{"id":2190,"date":"2021-01-16T07:24:56","date_gmt":"2021-01-16T05:24:56","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/?p=2190"},"modified":"2021-03-29T12:49:16","modified_gmt":"2021-03-29T10:49:16","slug":"directorio-de-ecumenismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/index.php\/2021\/01\/16\/directorio-de-ecumenismo\/","title":{"rendered":"Directorio de Ecumenismo"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"2190\" class=\"elementor elementor-2190\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-29f22e70 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"29f22e70\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-5ebc4b5b\" data-id=\"5ebc4b5b\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-4f61a36d elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"4f61a36d\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<ol><li>El misterio de la Iglesia se sit\u00faa en el misterio de la Sabidur\u00eda y de la Bondad de Dios que atrae a toda la familia humana e incluso a la creaci\u00f3n entera a la unidad hacia \u00c9l<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/li><li>La realidad religiosa del mundo nos presenta a la Iglesia Cat\u00f3lica y junto a Ella una constelaci\u00f3n de iglesias y confesiones escindidas de su seno a lo largo de los siglos; y, m\u00e1s all\u00e1, el inmenso campo de los que no aceptan a Cristo y de los que no creen en Dios. Hacia todos ellos la Iglesia dirige su maternal solicitud y su responsabilidad hacia Dios.<\/li><li>Las dos terceras partes de la humanidad no son cristianas; la tercera restante est\u00e1 compuesta por un 52% de cat\u00f3licos, un 18% de ortodoxos y un 30% de protestantes. La misi\u00f3n salvadora dirigida a los no cristianos (los \u201cgentiles\u201d) se denomina propiamente <em>missio ad gentes<\/em>; la preocupaci\u00f3n salvadora hacia sus propios hijos se designa como \u201ctarea pastoral\u201d; finalmente, la misi\u00f3n hacia los cristianos no cat\u00f3licos se define con el t\u00e9rmino \u201cecumenismo\u201d.<\/li><li>Nuestro Instituto se enfrenta de lleno con el problema de la descristianizaci\u00f3n del mundo y de la fragmentaci\u00f3n de la misma realidad cristiana. Nuestra firme decisi\u00f3n de ir all\u00ed donde se nos llamare, es decir <em>por todo el mundo<\/em> (Mc 16,15), para no ser esquivos a la aventura misionera, nos pone en contacto con la realidad de una asombrosa simbiosis religiosa y de un creciente confusi\u00f3n en la fe. Nuestro trabajo en territorios de larga tradici\u00f3n protestante o de tradiciones orientales ortodoxas, la realidad creciente en muchos pa\u00edses de los matrimonios mixtos, y nuestro mismo apostolado preferencial por el mundo de la cultura, de la universidad y de las escuelas en general, donde se dan cita hombres y mujeres de confesiones diversas e incluso antag\u00f3nicas, exigen de nosotros orientaciones y convicciones sumamente claras, no s\u00f3lo sobre el desenvolvimiento de la misi\u00f3n <em>ad gentes<\/em> sino tambi\u00e9n respecto de los cristianos no cat\u00f3licos. Servir a la Iglesia es servir a la unidad: \u201cServir a la Iglesia es servir a Cristo en su designio de <em>reunir en uno todos los hijos de Dios, que est\u00e1n dispersos<\/em> (Jn 11,52), y de renovarlo todo y recapitularlo finalmente en \u00c9l, para someterlo todo a su Padre a fin de que seamos todos en el Esp\u00edritu eternamente alabanza de su gloria. \u00a1Este servicio es grande! Es digno de todas nuestras energ\u00edas. En verdad sobrepasa nuestras propias fuerzas. Nos obliga a orar continuamente\u201d<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<\/li><li><strong>5<\/strong>. Ense\u00f1a San Juan Pablo II en la Carta Enc\u00edclica <em>Ut unum sint<\/em>: \u201cUnidos en el seguimiento de los m\u00e1rtires, los creyentes en Cristo no pueden permanecer divididos. Si quieren combatir verdadera y eficazmente la tendencia del mundo a anular el misterio de la Redenci\u00f3n, deben profesar juntos la misma verdad sobre la Cruz. \u00a1La Cruz! La corriente anticristiana pretende anular su valor, vaciarla de su significado, negando que el hombre encuentre en ella las ra\u00edces de su nueva vida; pensando que la Cruz no puede abrir ni perspectivas ni esperanzas: el hombre, se dice, es s\u00f3lo un ser terrenal que debe vivir como si Dios no existiese. A nadie escapa el desaf\u00edo que todo esto supone para los creyentes. Ellos deben aceptarlo. En efecto, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edan negarse a hacer todo lo posible, con la ayuda de Dios, para derribar los muros de la divisi\u00f3n y la desconfianza, para superar los obst\u00e1culos y prejuicios que impiden el anuncio del Evangelio de la salvaci\u00f3n mediante la Cruz de Jes\u00fas, \u00fanico Redentor del hombre, de cada hombre?\u201d<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<\/li><li>Por eso dec\u00eda tambi\u00e9n el Santo Padre Juan Pablo II: \u201cLa obra de la unidad de los cristianos creo que es una de las m\u00e1s grandes y m\u00e1s hermosas tareas de la Iglesia en nuestra \u00e9poca\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. Y asimismo, durante el V Consistorio extraordinario: \u201c<em>El di\u00e1logo ecum\u00e9nico<\/em>, con toda la actividad que brota de \u00e9l en favor de la unidad de los cristianos, <em>es una de las tareas fundamentales de la Iglesia con vistas al a\u00f1o 2000<\/em>. A pesar de las opiniones de cuantos hablan de un estancamiento en este campo, el esfuerzo ecum\u00e9nico conserva \u00edntegro su dinamismo\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>.<\/li><\/ol><p>De ah\u00ed la importancia del presente <em>Directorio<\/em>.<\/p><ol start=\"7\"><li>Y de ah\u00ed tambi\u00e9n que nuestro Instituto quiera participar en esta hermos\u00edsima tarea. La Providencia ha querido que San Juan Pablo II, a quien consideramos \u201cpadre\u201d de nuestra Congregaci\u00f3n, haya desarrollado durante su Magisterio este tema de modo egregio. Consideramos su Carta Enc\u00edclica <em>Ut unum sint<\/em> como la carta magna del ecumenismo cat\u00f3lico y la Declaraci\u00f3n <em>Dominus Iesus<\/em> (aprobada por San Juan Pablo II) como un documento indispensable para la recta comprensi\u00f3n de este tema.<\/li><\/ol><h4 style=\"text-align: center;\"><a name=\"_Toc311800242\"><\/a><strong>1. <\/strong><strong>Noci\u00f3n cat\u00f3lica de ecumenismo<\/strong><\/h4><p><strong>A) Iglesia Cat\u00f3lica e Iglesia de Cristo<\/strong><\/p><p>8. Dec\u00edamos que el misterio de la Iglesia se sit\u00faa dentro del plan divino de salvaci\u00f3n para todos los hombres. Para realizar este designio, Dios envi\u00f3 al mundo a su Hijo \u00fanico, quien, elevado en la Cruz, derram\u00f3 el Esp\u00edritu Santo por el que llam\u00f3 y reuni\u00f3 en la unidad de la fe, de la esperanza y de la caridad, al Pueblo de la Nueva Alianza que es la Iglesia. Para establecer en todo lugar esta Iglesia santa hasta la consumaci\u00f3n de los siglos, Cristo confi\u00f3 el oficio de ense\u00f1ar, de regir y de santificar al Colegio de los Doce, del que estableci\u00f3 como jefe a Pedro. Por medio de la predicaci\u00f3n fiel del Evangelio, por la administraci\u00f3n de los sacramentos y por el gobierno en el amor, ejercido por los Ap\u00f3stoles y por sus sucesores, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, Jesucristo quiere que este pueblo se acreciente y que su comuni\u00f3n se haga cada vez m\u00e1s perfecta<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>.<\/p><p>9. La Iglesia fundada por Jesucristo, dice el Concilio, <strong>subsiste<\/strong> en la Iglesia Cat\u00f3lica<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>. Es decir, Ella es, sin soluci\u00f3n de continuidad, la comunidad de los creyentes fundada por Jesucristo sobre Pedro, confirmada en Pentecost\u00e9s. De este modo, la Iglesia Cat\u00f3lica cree y profesa ser la plena Iglesia de Jesucristo, <strong>sin deficiencia en ning\u00fan elemento substancial<\/strong> otorgado por su Fundador.<\/p><p>10. \u201cCon la expresi\u00f3n <em>subsistit in<\/em>, el Concilio Vaticano II quiere armonizar dos afirmaciones doctrinales: por un lado que la Iglesia de Cristo, no obstante las divisiones entre los cristianos, sigue existiendo plenamente s\u00f3lo en la Iglesia Cat\u00f3lica, y por otro lado que \u2018fuera de su estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de santificaci\u00f3n y de verdad\u2019, ya sea en las Iglesias que en las Comunidades eclesiales separadas de la Iglesia Cat\u00f3lica. Sin embargo, respecto a estas \u00faltimas, es necesario afirmar que su eficacia \u2018deriva de la misma plenitud de gracia y verdad que fue confiada a la Iglesia Cat\u00f3lica\u2019\u201d<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>.<\/p><p>11. Por eso: \u201cLos cat\u00f3licos mantienen la firme convicci\u00f3n de que la \u00fanica Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia Cat\u00f3lica, \u2018gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comuni\u00f3n con \u00e9l\u2019. Confiesan que la plenitud de la verdad revelada, de los sacramentos y del ministerio, que Cristo dio para la construcci\u00f3n de su Iglesia y para el cumplimiento de su misi\u00f3n, se halla en la comuni\u00f3n cat\u00f3lica de la Iglesia. Saben ciertamente los cat\u00f3licos que personalmente no han vivido ni viven en plenitud los medios de gracia de que est\u00e1 dotada la Iglesia. Pero nunca pierden, a pesar de ello, la confianza en la Iglesia. Su fe les asegura que ella sigue siendo \u2018la digna esposa del Se\u00f1or\u2019 y \u2018se renueva de continuo bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, hasta que llegue, por la cruz, a la luz que no tiene ocaso\u2019. As\u00ed pues, cuando los cat\u00f3licos emplean las expresiones \u2018Iglesias\u2019, \u2018otras Iglesias\u2019, \u2018otras Iglesias y Comuniones eclesiales\u2019, etc., para designar a quienes no est\u00e1n en plena comuni\u00f3n con la Iglesia Cat\u00f3lica, debe tenerse siempre en cuenta esta firme convicci\u00f3n y confesi\u00f3n de fe\u201d<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>.<\/p><p>12. \u201cEn sentido propio, Iglesias hermanas son exclusivamente las Iglesias particulares (o las agrupaciones de Iglesias particulares: por ejemplo, los patriarcados y las metropol\u00edas). Debe quedar siempre claro, incluso cuando la expresi\u00f3n <em>Iglesias hermanas<\/em> es usada en este sentido propio, que la Iglesia universal, una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica, no es hermana sino <em>madre<\/em> de todas las Iglesias particulares\u201d<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>.<\/p><p>\u201cSe puede hablar de <em>Iglesias hermanas<\/em>, en sentido propio, tambi\u00e9n en referencia a Iglesias particulares cat\u00f3licas y no cat\u00f3licas; y por lo tanto tambi\u00e9n la Iglesia particular de Roma puede ser llamada <em>hermana<\/em> de todas las Iglesias particulares. Pero, como ya ha sido recordado, no se puede decir propiamente que la Iglesia Cat\u00f3lica sea <em>hermana<\/em> de una Iglesia particular o grupo de Iglesias. No se trata solamente de una cuesti\u00f3n terminol\u00f3gica, sino sobre todo de respetar una verdad fundamental de la fe cat\u00f3lica: la de la unicidad de la Iglesia de Jesucristo. Existe, en efecto, una \u00fanica Iglesia, y por eso el plural <em>Iglesias<\/em> se puede referir solamente a las Iglesias particulares\u201d<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>.<\/p><ol start=\"13\"><li><strong> <em>Extra Ecclesiam nulla salus<\/em><\/strong>. Adem\u00e1s, es convicci\u00f3n firme de la fe cat\u00f3lica que \u201csolamente por medio de la Iglesia Cat\u00f3lica de Cristo, que es auxilio general de salvaci\u00f3n, puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvaci\u00f3n. Creemos que el Se\u00f1or confi\u00f3 todos los bienes de la Nueva Alianza a un \u00fanico colegio apost\u00f3lico presidido por Pedro, para constituir un solo cuerpo de Cristo en la tierra, al cual deben incorporarse plenamente los que de alg\u00fan modo pertenecen ya al Pueblo de Dios\u201d<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>. Esta es la doctrina del principio tradicional <em>extra Ecclesiam nulla salus<\/em>; fuera de la Iglesia no hay salvaci\u00f3n: s\u00f3lo en Ella se encuentran en plenitud todos los medios salv\u00edficos, y es por medio de Ella y en orden a Ella que el Esp\u00edritu Santo suscita en los corazones de quienes visiblemente no le est\u00e1n unidos de modo perfecto la gracia salv\u00edfica.