de su mano tome vuestra merced lo acaecido. Y aunque lo tome de su mano, m\u00edrele al coraz\u00f3n, y hallar\u00e1 que envi\u00f3 esto con mucho amor, aunque en la mano parezca rigor. \u00c1manos Dios verdaderamente, aunque alguna vez disimule su amor y finge que se va lejos, no porque nos olvida, pues tiene jurado diciendo: <em>Si de ti me olvidare, mi mano derecha se seque, y mi lengua se pegue al paladar si de ti no me acordare<\/em><a href=\"#_ftn72\" name=\"_ftnref72\">[72]<\/a>. Pues, cierto, as\u00ed lo cumple como lo dice el que nos tiene escritos en sus manos<a href=\"#_ftn73\" name=\"_ftnref73\">[73]<\/a> y muy a su costa; mas se aparta porque suspiremos por \u00c9l y nos inquiete el hambre, para que despu\u00e9s mejor nos sepa el pan que mantiene a cielo y tierra\u201d<a href=\"#_ftn74\" name=\"_ftnref74\">[74]<\/a>.<\/p><p>Entonces, aunque de momento pueda parecer que todo se acabe y nos resulte todo muy trabajoso, dice San Juan de \u00c1vila: \u201ca la verdad, el que algo ve, hallar\u00e1 que otro gozo ni descanso no hay sino que se cumpla la voluntad de Dios en nosotros; y la consolaci\u00f3n verdadera es gozarnos en la voluntad de Dios, aunque nos desconsuele. Y si estas desconsolaciones nos parece que <strong>vienen por nuestra tibieza<\/strong> (que es lo que a muchos suele desconsolar), digo, despu\u00e9s de haberlo mirado, que es mejor llevar su culpa con <strong>igualdad sosegada de coraz\u00f3n y buena confianza en la misericordia divina<\/strong> que, por matar la mosca (como dicen) que me pica en la frente, darme un golpe con que me mate. <strong>No han de ser todos iguales los que al cielo han de ir; ni hemos de desesperar porque no somos de los mejores ni medianos<\/strong>; mas dar gracias a nuestro Se\u00f1or porque nos dio esperanza de salvaci\u00f3n por su clemencia. Y conviene alegrar en esto el coraz\u00f3n y <strong>agradecerlo a Dios<\/strong>, porque no nos quite esto que nos ha dado como a desagradecidos, y as\u00ed caigamos en el infierno, porque no nos hizo Dios de los mejores del cielo. Cr\u00e9ame que esta cosa de la paz del coraz\u00f3n que los perfectos tienen no se da por descontentos ni pu\u00f1adas, mas <strong>Dios la da a quien y como y al tiempo que es servido<\/strong>\u201d<a href=\"#_ftn75\" name=\"_ftnref75\">[75]<\/a>.<\/p><p>Algo similar ense\u00f1aba San Juan Pablo II invitando a las almas a no desasosegarse si de momento les parece que no pueden sobrellevar con \u00e1nimo resignado o hallar consuelo en los sucesos que les son adversos, o si aun experimentan quejas interiores y a veces tambi\u00e9n exteriores acerca de las \u2018injusticias\u2019, malos tratos, etc. que padecen. Porque \u201c<strong>gradualmente<\/strong> \u2013afirm\u00f3 el Santo Padre\u2013<em>\u00a0<\/em>y con la ayuda de la fe alimentada por la oraci\u00f3n se\u00a0<em>descubre el verdadero sentido del sufrimiento<\/em>\u00a0que cada cual experimenta en su propia vida. Se trata de un descubrimiento que depende de la palabra de la divina revelaci\u00f3n y de la \u2018<em>palabra de la Cruz<\/em>\u2019<a href=\"#_ftn76\" name=\"_ftnref76\">[76]<\/a> de Cristo, que <em>es poder y la sabidur\u00eda de Dios<\/em><a href=\"#_ftn77\" name=\"_ftnref77\">[77]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn78\" name=\"_ftnref78\">[78]<\/a>.