{"id":4387,"date":"2021-09-01T07:59:55","date_gmt":"2021-09-01T05:59:55","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/?p=4387"},"modified":"2025-07-01T07:35:28","modified_gmt":"2025-07-01T05:35:28","slug":"resistidle-firmes-en-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/index.php\/2021\/09\/01\/resistidle-firmes-en-la-fe\/","title":{"rendered":"Resistidle firmes en la fe"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"4387\" class=\"elementor elementor-4387\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-8720a2f elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"8720a2f\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-0e23597\" data-id=\"0e23597\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-e55be2d elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"e55be2d\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<p>Hab\u00eda un equilibrista de la cuerda floja llamado Charles Blondin<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>, de origen franc\u00e9s. Era capaz de hacer trucos incre\u00edbles en la cuerda floja. Por todo Par\u00eds hac\u00eda actos de acrobacia a grandes alturas que a la vez que entreten\u00edan, espantaban a los espectadores. Realizaba una actuaci\u00f3n tras otra, por ejemplo, haciendo acrobacias con los ojos vendados en la cuerda floja, o como aquella vez que con los ojos vendados y empujando una carretilla cruz\u00f3 por la cuerda floja de punta a punta a grandes alturas. Un empresario de espect\u00e1culos americano, William Niblo, ley\u00f3 acerca de \u00e9l en los diarios y le escribi\u00f3 una carta a Blondin dici\u00e9ndole: \u201cSe\u00f1or Equilibrista, no creo que lo puedas hacer, pero estoy dispuesto a hacerte una oferta. Por una suma de dinero considerable, adem\u00e1s de los gastos de transportaci\u00f3n, me gustar\u00eda desafiarte a realizar tu acto de acrobacia por sobre las cataratas del Ni\u00e1gara\u201d. A lo cual Blondin respondi\u00f3: \u201cSe\u00f1or, aunque nunca he estado en Am\u00e9rica ni he visto las cataratas, me encantar\u00eda ir\u201d. Pues bien, despu\u00e9s de una gran promoci\u00f3n por parte de Niblo y de hacer las preparaciones correspondientes por sobre las cataratas, much\u00edsima gente acudi\u00f3 para ver el espect\u00e1culo. El equilibrista deb\u00eda empezar desde el lado canadiense de las cataratas y caminar hacia el lado americano. Los tambores empezaron a sonar, y \u00e9l avanz\u00f3 por la cuerda floja de 340 m de largo suspendida sobre una parte un poco peligrosa de las cataratas a 49 m por encima del agua y \u00a1con los ojos vendados! Blondin cruz\u00f3 al otro lado sin ning\u00fan problema un 30 de junio de 1859. La multitud estaba enloquecida, entonces el equilibrista se acerc\u00f3 al empresario americano y le pregunt\u00f3: \u201c\u00bfY?&#8230; Ahora, \u00bfcree que puedo hacerlo?\u201d. \u201c\u00a1Por supuesto que lo creo! \u00a1Lo acabo de ver!\u201d. \u201cNo\u201d, le dice Blondin, \u201custed \u00bfrealmente cree que puedo hacerlo?\u201d. \u201c\u00a1S\u00ed! por supuesto que lo creo, lo acaba de hacer\u201d. \u201cNo, no, no\u201d, sigui\u00f3 el equilibrista, \u201c\u00bfUsted en verdad cree que puedo hacerlo?\u201d, \u201cS\u00ed\u201d, dijo el empresario, \u201ccreo que lo puedes hacer\u201d. \u201cPues bien, entonces\u201d, contest\u00f3 Blondin, \u201cs\u00fabase a la carretilla\u201d.<\/p><p>Creer significa en griego \u201c<em>aquello por lo que se vive<\/em>\u201d, es decir, debe ser el motor operante que dirija nuestras acciones, decisiones, y, en fin, nuestra conducta global y en sus detalles menudos, porque <em>la fe sin obras es muerta<\/em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>, hasta poder decir que la fe es no s\u00f3lo \u201c<em>aquello por lo que se vive<\/em>\u201d sino tambi\u00e9n \u201c<em>aquello por lo que se muere<\/em>\u201d.<\/p><p>Sin embargo, es patente la realidad \u2013acerca de la cual no estamos exentos\u2013 que \u201cel divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los m\u00e1s graves errores de nuestra \u00e9poca\u201d<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a> como bien hac\u00eda notar a su tiempo el Concilio Vaticano II.<\/p><p>\u00bfCu\u00e1ntos que dicen no profesar ninguna religi\u00f3n formal pueden decir en qu\u00e9 no creen? La pregunta viene porque hace algunos a\u00f1os, muchas personas que dec\u00edan no tener fe sab\u00edan en qu\u00e9 no cre\u00edan; hoy, aquellos que no tienen fe ni siquiera saben en qu\u00e9 no creen. Han abandonado todas las certezas, no tienen siquiera par\u00e1metros o principios o est\u00e1ndares por los cuales juzgar su propio agnosticismo.<\/p><p>Hoy en d\u00eda, con la pandemia, los conflictos entre los distintos pa\u00edses, los esc\u00e1ndalos y su consecuente inseguridad, \u00e9stos se han empezado a cuestionar sus propias dudas. Las palabras progreso, evoluci\u00f3n y ciencia, que alguna vez los motivaban y enardec\u00edan d\u00e1ndoles la ilusi\u00f3n de fe, ahora los deja fr\u00edos.<\/p><p>\u201cLa fe no es como muchos creen\u201d, dice el Ven. Fulton Sheen, \u201cuna confianza emocional\u201d, como la del empresario americano del ejemplo citado arriba. \u201cNo es la creencia de que algo te va a pasar, ni siquiera es la voluntad de creer a pesar de las dificultades. Antes bien, la fe es la aceptaci\u00f3n de una verdad basada en la autoridad de que es Dios quien la revela. Y, por lo tanto, presupone la raz\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. En este sentido se\u00f1ala el derecho propio que \u201cla fe misma no puede prescindir de la raz\u00f3n ni del esfuerzo de pensar sus contenidos\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>.<\/p><p>De ah\u00ed que la condici\u00f3n para convertirse al catolicismo y perseverar en \u00e9l es la total, completa y absoluta sumisi\u00f3n a la autoridad de Cristo y a su prolongaci\u00f3n en la Iglesia. Por tanto, \u201cun cat\u00f3lico puede ser definido como el que hizo el incre\u00edble hallazgo de que Dios sabe m\u00e1s que \u00e9l\u201d <a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>.<\/p><p>La fe est\u00e1 relacionada a la raz\u00f3n como el telescopio al ojo, el cual no destruye la visi\u00f3n, sino que le abre nuevos mundos que de otra manera le estar\u00edan velados. Y siendo la fe una virtud, es por eso un h\u00e1bito \u2013no adquirido, como podr\u00eda ser el nadar, sino un h\u00e1bito infuso por Dios en el momento del Bautismo\u2013 y crece con la pr\u00e1ctica: es decir, Dios la hace crecer por nuestra pr\u00e1ctica, que dispone al aumento de la fe&#8230; pues si bien la fe es un don de Dios no se practica sola: tenemos que mover nuestra voluntad libremente en cada acto de fe. Y nuestro ideal es el llegar a un punto en su pr\u00e1ctica, donde, como nuestro Se\u00f1or en la Cruz, demos testimonio de Dios aun en medio del abandono y de la agon\u00eda de una crucifixi\u00f3n. Ese \u201ces el esp\u00edritu de fe y de amor con el que deben vivir todos los miembros el misterio del Verbo Encarnado\u201d<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>.<\/p><p>\u201cEstamos llamados a ser los <strong>hombres de fe<\/strong> que deben llevar y fortalecer en la fe a sus hermanos\u201d<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>. Eso es lo nuestro. Por eso nos ha parecido dedicar estas p\u00e1ginas al tema crucial de la fe del sacerdote y del religioso, sometida no pocas veces al crisol de arduas pruebas, y que otras tantas veces se ve sacudida, debilitada, cuestionada, y corre el riesgo de quedar recluida a lo ritual, de volverse \u201cacartonada\u201d o \u2013 Dios no lo permita\u2013 de ser resquebrajada. La fe es esencial para ser santos y para evangelizar la cultura y sin ella, la labor misionera, por m\u00e1s loable que sea no deja de ser eso: una gran obra, pero carente de alma, de m\u00e9ritos, y de ra\u00edces firmes.