{"id":5018,"date":"2021-11-01T08:09:52","date_gmt":"2021-11-01T06:09:52","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/?p=5018"},"modified":"2021-11-01T08:16:38","modified_gmt":"2021-11-01T06:16:38","slug":"necesidad-de-contemplacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/index.php\/2021\/11\/01\/necesidad-de-contemplacion\/","title":{"rendered":"Necesidad de contemplaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"5018\" class=\"elementor elementor-5018\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-8720a2f elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"8720a2f\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-0e23597\" data-id=\"0e23597\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-e55be2d elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"e55be2d\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p>\u00a0<\/p><h3 style=\"text-align: center;\"><strong><em>Contemplar y testimoniar<\/em><\/strong><\/h3><p style=\"text-align: center;\"><em>Directorio de Vida Consagrada, 234<\/em><\/p><p>Es necesario afirmar que la crisis en la que se halla la vida religiosa en nuestros d\u00edas tiene como fundamento principal y preponderante la desviaci\u00f3n, falta, o el m\u00e1s llano abandono de una aut\u00e9ntica y profunda vida de oraci\u00f3n.<\/p><p>Ya el mismo Santo Padre lo dec\u00eda: \u201cEstamos ante una \u2018hemorragia\u2019 que debilita la vida consagrada y la vida misma de la Iglesia\u201d<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Si esto sucede, algo no est\u00e1 bien en las almas de esos religiosos y es muy claro que esto afecta profundamente la relaci\u00f3n de estas almas con Dios.<\/p><p>Y si bien es cierto que hay muchos factores que contribuyen a la penosa situaci\u00f3n; como lo son \u2013por dar alg\u00fan ejemplo\u2013: la ineptitud e \u201cinescrupulosa\u201d irresponsabilidad de muchos en cargos de autoridad, \u00a0unida a la falta de formaci\u00f3n y discernimiento de los l\u00edderes religiosos que llevan a sus comunidades a abrazar pr\u00e1cticas de oraci\u00f3n conducentes a una espiritualidad inadecuada y a veces incluso sincretista \u2013y as\u00ed o\u00edmos de sacerdotes que practican <em>tai chi<\/em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>, religiosas que hacen cursos de yoga, y algunos en la jerarqu\u00eda de la Iglesia que equiparan los cursos de catequesis cat\u00f3lica, a los cursos zen\u2013; no obstante el problema fundamental, profundo y principal de la vida religiosa en nuestro tiempo es la falta de vida contemplativa, en el sentido de vida de aut\u00e9ntica oraci\u00f3n de uni\u00f3n con Nuestro Se\u00f1or. Es triste constatar, por ejemplo, c\u00f3mo los nombres de los grandes m\u00edsticos de la espiritualidad cat\u00f3lica, como San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jes\u00fas, Santa Edith Stein o Santo Tom\u00e1s de Aquino (por nombrar s\u00f3lo algunos de los principales), son desconocidos en muchas de las casas de formaci\u00f3n de numerosas congregaciones religiosas, no son estudiados, no son profundizados; mucho menos asimilados.<\/p><p>Al ver hoy a tantos religiosos (y comunidades religiosas) que vagan desorientados tras diferentes t\u00e9cnicas de oraci\u00f3n, de doctrina y de espiritualidades vac\u00edas bajo una \u201cpretendida actualizaci\u00f3n\u201d, nos viene a la mente el clamor de Santa Teresa de Jes\u00fas, cuando ante la situaci\u00f3n de algunos religiosos de su tiempo, dec\u00eda: \u201cApartarse de Cristo\u2026 yo no lo puedo sufrir\u201d<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<\/p><p>Cu\u00e1n actual resulta este grito al ver a tantos cristianos, y m\u00e1s a\u00fan, a tantos religiosos y sacerdotes que quedan prisioneros de un espiritualismo vac\u00edo, intimista, inmanente, incapaz de una apertura libre al Dios trascendente y proponen la \u2018contemplaci\u00f3n\u2019 como un vago engolfarse en la divinidad<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a> o como un \u201cno pensar nada\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a> o en banalidades, con el grave peligro de replegarse sobre uno mismo o sobre la sociedad horizontal donde se trabaja. As\u00ed, olvid\u00e1ndose de lo esencial, se apartan del Verbo Encarnado corriendo el riesgo de concebir esas pr\u00e1cticas como m\u00e9todos aut\u00f3nomos de \u2018redenci\u00f3n\u2019<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>; al punto tal que podr\u00edamos decir, que eso equivale a no rezar. A tanto llevan a veces los disparates que se observan en muchas de las pr\u00e1cticas abrazadas por algunos eclesi\u00e1sticos de nuestros d\u00edas que pareciera que m\u00e1s rozan con el paganismo, que con una oraci\u00f3n genuina. \u00a0No es de admirarse, por tanto, que estas pr\u00e1cticas nos hayan llevado a constatar que un buen n\u00famero de estas comunidades religiosas, se encuentran en \u201cca\u00edda libre\u201d e incluso algunas ya ven muy cercana su desaparici\u00f3n. Se trata de una suerte de \u201cproceso de autodestrucci\u00f3n\u201d, se han olvidado lo esencial, se han deso\u00eddo los consejos de los fundadores, se han descuidado a los santos y a los m\u00edsticos que forjaron la historia sublime de la espiritualidad cat\u00f3lica, y se los ha reemplazado por estupideces. Cuando no, se ha recortado la Cruz de Cristo, escogiendo de esta manera los senderos opuestos o los que alejan de Dios.<\/p><p>Por tanto, a las claras sobresale que si hay algo de lo que la Iglesia tiene necesidad en nuestros d\u00edas (d\u00edas signados por la confusi\u00f3n) es de una aut\u00e9ntica vida de oraci\u00f3n contemplativa \u2013sobre todo en sus consagrados\u2013 que por ser tal sea transformante. Es decir, de una oraci\u00f3n que consista en un encuentro personal con Aquel que es el \u00fanico camino para conducirnos al Padre. Una oraci\u00f3n que nazca de la fe y que acreciente la fe. Este es el principal problema, quiz\u00e1s el m\u00e1s fundamental y la ra\u00edz de la inmensa mayor\u00eda de los graves problemas con los que nos enfrentamos hoy. Solo una vida de oraci\u00f3n seria, responsable y aut\u00e9ntica puede formar los l\u00edderes y pastores que la Iglesia necesita, pues la verdadera oraci\u00f3n da el discernimiento, la luz y la fuerza para poner por obra la voluntad de Dios.<\/p><p>Ya San Juan Pablo II en 1982 advert\u00eda y se pronunciaba \u201ccontra algunas t\u00e9cnicas de oraci\u00f3n que no se inspiran en el Evangelio y que pr\u00e1cticamente tienden a prescindir de Cristo, en favor de un vac\u00edo mental que dentro del cristianismo no tiene sentido. Toda t\u00e9cnica de oraci\u00f3n es v\u00e1lida en cuanto se inspira en Cristo y conduce a Cristo, el camino, la verdad y la vida\u201d<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>.<\/p><p>Por eso, siendo \u201cla verdadera grandeza de la vocaci\u00f3n cristiana y religiosa: la uni\u00f3n con Dios\u201d<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>, los miembros del Instituto estamos no s\u00f3lo llamados sino adem\u00e1s impelidos \u201ca buscar la ciudad futura&#8230; la perfecta uni\u00f3n con Cristo, o sea, la santidad\u201d<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>. Por lo tanto se nos se\u00f1ala muy acertadamente que \u201cla contemplaci\u00f3n de las cosas divinas y la uni\u00f3n asidua con Dios en la oraci\u00f3n debe ser el primer y principal deber de todos los religiosos\u201d<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>. Esta b\u00fasqueda de Cristo en la contemplaci\u00f3n de sus misterios encierra \u201cun deseo ardiente de conocerlo y amarlo en la oraci\u00f3n, de practicar virtudes heroicas para asemejarse m\u00e1s a \u00c9l, que <em>todo lo ha hecho bien<\/em><a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>; y un amor entra\u00f1able a las almas por quienes Cristo derram\u00f3 su sangre\u201d<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>, de donde se desprende que \u201cla oraci\u00f3n contemplativa cristiana remite constantemente al amor del pr\u00f3jimo, a la acci\u00f3n y a la pasi\u00f3n, y, precisamente de esa manera, acerca m\u00e1s a Dios\u201d<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>.<\/p><p>Gracias a una espiritualidad seria y radicalmente cristoc\u00e9ntrica todos los miembros del Instituto hemos sido instruidos para vivir la vida espiritual \u201ccomo relaci\u00f3n y comuni\u00f3n con Dios\u201d<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a> y hemos sido formados en la escuela de los grandes maestros de la vida espiritual de todos los tiempos, algo que jam\u00e1s deber\u00edamos dejar de tener presente (todos recordar\u00e1n c\u00f3mo desde los primeros pasos en el noviciado y en el seminario, los nombres de San Juan de la Cruz, Santo Tom\u00e1s de Aquino, Santa Teresa de Jes\u00fas, San Ignacio de Loyola y San Luis Mar\u00eda \u2013por citar algunos\u2013, eran ya parte de nuestra vida diaria). Adem\u00e1s, si nos fijamos bien, todo en nuestro derecho propio no son sino provisiones y directivas para poner en pr\u00e1ctica lo que estos grandes santos m\u00edsticos ense\u00f1an.