<\/p><p>Contin\u00faa el Maestro de \u00c1vila d\u00e1ndonos el siguiente aviso: \u201cNo dejemos de hacer lo que pudi\u00e9remos y tener <strong>buena confianza en Dios<\/strong>, en el cual nos debemos de poner tan de coraz\u00f3n, que aun sobre nosotros mismos no osemos dar sentencia de c\u00f3mo nos va<a href=\"#_ftn79\" name=\"_ftnref79\">[79]<\/a>; mas, <strong>confiados en \u00c9l<\/strong>, correr con alegr\u00eda la carrera de sus mandamientos y de sus pisadas y esperar que nos galardonar\u00e1 nuestros bienes y perdonar\u00e1 nuestros males, para que por uno y otro le alabemos y bendigamos en los siglos de los siglos\u201d<a href=\"#_ftn80\" name=\"_ftnref80\">[80]<\/a>. Y San Juan de la Cruz bien podr\u00eda agregar en este punto lo que por carta le escrib\u00eda a una de sus dirigidas: \u201cMas todo es breve, que todo es hasta alzar el cuchillo y luego se queda Isaac vivo, con promesa del hijo multiplicado<a href=\"#_ftn81\" name=\"_ftnref81\">[81]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn82\" name=\"_ftnref82\">[82]<\/a>.<\/p><p>Por este motivo se hace patente la necesidad de \u201cpedir la gracia de la ciencia de la Cruz y de la alegr\u00eda de la Cruz, que s\u00f3lo se alcanzan en la escuela de Jesucristo\u201d<a href=\"#_ftn83\" name=\"_ftnref83\">[83]<\/a>, como expresamente nos lo se\u00f1ala el derecho propio. Porque, \u201csi en la actual econom\u00eda salv\u00edfica fue necesaria la Pasi\u00f3n de Cristo, tambi\u00e9n ser\u00e1 necesario nuestro padecer. Si hubiese otro camino para ir al cielo, Jesucristo lo hubiese seguido y, es m\u00e1s, lo hubiese ense\u00f1ado. Pero no es as\u00ed, Cristo fue por el camino regio de la Santa Cruz y nos ense\u00f1\u00f3 a ir por \u00e9l\u201d<a href=\"#_ftn84\" name=\"_ftnref84\">[84]<\/a>.<\/p><p>Esto mismo es lo que, si bien con otras palabras, intentaba el Maestro de \u00c1vila hacerle entender a un obispo de C\u00f3rdoba (Espa\u00f1a) cuando fue a presidir un concilio provincial que se celebr\u00f3 en Toledo (1565) y que a la salud de nuestra alma bien le conviene tener presente al comenzar este a\u00f1o: \u201cNo piense vuestra se\u00f1or\u00eda persuadir a nadie reformaci\u00f3n, si \u00e9l no va reformado. Ni piense que por otros medios ha de ser su embajada provechosa, sino por los que <strong>Jesucristo por ordenaci\u00f3n de su Padre<\/strong> tom\u00f3 para cumplir la suya. Porque si otras hubiera m\u00e1s convenientes, <strong>ni la sabidur\u00eda divina las ignorara ni su providencia las dejara de ordenar m\u00e1s<\/strong>, pues con tanto acuerdo, y siendo tan costosas a su propio Hijo, orden\u00f3 las que sabemos, gran temeridad es querer el siervo y criado huir de los medios que tom\u00f3 el Hijo y tener en m\u00e1s la propia y carnal sabidur\u00eda que la de Dios. Alce los ojos vuestra se\u00f1or\u00eda al Hijo de Dios puesto en una Cruz, desnudo y crucificado, y procure desnudarse del mundo y de la carne, y sangre, codicia, y de honra, y de s\u00ed mismo, para que as\u00ed sea todo \u00e9l semejante a Jesucristo y sea su embajada eficaz y fructuosa. Muera a todo y vivir\u00e1 a Dios, y ser\u00e1 causa para que otros vivan, porque, si esto no lo hace, perderse ha a s\u00ed y a los otros, pues la palabra de Cristo Se\u00f1or nuestro no puede faltar: <em>Nisi granum frumenti<\/em><a href=\"#_ftn85\" name=\"_ftnref85\">[85]<\/a>, etc.\u201d<a href=\"#_ftn86\" name=\"_ftnref86\">[86]<\/a>.