<\/li><li>El <em>Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/em> explica el sentido en que debe entenderse este principio al decir: \u201c\u00bfC\u00f3mo entender esta afirmaci\u00f3n tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia? Formulada de modo positivo significa que toda salvaci\u00f3n viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo: \u2018Este Santo S\u00ednodo&#8230; basado en la Sagrada Escritura y en la Tradici\u00f3n, ense\u00f1a que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvaci\u00f3n. Cristo, en efecto, es el \u00fanico Mediador y camino de salvaci\u00f3n que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. \u00c9l, al inculcar con palabras bien expl\u00edcitas, la necesidad de la fe y del Bautismo, confirm\u00f3 al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta. Por eso, no podr\u00edan salvarse los que, sabiendo que Dios fund\u00f3, por medio de Jesucristo, la Iglesia Cat\u00f3lica como necesaria para la salvaci\u00f3n, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella\u2019<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>. Esta afirmaci\u00f3n no se refiere a los que, sin culpa suya, no reconocen a Cristo y a su Iglesia: \u2018Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero coraz\u00f3n e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a trav\u00e9s de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvaci\u00f3n eterna\u2019<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a>. \u2018Aunque Dios, por caminos conocidos s\u00f3lo por \u00c9l, puede llevar a la fe, <em>sin la cual es imposible agradarle<\/em> (Hb 11,6), a los hombres que ignoran el Evangelio sin culpa propia, corresponde, sin embargo, a la Iglesia la necesidad y, al mismo tiempo, el derecho sagrado de evangelizar\u2019\u201d<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a>.<\/li><\/ol><p><strong>b) La unidad de la Iglesia<\/strong><br \/><strong>en la voluntad de Cristo<\/strong><\/p><p>15. La Iglesia es en Cristo sacramento e instrumento de la \u00edntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a>. Ella es el Pueblo de Dios que une en s\u00ed, por obra del Esp\u00edritu Santo y del misterio de la Muerte y Resurrecci\u00f3n de Cristo, a hombres y mujeres de todas las naciones y culturas, dotados de los variados dones de la naturaleza y de la gracia <em>en orden a la perfecci\u00f3n consumada de los santos para la obra del ministerio, para la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos juntos a encontrarnos en la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la madurez del var\u00f3n perfecto, a un desarrollo org\u00e1nico proporcionado a la plenitud de Cristo<\/em> (Ef 4,12-13). La unidad del Pueblo de Dios es, pues, constitutivo esencial de la Iglesia. Realiza esta <em>koinon\u00eda<\/em>\/comuni\u00f3n por el triple lazo de la fe, la vida sacramental y el ministerio jer\u00e1rquico. Es por eso que una de sus notas caracter\u00edsticas esenciales es la <strong>unidad<\/strong><a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[17]<\/a>.<\/p><p>16. Por lo mismo \u201cla falta de unidad entre los cristianos es ciertamente una <em>herida <\/em>para la Iglesia; no en el sentido de quedar privada de su unidad, sino \u2018en cuanto obst\u00e1culo para la realizaci\u00f3n plena de su universalidad en la historia\u2019\u201d<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[18]<\/a>.<\/p><p>17. Dec\u00eda San Juan Pablo II: \u201c<em>Ut omnes unum sint<\/em>. La unidad, nota esplendorosa de la verdadera Iglesia, es la cumbre de la oraci\u00f3n sacerdotal de Cristo en la \u00daltima Cena, es su \u00faltimo testamento de amor, la consigna que nos ha dejado, antes de su Pasi\u00f3n: <em>antequam pateretur<\/em>&#8230; No podemos sustraernos al examen de conciencia a que nos somete esta palabra. Es la piedra de toque para la credibilidad del discipulado de Cristo en el mundo: <em>ut credat mundus quia tu me missisti<\/em> (Jn 17,21). Si no somos uno, como el Padre es uno en Cristo, y Cristo es uno con el Padre, el mundo no creer\u00e1: se le escapa la prueba concreta del misterio de la Redenci\u00f3n, mediante la cual, el Se\u00f1or ha hecho de la humanidad dispersa una sola familia, un solo organismo, un solo cuerpo, un solo coraz\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\">[19]<\/a>.<\/p><p>18. Y tambi\u00e9n: \u201cLa unidad de la Iglesia pertenece indiscutiblemente a su esencia. Ella no es ning\u00fan fin en s\u00ed misma. El Se\u00f1or la da <em>para que el mundo crea<\/em> (Jn 17,21). No escatimemos medios para testimoniar juntos lo que se nos ha dado en Cristo. \u00c9l es el \u00fanico <em>mediador entre Dios y los hombres<\/em> (1 Tm 2,5). <em>En ning\u00fan otro hay salvaci\u00f3n<\/em> (Hch 4,12)\u201d<a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\">[20]<\/a>.<\/p><p>19. No s\u00f3lo unidad sino <strong>unidad universal<\/strong>: \u201cLa comuni\u00f3n en la que los cristianos creen y esperan es, en su m\u00e1s profunda realidad, su unidad con el Padre por Cristo y en el Esp\u00edritu Santo. A partir de Pentecost\u00e9s, esta comuni\u00f3n se da y se recibe en la Iglesia, comuni\u00f3n de los Santos. Se cumple en plenitud en la gloria del cielo, pero se realiza ya en la Iglesia en la tierra, mientras camina hacia esa plenitud. Los que viven unidos en la fe, la esperanza y la caridad, en el servicio mutuo, en la ense\u00f1anza com\u00fan y en los sacramentos, guiados por sus Pastores, participan en la comuni\u00f3n que constituye la Iglesia de Dios. Esta comuni\u00f3n se realiza en concreto en las Iglesias particulares, cada una de las cuales se re\u00fane alrededor de su Obispo. En cada una de ellas \u2018la Iglesia de Cristo, una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica, est\u00e1 verdaderamente presente y actuante\u2019<a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\">[21]<\/a>. Esta comuni\u00f3n es pues universal por su misma naturaleza\u201d<a href=\"#_ftn22\" name=\"_ftnref22\">[22]<\/a>.<\/p><p>20. La unidad es <strong>voluntad expresa<\/strong> de Cristo: <em>Que sean uno<\/em> (Jn 17,21) y es tambi\u00e9n voluntad expresa de Cristo que esa unidad sea <strong>signo de credibilidad<\/strong> para el mundo: <em>Que tambi\u00e9n ellos en nosotros sean uno, para que el mundo crea que t\u00fa me enviaste<\/em> (Jn 17,21). De all\u00ed que \u201cla voluntad de Cristo, el testimonio que hemos de dar a Cristo, he aqu\u00ed el motivo que nos mueve a todos y a cada uno a no cansarnos ni desalentarnos en esta empresa\u201d<a href=\"#_ftn23\" name=\"_ftnref23\">[23]<\/a>.<\/p><p>21. Se entiende as\u00ed que toda divisi\u00f3n \u201cest\u00e1 en clara contradicci\u00f3n con la voluntad de Cristo, es piedra de esc\u00e1ndalo para el mundo y constituye un obst\u00e1culo a la m\u00e1s santa de las causas: la predicaci\u00f3n del Evangelio a toda criatura\u201d<a href=\"#_ftn24\" name=\"_ftnref24\">[24]<\/a>, porque cuando los que invocan a Cristo se presentan divididos entre s\u00ed es \u201ccomo si Cristo mismo estuviera dividido\u201d<a href=\"#_ftn25\" name=\"_ftnref25\">[25]<\/a>: <em>\u00bfEst\u00e1 Cristo dividido?<\/em> (1 Co 1,13).<\/p><p>22. San Juan Pablo II ha repetido insistentemente que el drama de la divisi\u00f3n de los cristianos es causa de esc\u00e1ndalo:<\/p><p>&#8211; \u201cEs incre\u00edble que se d\u00e9 todav\u00eda el drama de la divisi\u00f3n entre los cristianos, que es para todos causa de perplejidad y acaso tambi\u00e9n de esc\u00e1ndalo\u201d<a href=\"#_ftn26\" name=\"_ftnref26\">[26]<\/a>.<\/p><p>&#8211; \u201c\u00bfNo he dicho ya que resultan intolerables las divisiones entre cristianos?\u201d<a href=\"#_ftn27\" name=\"_ftnref27\">[27]<\/a>.<\/p><p>&#8211; \u201cSin esta <strong>unidad org\u00e1nica plena<\/strong> los cristianos est\u00e1n incapacitados para dar <strong>testimonio satisfactorio<\/strong> de Cristo, y su divisi\u00f3n sigue siendo esc\u00e1ndalo para el mundo, m\u00e1s en especial en las iglesias j\u00f3venes de tierras de misi\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn28\" name=\"_ftnref28\">[28]<\/a>.<\/p><p>&#8211; \u201cLa unidad es una caracter\u00edstica y una exigencia de la Iglesia Cat\u00f3lica. Los disensos, las divergencias, la divisi\u00f3n son contrarios al plan de Dios\u201d<a href=\"#_ftn29\" name=\"_ftnref29\">[29]<\/a>.<\/p><p><strong>c) Fin del ecumenismo: la plena<\/strong><br \/><strong>unidad visible de los cristianos<\/strong><\/p><p>23. El ecumenismo parte de un hecho insoslayable: \u201cning\u00fan cristiano ni cristiana puede sentirse satisfecho con estas formas imperfectas de comuni\u00f3n. No corresponden a la voluntad de Cristo, y debilitan a su Iglesia en el ejercicio de su misi\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn30\" name=\"_ftnref30\">[30]<\/a>.<\/p><p>24. El fin \u00faltimo del movimiento ecum\u00e9nico es lograr la plena comuni\u00f3n visible de todos los cristianos: \u201cTiene como misi\u00f3n espec\u00edfica el restablecimiento de la unidad entre los cristianos\u201d<a href=\"#_ftn31\" name=\"_ftnref31\">[31]<\/a>.<\/p><p>25. Ecumenismo es b\u00fasqueda de la unidad. Sin embargo, hay que tener en cuenta que cuando la Iglesia Cat\u00f3lica aspira a la unidad no lo hace suponiendo que tal unidad no existe ya. Existe y existe en Ella, como unidad de fe, de culto (sacramental) y de r\u00e9gimen. Es m\u00e1s, es la unidad que Cristo le dio al fundarla, y que no ha dejado de existir a lo largo de todas las vicisitudes hist\u00f3ricas por las que ha pasado. As\u00ed debe entenderse la expresi\u00f3n del Concilio \u201csubsiste en ella\u201d<a href=\"#_ftn32\" name=\"_ftnref32\">[32]<\/a>. Esta unidad, que es nota esencial y distintiva, se apoya visiblemente, por voluntad expresa de Cristo, sobre el ap\u00f3stol Pedro y sus sucesores.<\/p><p>26. Esa unidad es <strong>unidad en la fe<\/strong>: \u201cEl decreto [<em>Unitatis redintegratio<\/em>] define esta unidad como consistente \u2018en la profesi\u00f3n de una sola fe\u2019\u201d<a href=\"#_ftn33\" name=\"_ftnref33\">[33]<\/a>. Ya dec\u00eda San Juan Pablo II al inicio de su pontificado, que el fin del ecumenismo es \u201cvencer los obst\u00e1culos que nos separan de la profesi\u00f3n un\u00e1nime de la misma fe\u201d<a href=\"#_ftn34\" name=\"_ftnref34\">[34]<\/a>. Y tiempo m\u00e1s adelante: \u201cLa integridad de la fe apost\u00f3lica, tal como se nos ha transmitido a los santos de una vez para siempre en la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica (cf. Judas 3), ha de ser conservada plenamente si queremos que nuestra unidad sea la unidad por la que Cristo or\u00f3&#8230; Como en tiempos de San Pablo, tambi\u00e9n ahora todos nuestros esfuerzos por restablecer la unidad entre los cristianos ser\u00e1n vanos si no se realizan con total fidelidad a la fe en Cristo transmitida por los Ap\u00f3stoles\u201d<a href=\"#_ftn35\" name=\"_ftnref35\">[35]<\/a>.<\/p><p>27. Es <strong>unidad en el culto y en los sacramentos<\/strong>: \u201c&#8230; en la celebraci\u00f3n com\u00fan del culto divino\u201d<a href=\"#_ftn36\" name=\"_ftnref36\">[36]<\/a>. San Juan Pablo II se expresaba diciendo: \u201cEste sufrimiento debe estimularnos a vencer los obst\u00e1culos que todav\u00eda nos separan de la profesi\u00f3n de la misma fe, y de la reunificaci\u00f3n de nuestras comunidades separadas con un mismo ministerio sacramental\u201d<a href=\"#_ftn37\" name=\"_ftnref37\">[37]<\/a>.<\/p><p>28. Es <strong>unidad en la concordia<\/strong>: \u201c&#8230; en la concordia fraternal de la familia de Dios\u201d<a href=\"#_ftn38\" name=\"_ftnref38\">[38]<\/a>.<\/p><p>29. Es <strong>unidad en un v\u00ednculo externo<\/strong>, que no puede ser otro que Pedro: \u201c&#8230; esta unidad, que exige, por su misma naturaleza, una plena comuni\u00f3n visible de todos los cristianos, es el fin \u00faltimo del movimiento ecum\u00e9nico\u201d<a href=\"#_ftn39\" name=\"_ftnref39\">[39]<\/a>. De alguna manera lo dice San Juan Pablo II al afirmar: \u201cAl enviar a San Agust\u00edn a predicar el Evangelio al pueblo anglosaj\u00f3n, San Gregorio cumpl\u00eda la responsabilidad pastoral y misionera propia del ministerio del Obispo de Roma. En sus escritos descubrimos un rico y profundo aprecio del primado universal encomendado al Obispo que ocupa la Sede de Pedro. Fue \u00e9l quien llam\u00f3 al Obispo de Roma <em>caput fidei<\/em> y quien describi\u00f3 al que desempe\u00f1a este ministerio como el <em>servus servorum Dei<\/em><a href=\"#_ftn40\" name=\"_ftnref40\">[40]<\/a>&#8230; Hoy las divisiones entre los cristianos exigen que el primado del Obispo de Roma sea <strong>tambi\u00e9n<\/strong> un primado en la acci\u00f3n y en la iniciativa en favor de la unidad por la que Cristo or\u00f3 tan fervientemente\u201d<a href=\"#_ftn41\" name=\"_ftnref41\">[41]<\/a>.