<\/p><p>De aqu\u00ed que el peligro de desviarse siguiendo esas t\u00e9cnicas de oraci\u00f3n impersonales o centradas en el yo, es quiz\u00e1s menos amenazante para nosotros (lo cual no quiere decir, obviamente, que debamos descuidar la vigilancia). Pero no deja de ser una tentaci\u00f3n y una prueba real para el alma el abandonar la oraci\u00f3n, o la falta de recogimiento \u2013que da lugar como a una desprotecci\u00f3n de nuestra vida consagrada\u2013 produciendo de esta manera un debilitamiento del fervor original, conduci\u00e9ndonos a la superficialidad y a la mediocridad en la vida, lo cual, a su vez, trae aparejado la falta de discernimiento con los desastrosos efectos que todo eso produce, en nosotros y en los dem\u00e1s.<\/p><p>Por todo esto, debemos ser muy conscientes de que el seguimiento de Cristo en nuestro querido Instituto conlleva la exigencia de conversi\u00f3n y de santidad de una existencia transfigurada, de <strong>contemplar y testimoniar<\/strong> el rostro transfigurado de Cristo<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a>. Por tanto, debemos destacar la importancia insustituible<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a> de una vida de oraci\u00f3n aut\u00e9ntica para nuestra vida consagrada, como as\u00ed tambi\u00e9n la preponderancia que \u00e9sta tiene a la hora de discernir los signos de los tiempos y realizar con efectividad la noble tarea de la evangelizaci\u00f3n de la cultura a la que hemos sido llamados.<\/p><p>La crisis de la Iglesia que nos toca vivir es en lo profundo una crisis de aut\u00e9ntica oraci\u00f3n.<\/p><h4><strong>1. Contemplar<\/strong><strong style=\"font-size: 16px;\">\u00a0<\/strong><\/h4><p>Sean pues estas l\u00edneas y estas consideraciones un incentivo que nos lleve a todos a ser hombres de oraci\u00f3n, m\u00e1s a\u00fan: maestros de oraci\u00f3n, como nos lo pide nuestra misi\u00f3n sacerdotal<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[17]<\/a>; siempre en l\u00ednea con los grandes m\u00edsticos de la tradici\u00f3n cat\u00f3lica; que sean ellos los que siempre marquen nuestro \u201cnorte\u201d.<\/p><p><strong>\u00a0<\/strong>Varias veces a lo largo y ancho del derecho propio se nos exhorta a contemplar los misterios de la vida de nuestro Se\u00f1or, de entre los cuales el misterio de la Encarnaci\u00f3n<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[18]<\/a> \u2013para todos, pero particularmente para nosotros\u2013 es de capital importancia. Dicha contemplaci\u00f3n se debe realizar \u2013seg\u00fan se\u00f1ala el derecho propio\u2013 \u201ccon perseverancia paciente y fervorosa a fin de que\u2026 se imprima el rostro mismo de Cristo\u201d<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\">[19]<\/a> en nuestras almas. \u201c\u00c9sta fue la exhortaci\u00f3n del mismo Jesucristo a sus disc\u00edpulos: <em>Orad siempre sin desfallecer<\/em><a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\">[20]<\/a> y la de San Pablo: <em>orad constantemente<\/em><a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\">[21]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn22\" name=\"_ftnref22\">[22]<\/a>. A lo cual, paternalmente agrega otro Directorio: \u201cviva en presencia de Dios y que su existencia toda sea un vivir en estado de petici\u00f3n y de inmersi\u00f3n en Dios\u201d<a href=\"#_ftn23\" name=\"_ftnref23\">[23]<\/a>.<\/p><p>Esta contemplaci\u00f3n no debe entenderse, obviamente, como reservada a los miembros contemplativos o a los m\u00edsticos, ya que <em>todos<\/em> los miembros del Instituto hemos sido llamados a una \u201csanta familiaridad con el Verbo hecho carne\u201d<a href=\"#_ftn24\" name=\"_ftnref24\">[24]<\/a> a fin de que se produzca en nuestras almas esa \u201cigualdad de amistad\u201d<a href=\"#_ftn25\" name=\"_ftnref25\">[25]<\/a>. Por eso San Juan de la Cruz, gran conocedor de las almas, atinadamente nos advierte: \u201cY no hay que tener por imposible que el alma pueda una cosa tan alta que el alma aspire en Dios como Dios aspira en ella por modo participado [\u2026]. Porque\u2026 para que pudiese venir a esto la cri\u00f3 a su imagen y semejanza<a href=\"#_ftn26\" name=\"_ftnref26\">[26]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn27\" name=\"_ftnref27\">[27]<\/a>.<\/p><p>Por consiguiente, el estado de perfecta contemplaci\u00f3n y uni\u00f3n que decimos queremos alcanzar no es s\u00f3lo una teor\u00eda. \u00a1Es vida!<a href=\"#_ftn28\" name=\"_ftnref28\">[28]<\/a>. Y como toda vida, \u00e9sta se nutre, crece y se expande a trav\u00e9s de la gracia divina en la oraci\u00f3n. Por eso muy realista y acertadamente dice uno de nuestros documentos que \u201cla santidad es alcanzable porque es, sobre todo, obra de Dios\u201d<a href=\"#_ftn29\" name=\"_ftnref29\">[29]<\/a>. En este sentido nos parece importante se\u00f1alar que es Dios quien hace la merced de poner [al alma] en el estado de contemplaci\u00f3n<a href=\"#_ftn30\" name=\"_ftnref30\">[30]<\/a> y por eso el M\u00edstico de Fontiveros dice que \u201cla contemplaci\u00f3n pura consiste en recibir\u201d<a href=\"#_ftn31\" name=\"_ftnref31\">[31]<\/a> pues es all\u00ed cuando la acci\u00f3n de Dios en el alma se vuelve constatable aun sin la mediaci\u00f3n del discurso o de la actividad natural de las potencias del alma. De ah\u00ed que diga el Doctor M\u00edstico que \u201cdescansan las potencias y no obran activamente, sino pasivamente, recibiendo lo que Dios obra en ellas\u201d<a href=\"#_ftn32\" name=\"_ftnref32\">[32]<\/a>, que las potencias \u201cest\u00e1n actuadas\u201d<a href=\"#_ftn33\" name=\"_ftnref33\">[33]<\/a>, que \u201cel alma (est\u00e1) empleada\u201d<a href=\"#_ftn34\" name=\"_ftnref34\">[34]<\/a>. Por eso no es poco com\u00fan la experiencia del orante de \u201cque no hace nada\u201d<a href=\"#_ftn35\" name=\"_ftnref35\">[35]<\/a>, y \u201cque pierde el tiempo\u201d<a href=\"#_ftn36\" name=\"_ftnref36\">[36]<\/a>. \u00a0Debemos ser conscientes de que estas pruebas no se le ahorran a ninguno que tome en serio su vida espiritual, y el aceptarlas con paciencia es dejar decidir a Dios <em>la manera<\/em> con que quiere hacernos part\u00edcipes de su amor<a href=\"#_ftn37\" name=\"_ftnref37\">[37]<\/a>.\u00a0D\u00e9monos cuenta de que es justamente en esos per\u00edodos marcados por la aridez donde hay que esforzarse m\u00e1s firmemente por mantener la oraci\u00f3n, porque es precisamente entonces cuando la oraci\u00f3n constituye una expresi\u00f3n de nuestra fidelidad a Dios, en presencia del cual preferimos permanecer incluso a pesar de no ser \u2018recompensados\u2019 por ninguna consolaci\u00f3n subjetiva<a href=\"#_ftn38\" name=\"_ftnref38\">[38]<\/a>. Caminar por estos oscuros seguros senderos es pues caminar por la v\u00eda de la \u00fanica y aut\u00e9ntica contemplaci\u00f3n.<\/p><p>Es ah\u00ed cuando \u201ccomienza Dios&#8230; como dicen a destetar el alma y ponerla en estado de contemplaci\u00f3n&#8230; y pasan su ejercicio [las potencias] al esp\u00edritu, obr\u00e1ndolo Dios en ellos as\u00ed\u201d<a href=\"#_ftn39\" name=\"_ftnref39\">[39]<\/a>. Santa Teresa de Jes\u00fas, por su parte, dice que Dios juega el primer papel como un amigo, que habla \u201csin ruido de palabras\u201d<a href=\"#_ftn40\" name=\"_ftnref40\">[40]<\/a>. Y en la misma l\u00ednea San Juan de la Cruz afirma que \u201ces Dios el principal agente\u201d<a href=\"#_ftn41\" name=\"_ftnref41\">[41]<\/a> o, simplemente, \u201cs\u00f3lo Dios es el agente\u201d<a href=\"#_ftn42\" name=\"_ftnref42\">[42]<\/a>, o \u201cel art\u00edfice sobrenatural\u201d<a href=\"#_ftn43\" name=\"_ftnref43\">[43]<\/a>, para luego distinguir como dos momentos o etapas: primero padeciendo, despu\u00e9s en suavidad de amor<a href=\"#_ftn44\" name=\"_ftnref44\">[44]<\/a>.<\/p><p>As\u00ed entend\u00eda la contemplaci\u00f3n San Juan Pablo II, el gran sanjuanista de nuestros tiempos, quien remarcaba que \u201cCristo cruza el camino de la oraci\u00f3n de extremo a extremo, desde los primeros pasos hasta la cima de la comuni\u00f3n perfecta con Dios. Cristo es la puerta por la que el alma accede al verdadero estado m\u00edstico<a href=\"#_ftn45\" name=\"_ftnref45\">[45]<\/a>. Cristo la introduce en el misterio trinitario<a href=\"#_ftn46\" name=\"_ftnref46\">[46]<\/a>. Su presencia en el desenvolvimiento de este \u2018trato amistoso\u2019 que es la oraci\u00f3n es obligado y necesario: <strong>\u00c9l lo act\u00faa y genera<\/strong>. Y \u00c9l es tambi\u00e9n objeto del mismo. Es el \u2018libro vivo\u2019<a href=\"#_ftn47\" name=\"_ftnref47\">[47]<\/a>, Palabra del Padre. El hombre aprende a quedarse en profundo silencio, cuando Cristo le ense\u00f1a interiormente \u2018sin ruido de palabras\u2019<a href=\"#_ftn48\" name=\"_ftnref48\">[48]<\/a>; se vac\u00eda dentro de s\u00ed \u2018mirando al Crucificado\u2019<a href=\"#_ftn49\" name=\"_ftnref49\">[49]<\/a>. La contemplaci\u00f3n no es b\u00fasqueda de escondidas virtualidades subjetivas por medio de t\u00e9cnicas depuradas de purificaci\u00f3n interior, sino abrirse en humildad a Cristo y a su Cuerpo m\u00edstico, que es la Iglesia\u201d<a href=\"#_ftn50\" name=\"_ftnref50\">[50]<\/a>. De modo tal que nuestra oraci\u00f3n sea un caminar generoso siguiendo a Aquel que tanto nos am\u00f3.