<strong>\u00a0<\/strong><\/p><h4><strong>1. La fe<\/strong><\/h4><p>\u00a0<\/p><p>El <em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/em> define la virtud de la fe de la siguiente manera: \u201cLa fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que \u00c9l nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque \u00c9l es la verdad misma. Por la fe \u2018el hombre se entrega entera y libremente a Dios\u2019<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>. Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios\u201d<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>. Ahora bien, la virtud de la fe en el sacerdote adquiere una especificidad particular.<\/p><p>En el mundo actual hay un preocupante descenso de la fe. Fulton Sheen ya hace d\u00e9cadas y hablando de su propio pa\u00eds (pero nos parece que es algo que se aplica a muchos pa\u00edses), dec\u00eda: \u201cLa causa principal del declive de la religi\u00f3n en Am\u00e9rica es el car\u00e1cter irracional y sin fundamentaci\u00f3n de la creencia. A menos que el fundamento sea s\u00f3lido, la superestructura pronto tambalear\u00e1 y se caer\u00e1. Hagan este experimento y preg\u00fantenles a aquellos que se llaman a s\u00ed mismos cristianos por qu\u00e9 creen, y la mayor\u00eda de ellos se hallar\u00e1n incapaces de dar una raz\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>. Por eso es casi instintivo recordar la frase del Verbo Encarnado: <em>Cuando venga el Hijo del Hombre, \u00bfhallar\u00e1 fe en la tierra?<\/em><a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>. Claro, esto no es s\u00f3lo de ahora. Ya en el siglo XIX Kierkegaard pod\u00eda escribir: \u201cDesde hace mucho tiempo no hay bastante fe en el mundo, y esa es la raz\u00f3n por la que la fe no mueve al mundo\u201d.<\/p><p>Ahora bien, si la vida de fe est\u00e1 lejos de ser vigorosa en nuestros contempor\u00e1neos, debiera por lo menos resplandecer en los sacerdotes, llamados como somos \u201ca vivir, a creer y a comunicar la fe cristiana\u201d<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>, es decir, llamados a \u201cser testigos\u201d<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a>, a ser maestros a la hora de no perder de vista \u201cel car\u00e1cter eminentemente sobrenatural de la fe y de la vida cristiana\u201d<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a>.<\/p><p>Por eso dec\u00eda San Pablo: <em>Es preciso que los hombres vean en nosotros a los ministros de Cristo y a los administradores de los misterios de Dios. Lo que en los administradores se busca es que sean fieles<\/em><a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a>. Ser \u201cfiel\u201d significa ser hombre de fe. Lo que la gente espera de nosotros es la \u201cfidelidad\u201d. S\u00f3lo estaremos en condiciones de ofrecer un testimonio semejante si somos hombres de fe. Hace unos a\u00f1os ya, el Card. Ratzinger afirmaba: \u201cEl mundo tiene sed de conocer, no nuestros problemas eclesiales, sino el fuego que Jes\u00fas trajo a la tierra\u201d<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\"><sup>[17]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Como miembros del Instituto, que se enorgullece de tener como elemento \u2018no negociable\u2019 adjunto al carisma el tener una visi\u00f3n providencial sobre la vida, no debemos limitarnos a percibir errores y peligros. Ciertamente que no se pueden ignorar tampoco los aspectos negativos o problem\u00e1ticos, pero inmediatamente debemos esforzarnos por descubrir caminos de fe y de esperanza.<\/p><p>\u201cEn el coraz\u00f3n de un mundo que cambia \u2013dec\u00eda San Juan Pablo II\u2013 en el que persisten y se agravan injusticias y sufrimientos inauditos, est\u00e1is llamados a realizar una lectura cristiana [y, por tanto, de fe] de los hechos y de los fen\u00f3menos hist\u00f3ricos y culturales. En particular deb\u00e9is ser portadores de luz y de esperanza en la sociedad actual. <strong>No os dej\u00e9is enga\u00f1ar por optimismos ingenuos<\/strong>; por el contrario, seguid siendo testigos fieles de un Dios que ciertamente ama la humanidad y le ofrece la gracia necesaria para que pueda trabajar eficazmente en la construcci\u00f3n de un mundo mejor, m\u00e1s justo y m\u00e1s respetuoso de la dignidad de todo ser humano. El desaf\u00edo que la cultura contempor\u00e1nea plantea a la fe es precisamente este: abandonar la f\u00e1cil inclinaci\u00f3n a pintar escenarios oscuros y negativos, para trazar posibles v\u00edas, no ilusorias, de redenci\u00f3n, liberaci\u00f3n y esperanza\u201d<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[18]<\/a>.<\/p><p><em>\u25aa<\/em><em> La fe del sacerdote<\/em><em style=\"font-size: 16px;\">\u00a0<\/em><\/p><p>Si bien la fe es propia de todo bautizado, la fe sacerdotal se distingue de la fe com\u00fan de los cristianos.<\/p><p>Es sabido por todos Ustedes que en virtud de la gracia sacramental que el sacerdote recibe juntamente con el car\u00e1cter, hay una suerte de modificaci\u00f3n de la gracia habitual, por la que el reci\u00e9n ordenado queda habilitado para comportarse como \u201cotro Cristo\u201d es decir, queda \u201chabilitado\u201d para la moral configuraci\u00f3n con Cristo por la imitaci\u00f3n de las virtudes y sentimientos que tuvo \u00c9l<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\"><sup>[19]<\/sup><\/a>. \u00a0<\/p><p>Es clar\u00edsimo que el sacerdote, cualquiera sea, y sea que desempe\u00f1e su ministerio en la selva de una isla, en el silencio del claustro, postrado en una cama por la enfermedad o recorriendo pueblos rurales o las grandes ciudades, necesita una fe muy por encima de lo com\u00fan para estar a la altura de su elevada misi\u00f3n. La fe del sacerdote, que se inserta en la del simple fiel cristiano, se dirige con predilecci\u00f3n a los misterios que realiza, y va unida con el don personal de s\u00ed al Se\u00f1or que se complace en servirse de \u00e9l para su gloria y la santificaci\u00f3n de los hombres.<\/p><p>Mons. Adolfo Tortolo afirmaba una vez: \u201cComo sacerdotes nacimos de un misterio de fe, somos un misterio de fe, y debemos ser perennes testigos de la fe. La fe nos envuelve, nos penetra, nos nutre. Una vida sacerdotal sin fe es un verdadero contrasentido. Un sacerdote que no viviera de fe resultar\u00eda incomprensible, incluso para s\u00ed mismo. Y, por a\u00f1adidura, ser\u00eda perfectamente desgraciado en su vocaci\u00f3n, de la que s\u00f3lo experimentar\u00eda las privaciones sensibles sin gustar, como contrapartida, las inmensas riquezas sobrenaturales que acarrea\u201d<a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\">[20]<\/a>.<\/p><p>Acerca de estos tales se refer\u00eda San Juan Pablo II en 1985 en Luxemburgo al dirigirse al clero: \u201cNo hay que negar que <em>muchos hermanos se sienten inseguros en su sacerdocio<\/em><a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\">[21]<\/a>. La evoluci\u00f3n de numerosos aspectos en la mentalidad de la gente y en las estructuras sociales hace que en muchos de vosotros surja el interrogante de si se hallar\u00e1 en el puesto adecuado o de si su sacerdocio contin\u00faa teniendo sentido. Esta inseguridad se acent\u00faa a\u00fan m\u00e1s debido a la pregunta terrible de qui\u00e9n continuar\u00e1 la obra cuando las vocaciones sacerdotales son tan escasas; una preocupaci\u00f3n por el futuro que a todos nos agobia. A estas tensiones interiores se puede reaccionar, por ejemplo: tomando posturas exageradas de rigidez o permisividad, desilusion\u00e1ndose o resign\u00e1ndose, limit\u00e1ndose a los m\u00ednimamente necesario en el desempe\u00f1o ritual de la misi\u00f3n sacerdotal.