<\/p><p>Por \u00faltimo, recomienda San Juan de \u00c1vila la lectura de la Sagrada Escritura, ya que de ella \u201csacar\u00e1 grande <strong>alegr\u00eda<\/strong>, fundada en la misericordia de Dios; sacar\u00e1 <strong>contentamiento y paciencia<\/strong> en los trabajos y penas que se ofrecieren, mirando que, si no se muda la hoja en el \u00e1rbol sin la voluntad de Dios, que tampoco <strong>habr\u00e1n venido aquellos trabajos sin su providencia<\/strong>, y as\u00ed, mirando que el que las env\u00eda es su Dios y muri\u00f3 por \u00e9l, entender\u00e1 que debe de ser cosa que le cumple para su salvaci\u00f3n. Tendr\u00e1 tambi\u00e9n <strong>longanimidad<\/strong> en las peticiones que a Dios hiciere y no se las concediere de la manera que las pide, entendiendo que Aquel que le dio su propia vida le dar\u00e1 aquello que es menos, si le cumpliere. Y as\u00ed ver\u00e1 que, como sumamente sabio, viendo las cosas por venir, entienda que aquello no le cumple o que, si le cumple, que no por entonces, por cuya causa le dilata la misericordia\u201d<a href=\"#_ftn87\" name=\"_ftnref87\">[87]<\/a>.<\/p><p style=\"text-align: center;\">*****<\/p><p>Por eso el tiempo de la prueba, cualquiera sea, es el tiempo de disponerse a experimentar la <strong>verdadera alegr\u00eda<\/strong> como llama San Francisco de As\u00eds a la aceptaci\u00f3n sobrenatural de los designios misericordiosos de la divina providencia sobre nosotros. Recordar\u00e1n Ustedes aquel cap\u00edtulo de <em>Las Florecillas <\/em>cuando el santo le responde a Fray Le\u00f3n: \u201cCuando lleguemos a Santa Mar\u00eda de los \u00c1ngeles, calados por el agua y helados por el fr\u00edo y cubiertos de barro y afligidos por el hambre y llamemos a la puerta del lugar y el portero vendr\u00e1 enfadado y nos dir\u00e1: \u2018\u00bfQui\u00e9n sois?\u2019. Y cuando digamos nosotros: \u2018Somos dos de vuestros hermanos\u2019. Y \u00e9l contestar\u00e1: \u2018Ment\u00eds; sois dos bribones que and\u00e1is por el mundo enga\u00f1ando y robando las limosnas de los pobres; fuera de aqu\u00ed\u2019; y no nos abrir\u00e1 y nos har\u00e1 quedar fuera, en medio de la nieve, del agua y del fr\u00edo y con hambre hasta que sea de noche; entonces, <strong>si a tanta injuria, a tanta crueldad y a tantos vituperios nos sostenemos pacientemente sin turbarnos y sin murmurar de \u00e9l, pensando humilde y caritativamente que aquel portero verdaderamente nos conoce y que Dios le hace hablar contra nosotros<\/strong>, \u00a1oh, fray Le\u00f3n!, <strong>en esto estar\u00e1 la verdadera alegr\u00eda<\/strong>. Y si perseveramos llamando a la puerta y sale \u00e9l turbado y como a bergantes inoportunos nos eche con villan\u00edas y con bofetadas, diciendo: \u2018Largo de ah\u00ed, ladronzuelos vil\u00edsimos; idos al hospital, que aqu\u00ed no comer\u00e9is vosotros ni os albergar\u00e9is\u2019, y nosotros lo sostendremos pacientemente y con alegr\u00eda y con amor, fray Le\u00f3n, escribe que en esto habr\u00e1 perfecta alegr\u00eda. Y si acuciados por el hambre, por el fr\u00edo y por la noche volvemos a tocar y llamemos y \u00a0roguemos por amor de Dios con gran llanto que nos abra y nos meta dentro, y aqu\u00e9l, escandalizado, diga: \u2018\u00c9stos son bribones inoportunos; ya les dar\u00e9 la paga que merecen\u2019, y sale fuera con un bast\u00f3n nudoso y cogi\u00e9ndonos por el capuch\u00f3n nos eche al suelo sobre la nieve y nos golpee duramente; si entonces nosotros padecemos todas estas cosas con alegr\u00eda, pensando en las penas de Cristo bendito que debemos padecer por su amor, \u00a1oh, fray Le\u00f3n!, escribe, aqu\u00ed se hallar\u00e1 la perfecta alegr\u00eda; pero atiende a la conclusi\u00f3n, fray Le\u00f3n: <strong>sobre todas las gracias y dones del Esp\u00edritu Santo que Cristo concede a sus amigos, est\u00e1 la de vencerse a s\u00ed mismo y de buen grado sostener penas, injurias, oprobios y desprecios por su amor<\/strong>; porque no podemos gloriarnos de los dem\u00e1s dones, porque no son nuestros sino de Dios; de donde dice el Ap\u00f3stol: \u00bf<em>Qu\u00e9 tienes t\u00fa que no hayas recibido de Dios? Y si lo has recibido, \u00bfpor qu\u00e9 te glor\u00edas como si fuese tuyo?