<\/p><p>30. Esta voluntad fundacional de Cristo sobre Pedro tiene su base revelada en el texto de Mt 16,18-19: <em>Yo te digo que t\u00fa eres Pedro, y sobre esta piedra edificar\u00e9 mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecer\u00e1n contra Ella. Te dar\u00e9 las llaves del Reino de los Cielos, y cuanto atares sobre la tierra, quedar\u00e1 atado en los Cielos, y cuanto desatares sobre la tierra, quedar\u00e1 desatado en los Cielos<\/em>. La unidad ecum\u00e9nica jam\u00e1s podr\u00e1 prescindir de este fundamental texto y de su recta interpretaci\u00f3n.<\/p><p>31. Pedro es la fuente de la indivisi\u00f3n: \u201cPara que el Episcopado mismo fuese uno e indiviso, estableci\u00f3 al frente de los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles al bienaventurado Pedro, e instituy\u00f3 en \u00e9l el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comuni\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn42\" name=\"_ftnref42\">[42]<\/a>.<\/p><p>32. \u201cLa Iglesia Cat\u00f3lica, tanto en su <em>praxis<\/em> como en sus documentos oficiales, sostiene que la comuni\u00f3n de las Iglesias particulares con la Iglesia de Roma, y de sus Obispos con el Obispo de Roma, es un requisito esencial \u2013en el designio de Dios\u2013 para la comuni\u00f3n plena y visible. En efecto, es necesario que la plena comuni\u00f3n, que encuentra en la Eucarist\u00eda su suprema manifestaci\u00f3n sacramental, tenga su expresi\u00f3n visible en un ministerio en el cual todos los Obispos se sientan unidos en Cristo y todos los fieles encuentren la confirmaci\u00f3n de la propia fe\u201d<a href=\"#_ftn43\" name=\"_ftnref43\">[43]<\/a>.<\/p><p>\u201c\u00bfNo es acaso de un ministerio as\u00ed del que muchos de los que est\u00e1n comprometidos en el ecumenismo sienten hoy necesidad? Presidir en la verdad y en el amor para que la barca \u2013hermoso s\u00edmbolo que el Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias eligi\u00f3 como emblema\u2013 no sea sacudida por las tempestades y pueda llegar un d\u00eda a puerto\u201d<a href=\"#_ftn44\" name=\"_ftnref44\">[44]<\/a>.<\/p><ol start=\"33\"><li>Por tanto, \u201cunidad\u201d significa \u201cunidad bajo Pedro en la Iglesia Cat\u00f3lica\u201d, ya que Cristo, como dice el Concilio, \u201c&#8230; escogi\u00f3 a Pedro y&#8230; le entreg\u00f3 todas las ovejas para que las confirmara en la fe y las apacentara en la <strong>unidad perfecta<\/strong>\u201d<a href=\"#_ftn45\" name=\"_ftnref45\">[45]<\/a>.<\/li><\/ol><p><strong>d) A qui\u00e9nes se dirige el ecumenismo<\/strong><\/p><p>34. \u201cLa plenitud de la unidad de la Iglesia de Cristo se ha mantenido en la Iglesia Cat\u00f3lica, mientras otras Iglesias y Comunidades eclesiales, aun no estando en plena comuni\u00f3n con la Iglesia Cat\u00f3lica, <strong>conservan<\/strong> en realidad<strong> una cierta comuni\u00f3n con ella<\/strong>\u201d<a href=\"#_ftn46\" name=\"_ftnref46\">[46]<\/a>.<\/p><p>35. La labor ecum\u00e9nica gira sobre aquellos cristianos no cat\u00f3licos que guardan una singular relaci\u00f3n de pertenencia respecto de la Iglesia Cat\u00f3lica.<\/p><p>36. En rigor de verdad, todos los hombres viadores pueden llamarse de alg\u00fan modo miembros de la Iglesia. Podemos distinguir as\u00ed distintos grados de pertenencia:<\/p><p>37.<strong> a) Miembros plenos<\/strong>. Son aqu\u00e9llos que tienen una incorporaci\u00f3n plena en la Iglesia Cat\u00f3lica: \u201cSe encuentran en plena comuni\u00f3n con la Iglesia Cat\u00f3lica, en esta tierra, los bautizados que se unen a Cristo dentro de la estructura visible de aquella, es decir, por los v\u00ednculos de la profesi\u00f3n de fe, de los sacramentos y del r\u00e9gimen eclesi\u00e1stico\u201d<a href=\"#_ftn47\" name=\"_ftnref47\">[47]<\/a>. Esto se juzga a partir de dos elementos que determinan la pertenencia a la Iglesia. Uno es <strong>la fe apost\u00f3lica<\/strong>, dogm\u00e1tica y sacramental; lo cual tambi\u00e9n incluye la vinculaci\u00f3n jer\u00e1rquica con los sucesores de los Ap\u00f3stoles, ya que es a ellos a quienes toca velar y garantizar esta fe: <em>instituy\u00f3 doce para que estuvieran con \u00e9l y para mandarlos a predicar<\/em> (Mc 3,14); y tambi\u00e9n: <em>Id al mundo entero y predicad el Evangelio&#8230; el que creyere&#8230; se salvar\u00e1<\/em> (Mc 16,15-16); y entre \u00e9stos a Pedro y su sucesor: <em>Sim\u00f3n, yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca, y t\u00fa, cuando te conviertas confirma a tus hermanos<\/em> (Lc 22,32). El segundo elemento consiste en la vida sobrenatural que produce el Esp\u00edritu Santo inhabitando en los corazones de sus fieles. Estos dos elementos constituyen propiamente al hombre de la Ley Nueva, ya que \u00e9sta consiste en \u201cla gracia del Esp\u00edritu Santo que nos es dada por la fe de Cristo\u201d<a href=\"#_ftn48\" name=\"_ftnref48\">[48]<\/a>. Entre estos miembros hay que distinguir los que poseen los dos elementos y aquellos a quienes falta el segundo:<\/p><p>38. &#8211; Los justos: \u201cA la sociedad de la Iglesia se incorporan plenamente los que, teniendo el Esp\u00edritu de Cristo, aceptan \u00edntegramente su organizaci\u00f3n y todos los medios de salvaci\u00f3n depositados en ella, y por los v\u00ednculos de la profesi\u00f3n de la fe, de los sacramentos, del r\u00e9gimen eclesi\u00e1stico y de la comuni\u00f3n, se unen en su cuerpo visible con Cristo, que la dirige por medio del Sumo Pont\u00edfice y de los Obispos\u201d<a href=\"#_ftn49\" name=\"_ftnref49\">[49]<\/a>. P\u00edo XII escrib\u00eda: \u201csolamente se han de enumerar realmente entre los miembros de la Iglesia los que han recibido el lavatorio de la regeneraci\u00f3n, y profesan la verdadera fe, y no se han separado de la unidad del Cuerpo por s\u00ed mismos, ni han sido separados por la leg\u00edtima autoridad por grav\u00edsimos hechos admitidos\u201d<a href=\"#_ftn50\" name=\"_ftnref50\">[50]<\/a>.<\/p><p>39. &#8211; Los cat\u00f3licos pecadores que no han defeccionado de la fe: \u201cSin embargo, no alcanza la salvaci\u00f3n, aunque est\u00e9 incorporado a la Iglesia, el que, al no perseverar en la caridad, permanece en el seno de la Iglesia con el \u2018cuerpo\u2019, pero no con el coraz\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn51\" name=\"_ftnref51\">[51]<\/a>.<\/p><p>40.<strong> b) Miembros no plenos<\/strong>. Son todos aqu\u00e9llos a quienes falta la plenitud de la fe apost\u00f3lica, ya sea porque no la poseen \u00edntegramente en su aspecto dogm\u00e1tico y sacramental, ya porque no tienen unidad de r\u00e9gimen, es decir, la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica con Pedro que es el garante de la fe: \u201cLa Iglesia se siente unida por <strong>varios v\u00ednculos con todos los <\/strong><strong>que se honran con el nombre de<\/strong> <strong>cristianos<\/strong>, por estar bautizados, aunque no profesan \u00edntegramente la fe, o no conservan la unidad de comuni\u00f3n bajo el sucesor de Pedro. Muchos, pues, conservan la Sagrada Escritura como norma de fe y de vida, y manifiestan celo religioso, creen en el amor de Dios Padre todopoderoso, y en Cristo Hijo de Dios y Salvador, est\u00e1n marcados con el bautismo, por el que se unen a Cristo, y hasta reconocen y aceptan, en sus propias Iglesias o Comunidades eclesiales, otros sacramentos. Muchos de ellos tienen tambi\u00e9n el Episcopado, celebran la Sagrada Eucarist\u00eda y fomentan la piedad hacia la Virgen Madre de Dios. A \u00e9stos se a\u00f1ade tambi\u00e9n la comuni\u00f3n de oraciones y de otros beneficios espirituales; m\u00e1s a\u00fan, una cierta uni\u00f3n verdadera en el Esp\u00edritu Santo, puesto que tambi\u00e9n obra en ellos con su virtud santificante por medio de dones y de gracias, y a algunos de ellos hasta les dio la fortaleza del martirio. As\u00ed es como el Esp\u00edritu promueve en todos los disc\u00edpulos de Cristo el deseo y la actuaci\u00f3n para que todos se unan pac\u00edficamente en un reba\u00f1o y bajo un solo Pastor, tal como Cristo determin\u00f3. Para obtener lo cual la Madre Iglesia no cesa de orar, esperar y trabajar, y a todos sus hijos los exhorta a que se santifiquen y se renueven de modo que la imagen de Cristo resplandezca m\u00e1s clara sobre la faz de la Iglesia\u201d<a href=\"#_ftn52\" name=\"_ftnref52\">[52]<\/a>.<\/p><p>41. Evidentemente, el grado de mayor o menor imperfecci\u00f3n depender\u00e1 de la plenitud de la fe profesada y de la concepci\u00f3n sobre el Primado de Pedro en cada Iglesia concreta. No es igual la situaci\u00f3n de los cristianos solamente cism\u00e1ticos que la de aquellos con quienes la Iglesia diverge en serias y profundas cuestiones dogm\u00e1ticas. Por eso el Papa Juan Pablo II habla de los cristianos orientales como de aquellos con quienes tenemos \u201cuna comuni\u00f3n casi plena, aunque todav\u00eda imperfecta\u201d<a href=\"#_ftn53\" name=\"_ftnref53\">[53]<\/a>.<\/p><p>42. Dejando en claro la doctrina sobre la identidad absoluta de la Iglesia fundada por Jesucristo con la Iglesia Cat\u00f3lica, puede aceptarse la expresi\u00f3n que se\u00f1ala en las dem\u00e1s Iglesias y Comunidades eclesiales cristianas la existencia de <em>vestigia Ecclesiae<\/em>, vestigios de la Iglesia; tomado en buen sentido, esto significa que la Iglesia Cat\u00f3lica reconoce en otras Iglesias separadas y comunidades eclesiales, elementos de verdad y de vida que ella misma posee en plenitud<a href=\"#_ftn54\" name=\"_ftnref54\">[54]<\/a>.<\/p><p><strong style=\"font-size: 16px;\">43. c) Miembros en potencia<\/strong><span style=\"font-size: 16px;\">. \u201cLos que todav\u00eda no han recibido el Evangelio, en diversas formas est\u00e1n ordenados al Pueblo de Dios. En primer lugar, aquel pueblo al que se confiaron las alianzas y las promesas, y del cual naci\u00f3 Cristo seg\u00fan la carne, seg\u00fan la elecci\u00f3n, amad\u00edsimo a causa de sus padres, porque los dones y la vocaci\u00f3n de Dios son irrevocables. Mas el plan de salvaci\u00f3n abarca tambi\u00e9n a los que reconocen al Creador, y entre ellos est\u00e1n en primer lugar, los musulmanes, que, haciendo expresa profesi\u00f3n de la fe de Abraham, adoran con nosotros a un solo Dios, misericordioso, que ha de juzgar a los hombres en el \u00faltimo d\u00eda. Este mismo Dios tampoco est\u00e1 lejos de otros que entre sombras e im\u00e1genes buscan al Dios desconocido, puesto que les da a todos la vida, la inspiraci\u00f3n y todas las cosas, y como Salvador quiere que todos los hombres se salven. De hecho, los que inculpablemente desconocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero a\u00fan van buscando con sinceridad a Dios y bajo el influjo de la gracia se esfuerzan por cumplir con las obras de su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvaci\u00f3n eterna\u201d<\/span><a style=\"font-size: 16px; background-color: #ffffff;\" href=\"#_ftn55\" name=\"_ftnref55\">[55]<\/a><span style=\"font-size: 16px;\">. \u00c9stos, \u201cpor cierto inconsciente deseo y aspiraci\u00f3n, est\u00e1n ordenados al Cuerpo m\u00edstico del Redentor\u201d<\/span><a style=\"font-size: 16px; background-color: #ffffff;\" href=\"#_ftn56\" name=\"_ftnref56\">[56]<\/a><span style=\"font-size: 16px;\">.<\/span><\/p><p>44. La labor ecum\u00e9nica se orienta hacia aqu\u00e9llos que hemos designado como miembros no plenos, mientras que los miembros potenciales son objeto de la <em>missio ad gentes<\/em>.<\/p><p>45. Por tanto, el ecumenismo parte y se fundamenta en una cierta comuni\u00f3n aunque imperfecta de fe en \u201cDios Trino y Jesucristo como Se\u00f1or y Salvador\u201d<a href=\"#_ftn57\" name=\"_ftnref57\">[57]<\/a>.<\/p><p><strong>e) El ecumenismo como gracia<\/strong><\/p><p>46. Teniendo en cuenta que la unidad de los cristianos es voluntad de Cristo, y que la b\u00fasqueda de esa unidad es el fin del ecumenismo, es evidente que el ecumenismo aut\u00e9ntico y verdadero no es un proyecto puramente humano, ni se explica adecuadamente por las m\u00e1s nobles aspiraciones de los hombres de buena voluntad. Por el contrario, el ecumenismo supone una gracia divina, una moci\u00f3n sobrenatural, que mueve a los hijos de Dios a transitar el duro camino hacia la reconstrucci\u00f3n de la unidad. \u201cEl movimiento ecum\u00e9nico pretende ser una respuesta al don de la gracia de Dios, que llama a todos los cristianos a la fe en el misterio de la Iglesia, seg\u00fan el designio de Dios que desea conducir a la humanidad a la salvaci\u00f3n y a la unidad en Cristo por el Esp\u00edritu Santo\u201d<a href=\"#_ftn58\" name=\"_ftnref58\">[58]<\/a>.