<\/p><p>Desde una perspectiva humana, esas formas de comportarse pueden resultar comprensibles. Pero la respuesta que se adecua a nuestro sacerdocio es otra: <strong>la fe en el Se\u00f1or<\/strong>, presente tambi\u00e9n en nuestros d\u00edas; la confianza en su palabra: <em>Echad las redes<\/em>, palabra que tiene un valor especial para nosotros los sacerdotes. Tambi\u00e9n es importante que seamos <em>hombres de una fe firme<\/em>. Recordemos lo que Jes\u00fas dijo a Pedro poco antes de salir hacia el monte de los Olivos: <em>Sim\u00f3n\u2026 he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y t\u00fa, una vez convertido, confirma a tus hermanos<\/em><a href=\"#_ftn22\" name=\"_ftnref22\">[22]<\/a>. No es \u00e9sta una funci\u00f3n especial de Pedro; tambi\u00e9n lo es de cada uno de los sacerdotes frente a sus hermanos en el sacerdocio y frente a los fieles a los que ha sido enviado. La fe fortificada en el fuego de las pruebas y reconciliada en el perd\u00f3n es una fuerza que tambi\u00e9n hoy es capaz de mover monta\u00f1as. Esa fe nos anima a ir una y otra vez con esp\u00edritu misionero tras la oveja perdida. Con una fe as\u00ed, nuestra vida sigue el camino de Cristo, muerto y resucitado: s\u00f3lo de \u00c9l saca su sentido y su misi\u00f3n nuestra existencia sacerdotal\u201d<a href=\"#_ftn23\" name=\"_ftnref23\">[23]<\/a>.<\/p><p>La fe es todo para un sacerdote, ella rige su vida, ella le da los principios que le sirven de gu\u00eda al momento de actuar, de decidir, de iluminar, ella lo pone en contacto vivo con esa uni\u00f3n indisoluble que hay entre \u00e9l y el Verbo Encarnado como ense\u00f1a el Magisterio de la Iglesia: hay \u201cun v\u00ednculo ontol\u00f3gico espec\u00edfico, que une al sacerdote con Cristo, Sumo Sacerdote y Buen Pastor\u201d<a href=\"#_ftn24\" name=\"_ftnref24\"><sup>[24]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Por ello nuestro sacerdocio s\u00f3lo puede desarrollarse y perdurar si se halla enraizado en el misterio pascual. El elemento determinante de nuestro sacerdocio no son los \u00e9xitos terrenos, sino la <em>ley del grano de trigo<\/em> que tiene que caer en la tierra y morir para poder dar fruto<a href=\"#_ftn25\" name=\"_ftnref25\">[25]<\/a>. Por eso el misterio de la redenci\u00f3n debe ser el gran tema de nuestras vidas. El mensaje de la salvaci\u00f3n, que el sacerdote est\u00e1 encargado de proclamar para que todos los que lo oigan crean en \u00e9l, deber\u00e1 ser el objeto predilecto de su predicaci\u00f3n. Y para esto, es necesario primero que \u00e9l crea intensamente en ese mensaje.<\/p><p>La fe sacerdotal se dirige antes que nada a la Persona de Jesucristo. Por eso dicen nuestras <em>Constituciones<\/em> que para hacer recaer los efectos de la redenci\u00f3n sobre las almas \u201ces absolutamente imprescindible unirse a su Persona\u201d<a href=\"#_ftn26\" name=\"_ftnref26\">[26]<\/a>. De ah\u00ed que la devoci\u00f3n que el sacerdote ha de tener a Cristo deber\u00e1 centrarse en el Verbo Encarnado como Dios y como Salvador y \u00fanico Mediador de la salvaci\u00f3n. Ministro de Cristo, llamado a asemej\u00e1rsele tanto en su vida interior como en su ministerio exterior, y a vivir \u00edntimamente unido con \u00c9l, deber\u00e1 poseer en su coraz\u00f3n una fe viva en el misterio del Verbo Encarnado y Redentor. La fe har\u00e1 permanente su encuentro con Cristo, y el encuentro con Cristo necesariamente lo transformar\u00e1. \u00a0En otras palabras: la fe nos mueve a vivir en \u201csanta familiaridad con el Verbo hecho carne\u201d<a href=\"#_ftn27\" name=\"_ftnref27\">[27]<\/a>.<strong>\u00a0<\/strong><\/p><h4><strong>2. Los avatares de la fe del sacerdote<\/strong><\/h4><p><strong>\u00a0<\/strong><\/p><p>\u201cPor la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios\u201d<a href=\"#_ftn28\" name=\"_ftnref28\">[28]<\/a>, dec\u00edamos unos p\u00e1rrafos m\u00e1s arriba y lo mismo se\u00f1ala el derecho propio. Ahora bien, esa entrega es continuada, actualizada siempre de nuevo, progresiva, e implica un contacto sobrenatural que puede ser incesantemente intensificado.<\/p><p>Basta s\u00f3lo con traer a la memoria el llamado de los ap\u00f3stoles. Desde su primer llamado quedaron conquistados por Jes\u00fas. <em>Hemos encontrado al Mes\u00edas<\/em><a href=\"#_ftn29\" name=\"_ftnref29\">[29]<\/a>, dec\u00edan llenos de gozo. Eso ya era un acto de fe. Sin embargo, esa fe era incipiente y fue creciendo al comp\u00e1s de la intimidad con Cristo, y s\u00f3lo luego de pasar por el esc\u00e1ndalo de la cruz desemboc\u00f3 en la configuraci\u00f3n plena a trav\u00e9s del martirio.<\/p><p>As\u00ed tambi\u00e9n la fe del sacerdote normalmente habr\u00e1 de crecer con el transcurso de los a\u00f1os.<\/p><p>Ahora bien, en este proceso de crecimiento e intensificaci\u00f3n de la fe, no son pocas las batallas; batallas que se resumen en luchar por salvaguardar no s\u00f3lo el dep\u00f3sito de la fe, manteniendo \u00edntegro ese dep\u00f3sito en nuestros pensamientos siempre, a pesar de las m\u00faltiples contradicciones de moda, sino tambi\u00e9n en permanecer fiel a los compromisos asumidos. Es decir, fidelidad al car\u00e1cter sacerdotal, fidelidad a nuestra misi\u00f3n, fidelidad a la Verdad, fidelidad a nuestra funci\u00f3n sacerdotal en la Iglesia, fidelidad al carisma del Instituto en el que nos hemos consagrado a Dios. \u00a0<\/p><p>No hay que escudri\u00f1ar mucho para darse cuenta de que mantener esta fidelidad no es tarea f\u00e1cil. El enemigo de nuestras almas, el esp\u00edritu del mundo y nuestra propia miseria est\u00e1n siempre pugnando para debilitarla, adormecerla y darle el golpe mortal. Uno de los obst\u00e1culos m\u00e1s comunes para la intensificaci\u00f3n de nuestra fe, sobre todo cuando ya han pasado algunos a\u00f1os de sacerdocio, es la <strong>rutina<\/strong> que se vuelve como una polilla de la fe sacerdotal. La rutina en el ministerio es lo que m\u00e1s a menudo paraliza o adormece nuestra fe. Por eso siempre debemos pedir \u2013como hermosamente ense\u00f1a el derecho propio\u2013 \u201cel fervor espiritual, la alegr\u00eda de evangelizar, incluso cuando tengamos que sembrar entre l\u00e1grimas\u201d<a href=\"#_ftn30\" name=\"_ftnref30\">[30]<\/a>. Y no s\u00f3lo hay que pedir esta gracia, sino que hay que disponerse a ella movi\u00e9ndose en contra de la rutina. No olvidemos que, como sol\u00eda repetir San Juan Pablo II, \u201c\u00a1la fe se fortalece d\u00e1ndola!\u201d y hay que tener iniciativa e inventiva para que esa fe llegue a tantas almas como m\u00e1s y mejor se pueda. Y para eso, hay que sacrificarse.<\/p><p>Asimismo, resulta de capital importancia alimentarse continuamente con la riqueza de la fe para que su alegr\u00eda peculiar no se vea comprometida en momentos de dificultad, aridez y de sufrimiento. Nuestra fe no es una especie de dep\u00f3sito que se posea y se conserve sin esfuerzo, independientemente de la voluntad, o que est\u00e9 inmune a las circunstancias adversas o al ambiente en que vivimos. Es m\u00e1s bien un tesoro que hay que proteger, defender y compartir con todos.