<\/em> Pero en la Cruz de la tribulaci\u00f3n y de la aflicci\u00f3n nos podemos gloriar porque esto es nuestro, y por esto dice el Ap\u00f3stol: <em>Yo no quiero gloriarme sino en la Cruz de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn88\" name=\"_ftnref88\">[88]<\/a>.<\/p><p>Ya en los albores de este nuevo a\u00f1o nos encomendamos a Mar\u00eda Sant\u00edsima, Madre de la Divina Providencia, a fin de que Ella que como nadie se abandon\u00f3 en Dios, nos conceda encarar este 2022 con todas sus gracias y con todas sus pruebas abandonados enteramente a la voluntad de benepl\u00e1cito de nuestro buen Dios<a href=\"#_ftn89\" name=\"_ftnref89\">[89]<\/a>.<\/p><p>Agradecidos avancemos confiados por el camino llano de la Voluntad Divina, esforz\u00e1ndonos por cumplir acabadamente lo que \u00c9l pide de nosotros, seg\u00fan las circunstancias que \u00c9l dispone, y al tiempo que \u00c9l lo precisa, que siempre ser\u00e1 lo mejor.<\/p><p><em>\u00a1Feliz A\u00f1o Nuevo para to<\/em><\/p><p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> F. X. Nguyen van Thuan, <em>Cinco panes y dos peces<\/em>, cap. 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> <em>Ibidem<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> <em>Ibidem<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> <em>Epistolario<\/em>, Carta 25, A la M. Ana de Jes\u00fas, 6 Julio 1591.<\/p><p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> <em>Audiencia General<\/em> (04\/06\/1986).<\/p><p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> <em>Ejercicios Espirituales<\/em>, [23].<\/p><p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> <em>Audiencia General<\/em> (07\/05\/1986).<\/p><p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> <em>Ibidem. <\/em><\/p><p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Cf.\u00a0Sb\u00a08, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Cf.\u00a0Hb\u00a04, 13.<\/p><p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\"><em>Gaudium et Spes<\/em><\/a>,\u00a024.<\/p><p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\"><em>Dei Verbum<\/em><\/a>,\u00a03.<\/p><p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html\"><em>Dignitatis Humanae<\/em><\/a>,\u00a03.<\/p><p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\"><em>Gaudium et Spes<\/em><\/a>,\u00a019.<\/p><p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> <a href=\"https:\/\/tomasdeaquino.org\/cuestion-22-de-la-providencia-de-dios\/\">https:\/\/tomasdeaquino.org\/cuestion-22-de-la-providencia-de-dios\/<\/a><\/p><p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> <em>S. Th<\/em>., I, q. 22, a. 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> <em>S. Th<\/em>., I, q. 22, a. 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> <em>S. Th<\/em>., I, q. 22, a. 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> <em>S. Th<\/em>., I, q. 22, a. 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (04\/06\/1986).<\/p><p><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 142.<\/p><p><a href=\"#_ftnref22\" name=\"_ftn22\">[22]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 236.<\/p><p><a href=\"#_ftnref23\" name=\"_ftn23\">[23]<\/a> Sb\u00a07, 30 &#8211; 8, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref24\" name=\"_ftn24\">[24]<\/a> Tomado del Pr\u00f3logo de la obra mencionada.<\/p><p><a href=\"#_ftnref25\" name=\"_ftn25\">[25]<\/a> Eulogio Pacho, <em>Estudios Sanjuanistas<\/em>, t. 2, p. 327.