<\/p><p>47. \u201cPero recordadlo, la unidad que Cristo quiere para su Iglesia es su propio don\u201d<a href=\"#_ftn59\" name=\"_ftnref59\">[59]<\/a>. \u201cLa unidad, en definitiva, es un don de Dios, don que debemos pedir y prepararnos a \u00e9l para que nos sea concedido. La unidad, lo mismo que cada don, como cada gracia, depende <em>de Dios que tiene misericordia<\/em> (Rm 9,16). Porque la reconciliaci\u00f3n de todos los cristianos \u2018supera las fuerzas y la capacidad humana\u2019<a href=\"#_ftn60\" name=\"_ftnref60\">[60]<\/a>, la oraci\u00f3n continua y ferviente manifiesta nuestra esperanza, que no enga\u00f1a, y nuestra confianza en el Se\u00f1or que har\u00e1 <em>nuevas todas las cosas<\/em> (cf. Rm 5,5; Ap 21,5)\u201d<a href=\"#_ftn61\" name=\"_ftnref61\">[61]<\/a>.<\/p><p>48. \u201cLa unidad s\u00f3lo nos puede ser otorgada como un regalo por el Se\u00f1or, como fruto de su Pasi\u00f3n y de su Resurrecci\u00f3n en la oportuna \u2018plenitud de los tiempos\u2019\u201d<a href=\"#_ftn62\" name=\"_ftnref62\">[62]<\/a>.<\/p><p>49. La labor ecum\u00e9nica exige una caridad poco com\u00fan, paciencia, laboriosidad a prueba de todo desaliento, fidelidad absoluta a la verdad, delicadeza y tacto, docilidad a las inspiraciones del Esp\u00edritu Santo y una ascesis constante. Y esto s\u00f3lo puede ser fruto del amor a la cruz y de los dones del Esp\u00edritu Santo: \u201cEl movimiento ecum\u00e9nico es una gracia de Dios, concedida por el Padre en respuesta a la oraci\u00f3n de Jes\u00fas<a href=\"#_ftn63\" name=\"_ftnref63\">[63]<\/a> y a las s\u00faplicas de la Iglesia inspirada por el Esp\u00edritu Santo\u201d<a href=\"#_ftn64\" name=\"_ftnref64\">[64]<\/a>.<\/p><p><strong>f) Causa de la unidad ecum\u00e9nica:<\/strong><br \/><strong>el Esp\u00edritu Santo<\/strong><\/p><p>50. La Iglesia, en su esperanza ecum\u00e9nica, es consciente que sin la asistencia del Esp\u00edritu Santo, fuente de su unidad, nada podr\u00e1 hacer.<\/p><p>51. \u201cEl Esp\u00edritu Santo que habita en los creyentes, y llena y gobierna toda la Iglesia, <strong>realiza<\/strong> esta admirable comuni\u00f3n y los une a todos tan \u00edntimamente en Cristo, que es el Principio de la unidad de la Iglesia\u201d<a href=\"#_ftn65\" name=\"_ftnref65\">[65]<\/a>. La unidad ecum\u00e9nica \u201cse trata de la misma unidad por la que Cristo ha orado y que el Esp\u00edritu Santo realiza\u201d<a href=\"#_ftn66\" name=\"_ftnref66\">[66]<\/a>. Por eso, la unidad que es fruto del ecumenismo es pedida por la Iglesia en forma deprecativa:<\/p><p>52. &#8211; P\u00edo XI: \u201cY nuestra bendici\u00f3n, hecha plegaria, alcance el trono de Dios y le repita la s\u00faplica que, precisamente en estos d\u00edas, pon\u00eda el Esp\u00edritu divino sobre los labios y el coraz\u00f3n de su Iglesia: que te dignes llamar a todos los extraviados a la unidad de la Iglesia&#8230;, te rogamos, \u00f3yenos\u201d<a href=\"#_ftn67\" name=\"_ftnref67\">[67]<\/a>.<\/p><p>53. &#8211; P\u00edo XII: \u201cDeseamos y queremos que todos los que llevan en el coraz\u00f3n la ansiosa llamada a abrazar la unidad cristiana \u2013y nadie que es de Cristo estime en poco tan gran asunto\u2013 hagan s\u00faplicas y oraciones a Dios, de quien como Autor nacen el orden, la unidad, la belleza, para que los laudables deseos de todos los buenos no tarden en ser llevados a efecto\u201d<a href=\"#_ftn68\" name=\"_ftnref68\">[68]<\/a>.<\/p><p>54. &#8211; Concilio Vaticano II: \u201cEste santo deseo de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de una sola y \u00fanica Iglesia de Jesucristo sobrepasa las fuerzas y la capacidad humanas. Por ello pone toda su esperanza en la oraci\u00f3n de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre hacia nosotros, en el poder del Esp\u00edritu Santo. <em>Y la esperanza no quedar\u00e1 fallida, pues el amor de Dios se ha difundido en nuestros corazones por medio del Esp\u00edritu Santo, que nos ha sido dado <\/em>(Rm 5,5)\u201d<a href=\"#_ftn69\" name=\"_ftnref69\">[69]<\/a>.<\/p><p>55. &#8211; San Juan XXIII: \u201c\u00a1Que sean uno! \u00c9ste es el bosquejo del divino Redentor que nosotros debemos realizar, venerables hermanos, y es una grave tarea confiada a la conciencia de cada uno&#8230; Este latido del Coraz\u00f3n de Cristo debe invitarnos a un prop\u00f3sito renovado de entrega para que entre los cat\u00f3licos permanezca solid\u00edsimo el amor y el testimonio hacia la primera nota de la Iglesia (una) y para que en el vasto horizonte de las denominaciones cristianas, y m\u00e1s all\u00e1, se realice aquella unidad, hacia la cual sube la aspiraci\u00f3n de los corazones rectos y generosos\u201d<a href=\"#_ftn70\" name=\"_ftnref70\">[70]<\/a>.<\/p><p>56. &#8211; San Pablo VI: \u201c\u00a1Ojal\u00e1 el benign\u00edsimo Redentor, que, estando a punto de ir a la muerte, or\u00f3 al Padre para que todos los que hab\u00edan de creer en \u00c9l fuesen una sola cosa, como \u00c9l y el Padre son uno (cf. Jn 17,20-21), se digne escuchar, y muy prontamente, este ardent\u00edsimo deseo nuestro y de la universal Iglesia, de que todos celebremos con una sola voz y una sola fe el misterio eucar\u00edstico y, hechos participantes del cuerpo de Cristo, nos hagamos un solo Cuerpo, compaginado por las mismas ligaduras con que \u00c9l lo quiso constituido! (cf. 1 Co 10,17)\u201d<a href=\"#_ftn71\" name=\"_ftnref71\">[71]<\/a>.<\/p><p>57. Si la paz del mundo y la restauraci\u00f3n de todas las cosas en Cristo s\u00f3lo pueden ser obra de Dios (San P\u00edo X la llama <em>opus Dei<\/em><a href=\"#_ftn72\" name=\"_ftnref72\">[72]<\/a>), con igual o m\u00e1s raz\u00f3n lo ser\u00e1 la obra de la unidad de la Iglesia, a la cual P\u00edo XI denomina <em>opus in primis Dei<\/em>: \u201cEsta realizaci\u00f3n de la uni\u00f3n no se har\u00e1 por parecer humano, sino por la bondad de s\u00f3lo Dios, que <em>no hace acepci\u00f3n de personas<\/em> (Hch 10,34)&#8230; Pero ya que esta reuni\u00f3n de todos los pueblos en la unidad ecum\u00e9nica, como obra principalmente de Dios, se ha de lograr con la ayuda y los auxilios divinos, insistamos en piadosas oraciones, siguiendo los ejemplos y ense\u00f1anzas de San Josafat, que trabajaba por la unidad sobre todo con el poder de la oraci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn73\" name=\"_ftnref73\">[73]<\/a>.<\/p><p>58. A ninguno de los Pont\u00edfices citados escapa la dimensi\u00f3n <strong>milagrosa<\/strong> de esta unidad. Es m\u00e1s, es precisamente su <strong>naturaleza milagrosa<\/strong> la que le otorga el car\u00e1cter de <strong>signo de credibilidad<\/strong> que lleva al reconocimiento de Jesucristo: <em>Que todos sean uno, como T\u00fa, Padre, en m\u00ed y yo en ti, que tambi\u00e9n ellos en nosotros sean uno, para que el mundo crea que t\u00fa me enviaste<\/em> (Jn 17,21). As\u00ed, por ejemplo:<\/p><p>59. &#8211; Le\u00f3n XIII, en su oraci\u00f3n por la conversi\u00f3n de hebreos y turcos (1899): \u201c\u00a1Oh dulce Coraz\u00f3n de Mar\u00eda!, decid a Jes\u00fas aquello que nosotros ni sabemos ni podemos decirle, y \u00c9l os escuchar\u00e1&#8230;, y si para vencer la resistencia de aqu\u00e9llos por quienes os rogamos, es necesario un milagro, \u00a1oh Virgen Inmaculada!, os lo pedimos por el inmenso amor que ten\u00e9is a Jes\u00fas. \u00a1Ah, s\u00ed, dignaos apareceros a los hebreos y a los turcos, como ya os aparecisteis a Ratisbona, y a una se\u00f1al de vuestra diestra, ellos, como \u00e9l, quedar\u00e1n convertidos! \u00a1Oh, venga, venga pronto el d\u00eda en que la sacrosanta Trinidad reine por medio de Vos en todos los corazones y todos conozcan, amen y adoren en esp\u00edritu y verdad al fruto divino de vuestro seno, Jes\u00fas!\u201d<a href=\"#_ftn74\" name=\"_ftnref74\">[74]<\/a>.<\/p><p>60. &#8211; San Pablo VI ped\u00eda en la abad\u00eda de Grottaferrata: \u201cla completa unidad cat\u00f3lica, de modo que pueda florecer bajo nuestros ojos, en nuestro panorama hist\u00f3rico lleno de sufrimiento, la evidencia del milagro de que todos somos un reba\u00f1o de un solo pastor\u201d<a href=\"#_ftn75\" name=\"_ftnref75\">[75]<\/a>.<\/p><p>61. &#8211; San Pablo VI: \u201cComo sab\u00e9is, este problema de la \u2018uni\u00f3n de los cristianos en la unidad de la Iglesia\u2019 es de gran importancia y actualidad, y debemos afrontarlo, aunque ello encuentra, y a\u00fan pone en evidencia, muchas dificultades. Es m\u00e1s necesario que nunca el auxilio divino, como un milagro del Se\u00f1or. Pero quiz\u00e1s la hora est\u00e9 pr\u00f3xima. He aqu\u00ed por qu\u00e9 es necesario rogar mucho\u201d<a href=\"#_ftn76\" name=\"_ftnref76\">[76]<\/a>.<\/p><p>62. Por eso es que San Juan Pablo II indicaba que, a ejemplo de la Virgen Mar\u00eda, la \u201cdocilidad al Esp\u00edritu Santo&#8230; es el centro m\u00e1s profundo de la actitud ecum\u00e9nica\u201d<a href=\"#_ftn77\" name=\"_ftnref77\">[77]<\/a>.<\/p><p><strong>g) Causa formal de la unidad ecum\u00e9nica<\/strong><\/p><p>63. La causa formal de toda sociedad consiste en un cierto orden, es decir, en la particular relaci\u00f3n que se establece entre sus miembros en orden a un fin com\u00fan; as\u00ed, el principio formal es aquel que es capaz de establecer los lazos de uni\u00f3n y mutuo ordenamiento entre sus miembros.<\/p><p>64. Podemos decir as\u00ed que la causa formal de la unidad ecum\u00e9nica es de alg\u00fan modo atribuible a la gracia<a href=\"#_ftn78\" name=\"_ftnref78\">[78]<\/a>, porque entre los cristianos todas las relaciones, en cuanto cristianos, suponen y proceden de la gracia creada. Es la gracia lo que establece la fundamental incorporaci\u00f3n a Dios, puesto que la misma es participaci\u00f3n de la naturaleza divina<a href=\"#_ftn79\" name=\"_ftnref79\">[79]<\/a>. La gracia del cristiano se deriva de la plenitud de gracia de Cristo; como dice Santo Tom\u00e1s: \u201cLo principal de la ley nueva est\u00e1 constituido por la gracia del Esp\u00edritu Santo, que se manifiesta en la fe operante por la caridad. Ahora bien, los hombres consiguen esta gracia por el Hijo de Dios hecho hombre, cuya humanidad fue primero colmada por la gracia (<em>replevit gratia<\/em>), para derivarse a continuaci\u00f3n a nosotros. Por eso se dice en Jn 1,14: <em>El Verbo se hizo carne<\/em>; y m\u00e1s adelante agrega: <em>pleno de gracia y de verdad<\/em>, y m\u00e1s abajo (v.16): <em>De su plenitud todos hemos recibido, gracia sobre gracia<\/em>. Por lo que se agrega (v.17) que <em>la gracia y la verdad han venido por Jesucristo<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn80\" name=\"_ftnref80\">[80]<\/a>.<\/p><p>65. La gracia del cristiano es derivada de la gracia del Hijo, y nos hace hijos por adopci\u00f3n; consecuentemente hermana a los hombres entre s\u00ed. De la gracia emanan los dem\u00e1s lazos de uni\u00f3n:<\/p><p>&#8211; De ella brota la fe que une a los fieles en la profesi\u00f3n de la misma verdad revelada.<\/p><p>&#8211; De ella brota la esperanza que une a los viadores en una misma esperanza sobrenatural.<\/p><p>&#8211; De ella brota la caridad que une de modo excelent\u00edsimo (\u201c<em>Proprium amoris est unire<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn81\" name=\"_ftnref81\">[81]<\/a>) a los fieles con Dios y entre s\u00ed; por eso San Pablo la llama <em>v\u00ednculo de perfecci\u00f3n<\/em> (Col 3,14).<\/p><ol start=\"66\"><li>Es tambi\u00e9n la gracia la que une verdaderamente a los cristianos entre s\u00ed; y como el Esp\u00edritu Santo es el que hace la obra de la gracia, \u00c9l establece lazos misteriosos que escapan moment\u00e1neamente las dimensiones visibles de la Iglesia: son aqu\u00e9llos que pertenecen invisiblemente a la Iglesia visible.<\/li><li>h) La esperanza ecum\u00e9nica<\/li><li>Es evidente que la Iglesia dirige enconados esfuerzos para procurar la unidad; cabr\u00eda, entonces, preguntarse por la esperanza que ella abriga de alcanzar lo que busca: \u00bfen qu\u00e9 se funda, qu\u00e9 certeza posee, cu\u00e1l es su objeto preciso?<\/li><\/ol><p>El fundamento<\/p><ol start=\"68\"><li>El fundamento de la esperanza ecum\u00e9nica de la Iglesia se apoya b\u00e1sicamente en una profec\u00eda y en una oraci\u00f3n del mismo Cristo.<\/li><li><strong>a) La profec\u00eda<\/strong>. La recuerda San Juan (10,16): <em>Tengo otras ovejas que no son de este redil, y es preciso que Yo las traiga, y oir\u00e1n mi voz, y habr\u00e1 un solo reba\u00f1o y un solo pastor<\/em>. El car\u00e1cter prof\u00e9tico del vers\u00edculo se evidencia por su misma redacci\u00f3n, puesta en futuro \u2013<em>oir\u00e1n<\/em>, <em>habr\u00e1\u2013<\/em> y la afirmaci\u00f3n del futuro incondicionado en boca de Dios es profec\u00eda en sentido estricto. As\u00ed lo han entendido los Santos Padres, Pont\u00edfices, Concilios que han usado este texto en sentido prof\u00e9tico<a href=\"#_ftn82\" name=\"_ftnref82\">[82]<\/a>. Hasta el punto de que San Juan Cris\u00f3stomo afirma: \u201cno indica necesidad sino una cosa futura con certeza\u201d<a href=\"#_ftn83\" name=\"_ftnref83\">[83]<\/a>, y San Jer\u00f3nimo: \u201clo cual aunque en parte lo vemos realizarse en la Iglesia cada d\u00eda, sin embargo, m\u00e1s plenamente se realizar\u00e1 en la consumaci\u00f3n del mundo y en la segunda venida del Salvador\u201d<a href=\"#_ftn84\" name=\"_ftnref84\">[84]<\/a>. Se usa tambi\u00e9n en apoyo del car\u00e1cter prof\u00e9tico de este pasaje, la profec\u00eda paulina que puede considerarse como paralela: <em>No quiero que ignor\u00e9is, hermanos, este misterio \u2013para que no se\u00e1is prudentes a vuestros ojos\u2013, que el endurecimiento ha sobrevenido parcialmente a Israel, hasta que la plenitud de las naciones haya entrado; y as\u00ed, todo Israel ser\u00e1 salvo <\/em>(Rm 11,25-26).