<\/p><p>En esta lucha por permanecer <em>firmes en la fe<\/em><a href=\"#_ftn31\" name=\"_ftnref31\">[31]<\/a> no deben espantarnos las pruebas, pues ellas son parte del programa. No pocas veces esas pruebas que Dios, como Padre amoroso, no s\u00f3lo permite que nos sucedan, sino que \u00c9l mismo quiere para nosotros, nos ponen en una crisis, nos dejan en la disyuntiva como al empresario americano de la an\u00e9cdota: o salimos corriendo o hacemos el acto de fe.\u00a0<\/p><p>Eso, por un lado. Por otro lado, quisi\u00e9ramos advertir sobre uno de los obst\u00e1culos que nos puede sobrevenir de parte del enemigo de nuestra alma y que es un obst\u00e1culo que suele ser bastante efectivo en nuestro peregrinar de la fe, y es el <strong>desaliento<\/strong>.<\/p><p>As\u00ed lo indica el mismo Magisterio de la Iglesia: \u201cEste Sagrado Concilio, aun teniendo presente los gozos de la vida sacerdotal, no puede olvidar las dificultades en que se ven los presb\u00edteros en las actuales circunstancias de la vida de hoy.\u00a0[\u2026] Porque los nuevos impedimentos que obstaculizan la fe, la aparente esterilidad del trabajo realizado, y la acerba soledad que sienten pueden ponerles en peligro de que <em>decaigan sus \u00e1nimos<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn32\" name=\"_ftnref32\">[32]<\/a>.<\/p><p>El des\u00e1nimo es un arma potente en manos del demonio<a href=\"#_ftn33\" name=\"_ftnref33\">[33]<\/a>. El des\u00e1nimo, si llega a invadirnos y se queda en nosotros insistentemente, puede detenernos o paralizarnos en nuestro camino hacia Dios. Cristo mismo se lo advirti\u00f3 a Santa Faustina: \u201chas de saber que el mayor obst\u00e1culo para la santidad es el desaliento y la inquietud injustificada que te quitan la posibilidad de ejercitarte en las virtudes\u201d<a href=\"#_ftn34\" name=\"_ftnref34\">[34]<\/a>.<\/p><p>Esta estrategia del maligno es particularmente insidiosa porque a veces no es f\u00e1cilmente perceptible la mano del demonio, as\u00ed como tampoco resulta evidente que nos estamos apartando de Dios. Son muchas las situaciones, estados del alma, circunstancias particulares e insidias del diablo que pueden llevar a un alma al desaliento. A algunas almas les muestra todas sus deficiencias e ineptitudes para dejarla completamente paralizada: a \u00e9stas les insin\u00faa que como el alma no est\u00e1 perfectamente ordenada en sus pensamientos, en sus inclinaciones, en sus afectos, entonces no hay progreso espiritual. En efecto, el diablo niega el car\u00e1cter peregrinante de nuestras vidas. Falsamente establece: progreso total o no hay progreso. El mensaje del maligno en este caso es que no hay futuro y no hay potencial en este camino. Consecuentemente, nos paraliza, nos inmoviliza y podemos sucumbir en el m\u00e1s apabullante de los desalientos.<\/p><p>En otros, el des\u00e1nimo se sigue tras el cansancio. La dimensi\u00f3n tentadora entra en el cansancio cuando el diablo agarra ese cansancio y lo usa para decirnos que tendr\u00edamos que dejar de hacer lo que estamos llamados a hacer: sentarnos a escuchar confesiones antes de la misa, estudiar como parte de la \u00a0formaci\u00f3n permanente, perseverar en la oraci\u00f3n a pesar de las grandes arideces, ponerle garra al apostolado, secundar buenas iniciativas\u2026 Dicho en otras palabras, el diablo busca empujar al alma hacia un descorazonamiento y un estado de des\u00e1nimo tal que de ah\u00ed al abandono de sus compromisos (votos religiosos, actividades propias del ministerio) y de la misi\u00f3n que se le ha encomendado, no haya m\u00e1s que un paso.<\/p><p>Hay que darse cuenta de que al diablo le gusta explotar el cansancio por la duraci\u00f3n de la prueba como si fuese una mina de desaliento, de pesar, de frustraci\u00f3n, queriendo frenar las iniciativas, llenando de incertidumbres el camino, sembrando de tentaciones de futuro los d\u00edas y las noches mientras resuena en el fondo del alma el \u00bfhasta cu\u00e1ndo Se\u00f1or, hasta cu\u00e1ndo?<\/p><p>Otro modo en que el desaliento trabaja en nuestras vidas es por el sentirse sobrepasado. El alma experimenta como una impotencia, por ejemplo, cuando cierta combinaci\u00f3n de circunstancias (apostolado, salud, familia, comunidad, la falta de tiempo, lo que sea) parecen conspirar para confundirnos y mantenernos por tierra. \u00a0Claro, todas esas cosas crean el caldo de cultivo perfecto para el desaliento. El diablo lo sabe y por supuesto quiere llevarnos a que nos \u2018desliguemos\u2019 de todo eso haci\u00e9ndonos sentir impotentes y agobiados ante las demandas y exigencias de nuestro ministerio sacerdotal.<\/p><p>Tambi\u00e9n el desaliento puede venir por la intimidaci\u00f3n, es decir, como fruto de la persecuci\u00f3n, de la hostilidad, de los esc\u00e1ndalos eclesiales y de todas esas circunstancias que pueden resultar intimidantes y nos dejan tambaleando. F\u00edjense que el demonio trabaja en ambos, perseguidores y perseguidos. En los perseguidores anim\u00e1ndolos a la persecuci\u00f3n; a los perseguidos los desanima. Lo que quiere es que no se proclame nuestra fe, que Cristo no sea alabado hasta los confines del mundo: quiere alejar a los misioneros de la sublime obra de la salvaci\u00f3n de las almas, quiere causar divisi\u00f3n y dispersarlos.<\/p><p>Y, por \u00faltimo, podr\u00edamos mencionar aqu\u00ed, que el diablo nos inyecta el desaliento debido a nuestra inefectividad de producir un cambio efectivo. Noten Ustedes, por lo que venimos diciendo, que el desaliento ataca especialmente a las personas que tienen grandes ideales y que quieren hacer algo bueno. Precisamente porque saben lo que podr\u00eda ser y perciben cierto futuro potencial, el fracaso en la realizaci\u00f3n de esas aspiraciones los desalienta mucho. Les pasa a los que atienden a los pobres, pero ven que la pobreza no se acaba a pesar de sus esfuerzos continuos; en consecuencia, como no est\u00e1n produciendo un cambio efectivo, la posibilidad se vuelve imposibilidad y entonces surge el desaliento.<\/p><p>Los religiosos somos especialmente inclinados a este tipo de desaliento. Porque muchas veces los resultados que se esperan del trabajo pastoral raramente coinciden con nuestras expectativas. Pero hay que darse cuenta de que en esto uno planta la semilla y puede ser que tome <em>mucho<\/em> tiempo y requiera <em>mucha<\/em> paciencia hasta que d\u00e9 fruto: depende de Dios. El Beato Charles de Foucauld (que pr\u00f3ximamente ser\u00e1 canonizado) por ejemplo, muri\u00f3 en 1916 en manos de unos rebeldes de la misma tribu a la que \u00e9l hab\u00eda ido a servir. Tuvo aparentemente poqu\u00edsimos frutos apost\u00f3licos durante su vida. Pero \u00e9l se mantuvo en su compromiso. Se qued\u00f3 en su \u2018peque\u00f1o Nazareth\u2019 en el desierto de Sahara sirviendo a los que Dios le hab\u00eda encomendado. Y claro, \u00e9l tambi\u00e9n era tentado a desilusionarse, pero presten atenci\u00f3n a su respuesta: \u201cUno se ve tan miserable aun despu\u00e9s de tantas bendiciones \u2212dice \u00e9l\u2212. Sin embargo, uno no debe entristecerse sino mirar por encima de todo a nuestro Amado Se\u00f1or&#8230; La esperanza es una obligaci\u00f3n \u2212porque la caridad lo espera todo\u2212 <strong>la esperanza no es otra cosa que la fe en la bondad de Dios<\/strong>\u201d<a href=\"#_ftn35\" name=\"_ftnref35\">[35]<\/a>. Y luego en otra parte dice: \u201ctenemos que trabajar continuamente, sin desanimarnos, en contra de nosotros mismos, del mundo y del demonio hasta el fin del tiempo. Trabajar, rezar y sufrir \u2212este es nuestro m\u00e9todo\u201d<a href=\"#_ftn36\" name=\"_ftnref36\">[36]<\/a>.\u00a0 Y nosotros podr\u00edamos agregar tambi\u00e9n el ser muy devotos de la Virgen, sin la cual la obra de la evangelizaci\u00f3n para nosotros es imposible.