<\/p><p>Asimismo, enti\u00e9ndase bien que \u201cla divina contemplaci\u00f3n no es simplemente especulaci\u00f3n filos\u00f3fica; m\u00e1s bien, de acuerdo con el mensaje evang\u00e9lico, corresponde a una \u00edntima <em>uni\u00f3n con Cristo<\/em>, considerado como \u2018Esposo\u2019 del alma, y como \u2018Esposo\u2019 de la Iglesia\u201d<a href=\"#_ftn51\" name=\"_ftnref51\">[51]<\/a>. De aqu\u00ed que cuando uno reza bien, cuando \u201cvive y obra en presencia de Dios y con confianza en \u00c9l\u201d<a href=\"#_ftn52\" name=\"_ftnref52\">[52]<\/a>. Cuando en la oraci\u00f3n se experimenta a Dios vivo y uno se entrega a \u00c9l, entonces se puede comprender, con la ayuda de la gracia, m\u00e1s profundamente, a la Iglesia en la que Cristo contin\u00faa su presencia. Debemos estar convencidos de que en nuestras oraciones, con la ayuda del Esp\u00edritu Santo, reza toda la Iglesia, de donde resulta que cualquier contemplaci\u00f3n sobrenatural, impulsada por la fe y la caridad, ya sea en la celebraci\u00f3n de la liturgia o en ese gustar interiormente de la palabra de Dios o en la adoraci\u00f3n silenciosa, es comuni\u00f3n con Jesucristo y es al mismo tiempo \u201cayuda prestada a mi dulce Jes\u00fas\u201d<a href=\"#_ftn53\" name=\"_ftnref53\">[53]<\/a> en la Iglesia, seg\u00fan afirmaba la santa virgen y maestra, Teresa de Jes\u00fas. \u00a0<\/p><p>Subrayar la necesidad y la importancia de la contemplaci\u00f3n a la que conduce una espiritualidad seria \u201csignifica, pues, subordinar todo inter\u00e9s, toda actividad a la conquista de la amistad con el Se\u00f1or, de la cual surge el compromiso de la caridad fraterna, que tiende a llevar a los hombres a la misma experiencia espiritual. Por lo tanto, el fin del amor al pr\u00f3jimo es dar a conocer a los hermanos, con la palabra y con la acci\u00f3n, la <em>bondad del Se\u00f1or<\/em> \u2013sus prodigios, su gracia, su verdad, sus dones\u2013, la cual se ha experimentado con anterioridad y <em>al mismo tiempo<\/em> en la contemplaci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn54\" name=\"_ftnref54\">[54]<\/a>. Noten Ustedes que remarcamos <em>al mismo tiempo<\/em> para corroborar lo que el derecho propio se\u00f1ala al decir que \u201cel misionero ha de ser un \u2018contemplativo en acci\u00f3n\u2019\u201d<a href=\"#_ftn55\" name=\"_ftnref55\">[55]<\/a>. Por eso la gran Doctora de la Iglesia espa\u00f1ola consideraba la vida de oraci\u00f3n como la suprema manifestaci\u00f3n de la vida teologal de los fieles que, al creer en el amor divino se despojan de todas las cosas, para conseguir totalmente su presencia plena de amor.<\/p><p>Quisiera insistir: la experiencia de Dios \u2013que es como un nuevo nombre de la contemplaci\u00f3n<a href=\"#_ftn56\" name=\"_ftnref56\">[56]<\/a>\u2013 es comuni\u00f3n con Dios, en la que el alma se abre enteramente a su acci\u00f3n y gusta la sabidur\u00eda, infundida por el Esp\u00edritu Santo, mientras la mente y el coraz\u00f3n se adhieren al Verbo Encarnado, como la \u201cpuerta\u201d por la que se va al Padre y por la que el Padre concede un trato familiar. Es la fe, unida a la caridad y a la esperanza, la que produce ese conocimiento \u00edntimo y sabroso que llamamos experiencia de Dios, contemplaci\u00f3n cristiana. Por eso es algo que va m\u00e1s all\u00e1 de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica o filos\u00f3fica.<\/p><p>Por este motivo, San Juan Pablo II afirmaba en una ocasi\u00f3n que \u201cDios no niega a nadie el agua de la contemplaci\u00f3n\u201d y citando a Santa Teresa a\u00f1ad\u00eda, \u201c\u2018antes p\u00fablicamente nos llama a voces. Mas como es tan bueno, no nos fuerza, antes da de muchas maneras a beber a los que le quieren seguir, para que ninguno vaya desconsolado ni muera de sed\u2019<a href=\"#_ftn57\" name=\"_ftnref57\">[57]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn58\" name=\"_ftnref58\">[58]<\/a>. De hecho, escribi\u00f3 m\u00e1s tarde el Papa Magno, \u201cla reciben de Dios, mediante el Esp\u00edritu, muchas almas sencillas y entregadas\u201d<a href=\"#_ftn59\" name=\"_ftnref59\">[59]<\/a>. Y en este sentido podemos citar a San Juan de la Cruz, quien al dedicar el<em>\u00a0C\u00e1ntico Espiritual<\/em>\u00a0a Ana de Jes\u00fas, le dice: \u201cAunque a Vuestra Reverencia le falte el ejercicio de teolog\u00eda escol\u00e1stica con que se entienden las verdades divinas, no le falta el de la m\u00edstica que se sabe por amor en que, no solamente se saben, m\u00e1s juntamente se gustan\u201d<a href=\"#_ftn60\" name=\"_ftnref60\">[60]<\/a>. Entonces podemos arg\u00fcir que la experiencia de Dios es un don unido a la fidelidad a la oraci\u00f3n aut\u00e9ntica. Pues Dios, que es siempre fiel, viendo preparadas a las almas, no desea otra cosa sino llenarlas de dones<a href=\"#_ftn61\" name=\"_ftnref61\">[61]<\/a>.<\/p><p>Ahora bien, como dec\u00edamos anteriormente, de entre todos los misterios de la vida de Cristo el de la Encarnaci\u00f3n es como el centro de los misterios de la vida cristiana y es \u201ccentral en nuestra espiritualidad\u201d<a href=\"#_ftn62\" name=\"_ftnref62\">[62]<\/a>. \u201c\u00c9l es el \u2018Camino\u2019 para ir al Padre y nadie va al Padre sino por \u00c9l\u201d<a href=\"#_ftn63\" name=\"_ftnref63\">[63]<\/a>, afirma el derecho propio. A lo que la M\u00edstica Doctora espa\u00f1ola agrega con su usual solidez: \u201cPor esta puerta hemos de entrar si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos. As\u00ed que no quiera otro camino, aunque est\u00e9 en la cumbre de la contemplaci\u00f3n. Por aqu\u00ed va seguro. Este Se\u00f1or nuestro es por quien nos vienen todos los bienes\u201d<a href=\"#_ftn64\" name=\"_ftnref64\">[64]<\/a>. \u00a0<\/p><p>Por este motivo, muy paternal pero firmemente, el derecho propio nos anima a \u201cla contemplaci\u00f3n del misterio de la Encarnaci\u00f3n [que] alimenta el amor a la Trinidad Sant\u00edsima: Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo, que fue la realizadora de la Encarnaci\u00f3n; y nos enciende en ardiente amor al Verbo que \u2018por nosotros los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n baj\u00f3 del cielo\u2019\u201d<a href=\"#_ftn65\" name=\"_ftnref65\">[65]<\/a> porque, como dice San Juan de la Cruz, \u201clas obras de la Encarnaci\u00f3n del Verbo y los misterios de la fe\u2026 por ser mayores obras de Dios y que mayor amor en s\u00ed encierran, hacen en el alma mayor efecto de amor\u201d<a href=\"#_ftn66\" name=\"_ftnref66\">[66]<\/a>.<\/p><p>Aunque ning\u00fan buen espiritual niega que toda la vida y obra del \u201cHijo de Dios humanado\u201d<a href=\"#_ftn67\" name=\"_ftnref67\">[67]<\/a> han sido ordenadas para nuestra salud, sin embargo, su Pasi\u00f3n, muerte voluntaria y la cruz representan el culmen de la obra salvadora de Cristo. Por eso, \u201cs\u00f3lo Jesucristo, Palabra definitiva del Padre, puede revelar a los hombres el misterio del dolor e iluminar con los destellos de su cruz gloriosa las m\u00e1s tenebrosas noches del cristiano\u201d<a href=\"#_ftn68\" name=\"_ftnref68\">[68]<\/a>.\u00a0Consecuentemente, los grandes m\u00edsticos de la Iglesia y en especial San Juan de la Cruz, enfocan <strong>la contemplaci\u00f3n de la cruz como la<\/strong> <strong>clave del camino para la uni\u00f3n con Dios<\/strong> en y por Cristo. \u00c9l insiste siempre en este punto. No hay otro modo de vivir la uni\u00f3n y el amor con \u00c9l. \u201cLa misma Palabra Encarnada nos ense\u00f1a a amar la cruz: <em>ni\u00e9gate a ti mismo, toma tu cruz cada d\u00eda y s\u00edgueme<\/em><a href=\"#_ftn69\" name=\"_ftnref69\">[69]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn70\" name=\"_ftnref70\">[70]<\/a>. Esto lo debemos tener muy claro. Por eso en p\u00e1rrafo seguido el derecho propio nos anima a la contemplaci\u00f3n de Cristo Crucificado diciendo: \u201cNo debemos querer saber nada <em>fuera de Jesucristo y Jesucristo crucificado<\/em><a href=\"#_ftn71\" name=\"_ftnref71\">[71]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn72\" name=\"_ftnref72\">[72]<\/a>. De modo tal que cuando nos sobrevengan algunas cruces sepamos unirnos sobrenaturalmente a nuestro Redentor y como dec\u00eda San Pablo, gloriarnos en nuestra cruz.