<\/p><p><a href=\"#_ftnref26\" name=\"_ftn26\">[26]<\/a> San Juan de la Cruz,<em> Noche Oscura<\/em>, libro 2, cap. 9, 7.<\/p><p><a href=\"#_ftnref27\" name=\"_ftn27\">[27]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref28\" name=\"_ftn28\">[28]<\/a> Sb\u00a07, 30.<\/p><p><a href=\"#_ftnref29\" name=\"_ftn29\">[29]<\/a> Cf. Rm 8, 28.<\/p><p><a href=\"#_ftnref30\" name=\"_ftn30\">[30]<\/a> 1 Co 2, 15.<\/p><p><a href=\"#_ftnref31\" name=\"_ftn31\">[31]<\/a> Jn 12, 26.<\/p><p><a href=\"#_ftnref32\" name=\"_ftn32\">[32]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 67.<\/p><p><a href=\"#_ftnref33\" name=\"_ftn33\">[33]<\/a> Sb\u00a01, 13-14.<\/p><p><a href=\"#_ftnref34\" name=\"_ftn34\">[34]<\/a> <em>Audiencia General<\/em> (04\/06\/1986).<\/p><p><a href=\"#_ftnref35\" name=\"_ftn35\">[35]<\/a> Santo Tom\u00e1s de Aquino, <em>S. Th<\/em>., II-II, 186, 3 ad 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref36\" name=\"_ftn36\">[36]<\/a> Cf. Mt 6, 25-34.<\/p><p><a href=\"#_ftnref37\" name=\"_ftn37\">[37]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 63.<\/p><p><a href=\"#_ftnref38\" name=\"_ftn38\">[38]<\/a> Cf.\u00a0<em>Exultet<\/em>\u00a0de la Liturgia de la Vigilia Pascual.<\/p><p><a href=\"#_ftnref39\" name=\"_ftn39\">[39]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (11\/06\/1986).<\/p><p><a href=\"#_ftnref40\" name=\"_ftn40\">[40]<\/a> Cf.\u00a01\u00a0Pe\u00a01, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref41\" name=\"_ftn41\">[41]<\/a> Rm\u00a011, 33.<\/p><p><a href=\"#_ftnref42\" name=\"_ftn42\">[42]<\/a> Cf.\u00a0Sb\u00a07, 30.<\/p><p><a href=\"#_ftnref43\" name=\"_ftn43\">[43]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (11\/06\/1986).<\/p><p><a href=\"#_ftnref44\" name=\"_ftn44\">[44]<\/a> Rm 8, 28.<\/p><p><a href=\"#_ftnref45\" name=\"_ftn45\">[45]<\/a> Cf. <em>Constituciones<\/em>, 213.<\/p><p><a href=\"#_ftnref46\" name=\"_ftn46\">[46]<\/a> Cf. Col 1, 24.<\/p><p><a href=\"#_ftnref47\" name=\"_ftn47\">[47]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 169.<\/p><p><a href=\"#_ftnref48\" name=\"_ftn48\">[48]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 181.<\/p><p><a href=\"#_ftnref49\" name=\"_ftn49\">[49]<\/a> Rm 12, 17.<\/p><p><a href=\"#_ftnref50\" name=\"_ftn50\">[50]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 181.<\/p><p><a href=\"#_ftnref51\" name=\"_ftn51\">[51]<\/a> <em>Ibidem<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref52\" name=\"_ftn52\">[52]<\/a> 1\u00a0Pe\u00a01, 6.<\/p><p><a href=\"#_ftnref53\" name=\"_ftn53\">[53]<\/a> 1\u00a0Pe<em>\u00a0<\/em>1, 7.<\/p><p><a href=\"#_ftnref54\" name=\"_ftn54\">[54]<\/a> Si\u00a02, 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref55\" name=\"_ftn55\">[55]<\/a> 1\u00a0Pe\u00a04, 13.<\/p><p><a href=\"#_ftnref56\" name=\"_ftn56\">[56]<\/a> Sant\u00a01, 2-4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref57\" name=\"_ftn57\">[57]<\/a> Rm\u00a08, 28.<\/p><p><a href=\"#_ftnref58\" name=\"_ftn58\">[58]<\/a> Rm\u00a08, 35.<\/p><p><a href=\"#_ftnref59\" name=\"_ftn59\">[59]<\/a> Rm\u00a08, 38-39.<\/p><p><a href=\"#_ftnref60\" name=\"_ftn60\">[60]<\/a> Hb 12, 7.10.<\/p><p><a href=\"#_ftnref61\" name=\"_ftn61\">[61]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 135.<\/p><p><a href=\"#_ftnref62\" name=\"_ftn62\">[62]<\/a> <em>Avisos Espirituales<\/em>, 182.<\/p><p><a href=\"#_ftnref63\" name=\"_ftn63\">[63]<\/a> Golpear con la <strong>aldaba<\/strong> (RAE: <strong>1.\u00a0<\/strong>f.