<\/p><p>Ciertamente que son muchas y muy diversas las maneras en que nuestra fe puede ser probada porque como sabiamente nos indica el derecho propio \u201cs\u00f3lo Dios conoce\u2026 los secretos resortes que es preciso mover para llevarnos al cielo\u201d<a href=\"#_ftn37\" name=\"_ftnref37\">[37]<\/a>. No hay que espantarse. Tambi\u00e9n la fe de los ap\u00f3stoles fue puesta a prueba de muchas y diversas ocasiones, pero principalmente por el <strong>espect\u00e1culo de la cruz<\/strong>. Tambi\u00e9n nuestra fe, aunque seamos sacerdotes, mantiene siempre su car\u00e1cter de prueba. No olvidemos de que somos parte de la Iglesia militante. El ejercicio del sacerdocio es un ejercicio continuado de la fe: creer en la presencia de Cristo m\u00e1s all\u00e1 de la pobreza de los signos sacramentales, creer en el Se\u00f1or\u00edo de Cristo m\u00e1s all\u00e1 de la indignidad de sus representantes en la tierra. Por el hecho de estar m\u00e1s entra\u00f1ados en el misterio de la Iglesia, conocemos la miseria de sus hombres mucho mejor que los fieles en general, y en este sentido nuestro acto de fe se hace m\u00e1s heroico, m\u00e1s desnudo, m\u00e1s independiente de apuntalamientos humanos y, por tanto, con m\u00e1s renunciamientos.<\/p><p>Muy consciente de esto, San Juan Pablo II cuando visit\u00f3 Argentina en el a\u00f1o 1982 en una Catedral de Buenos Aires repleta de sacerdotes y religiosos les dijo: \u201cLa garant\u00eda del <em>car\u00e1cter eclesial<\/em> de nuestra vida es la uni\u00f3n con el obispo y con el Papa. Tal uni\u00f3n, fiel y siempre renovada, puede a veces ser dif\u00edcil e incluso comportar renuncias y sacrificios. Pero no dud\u00e9is en aceptar unos y otros cuando sea preciso. Es el \u2018precio\u2019, el \u2018rescate\u2019<a href=\"#_ftn38\" name=\"_ftnref38\">[38]<\/a> que el Se\u00f1or os pide, por \u00c9l y con \u00c9l, por el bien de la multitud y de vosotros mismos\u201d<a href=\"#_ftn39\" name=\"_ftnref39\">[39]<\/a>.<\/p><p>Esta prueba de fe de la que venimos hablando, a veces acentuada por los esc\u00e1ndalos eclesiales, existi\u00f3, existe y existir\u00e1 hasta el fin de los tiempos para todos los sacerdotes de la historia. Pero es quiz\u00e1s m\u00e1s dura para el sacerdote de nuestro tiempo, que ha de ejercer su ministerio en un ambiente a menudo descristianizado o agn\u00f3stico. Hoy en d\u00eda, \u201clos ministros de la Iglesia, e incluso muchas veces los fieles cristianos, se sienten en este mundo como ajenos a \u00e9l, buscando angustiosamente los medios id\u00f3neos y las palabras para poder comunicar con \u00e9l\u201d<a href=\"#_ftn40\" name=\"_ftnref40\">[40]<\/a>. El materialismo ideol\u00f3gico y practico, el hedonismo, lo han invadido todo, y se imponen a las gentes por las redes sociales y los medios masivos de comunicaci\u00f3n. Por tanto, no debiera sorprendernos que nuestro mensaje de conversi\u00f3n no sea siempre bien recibido o parezca no dejar huella en las almas. Por eso, lo primero, lo m\u00e1s importante que se le pide al sacerdote es que se <strong>mantenga firme en su fe<\/strong>, que resista valientemente al contagio de los criterios mundanos. <em>No os conform\u00e9is a este mundo<\/em><a href=\"#_ftn41\" name=\"_ftnref41\">[41]<\/a>, dec\u00eda ya San Pablo. No es el mundo quien debe \u201cconformar\u201d al sacerdote; por el contrario, es el sacerdote quien debe \u201cconformar\u201d al mundo, darle una conformaci\u00f3n coherente con el esp\u00edritu del Evangelio, ya que para esto est\u00e1 en el mundo, para esto es sacerdote. Y, en segundo lugar, debemos seguir haciendo cuanto est\u00e9 en nuestro poder por presentar la Verdad, la doctrina de la Iglesia, la Palabra de Dios con la mayor eficiencia posible. \u00a1Sin desanimarnos nunca! <em>El reino de Dios es como un hombre que arroja la semilla en la tierra, y ya duerma, ya vele, de noche y de d\u00eda, la semilla germina y crece, sin que \u00e9l sepa c\u00f3mo<\/em><a href=\"#_ftn42\" name=\"_ftnref42\">[42]<\/a>. \u201cGastar la vida en el servicio del pueblo de Dios mediante la palabra y los sacramentos, esta es vuestra gran tarea\u201d, afirmaba paternalmente nuestro Padre Espiritual, \u201cvuestra gloria, y vuestro tesoro\u201d<a href=\"#_ftn43\" name=\"_ftnref43\">[43]<\/a>.<\/p><p>Frente a la aparente victoria del mundo \u2013del esp\u00edritu del mundo\u2013, el sacerdote afirmar\u00e1 su convicci\u00f3n de que por sus d\u00e9biles manos pasa una fuerza divina, sobrenatural, capaz de pulverizar la mole del mundo, de ese mundo que en \u00faltima instancia es, a pesar de todas las apariencias, vac\u00edo y superficial; afirmar\u00e1 la convicci\u00f3n de que tiene en sus manos la honda capaz de derribar al gigante Goliat. Habr\u00e1 de acordarse del ejemplo de San Pablo, quien jam\u00e1s se avergonz\u00f3 del Evangelio<a href=\"#_ftn44\" name=\"_ftnref44\">[44]<\/a> y dec\u00eda <em>s\u00e9 en qui\u00e9n he cre\u00eddo<\/em><a href=\"#_ftn45\" name=\"_ftnref45\">[45]<\/a>. Deber\u00e1 repetir la frase del disc\u00edpulo amado: <em>\u00c9sta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe<\/em><a href=\"#_ftn46\" name=\"_ftnref46\">[46]<\/a>. Frente a un mundo que lo rechaza, y que pretende recluirlo, tenerlo por loco, su fe deber\u00e1 hacerse heroica, para no renunciar, para no dimitir, para no amenguar, para no ceder a la tentaci\u00f3n de acomodarse con el mundo, de servir a dos se\u00f1ores. S\u00f3lo as\u00ed podr\u00eda decir, cuando llegue el momento de su muerte: <em>He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado la fe<\/em><a href=\"#_ftn47\" name=\"_ftnref47\">[47]<\/a>.<\/p><p>La fe nos afirma que la \u00faltima palabra es el triunfo de Dios.<\/p><h4><strong>3. Las cualidades de la fe del sacerdote<\/strong><\/h4><p><strong>\u00a0<\/strong><\/p><p>De lo dicho hasta aqu\u00ed, se ve c\u00f3mo la fe del sacerdote debe ser mucho m\u00e1s perfecta que la del laico. Y en nuestro caso particular \u2013como sacerdotes de nuestro querido Instituto\u2013 el derecho propio nos detalla notas particulares de nuestra fe aprendidas de la Virgen Madre de Dios: viva, firme, intr\u00e9pida, eminente, heroica, convencida, en absoluta sinton\u00eda con la doctrina propuesta por la Iglesia Cat\u00f3lica, penetrante, triunfante sobre el mundo y el mal, constructora de cosas grandes, iluminadora de la vida, que fortalece, anima, conforta y excluye el miedo<a href=\"#_ftn48\" name=\"_ftnref48\">[48]<\/a>.<\/p><p>Es decir, no es el mundo, ni la sensibilidad poco mortificada, la que le dicta al sacerdote sus criterios, sino que \u00e9ste deber\u00e1 obrar lo que debe, ya que ha sido llamado no para agradar al mundo sino a Dios, de modo que <em>todo lo que haga lo ha de hacer con toda el alma, sabiendo que lo hace para el Se\u00f1or y no para los hombres<\/em><a href=\"#_ftn49\" name=\"_ftnref49\">[49]<\/a>.<\/p><p>El P. Alfredo S\u00e1enz, afirma que tres cualidades deber\u00e1n signar la fe del sacerdote: ser\u00e1 s\u00f3lida por su firmeza, esclarecida por su profundidad, y operante por su irradiaci\u00f3n.