<\/p><p>Afirma un autor que \u201cla muerte de Cristo ha sido eficaz por s\u00ed misma, no por los sufrimientos en s\u00ed, sino en cuanto expresi\u00f3n de su entrega obediente y amorosa a la voluntad del Padre, y eso hace valiosas nuestras propias cruces en su seguimiento. [\u2026] Para el Santo de Fontiveros vale la cruz en cuanto entrega de la persona y del ser, de la voluntad, del amor y de la vida. No pone el dolor y la sangre en primer plano\u201d<a href=\"#_ftn73\" name=\"_ftnref73\">[73]<\/a>. En este sentido el <em>Directorio de Espiritualidad<\/em> nos ense\u00f1a que \u201ctoda la eficacia corredentora de nuestros padecimientos depende de su <strong>uni\u00f3n con la Cruz<\/strong>, y en la medida y grado de esa uni\u00f3n. [\u2026] Si no aprendemos a ser v\u00edctimas con la V\u00edctima, todos nuestros sufrimientos son in\u00fatiles\u201d<a href=\"#_ftn74\" name=\"_ftnref74\">[74]<\/a>. Alejarse de la espiritualidad de la cruz, es elegir el camino opuesto al que conduce hacia la uni\u00f3n. Quien acepta a Jesucristo, acepta que el camino es el camino de la cruz, y no hay otro.<\/p><p>Por todo esto, estemos convencidos de esta verdad: la cruz pertenece \u201cde modo particular a la esencia de la vocaci\u00f3n religiosa\u201d<a href=\"#_ftn75\" name=\"_ftnref75\"><sup>[75]<\/sup><\/a>. Es como si el d\u00eda de nuestra profesi\u00f3n Jesucristo nos hubiese dicho: \u201c\u00a1Lev\u00e1ntate! Te espero en el Calvario\u201d<a href=\"#_ftn76\" name=\"_ftnref76\"><sup>[76]<\/sup><\/a>. Es la cruz, que nos sobreviene d\u00eda a d\u00eda de diferentes formas, la que \u201cenciende en los corazones el fuego del amor divino; es m\u00e1s, lo mantiene y acrecienta, tal como la le\u00f1a al fuego. Y as\u00ed se comprueba del modo m\u00e1s claro que se ama a Dios. Porque es la misma prueba de la que Dios se sirvi\u00f3 para manifestarnos su amor. Y la que Dios nos pide para manifestarle el nuestro\u201d<a href=\"#_ftn77\" name=\"_ftnref77\"><sup>[77]<\/sup><\/a>. Por tanto, \u201cla Cruz es el m\u00e1s bello regalo de Dios\u201d<a href=\"#_ftn78\" name=\"_ftnref78\"><sup>[78]<\/sup><\/a>. As\u00ed se lo hizo saber Jes\u00fas a Santa Gemma, la virgen de Lucca: \u201cMira, hija m\u00eda, el m\u00e1s grande don que le puedo conceder a un alma amada por m\u00ed, es el don del sufrimiento\u201d<a href=\"#_ftn79\" name=\"_ftnref79\"><sup>[79]<\/sup><\/a>. El abrazar la cruz con paciencia y humildad nos ayuda a despojarnos del hombre viejo y a revestirnos de la pureza, gusto y voluntad de nuestro Divino Salvador y testimoniar l\u00edmpidamente el rostro transfigurado de Cristo.<\/p><p>Debemos recordar siempre que \u201cel verdadero apostolado consiste en participar en la obra de la salvaci\u00f3n de Cristo, cosa que no puede realizarse sin un intenso esp\u00edritu de oraci\u00f3n y sacrificio [\u2026]. Este esp\u00edritu de oraci\u00f3n, y particularmente el sacrificio de s\u00ed mismo a ejemplo de Cristo y unido a \u00e9l, es eficac\u00edsimo en orden a la cooperaci\u00f3n de la redenci\u00f3n del g\u00e9nero humano\u201d<a href=\"#_ftn80\" name=\"_ftnref80\">[80]<\/a>. En realidad, creemos no equivocarnos al decir que la Iglesia si bien necesita de religiosos misioneros para evangelizar tiene, no obstante, tanta y m\u00e1s necesidad de religiosos que busquen, cultiven y testimonien la presencia y la intimidad de Dios, con la intenci\u00f3n de obtener la santificaci\u00f3n de todos los hombres.<\/p><p>Cuando el misionero movido por el impulso del amor divino testimonia una estrecha amistad con Dios \u2013cultivada en la oraci\u00f3n y sostenida en las pruebas de la vida diaria\u2013 hasta el punto de fusionarse en un \u00fanico amor, es decir, cuando este se somete totalmente, sin reticencias, a la Voluntad de Dios, entonces esa amistad se convierte en fermento apost\u00f3lico, es causa de alegr\u00eda para la Iglesia y para los dem\u00e1s; es como una voz poderos\u00edsima que penetra en el coraz\u00f3n divino y que redunda en bien de todos<a href=\"#_ftn81\" name=\"_ftnref81\">[81]<\/a>. \u00a0<\/p><p>Por esta raz\u00f3n, la contemplaci\u00f3n de la que venimos hablando y la uni\u00f3n con nuestro Se\u00f1or, si bien es siempre necesaria, se vuelve un anhelo incontenible en el alma principalmente en los momentos de prueba. Cuando las tribulaciones se vuelven m\u00e1s lastimeras, en esos momentos oscuros de la existencia, cuando parece que es m\u00e1s cerrada la noche de la desorientaci\u00f3n y del sufrimiento, se levanta en el alma esa necesidad de un prolongado coloquio de esperanza, de que la dulc\u00edsima presencia del Se\u00f1or no sea interrumpida. \u00a1Cu\u00e1ntas veces en nuestra vida misionera experimentamos el fracaso, la falta de apoyo, la aridez, la indiferencia, el desconcierto, la incomprensi\u00f3n, el desagradecimiento aun de parte de aquellos beneficiados! Conscientes de que <em>el auxilio nos viene del Se\u00f1or<\/em><a href=\"#_ftn82\" name=\"_ftnref82\">[82]<\/a>, de que solo \u00c9l es nuestro sost\u00e9n y ayuda, es importante no s\u00f3lo tener un aut\u00e9ntico esp\u00edritu de oraci\u00f3n sino ser perseverantes en ella, porque la oraci\u00f3n nos sirve para rehacernos cuando nos sobreviene el cansancio y para acordarnos de la belleza y la elevaci\u00f3n de la meta que estamos llamados a alcanzar. S\u00f3lo en Cristo, el Buen Pastor, se hallan la fuerza principal y el verdadero descanso<a href=\"#_ftn83\" name=\"_ftnref83\">[83]<\/a> y s\u00f3lo con su ayuda se puede afrontar con alegr\u00eda el peso del <em>d\u00eda y del calor<\/em><a href=\"#_ftn84\" name=\"_ftnref84\">[84]<\/a>. Asimismo, cuando la oscuridad y las dificultades se hacen m\u00e1s recias para nuestro Instituto, es importante rezar \u2013comunitaria e individualmente\u2013, a fin de unir fuerzas para una defensa com\u00fan y un fortalecimiento rec\u00edproco.<\/p><p>Sucede no pocas veces en nuestra vida como misioneros, que caemos \u201cen la trampa de medir el valor de nuestros esfuerzos apost\u00f3licos con los criterios de la eficiencia, de la funcionalidad y del \u00e9xito externo, que rige el mundo de los negocios. Ciertamente, estas cosas son importantes. Se nos ha confiado una gran responsabilidad y justamente por ello el Pueblo de Dios espera de nosotros una correspondencia. Pero el verdadero valor de nuestro apostolado se mide por el que tiene a los ojos de Dios [\u2026]. La cruz nos indica una forma distinta de medir el \u00e9xito: a nosotros nos corresponde sembrar, y Dios ve los frutos de nuestras fatigas. Si alguna vez nos pareciera que nuestros esfuerzos y trabajos se desmoronan y no dan fruto, tenemos que recordar que nosotros seguimos a Jesucristo, cuya vida, humanamente hablando, acab\u00f3 en un fracaso: en el fracaso de la cruz\u201d<a href=\"#_ftn85\" name=\"_ftnref85\">[85]<\/a> y debemos saber unir \u2018nuestros fracasos y frustraciones\u2019 al de Cristo. Esto que decimos acerca de los esfuerzos apost\u00f3licos vale tambi\u00e9n para quienes en nuestro Instituto ejercen el sagrado oficio de gobernar y se sacrifican denodada y silenciosamente \u201csufriendo las flaquezas de muchos\u201d<a href=\"#_ftn86\" name=\"_ftnref86\">[86]<\/a>, a quienes el derecho propio les recuerda especialmente que \u201cno deben dedicarse exclusivamente a la vida activa, ya que deben sobresalir en la vida contemplativa. Por eso dice San Gregorio: sea el superior el primero en la acci\u00f3n y entr\u00e9guese m\u00e1s que nadie a la contemplaci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn87\" name=\"_ftnref87\">[87]<\/a> a fin de mantenerse en pie \u201cpor encima de los vaivenes de fortuna o de fracaso\u201d<a href=\"#_ftn88\" name=\"_ftnref88\">[88]<\/a>.<\/p><p>Como corolario de lo que venimos diciendo se destaca el hecho de que estando nuestro Instituto plenamente comprometido con la actividad misionera, el silencio y el recogimiento interior son dos baluartes para la oraci\u00f3n aut\u00e9ntica. Por eso remarca el derecho propio que \u201cel silencio es una necesidad del alma y un medio para lograr la uni\u00f3n con Dios y, por lo tanto, deber\u00e1 llevar a la cumbre de la oraci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn89\" name=\"_ftnref89\">[89]<\/a>. Para seguir siendo celosos en nuestro ministerio, para guardarnos de caer en las aberraciones de espiritualidades vac\u00edas, necesitamos acoger las inspiraciones divinas en nuestro interior y eso s\u00f3lo es posible si somos capaces de pasar algunos ratos junto al Divino Maestro. Estar con Jes\u00fas es una condici\u00f3n indispensable de toda evangelizaci\u00f3n aut\u00e9ntica y cre\u00edble. Es m\u00e1s, podr\u00edamos decir que el empe\u00f1o misionero est\u00e1 precedido y preparado por los momentos de la contemplaci\u00f3n, de otro modo, todo se vuelve un dar golpes en el aire.