<\/li><li><strong>b) La oraci\u00f3n<\/strong>. La oraci\u00f3n es la que hace Jes\u00fas en la \u00daltima Cena, antes de su Pasi\u00f3n: <em>Que todos sean uno, como T\u00fa, Padre, en M\u00ed y yo en Ti, que tambi\u00e9n ellos en nosotros sean uno, para que el mundo crea que T\u00fa me enviaste<\/em> (Jn 17,21). Esta unidad pedida por Jes\u00fas ha sido identificada por numerosos Padres, Doctores y Pont\u00edfices, con la unidad ecum\u00e9nica. Trat\u00e1ndose de una oraci\u00f3n absoluta de Cristo, su eficacia es cierta e infalible.<\/li><\/ol><p>La certeza<\/p><ol start=\"71\"><li>La certeza se deriva del car\u00e1cter de estos dos textos: del car\u00e1cter prof\u00e9tico de uno, y del car\u00e1cter de oraci\u00f3n eficaz del segundo.<\/li><\/ol><p>El objeto de la esperanza de la Iglesia<\/p><ol start=\"72\"><li>El objeto de esta esperanza, es decir, qu\u00e9 es lo que concretamente se espera, se contiene en la ex\u00e9gesis y uso que la Tradici\u00f3n y el Magisterio ha hecho de estos textos b\u00edblicos; en resumidas cuentas:<\/li><li>&#8211; El <em>redil<\/em> al que han de ser incorporadas \u201clas otras ovejas\u201d que Cristo tiene, ha sido identificado siempre con la Iglesia Cat\u00f3lica y con la comuni\u00f3n con la Sede apost\u00f3lica de Roma.<\/li><li>&#8211; Las <em>otras ovejas<\/em> son todos aquellos que est\u00e1n fuera de la Iglesia cat\u00f3lica, fundada por Cristo sobre Pedro y los Ap\u00f3stoles, en cualquier tiempo y lugar. En el texto de San Pablo se habla de <em>plenitud<\/em>; debe entenderse de una plenitud moral, no matem\u00e1tica, es decir, lo que los hombres habitualmente entienden por \u201cel mundo entero\u201d, sin que esto excluya la existencia de grupos minoritarios no cat\u00f3licos, o no cristianos<a href=\"#_ftn85\" name=\"_ftnref85\">[85]<\/a>.<\/li><li>&#8211; El <em>Pastor<\/em> en algunos textos es Cristo<a href=\"#_ftn86\" name=\"_ftnref86\">[86]<\/a>, en otros es Pedro y el Romano Pont\u00edfice, Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo<a href=\"#_ftn87\" name=\"_ftnref87\">[87]<\/a>. En t\u00e9rminos generales, no puede disociarse, en el uso habitual del texto jo\u00e1nico que ha hecho la Tradici\u00f3n, Cristo de Pedro y sus sucesores.<\/li><li>Por tanto, el objeto de la esperanza ecum\u00e9nica de la Iglesia es la futura (pero hist\u00f3rica, anterior a la Segunda Venida del Salvador) uni\u00f3n de la plenitud de los hombres y de las Iglesias bajo el \u00fanico reba\u00f1o pastoreado por Pedro, Vicario de Cristo.<\/li><\/ol><h4 style=\"text-align: center;\"><a name=\"_Toc311800243\"><\/a><strong>2. <\/strong><strong>El ejercicio del ecumenismo<\/strong><\/h4><ol start=\"77\"><li>Para un ejercicio fruct\u00edfero del ecumenismo la Iglesia ha ido elaborando una serie de normas que debe guiar toda actividad ecum\u00e9nica.<\/li><\/ol><p><strong>a) Necesidad de la<\/strong><br \/><strong>renovaci\u00f3n institucional<\/strong><\/p><p>78. El verdadero ecumenismo debe comenzar con la presentaci\u00f3n paradigm\u00e1tica de la misma Iglesia Cat\u00f3lica. La Iglesia perder\u00eda credibilidad si propusiera una restauraci\u00f3n de la unidad de los cristianos y al mismo tiempo presentara faltas de unidad y santidad internas. \u201cCristo llama a la Iglesia peregrina en el camino, a esta perenne reforma, de la que la Iglesia misma, como instituci\u00f3n humana y terrena, tiene siempre necesidad&#8230; Esta reforma, pues, tiene una extraordinaria importancia ecum\u00e9nica\u201d<a href=\"#_ftn88\" name=\"_ftnref88\">[88]<\/a>.<\/p><p>79. \u201cEn el magisterio del Concilio hay un nexo claro entre renovaci\u00f3n, conversi\u00f3n y reforma. Afirma as\u00ed: \u2018La Iglesia, peregrina en este mundo, es llamada por Cristo a esta reforma permanente de la que Ella, como instituci\u00f3n terrena y humana, necesita continuamente; de modo que si algunas cosas, por circunstancias de tiempo y lugar, hubieran sido observadas menos cuidadosamente deben restaurarse en el momento oportuno y debidamente\u2019. Ninguna Comunidad cristiana puede eludir esta llamada\u201d<a href=\"#_ftn89\" name=\"_ftnref89\">[89]<\/a>.<\/p><p>80. De este modo podemos se\u00f1alar como los grandes enemigos del ecumenismo, desde el punto de vista de la ejemplaridad de la Iglesia:<\/p><p>&#8211; Falta de unidad. Son enemigas del ecumenismo las faltas de unidad entre los fieles cat\u00f3licos: las faltas contra la sumisi\u00f3n a la aut\u00e9ntica jerarqu\u00eda, las faltas contra el patrimonio com\u00fan de la fe (obra de la teolog\u00eda contestataria), las faltas contra la unidad fruto del fomento de falsas dial\u00e9cticas (Iglesia de los pobres e Iglesia de los ricos, teolog\u00eda del alto o teolog\u00eda del bajo, teolog\u00eda blanca o teolog\u00eda negra, etc.). Las faltas contra la liturgia cat\u00f3lica, libr\u00e1ndola a la improvisaci\u00f3n, al caos, a la contradicci\u00f3n. En este sentido, el progresismo, la teolog\u00eda marxista de la liberaci\u00f3n, la teolog\u00eda moral contestataria, etc., son enemigos del aut\u00e9ntico ecumenismo. Trabajaremos a favor del ecumenismo en la medida en que sembremos unidad de fe, de r\u00e9gimen, de culto.<\/p><ol start=\"81\"><li>&#8211; Falta de santidad. La santidad es nota de la verdadera Iglesia fundada por Cristo, en la cual se debe realizar la uni\u00f3n que busca el ecumenismo; por tanto, se peca contra el ecumenismo cuando se presenta una imagen de la Iglesia despojada de santidad. En este sentido, todo pecado, pero particularmente el pecado de esc\u00e1ndalo (principalmente el pecado de los pastores), destruye la labor ecum\u00e9nica. Se trabaja a favor del ecumenismo cuando se viven en plenitud las obras de misericordia. La caridad para con los pobres, los enfermos, los m\u00e1s necesitados; el ejemplo de los que viven radicalmente los consejos evang\u00e9licos; el ejemplo de los M\u00e1rtires; eso es lo que mueve a la unidad ecum\u00e9nica.<\/li><li>&#8211; Falta de catolicidad. Es decir, falta de esp\u00edritu y empuje misionero. Es pecado contra el ecumenismo la p\u00e9rdida del fervor misionero, la falta de convicci\u00f3n del mandato evangelizador de Jesucristo, porque precisamente esto es lo que manifiesta a la Iglesia fundada por \u00c9l.<\/li><li>&#8211; Falta de apostolicidad. Es decir, la falta de amor a Pedro y a sus sucesores, el desprecio de sus ense\u00f1anzas, de sus directivas, el desgano o despreocupaci\u00f3n en secundar sus iniciativas, sus intenciones particulares, sus planes misioneros. Cuando esto ocurre no se late con el coraz\u00f3n de la Iglesia.<\/li><li>Por esto, el ejercicio del ecumenismo impone una renovaci\u00f3n y revitalizaci\u00f3n:<\/li><\/ol><p>a) Institucional: dando ejemplos de pobreza, emprendiendo obras de caridad, de beneficencia, asistenciales, de servicialidad, fundando obras misioneras, etc.<\/p><p>b) Lit\u00fargica: presentar la riqueza cautivante del culto cat\u00f3lico, respetando la diversidad de ritos (latino, ucraniano, copto, malabar, etc.); realzando con solemnidad y sacralidad nuestra liturgia; mostrando la centralidad del culto en la vida y espiritualidad de la Iglesia.<\/p><p>c) Doctrinal: presentando con profundidad y claridad la fe; revalorizando los estudios b\u00edblicos, teol\u00f3gicos, patr\u00edsticos y filos\u00f3ficos; no ocultando la verdad sino mostrando el esplendor de la misma. Es importante recalcar que uno de los argumentos esgrimidos a menudo por los conversos al catolicismo ha sido y es el ver a la Iglesia Cat\u00f3lica como un cuerpo de doctrina s\u00f3lido, seguro y garantizado.<\/p><p><strong>b) La exigencia de renovaci\u00f3n personal<\/strong><\/p><p>85. \u201cAunque la Iglesia Cat\u00f3lica posee toda la verdad revelada por Dios, y todos los instrumentos de la gracia, sin embargo, sus miembros no la viven consecuentemente con todo el fervor debido. As\u00ed que la faz de la Iglesia resplandece menos ante los ojos de nuestros hermanos separados y de todo el mundo, y por ello se retarda el crecimiento del reino de Dios. Por esto, todos los cat\u00f3licos deben tender a la perfecci\u00f3n cristiana y, cada uno seg\u00fan su condici\u00f3n, trabajar para que la Iglesia, portadora \u2013en su cuerpo\u2013 de la humildad y de la mortificaci\u00f3n de Jesucristo, cada d\u00eda se purifique y se renueve m\u00e1s, hasta que Cristo se la presente a S\u00ed mismo gloriosa, sin mancha ni arruga\u201d<a href=\"#_ftn90\" name=\"_ftnref90\">[90]<\/a>.<\/p><p>86. Dec\u00eda San Juan Pablo II: \u201cLa unidad s\u00f3lo puede ser fruto de una conversi\u00f3n a Cristo, el cual es la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia. Tal conversi\u00f3n debe ser profunda y abarcar al conjunto de los miembros en los m\u00faltiples aspectos de su vida, de modo que la unidad se realice verdaderamente\u201d<a href=\"#_ftn91\" name=\"_ftnref91\">[91]<\/a>.<\/p><p>87. \u201cNo existe verdadero ecumenismo sin la <strong>conversi\u00f3n interior<\/strong>. En efecto, los deseos de la unidad surgen y maduran en la renovaci\u00f3n del alma, en la abnegaci\u00f3n de s\u00ed mismo y en efusi\u00f3n generosa de la caridad. Por eso hemos de implorar del Esp\u00edritu Santo la gracia de la abnegaci\u00f3n sincera, de la humildad y de la mansedumbre en nuestro servicio y de la fraterna generosidad del alma para con los dem\u00e1s&#8230; Recuerden todos los fieles que tanto mejor realizar\u00e1n y promover\u00e1n la uni\u00f3n de los cristianos, cuanto m\u00e1s se esfuercen por llevar una vida m\u00e1s pura, que est\u00e9 conforme al Evangelio. Porque cuanto m\u00e1s estrecha sea su comuni\u00f3n con el Padre, con el Verbo y con el Esp\u00edritu, tanto m\u00e1s \u00edntima y f\u00e1cilmente podr\u00e1n acrecentar la mutua hermandad\u201d<a href=\"#_ftn92\" name=\"_ftnref92\">[92]<\/a>.<\/p><p>88. \u201cCada uno debe, pues, convertirse m\u00e1s radicalmente al Evangelio y, sin perder nunca de vista el designio de Dios, debe cambiar su mirada. Con el ecumenismo la contemplaci\u00f3n de las \u2018maravillas de Dios\u2019 (<em>mirabilia Dei<\/em>) se ha enriquecido de nuevos espacios, en los que el Dios Trinitario suscita la acci\u00f3n de gracias: la percepci\u00f3n de que el Esp\u00edritu act\u00faa en las otras Comunidades cristianas, el descubrimiento de ejemplos de santidad, la experiencia de las riquezas ilimitadas de la comuni\u00f3n de los Santos, el contacto con aspectos impensables del compromiso cristiano. Por otro lado, se ha difundido tambi\u00e9n la necesidad de penitencia: el ser conscientes de ciertas exclusiones que hieren la caridad fraterna, de ciertos rechazos que deben ser perdonados, de un cierto orgullo, de aquella obstinaci\u00f3n no evang\u00e9lica en la condena de los \u2018otros\u2019, de un desprecio derivado de una presunci\u00f3n nociva. As\u00ed la vida entera de los cristianos queda marcada por la preocupaci\u00f3n ecum\u00e9nica y est\u00e1n llamados a asumirla\u201d<a href=\"#_ftn93\" name=\"_ftnref93\">[93]<\/a>.<\/p><p>89. Dec\u00eda San Juan Pablo II: \u201cNo se puede tener la unidad entre los hermanos, si no se da la uni\u00f3n profunda \u2013de vida, de pensamiento, de alma, de prop\u00f3sitos, de imitaci\u00f3n\u2013 con Cristo Jes\u00fas; m\u00e1s a\u00fan, si no existe una b\u00fasqueda \u00edntima de vida interior en la uni\u00f3n con la misma Trinidad&#8230;\u201d<a href=\"#_ftn94\" name=\"_ftnref94\">[94]<\/a>.<\/p><p><strong>c) Principalidad del \u201cecumenismo espiritual\u201d o primac\u00eda de la oraci\u00f3n<\/strong><\/p><p>90. Hemos dicho que el Autor principal del ecumenismo es el Esp\u00edritu Santo, que la unidad ecum\u00e9nica es una gracia, que el retorno a la unidad supera las fuerzas humanas. De all\u00ed la primac\u00eda otorgada en el trabajo por la unidad a la oraci\u00f3n. Los frutos ecum\u00e9nicos no brotan principalmente de reuniones y di\u00e1logos, sino fundamentalmente de la oraci\u00f3n a Dios.