<\/p><p><em>\u25aa<\/em><em> S\u00f3lida <\/em><\/p><p>\u201cLos sacerdotes hemos sido llamados no s\u00f3lo a vivir en la fe sino tambi\u00e9n a constituir algo as\u00ed como puntos de referencia para la fe de nuestro pueblo, \u2018siendo los testigos valientes de la verdad ense\u00f1ada por la Iglesia, para que los cristianos no sean arrastrados por todo viento de doctrina\u2019<a href=\"#_ftn50\" name=\"_ftnref50\">[50]<\/a>. Nuestra fe deber\u00e1 ser pura como un lirio, pero fuerte como un roble. Sobre la solidez de nuestra fe se asentar\u00e1 la fe del pueblo que nos ha sido confiado\u201d<a href=\"#_ftn51\" name=\"_ftnref51\">[51]<\/a>. Y debemos permanecer unidos en la firmeza de la verdad apoyados en la piedra angular que es Cristo, fundamento \u00faltimo de nuestra fe y motivaci\u00f3n suprema de nuestra vida. \u201cNo podemos ser como aquellos a los que fustigaba el ap\u00f3stol que <em>siempre est\u00e1n aprendiendo sin llegar jam\u00e1s al conocimiento de la verdad<\/em><a href=\"#_ftn52\" name=\"_ftnref52\">[52]<\/a>. Antes de ser Papa, dec\u00eda Juan Pablo I: \u2018La verdad no es una liebre tras la cual se corre siempre sin nunca alcanzarla\u2019. Un sacerdote que no vive de certezas, sino que siempre est\u00e1 como tanteando el camino o mezclando su fe con sutilezas humanas, acaba por debilitar la fe de sus fieles\u201d<a href=\"#_ftn53\" name=\"_ftnref53\">[53]<\/a>.<\/p><p>\u201cNada m\u00e1s comprometedor que la fe. Creer es entregarse, sin reservas. \u2018Por eso \u2013escribe Mons. Adolfo Tortolo\u2013 la fe a medias, como la superficialidad en la fe, son estados en s\u00ed mismos an\u00f3malos, que conflict\u00faan, destrozan y esterilizan\u2019. La robustez de nuestra fe est\u00e1 en estrecha relaci\u00f3n con la integridad de nuestra fe. [\u2026] Juan Pablo II lo ha dicho con la claridad que le es caracter\u00edstica: \u2018Vuestro pueblo, sencillo e inteligente, espera de vosotros esa\u00a0<em>predicaci\u00f3n \u00edntegra de la fe cat\u00f3lica<\/em>, sembrada a manos llenas en el terreno f\u00e9rtil de una fe tradicional y acogedora, de una piedad popular que, si necesita siempre ser evangelizada, es ya campo surcado por el Esp\u00edritu para acoger esa evangelizaci\u00f3n y catequesis.<\/p><p>Las circunstancias dolorosas que atraviesan vuestros pa\u00edses, \u00bfno son una exigencia de intensificaci\u00f3n de esa siembra? \u00bfNo pide vuestro pueblo\u00a0<em>razones para creer y para esperar<\/em>, motivos para amar y para construir, que s\u00f3lo pueden venir de Cristo y de su Iglesia?<\/p><p>Por eso no defraud\u00e9is a los pobres del Se\u00f1or que os piden el pan del Evangelio, el alimento s\u00f3lido de\u00a0<em>la fe cat\u00f3lica segura e \u00edntegra<\/em>, para que sepan discernir y elegir ante otras predicaciones e ideolog\u00edas que no son el mensaje de Jesucristo y de su Iglesia\u2019<a href=\"#_ftn54\" name=\"_ftnref54\">[54]<\/a>. [\u2026] \u2018Las personas que os han sido confiadas os buscan para tener certezas s\u00f3lidas, palabras que no pasan, valores absolutos. Dios es la \u00fanica certeza\u2026 Querid\u00edsimos, os pido que defend\u00e1is esta fe, que la aliment\u00e9is y reforc\u00e9is cada d\u00eda. Sois los \u2018profesionales\u2019 de la fe, los especialistas de Dios. [\u2026] Que la insidia de la duda no se infiltre en vosotros, ni permit\u00e1is que el cansancio o la desilusi\u00f3n empa\u00f1en ese frescor de donaci\u00f3n que exige la vocaci\u00f3n sacerdotal\u2019<a href=\"#_ftn55\" name=\"_ftnref55\">[55]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn56\" name=\"_ftnref56\">[56]<\/a><\/p><p>Esto es lo que se nos pide: que seamos <em>fuertes en la fe<\/em><a href=\"#_ftn57\" name=\"_ftnref57\">[57]<\/a>.<\/p><p><em>\u25aa<\/em><em> Esclarecida<\/em><\/p><p><em>\u00a0<\/em><\/p><p>Porque se trata de una fe ilustrada, teol\u00f3gica, capaz de iluminar. Por eso, \u201cquedar\u00eda incompleta la imagen del sacerdote cat\u00f3lico, [\u2026] si no destac\u00e1ramos otro requisito important\u00edsimo que la Iglesia exige de \u00e9l: la <strong>ciencia<\/strong>. El sacerdote cat\u00f3lico est\u00e1 constituido \u2018maestro en Israel\u2019. Por haber recibido de Cristo el oficio y misi\u00f3n de ense\u00f1ar la verdad. No sea que caigamos bajo la amenaza de Dios: <em>Por haber t\u00fa rechazado el conocimiento de las cosas santas te rechazar\u00e9 yo a ti de mi sacerdocio<\/em><a href=\"#_ftn58\" name=\"_ftnref58\">[58]<\/a>\u201d<a href=\"#_ftn59\" name=\"_ftnref59\">[59]<\/a>. Si esto se dice de todo sacerdote cat\u00f3lico, cu\u00e1nto m\u00e1s de nosotros a quienes se nos ha encomendado la obra de la evangelizaci\u00f3n de la cultura que de por s\u00ed \u201cexige una fe esclarecida por la reflexi\u00f3n continua que se confronta con las fuentes del mensaje de la Iglesia y un discernimiento espiritual constante procurado en la oraci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn60\" name=\"_ftnref60\">[60]<\/a>.<\/p><p>De aqu\u00ed la necesidad que tenemos de formarnos bien en la doctrina, no dando nunca por terminada la tarea de formaci\u00f3n intelectual. En efecto, la <em>Presbyterorum Ordinis<\/em>, n. 19, nos exhorta a recordar que en el rito de la ordenaci\u00f3n el obispo recomienda a los presb\u00edteros que sean \u201cmaduros en la ciencia\u201d, porque \u201cla piedad sin la verdad es d\u00e9bil, y la verdad sin la piedad es \u00e1rida y seca\u201d<a href=\"#_ftn61\" name=\"_ftnref61\">[61]<\/a>.<\/p><p>Es una realidad que a menudo los estudios sagrados permanecen un poco al margen de nuestra vida interior y personal. \u00bfNo se da el caso de sacerdotes que viven en constante contacto con los misterios de la fe, pero que no piensan en ellos, ni se preocupan por penetrarlos siempre m\u00e1s? Cu\u00e1ntos pasan la vida en medio de realidades divinas: en el altar, en el confesionario, en el amb\u00f3n, predicando Ejercicios, estando en contacto permanente con el mundo sobrenatural, pero como su fe no es ilustrada ni tiene raigambre teol\u00f3gica, viven hambrientos en medio de la abundancia.<\/p><p>\u25aa <em>Operante <\/em><\/p><p><em>\u00a0<\/em><\/p><p>La fe ilustrada no queda ociosa ni est\u00e9ril. Se hace operante. Es como un brasero encendido que irradia luz y calor. La fe de un sacerdote se hace operante cuando es capaz de irradiar la verdad y expeler el error.<\/p><p>En este sentido, nuestro primer deber ser\u00e1 siempre la proclamaci\u00f3n de la verdad. San Juan Pablo II, en un discurso a un grupo de seminaristas, que parecer\u00eda dirigido a un grupo de los nuestros, les dec\u00eda: \u201cHay que prepararse para poder iluminar cristianamente las situaciones humanas de hoy, sobre todo en el campo de los derechos humanos fundamentales, de la familia, de la juventud, de los sectores ideol\u00f3gicos y culturales, etc., hasta llegar a impregnar con el Evangelio los centros neur\u00e1lgicos de nuestra sociedad\u201d<a href=\"#_ftn62\" name=\"_ftnref62\">[62]<\/a>.<\/p><p>El gran amor a la verdad que debemos profesar trae como contrapartida el combatir con todas las fuerzas el error, en medio de un mundo que cree que el error posee entre los hombres iguales derechos que la verdad<a href=\"#_ftn63\" name=\"_ftnref63\">[63]<\/a>. Por esta raz\u00f3n es propio de todo sacerdote del Instituto el esforzarse por ser \u201chombres con discernimiento propio y caudalosos de esp\u00edritu\u201d<a href=\"#_ftn64\" name=\"_ftnref64\">[64]<\/a>.<\/p><p>De aqu\u00ed que San Juan Pablo II les recomendaba a los sacerdotes: \u201cSostenido por la Palabra de Dios, el sacerdote debe revelarse como\u00a0<em>un hombre de discernimiento y un aut\u00e9ntico maestro de la fe<\/em>.<\/p><p>S\u00ed, debe ser, sobre todo en nuestra \u00e9poca, un hombre de discernimiento. Y esto porque, como sabemos todos, el mundo moderno ha realizado grandes progresos en el campo del saber y de la promoci\u00f3n humana, pero \u00e9ste se halla tambi\u00e9n inundado de un gran n\u00famero de ideolog\u00edas y de pseudovalores que, a trav\u00e9s de un lenguaje falaz, logran muy a menudo seducir y equivocar a muchos de nuestros contempor\u00e1neos. No s\u00f3lo hay que saber no sucumbir ante ellos, esto es demasiado evidente, sino que la funci\u00f3n de los Pastores es tambi\u00e9n formar el juicio cristiano de los fieles<a href=\"#_ftn65\" name=\"_ftnref65\">[65]<\/a> para que tambi\u00e9n ellos sean capaces de sustraerse a la fascinaci\u00f3n enga\u00f1osa de estos nuevos \u2018\u00eddolos\u2019\u201d<a href=\"#_ftn66\" name=\"_ftnref66\">[66]<\/a>.