<\/p><p>\u201cLa contemplaci\u00f3n en este mundo \u2013dec\u00eda San Juan Pablo II\u2013 nos permite pregustar el para\u00edso; pero a nadie puede permit\u00edrsele en esta vida, ni siquiera a los contemplativos, quedarse tranquilos solo con la contemplaci\u00f3n. Es necesario, sin duda, mantener <strong>los ojos fijos en la meta trascendente<\/strong>, para saber dar la orientaci\u00f3n exacta a nuestro trabajo, para que no nos fatiguemos en vano ni perdamos el recto camino, en fin, para el discernimiento espiritual. La experiencia contemplativa cuando es aut\u00e9ntica, es decir, cuando est\u00e1 basada en la vida sacramental, en la palabra de Dios y en un riguroso empe\u00f1o moral, nos permite conocer realmente cu\u00e1l es la voluntad de Dios y lo que debemos hacer para alcanzar la vida eterna, pues la vida eterna consiste precisamente, como nos ense\u00f1a el ap\u00f3stol San Juan, en la contemplaci\u00f3n del <em>\u00fanico verdadero Dios<\/em>, y de aquel que \u00c9l envi\u00f3, Jesucristo\u201d<a href=\"#_ftn90\" name=\"_ftnref90\">[90]<\/a>.<\/p><p>Y esto nos lleva al segundo punto que queremos tratar.<\/p><h4><strong>2. Discernimiento de los signos de los tiempos <\/strong><\/h4><p>\u00a0<\/p><p>Se\u00f1alan nuestras <em>Constituciones<\/em> que \u201cel sacerdote debe hacer que su ministerio sea humanamente lo m\u00e1s cre\u00edble y aceptable\u201d<a href=\"#_ftn91\" name=\"_ftnref91\">[91]<\/a>. \u201cPor eso ense\u00f1a el Concilio Vaticano II que todos los cl\u00e9rigos, especialmente los sacerdotes, di\u00e1conos y catequistas dedicados por oficio al ministerio de la palabra, han de leer y estudiar asiduamente la Escritura para no volverse \u2018predicadores vac\u00edos de la palabra, que no la escuchan por dentro\u2019<a href=\"#_ftn92\" name=\"_ftnref92\">[92]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn93\" name=\"_ftnref93\">[93]<\/a>. Entonces dice a rengl\u00f3n seguido: \u201cporque \u2018\u2026 el sacerdote es el hombre de Dios, el que pertenece a Dios y hace pensar en Dios\u2026\u2019 [\u2026] por tanto, \u2018\u2026 es preciso\u2026 que el sacerdote est\u00e9 formado en una profunda intimidad con Dios\u2019\u201d<a href=\"#_ftn94\" name=\"_ftnref94\">[94]<\/a>.<\/p><p>Esto exige de todos nosotros \u2013como religiosos esencialmente misioneros<a href=\"#_ftn95\" name=\"_ftnref95\">[95]<\/a>\u2013 la aceptaci\u00f3n de vivir en un estado de permanente conversi\u00f3n<a href=\"#_ftn96\" name=\"_ftnref96\">[96]<\/a>. El verdadero misionero es aquel que acepta comprometerse decididamente en los caminos de la santidad<a href=\"#_ftn97\" name=\"_ftnref97\">[97]<\/a>. Por tanto, si el misionero no es contemplativo, no puede anunciar a Cristo de modo cre\u00edble. Ya que \u201cel misionero es un testigo de la experiencia de Dios y debe poder decir con los Ap\u00f3stoles: <em>Lo que contemplamos\u2026 acerca de la Palabra de vida\u2026, os lo anunciamos<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn98\" name=\"_ftnref98\">[98]<\/a>.<\/p><p>Y aqu\u00ed est\u00e1 el n\u00facleo del mensaje que queremos dirigir a todos los miembros del Instituto y a las generaciones que han de venir despu\u00e9s: nosotros hemos sido llamados a \u201cbuscar ante todo y \u00fanicamente a Dios\u201d<a href=\"#_ftn99\" name=\"_ftnref99\">[99]<\/a> para lo cual es menester juntar la contemplaci\u00f3n (a trav\u00e9s de la cual nos unimos a Dios) al amor apost\u00f3lico<a href=\"#_ftn100\" name=\"_ftnref100\">[100]<\/a>. Si no hubiese un perfecto equilibrio entre nuestra vida con Dios y las actividades desarrolladas al servicio del pr\u00f3jimo, estar\u00eda comprometida no s\u00f3lo la obra de la evangelizaci\u00f3n en la que estamos empe\u00f1ados, sino tambi\u00e9n nuestra condici\u00f3n personal de evangelizados. La vida de oraci\u00f3n es el alma de nuestro trabajo por el Reino: la oraci\u00f3n lit\u00fargica, centrada en la Eucarist\u00eda, recibida y vivida con esa pureza de conciencia que exige el recurso al sacramento de la Confesi\u00f3n; la liturgia de las horas, que marca el ritmo de la continua adoraci\u00f3n, <em>en esp\u00edritu y en verdad<\/em>; con la presencia \u2018querida\u2019 de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, modelo de Misionera y Contemplativa. Siempre habr\u00e1 oportunidad de sembrar la buena semilla; pero \u00e9sta s\u00f3lo puede ser fecunda si va envuelta en h\u00e1bitos de oraci\u00f3n y de contemplaci\u00f3n, de estudio de la Sagrada Escritura seg\u00fan el Magisterio aut\u00e9ntico de la Iglesia y confirmada por una vida de sacrificio.<\/p><p>En este punto, nos parece importante remarcar que incontables veces el derecho propio menciona \u2013expl\u00edcita e impl\u00edcitamente\u2013 que el apostolado es una realidad sobrenatural cuya fecundidad depende \u201cde la uni\u00f3n con Dios y con la Iglesia\u201d<a href=\"#_ftn101\" name=\"_ftnref101\">[101]<\/a>. Por lo tanto, \u201cno se trata pues simplemente de una ciencia, o una t\u00e9cnica, sino de tener la caridad y los sentimientos de Cristo que <em>pas\u00f3 haciendo el bien<\/em><a href=\"#_ftn102\" name=\"_ftnref102\">[102]<\/a> hasta <em>dar la vida por las ovejas<\/em><a href=\"#_ftn103\" name=\"_ftnref103\">[103]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn104\" name=\"_ftnref104\">[104]<\/a>. Y eso nos parece una realidad no menor a la hora de la evangelizaci\u00f3n. Lo nuestro propio no es ofrecer <em>soluciones t\u00e9cnicas<\/em> a las distintas problem\u00e1ticas de las realidades que enfrentamos sino la verdad sobre Cristo, sobre su Iglesia y sobre el hombre mismo<a href=\"#_ftn105\" name=\"_ftnref105\">[105]<\/a> para ser aplicada a esas situaciones concretas.<\/p><p>Por este motivo, siendo el anuncio del Evangelio parte esencial de nuestra misi\u00f3n, hay que tener en cuenta que este se realiza en circunstancias bien concretas que incluyen y deben tener en cuenta todos los acontecimientos de nuestra \u00e9poca: los dif\u00edciles problemas sociales, morales, econ\u00f3micos y pol\u00edticos, los problemas de la cultura moderna en los distintos pa\u00edses, todos los sufrimientos de los hombres, sus dudas, sus inquietudes, la rapidez de los cambios y la aceleraci\u00f3n de la historia al punto que apenas es posible seguirla<a href=\"#_ftn106\" name=\"_ftnref106\">[106]<\/a>, los nuevos modos de sentir los valores, la cristofobia y la persecuci\u00f3n, \u00a0etc. Todo eso exige un esp\u00edritu, que sea al mismo tiempo, cercano a Dios y m\u00e1s cercano a los hombres, un esp\u00edritu atento a la voz del Esp\u00edritu que habla en lo \u00edntimo de las conciencias como a trav\u00e9s de los signos de los tiempos a fin de determinarse a resolver las dificultades en clave evang\u00e9lica. \u201cLa mirada que dirigimos a las realidades del mundo contempor\u00e1neo y que ojal\u00e1 est\u00e9 siempre llena de la compasi\u00f3n y de la misericordia que nos ha ense\u00f1ado nuestro Se\u00f1or Jesucristo, no se limita a percibir errores y peligros. Ciertamente, no se pueden ignorar tampoco los aspectos negativos y problem\u00e1ticos, pero inmediatamente hay que tratar de buscar caminos de esperanza e indicar perspectivas de intenso compromiso con vistas a la promoci\u00f3n integral de la persona, a su liberaci\u00f3n y a la plenitud de su felicidad\u201d<a href=\"#_ftn107\" name=\"_ftnref107\">[107]<\/a>, dec\u00eda San Juan Pablo II. Pero para eso es necesario \u201cel discernimiento evang\u00e9lico, la prudencia sobrenatural\u201d<a href=\"#_ftn108\" name=\"_ftnref108\">[108]<\/a>. Y es la oraci\u00f3n filial y constante, la escucha pronta y d\u00f3cil a la Palabra de Dios y de la Iglesia, la referencia a una sabia y caritativa direcci\u00f3n espiritual, lo que nos permitir\u00e1 una valoraci\u00f3n cristiana de esos fen\u00f3menos hist\u00f3ricos que nos tocan vivir, pues solo en Cristo gustado interiormente se hallan las claves \u00faltimas y decisivas para la lectura de la actual condici\u00f3n humana y para la elecci\u00f3n de las prioridades<a href=\"#_ftn109\" name=\"_ftnref109\">[109]<\/a>.<\/p><p>Este discernimiento procurado en la oraci\u00f3n nos ayudar\u00e1 a no confundir el <em>Regnum Dei<\/em> con el <em>Regnum hominis<\/em> que tantos destrozos ha hecho y hace en muchos religiosos y hasta en congregaciones enteras en nuestros d\u00edas. El Evangelio es definitivo y no pasa. Sus criterios son para siempre. No se pueden hacer relecturas del Evangelio seg\u00fan los tiempos, como hacen algunos, conform\u00e1ndose a todo lo que el mundo pide. Al contrario, es preciso leer los signos de los tiempos y los problemas del mundo de hoy a la luz indefectible del Evangelio<a href=\"#_ftn110\" name=\"_ftnref110\">[110]<\/a>.<\/p><p>En este sentido debemos tener siempre muy presente que \u201camar y servir a los hombres de hoy significa ciertamente trabajar por el desarrollo y el progreso de la sociedad y por el logro de las condiciones humanas m\u00e1s justas y dignas; pero significa no enga\u00f1ar a nadie acerca del aut\u00e9ntico sentido de la peregrinaci\u00f3n terrena, cuya meta \u00faltima trasciende el tiempo y no puede conseguirse sin el ejercicio de un iluminado desprendimiento de los bienes materiales y sin la pr\u00e1ctica de la caridad\u201d<a href=\"#_ftn111\" name=\"_ftnref111\">[111]<\/a>.