\u00a0Pieza\u00a0de\u00a0hierro\u00a0o\u00a0bronce\u00a0que\u00a0se\u00a0pone\u00a0a\u00a0las\u00a0puertas\u00a0para\u00a0llamar\u00a0golpeando\u00a0con\u00a0ella).<\/p><p><a href=\"#_ftnref64\" name=\"_ftn64\">[64]<\/a><em> Epistolario<\/em>, Carta 11, A do\u00f1a Juana de Pedraza, 28 enero 1589.<\/p><p><a href=\"#_ftnref65\" name=\"_ftn65\">[65]<\/a> <em>Epistolario<\/em>, Carta 20, A una Carmelita Descalza escrupulosa, por Pentecost\u00e9s de 1590.<\/p><p><a href=\"#_ftnref66\" name=\"_ftn66\">[66]<\/a> Mt\u00a06, 33; cf.\u00a0Lc\u00a012, 13.<\/p><p><a href=\"#_ftnref67\" name=\"_ftn67\">[67]<\/a> Col\u00a01, 15.<\/p><p><a href=\"#_ftnref68\" name=\"_ftn68\">[68]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 63.<\/p><p><a href=\"#_ftnref69\" name=\"_ftn69\">[69]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Epistolario<\/em>, Carta 16, A la M. Mar\u00eda de Jes\u00fas, 18 de julio 1589.<\/p><p><a href=\"#_ftnref70\" name=\"_ftn70\">[70]<\/a> San Juan de \u00c1vila, <em>Obras completas de San Juan de \u00c1vila<\/em>, IV, p. 438.<\/p><p><a href=\"#_ftnref71\" name=\"_ftn71\">[71]<\/a> <em>Ibidem<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref72\" name=\"_ftn72\">[72]<\/a> Sal 136, 5ss.<\/p><p><a href=\"#_ftnref73\" name=\"_ftn73\">[73]<\/a> Cf. Is 49, 16.<\/p><p><a href=\"#_ftnref74\" name=\"_ftn74\">[74]<\/a> San Juan de \u00c1vila, <em>Obras completas de San Juan de \u00c1vila<\/em>, IV, p. 438.<\/p><p><a href=\"#_ftnref75\" name=\"_ftn75\">[75]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, pp. 439-440.<\/p><p><a href=\"#_ftnref76\" name=\"_ftn76\">[76]<\/a> Cf. 1\u00a0Co\u00a01, 18.<\/p><p><a href=\"#_ftnref77\" name=\"_ftn77\">[77]<\/a> 1 Co\u00a01, 24.<\/p><p><a href=\"#_ftnref78\" name=\"_ftn78\">[78]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Audiencia General<\/em> (11\/06\/1986).<\/p><p><a href=\"#_ftnref79\" name=\"_ftn79\">[79]<\/a> Cf. Sal 118, 32.<\/p><p><a href=\"#_ftnref80\" name=\"_ftn80\">[80]<\/a> San Juan de \u00c1vila, <em>Obras completas de San Juan de \u00c1vila<\/em>, IV, p. 440.<\/p><p><a href=\"#_ftnref81\" name=\"_ftn81\">[81]<\/a> Gn 22, 1-18.<\/p><p><a href=\"#_ftnref82\" name=\"_ftn82\">[82]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Epistolario<\/em>, Carta 11, A do\u00f1a Juana de Pedraza, 28 de enero de 1589.<\/p><p><a href=\"#_ftnref83\" name=\"_ftn83\">[83]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 136.<\/p><p><a href=\"#_ftnref84\" name=\"_ftn84\">[84]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 134.<\/p><p><a href=\"#_ftnref85\" name=\"_ftn85\">[85]<\/a> Jn 12, 24: <em>Si el grano de trigo arrojado en tierra no muere, se queda solo; mas si muere, produce fruto abundante.<\/em><\/p><p><a href=\"#_ftnref86\" name=\"_ftn86\">[86]<\/a> San Juan de \u00c1vila, <em>Obras completas de San Juan de \u00c1vila<\/em>, IV, p. 1002.<\/p><p><a href=\"#_ftnref87\" name=\"_ftn87\">[87]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, p. 1268.<\/p><p><a href=\"#_ftnref88\" name=\"_ftn88\">[88]<\/a> <em>Las Florecillas de San Francisco de As\u00eds<\/em>, cap. 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref89\" name=\"_ftn89\">[89]<\/a> Cf. <em>Constituciones<\/em>, 9; 38.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luego de aumentar el n\u00famero de seminaristas de 42 a 147 en ocho a\u00f1os; y el de los seminaristas menores, de 200 a 500, en cuatro seminarios; luego de impartir formaci\u00f3n permanente a los sacerdotes de seis di\u00f3cesis de la Iglesia metropolitana de Hue; luego de desarrollar e intensificar la formaci\u00f3n de j\u00f3venes y laicos 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