<\/p><p>Asimismo, el papa P\u00edo XI hab\u00eda aludido a este tema al escribir: \u201cEs tambi\u00e9n deber del sacerdote despejar los entendimientos de los errores y prejuicios en ellos amontonados por el odio de los adversarios. Al alma moderna, que con ansia busca la verdad, ha de saber demostr\u00e1rsela con una serena franqueza; a los vacilantes, agitados por la duda, ha de infundir aliento y confianza, gui\u00e1ndolos con imperturbable firmeza al puerto seguro de la fe, que sea abrazada con un pleno conocimiento y con una firme adhesi\u00f3n; a los embates del error, protervo y obstinado, ha de saber hacer resistencia valiente y vigorosa, a la par que serena y bien fundada\u201d<a href=\"#_ftn67\" name=\"_ftnref67\">[67]<\/a>.<\/p><p>Cuando la fe del sacerdote es as\u00ed, solida, esclarecida y operante, entonces se hace comunicativa y conquistadora, con el poder avasallante que caracteriza a las convicciones arraigadas.<\/p><p>\u201cEl buen sacerdote\u201d, dice San Manuel Gonz\u00e1lez, \u201csabe muy bien que, mientras le queden ojos para llorar, manos con que mortificarse y cuerpo que afligir, no tiene derecho a decir que ha hecho todo lo que ten\u00eda que hacer por las almas que le est\u00e1n confiadas\u201d<a href=\"#_ftn68\" name=\"_ftnref68\">[68]<\/a>.<\/p><p style=\"text-align: center;\">******<\/p><p>Especialmente en el ejercicio de la fe mientras caminamos en este valle de l\u00e1grimas nosotros los miembros del Instituto \u201cdebemos tomar ejemplo de la Sant\u00edsima Virgen\u201d<a href=\"#_ftn69\" name=\"_ftnref69\">[69]<\/a>. La existencia terrena de Mar\u00eda fue un <em>camino de fe<\/em>, esperanza y caridad, un camino ejemplar de santidad, que al igual que nosotros conoci\u00f3 el impulso del <em>fiat<\/em>, el j\u00fabilo del <em>Magnificat<\/em>, mas supo mantener su recogimiento en las actividades diarias y persever\u00f3 en la noche profunda de la Pasi\u00f3n hasta la participaci\u00f3n en la alegr\u00eda de su Divino Hijo en el alba radiante de la Resurrecci\u00f3n.<\/p><p>\u201cViva en fe y esperanza, aunque sea a oscuras, que en esas tinieblas ampara Dios al alma\u201d<a href=\"#_ftn70\" name=\"_ftnref70\">[70]<\/a>, es el aviso de San Juan de la Cruz.<\/p><p>Y cuando las pruebas contra la fe embistan al alma con toda su fuerza, volemos al Coraz\u00f3n de Jes\u00fas que desde el Sagrario nos dice: \u201c<em>He aqu\u00ed que yo estoy con vosotros<\/em>&#8230; S\u00ed, ah\u00ed est\u00e1 \u00c9l. Ya sabes qui\u00e9n es \u00c9l. Es Jesucristo, el Hijo de Dios y de Mar\u00eda, vivo, real, como est\u00e1 en los cielos, con unos ojos que te miran y te sonr\u00eden; con una boca que, sin moverse, te habla; con unas manos que se levantan para bendecirte y se bajan para posarse sobre tu cabeza cansada; con unos brazos que se abren para abrazarte y, sobre todo, con un Coraz\u00f3n con espinas de olvidos, de ingratitudes, de sacrilegios&#8230; y llamas de amores&#8230; incansables, eternos\u2026<\/p><p>Pues todo ese Jesucristo con su grandeza de Dios y sus ojos y su boca y sus manos y su Coraz\u00f3n de hombre, con sus virtudes de Santo, con sus m\u00e9ritos de Redentor, con sus promesas de Padre, con su sangre de V\u00edctima, \u00a1tuyo es! As\u00ed, sin hip\u00e9rboles, ni exageraciones de lenguaje, \u00a1tuyo es! Y eso quiere decir que cuando te sientas d\u00e9bil ante el empuje de tus enemigos, tienes derecho a contar con su omnipotencia. Que, cuando las ingratitudes de los hombres o los pecados tuyos te hagan llorar, tienes derecho a postrarte ante \u00c9l y abrazarte a sus rodillas y pedirle que, posando su mano bendita sobre tu cabeza, te perdone y los perdone a ellos. Quiere decir que, cuando encuentres un coraz\u00f3n, fr\u00edo y duro como el m\u00e1rmol, que no quiera convertirse, tienes derecho a tomar un poco de aquel fuego de su Coraz\u00f3n y derretir aquella piedra. Quiere decir que, cuando siembres y no recojas, cuando prediques y no te oigan, cuando bendigas y te maldigan, tienes derecho a pedirle milagros de paciencia, de humildad, de caridad, de celo&#8230; Quiere decir, en suma, que, cuando las amarguras te ahoguen y tu mano no pueda levantarse para bendecir a tanto ingrato, y en tus ojos se sequen las l\u00e1grimas y las fuerzas te falten, y no quede parte sana en tu cuerpo de tantos golpes, ni fibra viva en tu coraz\u00f3n de tanto sufrir, tienes derecho a pedirle que te lleve&#8230; que te trasplante al cielo para vivir con \u00c9l siempre, siempre&#8230; Dime, hermano m\u00edo, quien quiera que seas y sufras lo que sufras, \u00bfte atrever\u00e1s a decir que est\u00e1s solo?\u201d<a href=\"#_ftn71\" name=\"_ftnref71\">[71]<\/a>.<\/p><p>Por todo esto podr\u00edamos concluir este escrito pidiendo la gracia expresada en el consejo que San Ignacio de Antioqu\u00eda, obispo y m\u00e1rtir, escribiese a su amigo San Policarpo de Esmirna (tambi\u00e9n obispo y m\u00e1rtir) a quien le dec\u00eda lo siguiente: \u201cLos tiempos requieren de ti que aspires a alcanzar a Dios, juntamente con los que tienes encomendados, como el piloto anhela pr\u00f3speros vientos, y el navegante, sorprendido por la tormenta, suspira por el puerto. S\u00e9 sobrio, como un atleta de Dios. El premio es la incorrupci\u00f3n y la vida eterna, de cuya existencia tambi\u00e9n t\u00fa est\u00e1s convencido\u2026 Que no te amedrenten los que se dan aires de hombres dignos de todo cr\u00e9dito y ense\u00f1an doctrinas extra\u00f1as a la fe. Por tu parte, mantente firme como un yunque golpeado por el martillo. Es propio de un grande atleta el ser desollado y, sin embargo, vencer. Pues \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s hemos de soportarlo todo nosotros por Dios, a fin de que tambi\u00e9n \u00c9l nos soporte a nosotros! S\u00e9 todav\u00eda m\u00e1s diligente de lo que eres. Date cabal cuenta de los tiempos. Aguarda al que est\u00e1 por encima del tiempo, al intemporal; al invisible, que por nosotros se hizo visible; al impalpable, al impasible, que por nosotros se hizo pasible; al que en todas las formas posibles sufri\u00f3 por nosotros \u2026 \u00a1Mantente firme!\u201d<a href=\"#_ftn72\" name=\"_ftnref72\">[72]<\/a>.<\/p><p>Que la Madre del Verbo Encarnado y Madre nuestra nos conceda la gracia de permanecer firmes en la fe, como la de Ella al pie de la Cruz. Que as\u00ed sea. \u00a0<\/p><p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> <a href=\"https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Charles_Blondin\">https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Charles_Blondin<\/a> (espa\u00f1ol: https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Charles_Blondin)<\/p><p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> St 2, 17.<\/p><p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> <em>Gaudium et Spes<\/em>, 43. Citado en <em>Constituciones<\/em>, 26.<\/p><p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> <em>The Seven Virtues<\/em>. Citado en <em>The Cries of Jesus on the Cross \u2013 An Anthology<\/em>, p. 196. [Traducido del ingl\u00e9s]<\/p><p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 220.<\/p><p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> <em>The Seven Virtues<\/em>. Citado en <em>The Cries of Jesus on the Cross \u2013 An Anthology<\/em>, p. 196. [Traducido del ingl\u00e9s]<\/p><p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Cf. <em>Constituciones<\/em>, 33.