<\/p><p>No en vano explica el derecho propio que cuando San Pablo escribe a Timoteo: <em>Te conjuro en presencia de Dios y de Cristo Jes\u00fas&#8230; proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, exhorta&#8230; vigila atentamente&#8230; desempe\u00f1a a la perfecci\u00f3n tu ministerio<\/em><a href=\"#_ftn112\" name=\"_ftnref112\">[112]<\/a>, ese importunar \u201cno se refiere a la ausencia de la \u2018caridad discreta\u2019, que discierne, sino a no atender a prudencia natural, a no conformarse al mundo y a lo que para el mundo es \u2018oportuno\u2019 o conveniente. Para la \u2018moda\u2019 del mundo, las ideolog\u00edas o corrientes de turno, la Palabra de Dios ha de ser \u2018inoportuna\u2019, ha de importunar y contradecir al mundo\u201d<a href=\"#_ftn113\" name=\"_ftnref113\">[113]<\/a>.<\/p><p>\u201cEl misionero ha de estar muy atento a los \u2018signos de los tiempos\u2019 para iluminar a las almas en el tiempo y momento que lo necesitan, atento a los momentos de la gracia, a las disposiciones de los hombres, naciones y pueblos, a las vicisitudes humanas que la Providencia dispone o permite en orden siempre a la predicaci\u00f3n del Evangelio y la salvaci\u00f3n de los elegidos, a la necesidad de iluminar con aquellos puntos de la Sacra Doctrina que son m\u00e1s urgentes, convenientes y necesarios, los m\u00e1s contradichos por la moda del mundo. El misionero debe estar por ello <em>actualizado<\/em> en cuanto a la informaci\u00f3n sobre la realidad temporal, y sobre el Magisterio contempor\u00e1neo, especialmente del Papa, y los pronunciamientos del mismo ante los problemas de actualidad\u201d<a href=\"#_ftn114\" name=\"_ftnref114\">[114]<\/a>. Por eso nos quedar\u00edamos cortos o ser\u00eda nuestro accionar inicuo si no mencion\u00e1ramos tambi\u00e9n junto a la importancia de la vida de oraci\u00f3n, la de la formaci\u00f3n permanente, en su doble dimensi\u00f3n de conversi\u00f3n y actualizaci\u00f3n cultural continua, para lograr una m\u00e1s plena y coherente fidelidad a la propia vocaci\u00f3n<a href=\"#_ftn115\" name=\"_ftnref115\">[115]<\/a>.<\/p><p>Hoy tanto como ayer debemos tener presente que lo propio nuestro es \u201cempezar obras grandes en servicio de Dios y perseverar hasta el fin en su realizaci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn116\" name=\"_ftnref116\">[116]<\/a> tal como lo hicieron tantos hombres y mujeres de oraci\u00f3n y que realizaron grandes obras en la Iglesia. Pensemos por ejemplo en el Santo Padre P\u00edo, que pas\u00f3 tantos a\u00f1os sin salir jam\u00e1s de Pietrelcina y fund\u00f3 la hermosa obra de la Casa Alivio del Sufrimiento; pensemos en Santa Teresa de Calcuta que en las m\u00e1s arduas arideces espirituales continuaba sonriendo y fundando casas para atender a los m\u00e1s pobres entre los pobres; pensemos en el mismo San Juan de la Cruz que con s\u00f3lo 28 a\u00f1os de vida religiosa y aun siendo contemplativo fue pr\u00f3digo en obras para su Orden y form\u00f3 y sigue formando legiones de cristianos y hoy en d\u00eda es venerado como Doctor de la Iglesia; pensemos en San Juan Pablo II, m\u00edstico que pasaba largas horas en oraci\u00f3n, a la que supo unir un infatigable ministerio pastoral\u2026 la lista es interminable. Todos ellos, por su \u201ccontacto asiduo con la Palabra de Dios han obtenido la luz necesaria para el discernimiento personal y comunitario que les ha servido para buscar los caminos del Se\u00f1or y descubrir los signos de los tiempos. Han adquirido as\u00ed una especie de instinto sobrenatural que ha hecho posible el que, en vez de doblegarse a la mentalidad del mundo, hayan renovado la propia mente, para poder discernir la voluntad de Dios, <em>aquello que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto<\/em><a href=\"#_ftn117\" name=\"_ftnref117\">[117]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn118\" name=\"_ftnref118\">[118]<\/a>. Ellos son nuestros gu\u00edas, no el yoga, la <em>new-age<\/em>, o cualquier otra deformaci\u00f3n del absoluto que se haya presentado, o se desee presentar o imponer en nuestros d\u00edas, o que se nos presentar\u00e1 en el futuro.<\/p><p>Similarmente nosotros, destinados en un mundo que cambia, en el que persisten y se agravan las injusticias y sufrimientos inauditos, en donde la desorientaci\u00f3n y la perplejidad se agigantan, y los esc\u00e1ndalos est\u00e1n a la orden del d\u00eda, debemos ser portadores de luz y de esperanza cristiana. Es cierto que \u201cel desaf\u00edo que la cultura contempor\u00e1nea plantea a la fe es precisamente este: abandonar la f\u00e1cil inclinaci\u00f3n a pintar escenarios oscuros y negativos, para trazar posibles v\u00edas, no ilusorias, de redenci\u00f3n, liberaci\u00f3n y esperanza\u201d<a href=\"#_ftn119\" name=\"_ftnref119\">[119]<\/a>. Pero no debemos ni desalentarnos ni equivocarnos en nuestra propuesta. Adem\u00e1s contamos con la ayuda maternal y sapient\u00edsima de nuestra Madre del Cielo y Esposa del Esp\u00edritu Santo de quien podemos obtener aquel consejo \u2018superior\u2019 que es discernimiento y sabidur\u00eda en las decisiones, y que sobre todo ayuda a individuar las crecientes necesidades espirituales de nuestra \u00e9poca, con una visi\u00f3n de la realidad social y humana a la luz del evangelio y da, en consecuencia, valor para dar a aquellas necesidades y a aquellas visiones las adecuadas respuestas, que no es otra cosa que \u2018morder la realidad\u2019.<\/p><p>Toda la problem\u00e1tica actual no nos debe hacer perder de vista que es el Esp\u00edritu Santo quien \u201ccon admirable providencia gu\u00eda el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra\u201d<a href=\"#_ftn120\" name=\"_ftnref120\">[120]<\/a>. Y es el mismo Esp\u00edritu Santo quien debe guiar nuestro discernimiento, precisamente porque el Esp\u00edritu ha de ser la fuerza escondida de toda nuestra labor misionera, llev\u00e1ndonos a las profundidades de la contemplaci\u00f3n, de la que ha de brotar nuestro \u201ctestimonio de aquel que no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por muchos<a href=\"#_ftn121\" name=\"_ftnref121\">[121]<\/a>, y que <em>da su vida libremente<\/em><a href=\"#_ftn122\" name=\"_ftnref122\">[122]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn123\" name=\"_ftnref123\">[123]<\/a>.<\/p><p style=\"text-align: center;\">*****<\/p><p>\u201cNuestro mundo es un mundo de velocidad en el que la intensidad del movimiento sustituye la falta de prop\u00f3sito; donde se invoca el ruido para ahogar los susurros de la conciencia; donde hablar, hablar, hablar da la impresi\u00f3n de que estamos haciendo algo cuando en realidad no lo hacemos; donde la actividad mata el autoconocimiento que se obtiene por la contemplaci\u00f3n\u2026\u201d<a href=\"#_ftn124\" name=\"_ftnref124\">[124]<\/a>, dec\u00eda el Venerable Fulton Sheen.<\/p><p>Por eso debemos entender que \u201csin contacto con el Se\u00f1or, no se da una evangelizaci\u00f3n convincente y perseverante\u201d<a href=\"#_ftn125\" name=\"_ftnref125\">[125]<\/a> y que si bien las obras apost\u00f3licas son muy necesarias, las oraciones lo son m\u00e1s.<\/p><p>Tenemos el desaf\u00edo y la inmensa gracia de participar en la gloriosa aventura de evangelizar la cultura y, por lo tanto, de participar en los sufrimientos de Cristo en medio de un mundo sin Dios. Debemos, no obstante, sumergirnos en la vida de este mundo sin Dios, sin intentar disimular la impiedad con un barniz de religi\u00f3n o con una etiqueta nominalista de \u2018evangelizaci\u00f3n\u2019, sino para ense\u00f1orear las culturas por y para Cristo. Lo cual se logra, contando con la gracia de Dios, sacrific\u00e1ndose silenciosa y ocultamente, en el abandono a la santa voluntad de Dios, en la serena fidelidad incluso ante el declive de las fuerzas y del propio ascendiente, es decir uni\u00e9ndose a la Cruz de nuestro Se\u00f1or, lo cual supone un gran esp\u00edritu de oraci\u00f3n.<\/p><p>\u201cNo hay amor a Cristo si este amor no impulsa a entregarse a la Iglesia, y no existe obediencia filial hacia la Iglesia si esta obediencia no se traduce en obras cumplidas con fervor a las que la oraci\u00f3n aporta su fuerza y solidez\u201d<a href=\"#_ftn126\" name=\"_ftnref126\">[126]<\/a>. Teng\u00e1monos siempre como principiantes y no dejemos nunca de aspirar a una vida m\u00e1s santa y m\u00e1s perfecta<a href=\"#_ftn127\" name=\"_ftnref127\">[127]<\/a>.