<\/p><p>91. \u201cTodos nosotros reconocemos el gran valor de la oraci\u00f3n para realizar lo que humanamente es dif\u00edcil o acaso imposible. Jes\u00fas mismo nos ha dicho: <em>lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios<\/em> (Lc 18,27). Sabemos lo importante que es dirigirse a Dios humildemente, d\u00eda tras d\u00eda, pidi\u00e9ndole el don de la continua conversi\u00f3n de la vida, que est\u00e1 tan estrechamente vinculada con la cuesti\u00f3n de la unidad de los cristianos\u201d<a href=\"#_ftn95\" name=\"_ftnref95\">[95]<\/a>.<\/p><p>92. \u201cEsta conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y esta santidad de vida, juntamente con las oraciones privadas y p\u00fablicas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecum\u00e9nico, y con raz\u00f3n puede llamarse ecumenismo espiritual\u201d<a href=\"#_ftn96\" name=\"_ftnref96\">[96]<\/a>.<\/p><p>\u201c<em>La oraci\u00f3n \u2018ecum\u00e9nica\u2019 est\u00e1 al servicio de la misi\u00f3n cristiana y de su credibilidad. <\/em>Por eso debe estar particularmente presente en la vida de la Iglesia y en cada actividad que tenga como fin favorecer la unidad de los cristianos. Es como si nosotros debi\u00e9ramos volver siempre a reunirnos en el Cen\u00e1culo del Jueves Santo, aunque nuestra presencia com\u00fan en este lugar aguarda todav\u00eda su perfecto cumplimiento, hasta que, superados los obst\u00e1culos para la perfecta comuni\u00f3n eclesial, todos los cristianos se re\u00fanan en la \u00fanica celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda\u201d<a href=\"#_ftn97\" name=\"_ftnref97\">[97]<\/a>.<\/p><p><strong>d) Necesidad de una formaci\u00f3n espec\u00edficamente ecum\u00e9nica<\/strong><\/p><p>93. Un punto importante sobre el que insiste el Magisterio es la necesidad, cada vez m\u00e1s creciente, de la formaci\u00f3n ecum\u00e9nica general de los fieles y en particular de los sacerdotes. Dec\u00eda San Juan Pablo II: \u201cCon una urgencia cada vez m\u00e1s grande, en la formaci\u00f3n teol\u00f3gica, y sobre todo en la de los futuros sacerdotes, se requiere una dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica, realmente fundada y asegurada siempre. El Concilio Vaticano II ha se\u00f1alado claramente esta necesidad<a href=\"#_ftn98\" name=\"_ftnref98\">[98]<\/a>. Las actuales exigencias de la misi\u00f3n de la Iglesia hacen precisa una colaboraci\u00f3n ecum\u00e9nica que no se puede poner en pr\u00e1ctica sin una apropiada preparaci\u00f3n espiritual, doctrinal y cultural\u201d<a href=\"#_ftn99\" name=\"_ftnref99\">[99]<\/a>.<\/p><p>94. \u201cFormaci\u00f3n ecum\u00e9nica\u201d quiere decir preparaci\u00f3n para afrontar esta tarea de promover la unidad ecum\u00e9nica. Comienza por tomar conciencia del puesto que tiene el ecumenismo dentro de la Iglesia y de su misi\u00f3n, de la responsabilidad que tiene la Iglesia ante Jesucristo de buscar esta unidad, de la urgencia del trabajo por la unidad en nuestra \u00e9poca. Exige el conocimiento de la historia de la Iglesia, de las divisiones, de las diferencias doctrinales; requiere el conocimiento de las peculiaridades de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales separadas de la Iglesia Cat\u00f3lica. Demanda, tambi\u00e9n, una s\u00f3lida formaci\u00f3n en la fe, una eclesiolog\u00eda segura, para poder dar raz\u00f3n ante las otras confesiones de \u201clos motivos de nuestra esperanza\u201d<a href=\"#_ftn100\" name=\"_ftnref100\">[100]<\/a>.<\/p><p>95. Esta formaci\u00f3n debe procurarse en los <strong>fieles<\/strong> en general, mediante la escucha y el estudio de la Palabra de Dios, la predicaci\u00f3n (en particular sobre el misterio de la unidad de la Iglesia), la catequesis, la liturgia (especialmente con la oraci\u00f3n por la unidad de los cristianos), la vida espiritual (recordando a los fieles la importancia de la conversi\u00f3n personal para aspirar a la unidad)<a href=\"#_ftn101\" name=\"_ftnref101\">[101]<\/a>.<\/p><p>96. En cuanto a los <strong>ministros ordenados<\/strong> es conveniente presentarles la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica de las distintas materias que estudian a lo largo de su formaci\u00f3n<a href=\"#_ftn102\" name=\"_ftnref102\">[102]<\/a>, ofreci\u00e9ndoles en lo posible un curso especial sobre el ecumenismo<a href=\"#_ftn103\" name=\"_ftnref103\">[103]<\/a>.<\/p><p>97. Es de desear tambi\u00e9n que se aspire a que algunos (fieles laicos o sacerdotes) se <strong>especialicen<\/strong> en las disciplinas ecum\u00e9nicas<a href=\"#_ftn104\" name=\"_ftnref104\">[104]<\/a>.<\/p><p><strong>e) Respeto por la leg\u00edtima diversidad<\/strong><br \/><strong>en la unidad<\/strong><\/p><p>98. La diversidad y la unidad no son contradictorias, porque la diversidad puede reducirse a la unidad por la armon\u00eda. La diversidad accidental de elementos lit\u00fargicos, espirituales y a\u00fan disciplinares dentro de la Iglesia, armonizados entre s\u00ed, contribuyen a manifestar externamente la inmensa riqueza de la Iglesia Cat\u00f3lica: \u201cGuardando la unidad en lo necesario, todos en la Iglesia, cada uno seg\u00fan la funci\u00f3n a \u00e9l dada, guarden la debida libertad, as\u00ed en las diversas formas de la vida espiritual y de la disciplina como en la variedad de los ritos lit\u00fargicos; y a\u00fan en la teol\u00f3gica evoluci\u00f3n de la verdad revelada; pero en todo practiquen la caridad. Y as\u00ed manifestar\u00e1n cada d\u00eda m\u00e1s plenamente la verdadera catolicidad y apostolicidad de la Iglesia\u201d<a href=\"#_ftn105\" name=\"_ftnref105\">[105]<\/a>.<\/p><p><strong>f) Exigencia de una justa valoraci\u00f3n<\/strong><\/p><p>99. \u201cPor otra parte, necesario es que los cat\u00f3licos reconozcan y aprecien con gozo los valores verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio com\u00fan, se encuentran en nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las obras virtuosas en la vida de todos los que dan testimonio de Cristo, a veces, con el derramamiento de su sangre; porque Dios es siempre admirable y digno de ser admirado en sus obras. Tampoco debe olvidarse que todo cuanto opera la gracia del Esp\u00edritu Santo en los corazones de los hermanos separados puede contribuir tambi\u00e9n a nuestra edificaci\u00f3n. Lo que de verdad es cristiano nunca puede oponerse a los aut\u00e9nticos valores de la fe; antes al contrario, todo puede contribuir a que se alcance m\u00e1s perfectamente el misterio de Cristo y de la Iglesia\u201d<a href=\"#_ftn106\" name=\"_ftnref106\">[106]<\/a>.<\/p><p><strong>g) Clima de aut\u00e9ntico di\u00e1logo<\/strong><br \/><strong>y b\u00fasqueda de la unidad en la verdad<\/strong><\/p><p>100. \u201cSi la oraci\u00f3n es el \u2018alma\u2019 de la renovaci\u00f3n ecum\u00e9nica y de la aspiraci\u00f3n a la unidad; sobre ella se fundamenta y en ella encuentra su fuerza <em>todo lo que el Concilio define como \u2018di\u00e1logo\u2019<\/em>. Esta definici\u00f3n no est\u00e1 ciertamente lejos del <em>pensamiento personalista<\/em> La actitud de \u2018di\u00e1logo\u2019 se sit\u00faa en el nivel de la naturaleza de la persona y de su dignidad. Desde el punto de vista filos\u00f3fico, esta posici\u00f3n se relaciona con la verdad cristiana sobre el hombre expresada por el Concilio. En efecto, el hombre \u2018es la \u00fanica criatura en la tierra a la que Dios ha amado por s\u00ed misma\u2019; por tanto \u2018no puede encontrarse plenamente a s\u00ed mismo sino en la entrega sincera de s\u00ed mismo\u2019. El di\u00e1logo es paso obligado del camino a recorrer <em>hacia la autorrealizaci\u00f3n del hombre<\/em>, tanto del<em> individuo<\/em> como tambi\u00e9n de <em>cada comunidad humana<\/em>. Si bien del concepto de \u2018di\u00e1logo\u2019 parece emerger en primer plano el momento cognoscitivo (<em>dia<\/em>&#8211;<em>logos<\/em>), cada di\u00e1logo encierra una dimensi\u00f3n global, existencial. Abarca al sujeto humano totalmente; el di\u00e1logo entre las comunidades compromete de modo particular la subjetividad de cada una de ellas\u201d<a href=\"#_ftn107\" name=\"_ftnref107\">[107]<\/a>.<\/p><p>101. El di\u00e1logo es fundamental para restablecer las discrepancias producidas como efecto de la divisi\u00f3n y para disipar las que han sido causa de la desuni\u00f3n. San Pedro nos advierte que debemos estar siempre prontos a dar raz\u00f3n de nuestra esperanza:<em> dispuesto siempre para la defensa de la esperanza que abrig\u00e1is, respondiendo a todo el que os pida raz\u00f3n acerca de ella<\/em> (1 P 3,15). El mismo Jesucristo nos dio ejemplo de su pedagog\u00eda magisterial dialogando con los que ten\u00edan hambre y sed de la verdad: as\u00ed lo muestra su di\u00e1logo con la samaritana<a href=\"#_ftn108\" name=\"_ftnref108\">[108]<\/a>, con sus disc\u00edpulos<a href=\"#_ftn109\" name=\"_ftnref109\">[109]<\/a>, con sus enemigos para conducirlos a la verdad<a href=\"#_ftn110\" name=\"_ftnref110\">[110]<\/a>.<\/p><p>102. San Pablo VI ha se\u00f1alado como caracter\u00edsticas del di\u00e1logo:<\/p><p>a) La claridad ante todo: el di\u00e1logo supone y exige la inteligibilidad; es un intercambio de pensamiento; exige pues nuestra diligencia apost\u00f3lica para hacer comprensible nuestro lenguaje.<\/p><p>103. b) La mansedumbre: a lo cual nos exhorta el mismo Jesucristo: <em>Aprended de M\u00ed que soy manso y humilde de coraz\u00f3n<\/em> (Mt 11,29). \u201cEl di\u00e1logo no es orgulloso, no es hiriente, no es ofensivo. Su autoridad es intr\u00ednseca por la verdad que expone, por la caridad que difunde, por el ejemplo que propone; no es un mandato ni una imposici\u00f3n. Es pac\u00edfico, evita los modos violentos es paciente, es generoso\u201d<a href=\"#_ftn111\" name=\"_ftnref111\">[111]<\/a>.<\/p><p>104. c) La confianza: tanto en el valor de la propia palabra como en la disposici\u00f3n de los interlocutores para recibirla.<\/p><p>105. d) La prudencia pedag\u00f3gica: que tiene muy en cuenta las condiciones psicol\u00f3gicas y morales del que oye.<\/p><p>106. e) La integridad: La presentaci\u00f3n de la verdad ha de ser aut\u00e9ntica e \u00edntegra. \u201cLa solicitud por acercarse a los hermanos no debe traducirse en una atenuaci\u00f3n o en una disminuci\u00f3n de la verdad. Nuestro di\u00e1logo no puede ser una debilidad frente al deber con nuestra fe. El apostolado no puede transigir con una especie de compromiso ambiguo respecto a los principios de pensamiento y acci\u00f3n que han de se\u00f1alar nuestra cristiana profesi\u00f3n. El irenismo y el sincretismo son en el fondo formas de escepticismo respecto a la fuerza y al contenido de la palabra de Dios que queremos predicar. S\u00f3lo el que es bastante fiel a la doctrina de Cristo puede ser eficazmente ap\u00f3stol. Y s\u00f3lo el que vive con plenitud la vocaci\u00f3n cristiana puede estar inmunizado contra el contagio de los errores con los que se pone en contacto\u201d<a href=\"#_ftn112\" name=\"_ftnref112\">[112]<\/a>.<\/p><p>107. El di\u00e1logo ecum\u00e9nico, y especialmente el di\u00e1logo teol\u00f3gico, no debe ser superficial, porque se trata ciertamente de cuestiones delicadas y profundas: \u201cSi desde hace casi un milenio, las Iglesias de Oriente y Occidente no celebran juntas la Eucarist\u00eda, esto quiere decir que han juzgado graves los problemas controvertidos\u201d<a href=\"#_ftn113\" name=\"_ftnref113\">[113]<\/a>.<\/p><p>108. La unidad que busca el ecumenismo no s\u00f3lo no puede prescindir de la verdad, sino que es <strong>unidad en la misma verdad<\/strong>. Como ha dicho vigorosa y hermosamente San Juan Pablo II: \u201c<em>No deb\u00e9is resignaros a que los disc\u00edpulos de Cristo no den ante el mundo el testimonio de unidad<\/em>. Se requiere una inquebrantable fidelidad a la verdad, una atenta apertura a los dem\u00e1s, una sobria paciencia en el camino y un amor lleno de delicadeza. Los compromisos no sirven; s\u00f3lo vale aquella unidad que el Se\u00f1or mismo ha fundado: la unidad en la verdad y en el amor. Se oye ahora decir una y otra vez que el movimiento ecum\u00e9nico entre las Iglesias est\u00e1 estancado, que despu\u00e9s del despunte primaveral del Concilio ha venido una \u00e9poca de frialdad. A pesar de algunas dificultades que hay que lamentar, no puedo estar de acuerdo con este juicio. La unidad que proviene de Dios se nos ha dado en la cruz. No nos est\u00e1 permitido querer sortear la cruz a fin de procurar intentos de r\u00e1pida armonizaci\u00f3n de las diferencias, poniendo entre par\u00e9ntesis la cuesti\u00f3n acerca de la verdad. Sin embargo, no nos est\u00e1 permitido renunciar unos a otros, prescindir unos de otros, porque el paciente y sacrificado amor del Crucificado exige de nosotros que nos acerquemos. No nos dejemos apartar del fatigoso camino, sea para escoger aparentes atajos que no son sino extrav\u00edos\u201d<a href=\"#_ftn114\" name=\"_ftnref114\">[114]<\/a>.