<\/p><p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 223.<\/p><p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> <em>Dei Verbum<\/em>,\u00a05.<\/p><p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> <em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/em>, 1814.<\/p><p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> <em>The Seven Virtues<\/em>. Citado en <em>The Cries of Jesus on the Cross \u2013 An Anthology<\/em>, p. 196. [Traducido del ingl\u00e9s]<\/p><p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> Lc 18, 8. A partir de este punto seguimos libremente a Alfredo S\u00e1enz, <em>In Persona Christi<\/em>, pp. 97-114.<\/p><p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 226.<\/p><p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 265.<\/p><p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 120.<\/p><p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> 1 Co 4,1-2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> <em>Intervenci\u00f3n en la X Asamblea general ordinaria del S\u00ednodo de los Obispos<\/em>, (6\/10\/2001).<\/p><p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> <em>Al congreso mundial de Institutos seculares en Roma<\/em>, (28\/8\/2000).<\/p><p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> Cf. Flp 2,5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> Citado por Alfredo S\u00e1enz, <em>In Persona Christi<\/em>, p. 99.<\/p><p><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a> El \u00e9nfasis es del Santo Padre.<\/p><p><a href=\"#_ftnref22\" name=\"_ftn22\">[22]<\/a> Lc 22,31-32.<\/p><p><a href=\"#_ftnref23\" name=\"_ftn23\">[23]<\/a> <em>Al clero, religiosos y laicos en Luxemburgo<\/em> (16\/05\/1985).<\/p><p><a href=\"#_ftnref24\" name=\"_ftn24\">[24]<\/a> <em>Pastores Dabo Vobis<\/em>, 11.<\/p><p><a href=\"#_ftnref25\" name=\"_ftn25\">[25]<\/a> Cf. Jn 12, 24.<\/p><p><a href=\"#_ftnref26\" name=\"_ftn26\">[26]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 210.<\/p><p><a href=\"#_ftnref27\" name=\"_ftn27\">[27]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 231.<\/p><p><a href=\"#_ftnref28\" name=\"_ftn28\">[28]<\/a> <em>Dei Verbum<\/em>, 5; citado en <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 73.<\/p><p><a href=\"#_ftnref29\" name=\"_ftn29\">[29]<\/a> Jn 1,41.<\/p><p><a href=\"#_ftnref30\" name=\"_ftn30\">[30]<\/a> <em>Directorio de Misiones Ad Gentes<\/em>, 144.<\/p><p><a href=\"#_ftnref31\" name=\"_ftn31\">[31]<\/a> 1 P 5,9.<\/p><p><a href=\"#_ftnref32\" name=\"_ftn32\">[32]<\/a> <em>Presbyterorum Ordinis<\/em>, 22.<\/p><p><a href=\"#_ftnref33\" name=\"_ftn33\">[33]<\/a> Tomado libremente de Louis Cameli, <em>The Devil You Know Not<\/em>. (Traducido del ingl\u00e9s)<\/p><p><a href=\"#_ftnref34\" name=\"_ftn34\">[34]<\/a> <em>Diario de la Divina Misericordia en mi alma<\/em>, [1488]. (Di\u00e1logo entre Dios misericordioso y el alma que tiende a la perfecci\u00f3n).<\/p><p><a href=\"#_ftnref35\" name=\"_ftn35\">[35]<\/a> Beato Charles de Foucauld, <em>Writings Selected with an Introduction<\/em>, ed. Robert Ellsberg (New York: Orbis, 1999), pp. 72-73.<\/p><p><a href=\"#_ftnref36\" name=\"_ftn36\">[36]<\/a> <em>Ibidem<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref37\" name=\"_ftn37\">[37]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 67.<\/p><p><a href=\"#_ftnref38\" name=\"_ftn38\">[38]<\/a> Cf. Mc 10, 45.<\/p><p><a href=\"#_ftnref39\" name=\"_ftn39\">[39]<\/a> <em>A los sacerdotes, religiosos y religiosas en Buenos Aires<\/em> (11\/06\/1982).<\/p><p><a href=\"#_ftnref40\" name=\"_ftn40\">[40]<\/a> <em>Presbyterorum Ordinis<\/em>, 22.<\/p><p><a href=\"#_ftnref41\" name=\"_ftn41\">[41]<\/a> Rm 12, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref42\" name=\"_ftn42\">[42]<\/a> Mc 4, 26-27.<\/p><p><a href=\"#_ftnref43\" name=\"_ftn43\">[43]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A los sacerdotes, religiosos y religiosas en Edimburgo<\/em> (31\/05\/1982).<\/p><p><a href=\"#_ftnref44\" name=\"_ftn44\">[44]<\/a> Cf. Rm 1, 16.<\/p><p><a href=\"#_ftnref45\" name=\"_ftn45\">[45]<\/a> 2 Tim 1, 12.<\/p><p><a href=\"#_ftnref46\" name=\"_ftn46\">[46]<\/a> 1 Jn 5, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref47\" name=\"_ftn47\">[47]<\/a> 2 Tm 4, 7.<\/p><p><a href=\"#_ftnref48\" name=\"_ftn48\">[48]<\/a> Cf. <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 76.<\/p><p><a href=\"#_ftnref49\" name=\"_ftn49\">[49]<\/a> Col 3, 23.<\/p><p><a href=\"#_ftnref50\" name=\"_ftn50\">[50]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Al clero franc\u00e9s, Par\u00eds<\/em> (30\/05\/1980).<\/p><p><a href=\"#_ftnref51\" name=\"_ftn51\">[51]<\/a> Alfredo S\u00e1enz, <em>In Persona Christi<\/em>, p. 108.<\/p><p><a href=\"#_ftnref52\" name=\"_ftn52\">[52]<\/a> 2 Tm 3, 7.<\/p><p><a href=\"#_ftnref53\" name=\"_ftn53\">[53]<\/a> Alfredo S\u00e1enz, <em>In Persona Christi<\/em>, p. 108.<\/p><p><a href=\"#_ftnref54\" name=\"_ftn54\">[54]<\/a> <em>Discurso a los sacerdotes de Am\u00e9rica Central, El Salvador<\/em> (06\/03\/1983).<\/p><p><a href=\"#_ftnref55\" name=\"_ftn55\">[55]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Alocuci\u00f3n a los sacerdotes y religiosos en Bari, Italia<\/em> (11\/03\/1984).<\/p><p><a href=\"#_ftnref56\" name=\"_ftn56\">[56]<\/a> Alfredo S\u00e1enz, <em>In Persona Christi<\/em>, p. 109.<\/p><p><a href=\"#_ftnref57\" name=\"_ftn57\">[57]<\/a> 1 Pe 5, 9.<\/p><p><a href=\"#_ftnref58\" name=\"_ftn58\">[58]<\/a> Os 4, 6.<\/p><p><a href=\"#_ftnref59\" name=\"_ftn59\">[59]<\/a> <em>Ad Catololici Sacerdotii<\/em>, 62.<\/p><p><a href=\"#_ftnref60\" name=\"_ftn60\">[60]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 51.<\/p><p><a href=\"#_ftnref61\" name=\"_ftn61\">[61]<\/a> Su\u00e1rez; citado por Alfredo S\u00e1enz, <em>In persona Christi<\/em>, cap. 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref62\" name=\"_ftn62\">[62]<\/a> <em>Alocuci\u00f3n a los seminaristas espa\u00f1oles<\/em>, 1982.<\/p><p><a href=\"#_ftnref63\" name=\"_ftn63\">[63]<\/a> Cf. <em>Constituciones<\/em>, 178.<\/p><p><a href=\"#_ftnref64\" name=\"_ftn64\">[64]<\/a> <em>Consituciones<\/em>, 268.<\/p><p><a href=\"#_ftnref65\" name=\"_ftn65\">[65]<\/a> Cf.\u00a01 Tim\u00a05, 21;\u00a01 Jn\u00a04, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref66\" name=\"_ftn66\">[66]<\/a> <em>Discurso a los sacerdotes y religiosos de Kinshasa, Zaire<\/em> (04\/05\/1980).<\/p><p><a href=\"#_ftnref67\" name=\"_ftn67\">[67]<\/a> <em>Ad Catolilici Sacerdotii<\/em>, 44.<\/p><p><a href=\"#_ftnref68\" name=\"_ftn68\">[68]<\/a> <em>El Rosario sacerdotal<\/em>, 2479.<\/p><p><a href=\"#_ftnref69\" name=\"_ftn69\">[69]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 76.<\/p><p><a href=\"#_ftnref70\" name=\"_ftn70\">[70]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Epistolario<\/em>, carta 20, A una Carmelita Descalza escrupulosa por Pentecost\u00e9s de 1590.<\/p><p><a href=\"#_ftnref71\" name=\"_ftn71\">[71]<\/a> San Manuel Gonz\u00e1lez, <em>Lo que puede un cura hoy<\/em>, 1639.<\/p><p><a href=\"#_ftnref72\" name=\"_ftn72\">[72]<\/a> Caps. 1, 1-4,3: Funk 1, 247-249.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab\u00eda un equilibrista de la cuerda floja llamado Charles Blondin[1], de origen franc\u00e9s. Era capaz de hacer trucos incre\u00edbles en la cuerda floja. Por todo Par\u00eds hac\u00eda actos de acrobacia a grandes alturas que a la vez que entreten\u00edan, espantaban a los espectadores. 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