<\/p><p>El ejemplo sublime de la Madre de Dios nos estimule a ser hombres de oraci\u00f3n capaces de transformar todo encuentro con los dem\u00e1s hombres en una invitaci\u00f3n a la comuni\u00f3n con Dios. Vayamos con \u00e1nimo resuelto a la misi\u00f3n conservando esa unidad de vida que nos mantiene fiel a la contemplaci\u00f3n de modo tal que se diga de nosotros lo que dec\u00eda Santa Teresa de aquellos \u201cque mientras m\u00e1s adelante est\u00e1n en esta oraci\u00f3n\u2026 m\u00e1s acuden a las necesidades de los pr\u00f3jimos, en especial a las \u00e1nimas, que por sacar una de pecado mortal, parece dar\u00edan muchas vidas\u201d<a href=\"#_ftn128\" name=\"_ftnref128\">[128]<\/a>.<\/p><p>En \u00e9pocas de tensi\u00f3n y de prueba como por las que camina nuestro Instituto, optemos decididamente por el camino radical del seguimiento de Cristo, por la edificaci\u00f3n de la Iglesia con piedras vivas de santidad y enarbolemos cada vez m\u00e1s en alto el estandarte de la Encarnaci\u00f3n del Verbo. \u00a0<\/p><p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Francisco, <em>Discurso ante los participantes de la Asamblea Plenaria de la Congregaci\u00f3n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades Apost\u00f3licas<\/em>, (28\/1\/2017).<\/p><p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> El Tai Chi deriva del tao\u00edsmo, que niega la moralidad absoluta del bien y del mal. \u201cChi\u201d en s\u00ed significa \u201cenerg\u00eda\u201d o \u201caliento\u201d,\u00a0una energ\u00eda c\u00f3smica o de uno mismo, que incluye la exclusi\u00f3n de Dios porque se piensa que uno mismo puede controlar esa energ\u00eda en las personas y en las cosas.<\/p><p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Cf. Santa Teresa de Jes\u00fas,\u00a0<em>Vida<\/em>, 22, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> <em>Ibidem<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Cf. Santa Teresa de Jes\u00fas,\u00a0<em>Castillo Interior<\/em>, IV, 3, 6.<\/p><p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Cf. Cardenal Joseph Ratzinger, <em>Entrevista concedida a EWTN<\/em>, \u201cThe World Over\u201d, publicada por la revista <em>30Giorni<\/em>, n\u00famero 9, marzo de 1999.\u00a0<\/p><p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Homil\u00eda en el IV centenario de la muerte de Santa Teresa de Jes\u00fas<\/em> (1\/11\/1982).<\/p><p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 117.<\/p><p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 256; <em>op. cit. Lumen Gentium<\/em>, 50.<\/p><p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> <em>Directorio de Vida Consagrada<\/em>, 261; <em>op. cit. <\/em><em>CIC<\/em>, can. 663, \u00a71.<\/p><p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> Mc 7, 37.<\/p><p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> <em>Directorio de Vida Contemplativa<\/em>, 12.<\/p><p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, <em>Carta a los obispos de la Iglesia Cat\u00f3lica sobre algunos aspectos de la meditaci\u00f3n cristiana<\/em>, 13.<\/p><p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 202.<\/p><p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> Cf. <em>Directorio de Vida Consagrada<\/em>, 234.<\/p><p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> Cf. <em>Constituciones<\/em>, 40.<\/p><p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> Cf. <em>Constituciones<\/em>, 203.<\/p><p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 7.<\/p><p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> Cf. 2 Co 3, 18.<\/p><p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> Lc 18, 1b.<\/p><p><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a> 1Tes 5, 17.<\/p><p><a href=\"#_ftnref22\" name=\"_ftn22\">[22]<\/a> <em>Directorio de Vida Contemplativa<\/em>, 44.<\/p><p><a href=\"#_ftnref23\" name=\"_ftn23\">[23]<\/a> <em>Directorio de Direcci\u00f3n Espiritual<\/em>, 72.<\/p><p><a href=\"#_ftnref24\" name=\"_ftn24\">[24]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 231.<\/p><p><a href=\"#_ftnref25\" name=\"_ftn25\">[25]<\/a> <em>C\u00e1ntico Espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 28, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref26\" name=\"_ftn26\">[26]<\/a> Gn 1, 26.<\/p><p><a href=\"#_ftnref27\" name=\"_ftn27\">[27]<\/a> <em>C\u00e1ntico Espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 39, 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref28\" name=\"_ftn28\">[28]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Homil\u00eda durante la inauguraci\u00f3n del S\u00ednodo de los obispos sobre la vida consagrada<\/em>, (2\/10\/1994).<\/p><p><a href=\"#_ftnref29\" name=\"_ftn29\">[29]<\/a> <em>Directorio de Seminarios Menores<\/em>, 35.<\/p><p><a href=\"#_ftnref30\" name=\"_ftn30\">[30]<\/a> Cf. San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, libro 2, cap. 7, 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref31\" name=\"_ftn31\">[31]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Llama de amor viva B<\/em>, canci\u00f3n 3, 36.<\/p><p><a href=\"#_ftnref32\" name=\"_ftn32\">[32]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, libro 2, cap.12, 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref33\" name=\"_ftn33\">[33]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, cap. 14, 26.<\/p><p><a href=\"#_ftnref34\" name=\"_ftn34\">[34]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, cap. 14, 7.<\/p><p><a href=\"#_ftnref35\" name=\"_ftn35\">[35]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, cap. 14, 11.13; cap.15, 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref36\" name=\"_ftn36\">[36]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, cap. 14, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref37\" name=\"_ftn37\">[37]<\/a> Cf. Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, <em>Carta a los obispos de la Iglesia Cat\u00f3lica sobre algunos aspectos de la meditaci\u00f3n cristiana<\/em>, 30.<\/p><p><a href=\"#_ftnref38\" name=\"_ftn38\">[38]<\/a> Cf. <em>Ibidem<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref39\" name=\"_ftn39\">[39]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Llama de amor viva B<\/em>, canci\u00f3n 3, 32.43.<\/p><p><a href=\"#_ftnref40\" name=\"_ftn40\">[40]<\/a> Santa Teresa de Jes\u00fas,\u00a0<em>Camino<\/em>, 25, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref41\" name=\"_ftn41\">[41]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Llama de amor viva B<\/em>, canci\u00f3n 3, 29.<\/p><p><a href=\"#_ftnref42\" name=\"_ftn42\">[42]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 44.<\/p><p><a href=\"#_ftnref43\" name=\"_ftn43\">[43]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 47.<\/p><p><a href=\"#_ftnref44\" name=\"_ftn44\">[44]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 34.<\/p><p><a href=\"#_ftnref45\" name=\"_ftn45\">[45]<\/a> Cf. Santa Teresa de Jes\u00fas,\u00a0<em>Vida<\/em>, 10, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref46\" name=\"_ftn46\">[46]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 27, 2-9.<\/p><p><a href=\"#_ftnref47\" name=\"_ftn47\">[47]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 26, 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref48\" name=\"_ftn48\">[48]<\/a> Santa Teresa de Jes\u00fas,\u00a0<em>Camino<\/em>, 25, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref49\" name=\"_ftn49\">[49]<\/a> Cf. Santa Teresa de Jes\u00fas,\u00a0<em>Castillo Interior<\/em>, VII, 4, 9.<\/p><p><a href=\"#_ftnref50\" name=\"_ftn50\">[50]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Homil\u00eda en el IV centenario de la muerte de Santa Teresa de Jes\u00fas<\/em> (1\/11\/1982).<\/p><p><a href=\"#_ftnref51\" name=\"_ftn51\">[51]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A las \u00d3rdenes cisterciense y trapense en Castelgandolfo<\/em> (14\/9\/1990).<\/p><p><a href=\"#_ftnref52\" name=\"_ftn52\">[52]<\/a> <em>Directorio de Noviciados<\/em>, 111.<\/p><p><a href=\"#_ftnref53\" name=\"_ftn53\">[53]<\/a> Santa Teresa de Jes\u00fas,\u00a0<em>Camino<\/em>, 1, 5, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref54\" name=\"_ftn54\">[54]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A las \u00d3rdenes cisterciense y trapense en Castelgandolfo<\/em> (14\/9\/1990).<\/p><p><a href=\"#_ftnref55\" name=\"_ftn55\">[55]<\/a> <em>Directorio de Misiones Ad Gentes<\/em>, 168.<\/p><p><a href=\"#_ftnref56\" name=\"_ftn56\">[56]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Carta apost\u00f3lica a los religiosos y religiosas de Am\u00e9rica latina con ocasi\u00f3n del V centenario de la evangelizaci\u00f3n del Nuevo Mundo<\/em> (29\/6\/1990).<\/p><p><a href=\"#_ftnref57\" name=\"_ftn57\">[57]<\/a> Santa Teresa de Jes\u00fas,\u00a0<em>Camino<\/em>, 20, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref58\" name=\"_ftn58\">[58]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Carta al Prep\u00f3sito General de los Carmelitas Descalzos<\/em> (14\/10\/1981).<\/p><p><a href=\"#_ftnref59\" name=\"_ftn59\">[59]<\/a> <em>Maestro en la Fe<\/em>, 10; <em>op. cit.