<\/p><p>109. Y con la misma claridad, en la <em>Ut unum sint<\/em>: \u201cNo se trata en este contexto de modificar el dep\u00f3sito de la fe, de cambiar el significado de los dogmas, de suprimir en ellos palabras esenciales, de adaptar la verdad a los gustos de una \u00e9poca, de quitar ciertos art\u00edculos del <em>Credo<\/em> con el falso pretexto de que ya no son comprensibles hoy. La unidad querida por Dios s\u00f3lo se puede realizar en la adhesi\u00f3n com\u00fan al contenido \u00edntegro de la fe revelada. En materia de fe, una soluci\u00f3n de compromiso est\u00e1 en contradicci\u00f3n con Dios que es la Verdad. En el Cuerpo de Cristo que es <em>camino, verdad y vida<\/em> (Jn 14,6), \u00bfqui\u00e9n considerar\u00eda leg\u00edtima una reconciliaci\u00f3n lograda a costa de la verdad?\u201d<a href=\"#_ftn115\" name=\"_ftnref115\">[115]<\/a>.<\/p><p><strong>h) La colaboraci\u00f3n pr\u00e1ctica<\/strong><\/p><p>110. Ense\u00f1a San Juan Pablo II la importancia ecum\u00e9nica de la colaboraci\u00f3n entre los cristianos. En efecto, esta colaboraci\u00f3n es fruto de las relaciones entre los cristianos, y a la vez es escuela de ecumenismo y verdadero testimonio evangelizador.<\/p><p>\u201cLas relaciones entre los cristianos no tienden s\u00f3lo al mero conocimiento rec\u00edproco, a la oraci\u00f3n en com\u00fan y al di\u00e1logo. Prev\u00e9n y exigen desde ahora cualquier posible colaboraci\u00f3n pr\u00e1ctica en los diversos \u00e1mbitos: pastoral, cultural, social, e incluso en el testimonio del mensaje del Evangelio.<\/p><p>\u2018La cooperaci\u00f3n de todos los cristianos expresa vivamente aquella conjunci\u00f3n por la cual est\u00e1n ya unidos entre s\u00ed y presenta bajo una luz m\u00e1s plena el rostro de Cristo siervo\u2019. Una cooperaci\u00f3n as\u00ed fundada sobre la fe com\u00fan, no s\u00f3lo es rica por la comuni\u00f3n fraterna, sino que es una epifan\u00eda de Cristo mismo.<\/p><p>Adem\u00e1s, la cooperaci\u00f3n ecum\u00e9nica es una verdadera escuela de ecumenismo, es un camino din\u00e1mico hacia la unidad. La unidad de acci\u00f3n lleva a la plena unidad de fe: \u2018Con esta cooperaci\u00f3n, todos los que creen en Cristo aprender\u00e1n f\u00e1cilmente c\u00f3mo pueden conocerse mejor los unos a los otros, apreciarse m\u00e1s y allanar el camino de la unidad de los cristianos\u2019.<\/p><p>A los ojos del mundo la cooperaci\u00f3n entre los cristianos asume las dimensiones del com\u00fan testimonio cristiano y llega a ser instrumento de evangelizaci\u00f3n en beneficio de unos y otros\u201d<a href=\"#_ftn116\" name=\"_ftnref116\">[116]<\/a>.<\/p><h4 style=\"text-align: center;\"><a name=\"_Toc311800244\"><\/a><strong>3. <\/strong><strong>Falsas concepciones<\/strong><br \/><strong>sobre el ecumenismo<\/strong><\/h4><ol start=\"111\"><li>Al ecumenismo se oponen errores por exceso y por defecto.<\/li><\/ol><p><strong>a) Errores por defecto<\/strong><\/p><p>112. Es falsa toda visi\u00f3n del ecumenismo que ve en este fen\u00f3meno una novedad que surge en la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II. El ecumenismo, ya lo hemos dejado establecido, pertenece a la misi\u00f3n misma de la Iglesia, tal como Jesucristo la ha establecido. Considerarlo como una \u201cnovedad\u201d es fruto de una defectuosa eclesiolog\u00eda, de un desconocimiento de la Tradici\u00f3n y de la historia de la Iglesia, y de una mala comprensi\u00f3n de la voluntad de nuestro Se\u00f1or expl\u00edcita en el Serm\u00f3n de la \u00daltima Cena, tal como aparece en el Evangelio de San Juan<a href=\"#_ftn117\" name=\"_ftnref117\">[117]<\/a>.<\/p><p>113. Muchos, sin llegar a tanto, son reacios a los esfuerzos realizados y se muestran indiferentes a esta misi\u00f3n particular de la Iglesia. De ellos dec\u00eda San Juan Pablo II al comienzo de su pontificado: \u201cHay personas que, encontr\u00e1ndose frente a las dificultades o tambi\u00e9n juzgando negativos los resultados de los trabajos iniciales ecum\u00e9nicos, hubieran preferido echarse atr\u00e1s. Algunos incluso expresan la opini\u00f3n de que estos esfuerzos son da\u00f1osos para la causa del Evangelio, conducen a una ulterior ruptura de la Iglesia, provocan confusi\u00f3n de ideas en las cuestiones de la fe y de la moral, abocan a un espec\u00edfico indiferentismo&#8230; A todos aqu\u00e9llos que por cualquier motivo quisieran disuadir a la Iglesia de la b\u00fasqueda de la unidad universal de los cristianos hay que decirles una vez m\u00e1s: \u00bfNos es l\u00edcito no hacerlo?\u201d<a href=\"#_ftn118\" name=\"_ftnref118\">[118]<\/a>.<\/p><p><strong>b) Errores por exceso: el ecumenismo<\/strong><br \/><strong>como sincretismo religioso<\/strong><\/p><p>114. Tambi\u00e9n destruyen el verdadero ecumenismo todas aquellas pr\u00e1cticas o concepciones que ven en este movimiento una tendencia hacia la formaci\u00f3n de una s\u00faper Iglesia, fruto de la mancomunaci\u00f3n de todas las Iglesias presentes, incluida all\u00ed la Iglesia Cat\u00f3lica como una m\u00e1s. Esto es un ecumenismo anticristiano, anticat\u00f3lico y antievang\u00e9lico. Semejante concepci\u00f3n del ecumenismo es una amenaza contra la identidad de la Iglesia.<\/p><p>115. En la pr\u00e1ctica esto es propuesto en dos niveles:<\/p><p>a) Los que aspiran a una unidad puramente pragm\u00e1tica, en la cual cada uno conservar\u00eda su propia creencia a t\u00edtulo personal. Son aqu\u00e9llos que piensan que el ecumenismo consiste en reunirse para marchar juntos, mientras que lo que cada uno piense no es tan importante<a href=\"#_ftn119\" name=\"_ftnref119\">[119]<\/a>.<\/p><p>b) Los que aspiran a una unidad incluso dogm\u00e1tica, estableciendo para esta s\u00faper Iglesia un s\u00faper dogma que deponga los elementos que crean \u201cdificultad\u201d a la uni\u00f3n; particularmente la doctrina cat\u00f3lica sobre el Primado de Pedro, la infalibilidad pontificia, la doctrina sacramental (de modo especial la doctrina eucar\u00edstica y del sacerdocio ministerial), etc.<\/p><p>116. Cabr\u00eda recordar una vez m\u00e1s las palabras del Santo Padre Juan Pablo II: \u201cLa verdadera actividad ecum\u00e9nica significa apertura, acercamiento, disponibilidad al di\u00e1logo, b\u00fasqueda com\u00fan de la verdad en el pleno sentido evang\u00e9lico y cristiano; pero de ning\u00fan modo significa ni puede significar renunciar o causar perjuicio de alguna manera a los tesoros de la verdad divina, constantemente confesada y ense\u00f1ada por la Iglesia&#8230; Esto no significa absolutamente perder la certeza de la propia fe, o debilitar los principios de la moral, cuya falta se har\u00e1 sentir bien pronto en la vida de sociedades enteras, determinando entre otras cosas consecuencias deplorables\u201d<a href=\"#_ftn120\" name=\"_ftnref120\">[120]<\/a>.<\/p><p>117. Esto de ninguna manera puede ayudar a la causa de la unidad de los cristianos. Es m\u00e1s, debemos decir que el mejor medio para <strong>desvirtuar<\/strong> el ideal ecum\u00e9nico es contaminarlo con generosidades ambiguas, con silencios calculados, con falsas tolerancias (especialmente en el campo sacramental)<a href=\"#_ftn121\" name=\"_ftnref121\">[121]<\/a>; todo esto procede m\u00e1s de la debilidad o de la astucia de los hombres que de la fidelidad clara, fuerte, leal\u00edsima de los hijos adoptivos de Dios.<\/p><p>118. Se destruye el verdadero ecumenismo cuando los te\u00f3logos cat\u00f3licos trabajan descuidando los principios de la teolog\u00eda cat\u00f3lica; cuando se opera con el principio de la <em>sola Scriptura<\/em>, descuidando la Tradici\u00f3n, el Magisterio y la filosof\u00eda perenne. Tambi\u00e9n cuando se presentan oscura o veladamente aspectos espec\u00edficos de la <strong>fe<\/strong> o de la <strong>estructura de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/strong>, particularmente la doctrina sacramental sobre el sacerdocio ministerial, la Eucarist\u00eda, el perd\u00f3n de los pecados mediante la Confesi\u00f3n individual, la indisolubilidad del matrimonio. Esto no puede contribuir a la unidad; mientras que, por el contrario, las definiciones claras de la propia fe sirven a todos, incluso al interlocutor; nunca se debe olvidar que el di\u00e1logo puede profundizar y purificar la fe cat\u00f3lica, pero no puede cambiarla. Se puede aplicar aqu\u00ed aquello que dec\u00eda San Juan Pablo II: \u201cLa raz\u00f3n de un cierto n\u00famero de dificultades para creer y de crisis religiosas individuales o colectivas, est\u00e1 en que se relativiza lo absoluto y se absolutiza lo relativo\u201d<a href=\"#_ftn122\" name=\"_ftnref122\">[122]<\/a>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Cf. <em>Lumen Gentium<\/em>, 1-4; <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A la asamblea plenaria del Secretariado para la Uni\u00f3n de los Cristianos<\/em>; OR (3\/12\/1978), 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> <em>Ut Unum Sint<\/em>, 1-2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Di\u00e1logo con los j\u00f3venes en Par\u00eds<\/em>; OR (15\/6\/1980), 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Discurso a los Cardenales de todo el mundo en el V <\/em><em>C<\/em><em>onsistorio extraordinario<\/em>; OR (17\/6\/1994), 7.<\/p><p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Cf. <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 2; <em>Directorio sobre los Principios del Ecumenismo<\/em>, 11.<\/p><p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> <em>Lumen Gentium<\/em>, 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> <em>Dominus Iesus<\/em>, 16. Cf. <em>Respuestas a Aspectos de la Doctrina sobre la Iglesia<\/em>, especialmente respuesta tercera: \u201cAcerca de la distinci\u00f3n entre Iglesias y comunidades eclesiales\u201d; y respuesta 5; cf. tambi\u00e9n <em>Dominus Iesus<\/em>, 17.2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> <em>Directorio sobre los Principios del Ecumenismo<\/em>, 17.<\/p><p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Cf. <em>Nota sobre la Expresi\u00f3n \u201cIglesias Hermanas\u201d<\/em>, 10.<\/p><p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 11.<\/p><p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 3; <em>CEC<\/em>, 816.<\/p><p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> <em>Lumen Gentium<\/em>, 14.<\/p><p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> Cf. <em>Lumen Gentium<\/em>, 16; cf. <em>DzS<\/em> 3866-3872.<\/p><p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> <em>CEC<\/em>, 846-848.<\/p><p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> Cf. <em>Lumen Gentium<\/em>, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> Maravillosamente lo expresaba Bonifacio VIII en el a\u00f1o 1302: \u201cUna sola, en efecto, fue el arca de No\u00e9 en tiempos del diluvio, la cual prefiguraba a la \u00fanica Iglesia, y, con el techo en pendiente de un codo de altura llevaba un solo rector y gobernador, No\u00e9; fuera de ella leemos haber sido borrado cuanto exist\u00eda sobre la tierra. \u00c9sa es aquella t\u00fanica del Se\u00f1or, incons\u00fatil (Jn 19,23), que no fue rasgada, sino que se ech\u00f3 a suertes. La Iglesia, pues, que es una y \u00fanica, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza, no dos como un monstruo, es decir, Cristo y el Vicario de Cristo, Pedro y su sucesor, puesto que dice el Se\u00f1or al mismo Pedro: <em>Apacienta mis ovejas<\/em> (Jn 21,17). <em>Mis ovejas<\/em>, dijo, y de modo general, no \u00e9stas o aqu\u00e9llas en particular; por lo que se entiende que se las encomend\u00f3 todas\u201d (<em>Dz<\/em> 468).<\/p><p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> <em>Dominus Iesus<\/em>, 17.<\/p><p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n lit\u00fargica por la uni\u00f3n de los cristianos<\/em>; OR (1\/2\/1981), 20.<\/p><p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Alocuci\u00f3n a los representantes de otras Confesiones cristianas<\/em>; OR (23\/11\/1980), 13.<\/p><p><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a> <em>Christus Dominus<\/em>, 11.<\/p><p><a href=\"#_ftnref22\" name=\"_ftn22\">[22]<\/a> <em>Directorio sobre los Principios del <\/em><em>E<\/em><em>cumenismo<\/em>, 13.<\/p><p><a href=\"#_ftnref23\" name=\"_ftn23\">[23]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Catequesis<\/em>; OR (5\/11\/1978), 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref24\" name=\"_ftn24\">[24]<\/a> Cf. <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref25\" name=\"_ftn25\">[25]<\/a> Cf. <em>Ibidem<\/em>, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref26\" name=\"_ftn26\">[26]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Primer mensaje a la Iglesia y al mundo<\/em>; OR (22\/10\/1978), 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref27\" name=\"_ftn27\">[27]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A la Asamblea plenaria del Secretariado para la Uni\u00f3n de los cristianos<\/em>; OR (3\/12\/1978), 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref28\" name=\"_ftn28\">[28]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A los representantes de las Iglesias y Comunidades no cat\u00f3licas de Nairobi<\/em>; OR (18\/5\/1980), 11.