<\/em> \u00a0<em>C\u00e1ntico Espiritual\u00a0<\/em>B, pr\u00f3logo, 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref60\" name=\"_ftn60\">[60]<\/a> Pr\u00f3logo, 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref61\" name=\"_ftn61\">[61]<\/a> Cf. Santa Teresa de Jes\u00fas,\u00a0<em>Conceptos del amor de Dios<\/em>, 5, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref62\" name=\"_ftn62\">[62]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 20.<\/p><p><a href=\"#_ftnref63\" name=\"_ftn63\">[63]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 58; <em>op. cit<\/em>. cf. Jn 14, 6.<\/p><p><a href=\"#_ftnref64\" name=\"_ftn64\">[64]<\/a> Santa Teresa de Jes\u00fas,\u00a0<em>Vida<\/em>, 22, 6-7.<\/p><p><a href=\"#_ftnref65\" name=\"_ftn65\">[65]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 7.<\/p><p><a href=\"#_ftnref66\" name=\"_ftn66\">[66]<\/a> San Juan de la Cruz,<em> C\u00e1ntico Espiritual\u00a0<\/em>B, canci\u00f3n 7, 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref67\" name=\"_ftn67\">[67]<\/a> <em>Procesos de Beatificaci\u00f3n y Canonizaci\u00f3n<\/em>, Declaraci\u00f3n de Mar\u00eda de la Cruz, en Biblioteca M\u00edstica Carmelitana, XIV, Burgos, 1931, p. 121.<\/p><p><a href=\"#_ftnref68\" name=\"_ftn68\">[68]<\/a> <em>Maestro en la Fe<\/em>, 16.<\/p><p><a href=\"#_ftnref69\" name=\"_ftn69\">[69]<\/a> Lc 9, 23.<\/p><p><a href=\"#_ftnref70\" name=\"_ftn70\">[70]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 139.<\/p><p><a href=\"#_ftnref71\" name=\"_ftn71\">[71]<\/a> 1 Co 2, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref72\" name=\"_ftn72\">[72]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 140.<\/p><p><a href=\"#_ftnref73\" name=\"_ftn73\">[73]<\/a> Gabriel Castro, <em>Diccionario de San Juan de la Cruz<\/em>, p. 629.<\/p><p><a href=\"#_ftnref74\" name=\"_ftn74\">[74]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 168.<\/p><p><a href=\"#_ftnref75\" name=\"_ftn75\">[75]<\/a> <em>Redemptionis Donum<\/em>, 10.<\/p><p><a href=\"#_ftnref76\" name=\"_ftn76\">[76]<\/a> Palabras de Jes\u00fas a Santa Gemma Galgani el d\u00eda de su primera Comuni\u00f3n.<\/p><p><a href=\"#_ftnref77\" name=\"_ftn77\">[77]<\/a> Cf. San Luis Mar\u00eda Grignion de Montfort, <em>Amor a la Sabidur\u00eda Eterna<\/em>, 176.<\/p><p><a href=\"#_ftnref78\" name=\"_ftn78\">[78]<\/a> P. Carlos Buela, IVE, <em>Servidoras II<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref79\" name=\"_ftn79\">[79]<\/a> Traducido de la Biograf\u00eda de Santa Gemma Galgani.<\/p><p><a href=\"#_ftnref80\" name=\"_ftn80\">[80]<\/a> Cf. <em>Directorio de Vida Consagrada<\/em>, 285-286.<\/p><p><a href=\"#_ftnref81\" name=\"_ftn81\">[81]<\/a> Cf. Santa Teresa de Jes\u00fas,\u00a0<em>Camino<\/em>, 32, 12.<\/p><p><a href=\"#_ftnref82\" name=\"_ftn82\">[82]<\/a> Sal 120, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref83\" name=\"_ftn83\">[83]<\/a> Cf. Mt 11, 29.<\/p><p><a href=\"#_ftnref84\" name=\"_ftn84\">[84]<\/a> Cf. Mt 20, 12.<\/p><p><a href=\"#_ftnref85\" name=\"_ftn85\">[85]<\/a> Francisco, <em>V\u00edsperas con el clero, los religiosos y religiosas en la Catedral de San Patricio, New York<\/em> (24\/9\/2015).<\/p><p><a href=\"#_ftnref86\" name=\"_ftn86\">[86]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 113.<\/p><p><a href=\"#_ftnref87\" name=\"_ftn87\">[87]<\/a> <em>Directorio de<\/em> <em>Vida Consagrada<\/em>, 383; <em>op. cit<\/em>. Santo Tom\u00e1s de Aquino, <em>S. Th<\/em>., II-II, 182, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref88\" name=\"_ftn88\">[88]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 113.<\/p><p><a href=\"#_ftnref89\" name=\"_ftn89\">[89]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 92.<\/p><p><a href=\"#_ftnref90\" name=\"_ftn90\">[90]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos comprometidos de Bissau, Guinea-Bissau<\/em> (27\/1\/1990).<\/p><p><a href=\"#_ftnref91\" name=\"_ftn91\">[91]<\/a> Cf. <em>Constituciones<\/em>, 197.<\/p><p><a href=\"#_ftnref92\" name=\"_ftn92\">[92]<\/a> San Agust\u00edn, <em>Sermones<\/em>, 179, 1; PL 38, 966; <em>Dei Verbum<\/em>, 15.<\/p><p><a href=\"#_ftnref93\" name=\"_ftn93\">[93]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 203.<\/p><p><a href=\"#_ftnref94\" name=\"_ftn94\">[94]<\/a> <em>Ibidem<\/em>; <em>op. cit. Pastores Dabo Vobis<\/em>, 47.<\/p><p><a href=\"#_ftnref95\" name=\"_ftn95\">[95]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 31.<\/p><p><a href=\"#_ftnref96\" name=\"_ftn96\">[96]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 42.<\/p><p><a href=\"#_ftnref97\" name=\"_ftn97\">[97]<\/a> Cf. <em>Ibidem<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref98\" name=\"_ftn98\">[98]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Discurso a los Capitulares de los Misioneros de Nuestra Se\u00f1ora de la Salette<\/em> (4\/5\/2000).<\/p><p><a href=\"#_ftnref99\" name=\"_ftn99\">[99]<\/a> <em>Perfectae Caritatis<\/em>, 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref100\" name=\"_ftn100\">[100]<\/a> Cf. <em>Ibidem<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref101\" name=\"_ftn101\">[101]<\/a> <em>Directorio de Vida Consagrada<\/em>, 258.<\/p><p><a href=\"#_ftnref102\" name=\"_ftn102\">[102]<\/a> Hch 10, 38.<\/p><p><a href=\"#_ftnref103\" name=\"_ftn103\">[103]<\/a> Cf. Jn 10, 15.<\/p><p><a href=\"#_ftnref104\" name=\"_ftn104\">[104]<\/a> <em>Directorio de Vida Consagrada<\/em>, 261.<\/p><p><a href=\"#_ftnref105\" name=\"_ftn105\">[105]<\/a> Cf. <em>Directorio de Misiones Ad Gentes<\/em>, 105.<\/p><p><a href=\"#_ftnref106\" name=\"_ftn106\">[106]<\/a> Cf. <em>Gaudium et Spes<\/em>, 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref107\" name=\"_ftn107\">[107]<\/a> Cf. San Juan Pablo II, <em>Al Congreso Mundial de Institutos Seculares en Roma<\/em> (28\/8\/2000).<\/p><p><a href=\"#_ftnref108\" name=\"_ftn108\">[108]<\/a> <em>Directorio de la Predicaci\u00f3n de la Palabra de Dios<\/em>, 125.<\/p><p><a href=\"#_ftnref109\" name=\"_ftn109\">[109]<\/a> Cf. San Juan Pablo II, <em>Al Congreso Mundial de Institutos Seculares en Roma<\/em> (28\/8\/2000).<\/p><p><a href=\"#_ftnref110\" name=\"_ftn110\">[110]<\/a> Cf. San Juan Pablo II, <em>A los consagrados en Madrid<\/em> (2\/11\/1982).<\/p><p><a href=\"#_ftnref111\" name=\"_ftn111\">[111]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Al Cap\u00edtulo General de los Frailes Menores<\/em> (22\/6\/1985).<\/p><p><a href=\"#_ftnref112\" name=\"_ftn112\">[112]<\/a> 2 Tim 4, 1-5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref113\" name=\"_ftn113\">[113]<\/a> <em>Directorio de la Predicaci\u00f3n de la Palabra de Dios<\/em>, 125.<\/p><p><a href=\"#_ftnref114\" name=\"_ftn114\">[114]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 126.<\/p><p><a href=\"#_ftnref115\" name=\"_ftn115\">[115]<\/a> Cf. San Juan Pablo II, <em>A los ministros provinciales de los Capuchinos de Italia, en Roma<\/em> (1\/3\/1984).<\/p><p><a href=\"#_ftnref116\" name=\"_ftn116\">[116]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 113.<\/p><p><a href=\"#_ftnref117\" name=\"_ftn117\">[117]<\/a> Rm 12, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref118\" name=\"_ftn118\">[118]<\/a> <em>Directorio de Hermanos Religiosos<\/em>, 55; <em>op. cit. Vita Consecrata<\/em>, 94.<\/p><p><a href=\"#_ftnref119\" name=\"_ftn119\">[119]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Al Congreso Mundial de Institutos Seculares en Roma<\/em> (28\/8\/2000).<\/p><p><a href=\"#_ftnref120\" name=\"_ftn120\">[120]<\/a> <em>Directorio de Misiones Ad Gentes<\/em>, 65.<\/p><p><a href=\"#_ftnref121\" name=\"_ftn121\">[121]<\/a> Cf. Mt 20, 28.<\/p><p><a href=\"#_ftnref122\" name=\"_ftn122\">[122]<\/a> Jn 10, 17-18.<\/p><p><a href=\"#_ftnref123\" name=\"_ftn123\">[123]<\/a> <em>Directorio de Vida Consagrada<\/em>, 279.<\/p><p><a href=\"#_ftnref124\" name=\"_ftn124\">[124]<\/a> Ven. Fulton Sheen, <em>Those Mysterious Priests<\/em>, cap. 12.<\/p><p><a href=\"#_ftnref125\" name=\"_ftn125\">[125]<\/a> <em>Documento de Puebla<\/em>, 726.<\/p><p><a href=\"#_ftnref126\" name=\"_ftn126\">[126]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Carta al Prep\u00f3sito General de los Carmelitas Descalzos<\/em> (14\/10\/1981).<\/p><p><a href=\"#_ftnref127\" name=\"_ftn127\">[127]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 41.<\/p><p><a href=\"#_ftnref128\" name=\"_ftn128\">[128]<\/a> <em>Conceptos del amor de Dios<\/em>, 7, 8.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contemplar y testimoniar Directorio de Vida Consagrada, 234 Es necesario afirmar que la crisis en la que se halla la vida religiosa en nuestros d\u00edas tiene como fundamento principal y preponderante la desviaci\u00f3n, falta, o el m\u00e1s llano abandono de una aut\u00e9ntica y profunda vida de oraci\u00f3n. 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