<\/p><p><a href=\"#_ftnref29\" name=\"_ftn29\">[29]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Alocuci\u00f3n dominical<\/em>; OR (18\/1\/1981), 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref30\" name=\"_ftn30\">[30]<\/a> <em>Directorio sobre los Principios del <\/em><em>E<\/em><em>cumenismo<\/em>, 19.<\/p><p><a href=\"#_ftnref31\" name=\"_ftn31\">[31]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 22.<\/p><p><a href=\"#_ftnref32\" name=\"_ftn32\">[32]<\/a> Cf. <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref33\" name=\"_ftn33\">[33]<\/a> <em>Directorio sobre los Principios del <\/em><em>E<\/em><em>cumenismo<\/em>, 20; cf. <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref34\" name=\"_ftn34\">[34]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A la Asamblea plenaria del Secretariado para la Uni\u00f3n de los cristianos<\/em>; OR (3\/12\/1978), 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref35\" name=\"_ftn35\">[35]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas en la iglesia de los Santos Andr\u00e9s y Gregorio, en presencia del Dr. Robert Runcie<\/em>; OR (15\/10\/1989), 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref36\" name=\"_ftn36\">[36]<\/a> <em>Directorio sobre los Principios del <\/em><em>E<\/em><em>cumenismo<\/em>, 20; cf. <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref37\" name=\"_ftn37\">[37]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A la Asamblea plenaria del Secretariado para la Uni\u00f3n de los cristianos<\/em>; OR (3\/12\/1978), 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref38\" name=\"_ftn38\">[38]<\/a> <em>Directorio sobre los Principios del <\/em><em>E<\/em><em>cumenismo<\/em>, 20; cf. <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 2. \u201cSi en este punto [la unidad cristiana] no podemos llegar a estar de acuerdo en todos los aspectos, debemos y podemos evitar todas las formas de competitividad y rivalidad\u201d: San Juan Pablo II, <em>A los l\u00edderes y fieles de otras Confesiones cristianas y de otras religiones, en Lusaka<\/em>; OR (21\/5\/1989), 17.<\/p><p><a href=\"#_ftnref39\" name=\"_ftn39\">[39]<\/a> <em>Directorio sobre los Principios del <\/em><em>E<\/em><em>cumenismo<\/em>, 20.<\/p><p><a href=\"#_ftnref40\" name=\"_ftn40\">[40]<\/a> San Gregorio Magno, <em>Epist. <\/em>XIII, 39.<\/p><p><a href=\"#_ftnref41\" name=\"_ftn41\">[41]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas en la iglesia de los Santos Andr\u00e9s y Gregorio, en presencia del Dr. Robert Runcie<\/em>; OR (15\/10\/1989), 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref42\" name=\"_ftn42\">[42]<\/a> <em>Lumen Gentium<\/em>, 18.<\/p><p><a href=\"#_ftnref43\" name=\"_ftn43\">[43]<\/a> <em>Ut Unum Sint<\/em>, 97.<\/p><p><a href=\"#_ftnref44\" name=\"_ftn44\">[44]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 97.<\/p><p><a href=\"#_ftnref45\" name=\"_ftn45\">[45]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref46\" name=\"_ftn46\">[46]<\/a> <em>Directorio sobre los Principios del <\/em><em>E<\/em><em>cumenismo<\/em>, 18.<\/p><p><a href=\"#_ftnref47\" name=\"_ftn47\">[47]<\/a> <em>CIC<\/em>, can. 205.<\/p><p><a href=\"#_ftnref48\" name=\"_ftn48\">[48]<\/a> Santo Tom\u00e1s de Aquino, <em>S. Th.<\/em>, I-II, 106, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref49\" name=\"_ftn49\">[49]<\/a> <em>Lumen Gentium<\/em>, 14.<\/p><p><a href=\"#_ftnref50\" name=\"_ftn50\">[50]<\/a> <em>Mystici Corporis Christi<\/em>, 10.<\/p><p><a href=\"#_ftnref51\" name=\"_ftn51\">[51]<\/a> <em>Lumen Gentium<\/em>, 14; cf. <em>Mystici Corporis Christi<\/em>, 10.<\/p><p><a href=\"#_ftnref52\" name=\"_ftn52\">[52]<\/a> <em>Lumen Gentium<\/em>, 15.<\/p><p><a href=\"#_ftnref53\" name=\"_ftn53\">[53]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Catequesis<\/em>; OR (21\/1\/1979), 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref54\" name=\"_ftn54\">[54]<\/a> La expresi\u00f3n <em>vestigia Ecclesiae<\/em> proviene del movimiento ecum\u00e9nico en campo no cat\u00f3lico, donde es extendida a todas las Iglesias (incluida la Cat\u00f3lica), afirmando que en cada una se encuentran vestigios de la Iglesia fundada por Jesucristo, al tiempo que en ninguna se encuentra esa misma Iglesia de modo pleno. Entendida en tal sentido es inadmisible.<\/p><p><a href=\"#_ftnref55\" name=\"_ftn55\">[55]<\/a> <em>Lumen Gentium<\/em>, 16. Cf. <em>Nostra Aetate<\/em>, 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref56\" name=\"_ftn56\">[56]<\/a> <em>Mystici Corporis Christi<\/em>, 46.<\/p><p><a href=\"#_ftnref57\" name=\"_ftn57\">[57]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref58\" name=\"_ftn58\">[58]<\/a> <em>Directorio sobre los Principios del <\/em><em>E<\/em><em>cumenismo<\/em>, 9.<\/p><p><a href=\"#_ftnref59\" name=\"_ftn59\">[59]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Encuentro con los representantes de otras Iglesias cristianas en Manila<\/em>; OR (1\/3\/1981), 16.<\/p><p><a href=\"#_ftnref60\" name=\"_ftn60\">[60]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 24.<\/p><p><a href=\"#_ftnref61\" name=\"_ftn61\">[61]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Catequesis<\/em>; OR (21\/1\/1979), 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref62\" name=\"_ftn62\">[62]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Palabras de despedida en el aeropuerto de Munich-Riem<\/em>; OR (30\/11\/1980), 17.<\/p><p><a href=\"#_ftnref63\" name=\"_ftn63\">[63]<\/a> Cf. Jn 17,21.<\/p><p><a href=\"#_ftnref64\" name=\"_ftn64\">[64]<\/a> <em>Directorio sobre los Principios del <\/em><em>E<\/em><em>cumenismo<\/em>, 22. Cf. Rm 8,26-27.<\/p><p><a href=\"#_ftnref65\" name=\"_ftn65\">[65]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref66\" name=\"_ftn66\">[66]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A la Asamblea plenaria del Secretariado para la Uni\u00f3n de los cristianos<\/em>; OR (3\/12\/1978), 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref67\" name=\"_ftn67\">[67]<\/a> P\u00edo XI, <em>Homil\u00eda de Propaganda Fide<\/em>, (28\/5\/1922); AAS 14, 348.<\/p><p><a href=\"#_ftnref68\" name=\"_ftn68\">[68]<\/a> <em>Summi Maeroris<\/em>; AAS 42, 516.<\/p><p><a href=\"#_ftnref69\" name=\"_ftn69\">[69]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 24.<\/p><p><a href=\"#_ftnref70\" name=\"_ftn70\">[70]<\/a> San Juan XXIII, <em>Mensaje radiof\u00f3nico de Navidad<\/em> (22\/12\/1962); AAS 55, 169.<\/p><p><a href=\"#_ftnref71\" name=\"_ftn71\">[71]<\/a> <em>Mysterium Fidei<\/em>, 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref72\" name=\"_ftn72\">[72]<\/a> <em>E Supremi<\/em>; AAS 36, 131-132.<\/p><p><a href=\"#_ftnref73\" name=\"_ftn73\">[73]<\/a> <em>Ecclesiam Dei<\/em>; AAS 15, 580-581.<\/p><p><a href=\"#_ftnref74\" name=\"_ftn74\">[74]<\/a> <em>Cum Sicut<\/em>; AAS 33, 403.<\/p><p><a href=\"#_ftnref75\" name=\"_ftn75\">[75]<\/a> San Pablo VI, <em>Alocuci\u00f3n en la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en la abad\u00eda de Grottaferrata<\/em> (18\/8\/1963); OR (22\/8\/1963).<\/p><p><a href=\"#_ftnref76\" name=\"_ftn76\">[76]<\/a> San Pablo VI, <em>Discurso durante la semana por la unidad de los cristianos<\/em>; OR (24-25\/1\/1966).<\/p><p><a href=\"#_ftnref77\" name=\"_ftn77\">[77]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Catequesis<\/em>; OR (5\/11\/1978), 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref78\" name=\"_ftn78\">[78]<\/a> Sauras coloca en la gracia el alma creada del Cuerpo M\u00edstico de Cristo (cf. Emilio Sauras, <em>El Cuerpo M\u00edstico de Cristo<\/em>, Madrid 1956, 836ss.).<\/p><p><a href=\"#_ftnref79\" name=\"_ftn79\">[79]<\/a> Cf. 2 P 1,4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref80\" name=\"_ftn80\">[80]<\/a> Santo Tom\u00e1s de Aquino, <em>S. Th.<\/em>, I-II, 108, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref81\" name=\"_ftn81\">[81]<\/a> Santo Tom\u00e1s de Aquino, <em>Comentario a la ep\u00edstola de San Pablo a los Hebreos<\/em>, ed. Marietti, n\u00fam. 259.<\/p><p><a href=\"#_ftnref82\" name=\"_ftn82\">[82]<\/a> Cf. Juan Igart\u00faa, <em>La esperanza ecum\u00e9nica de la Iglesia<\/em>, Madrid 1970, vol. I-II.<\/p><p><a href=\"#_ftnref83\" name=\"_ftn83\">[83]<\/a> San Juan Cris\u00f3stomo, <em>Hom. in Evangelium Ioannis<\/em>, 60; <em>PG<\/em> 59, 329.<\/p><p><a href=\"#_ftnref84\" name=\"_ftn84\">[84]<\/a> San Jer\u00f3nimo, <em>Comentario a Isa\u00edas<\/em>, CCL 73\/A.<\/p><p><a href=\"#_ftnref85\" name=\"_ftn85\">[85]<\/a> Cf. Juan Igart\u00faa, <em>La esperanza ecum\u00e9nica de la Iglesia<\/em>, Madrid 1970, vol. II, 124-126. \u201cTodos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el g\u00e9nero humano sobre la faz de la tierra, y tienen tambi\u00e9n un fin \u00faltimo, que es Dios, cuya providencia, manifestaci\u00f3n de bondad y designios de salvaci\u00f3n se extienden a todos, hasta que se unan los elegidos en la ciudad santa\u201d (<em>Nostra Aetate<\/em>, 1). \u201cNo podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios\u201d (<em>Nostra Aetate<\/em>, 5).<\/p><p><a href=\"#_ftnref86\" name=\"_ftn86\">[86]<\/a> As\u00ed por ejemplo: Teodoro I (<em>PL<\/em> 87, 77); San Mart\u00edn I (<em>PL<\/em> 87, 116); Adriano I (<em>PL<\/em> 98, 346. 385).<\/p><p><a href=\"#_ftnref87\" name=\"_ftn87\">[87]<\/a> Recordamos s\u00f3lo algunos de los testimonios (el resto, hasta San Pablo VI, pueden verse en la citada obra de Igart\u00faa): <strong>Adriano I<\/strong> (a\u00f1o 774): \u201cEntrega las ovejas de Pedro al gobierno de Pedro Pastor, el cual las hab\u00eda de confiar como a vicario suyo a Adriano\u201d (C\u00e9sar Baronio, <em>Annales Ecclesiastici<\/em>, IX, a. 774, n. 6); \u201c\u00a1Oh Pedro, Pastor sin reproche!, que guardas el reba\u00f1o de Dios, t\u00fa que das sagrados pastos al reba\u00f1o de Cristo\u201d (<em>Ibidem<\/em>). <strong>San Zacar\u00edas<\/strong> (a\u00f1o 748): \u201cCon la cooperaci\u00f3n de Dios, ha sido agregada vuestra santidad a nuestra compa\u00f1\u00eda <em>en un solo reba\u00f1o; y tenemos un solo Pastor<\/em>, que ha sido instituido Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles y doctor nuestro por el Pastor de los Pastores, Se\u00f1or Dios y Salvador nuestro Jesucristo\u201d (<em>PL<\/em> 89, 949). <strong>Inocencio III<\/strong> (a\u00f1o 1203): \u201cSepa que es ajeno al reba\u00f1o de Cristo quien reh\u00fasa a Pedro como pastor, a quien Nos sucedemos&#8230; Despu\u00e9s de Cristo, Pastor primero y principal, el bienaventurado Pedro es el Pastor segundo y secundario\u201d (<em>PL<\/em> 215, 28). <strong>Bonifacio VIII<\/strong>: \u201cEl Romano Pont\u00edfice ha sido puesto sin distinci\u00f3n sobre todos, como custodio y cultivador general de la vi\u00f1a del Se\u00f1or, y como Pastor supremo de todo el reba\u00f1o cat\u00f3lico y de todos los pastores\u201d (Bula <em>Unam Sanctam<\/em> [1308]; <em>DzS<\/em> 872).<\/p><p><a href=\"#_ftnref88\" name=\"_ftn88\">[88]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 6.<\/p><p><a href=\"#_ftnref89\" name=\"_ftn89\">[89]<\/a> <em>Ut Unum Sint<\/em>, 16. Este tema es ampliamente desarrollado por el Papa San Pablo VI en su Enc\u00edclica <em>Ecclesiam Suam<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref90\" name=\"_ftn90\">[90]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref91\" name=\"_ftn91\">[91]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Alocuci\u00f3n dominical<\/em>; OR (3\/2\/1980), 9.<\/p><p><a href=\"#_ftnref92\" name=\"_ftn92\">[92]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 7.<\/p><p><a href=\"#_ftnref93\" name=\"_ftn93\">[93]<\/a> <em>Ut Unum Sint<\/em>, 15.<\/p><p><a href=\"#_ftnref94\" name=\"_ftn94\">[94]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Homil\u00eda durante la celebraci\u00f3n lit\u00fargica por la uni\u00f3n de los cristianos<\/em>; OR (1\/2\/1981), 20.<\/p><p><a href=\"#_ftnref95\" name=\"_ftn95\">[95]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A los representantes de las Iglesias y Comunidades cristianas no cat\u00f3licas de Acra<\/em>; OR (25\/5\/1980), 9.<\/p><p><a href=\"#_ftnref96\" name=\"_ftn96\">[96]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref97\" name=\"_ftn97\">[97]<\/a> <em>Ut Unum Sint<\/em>, 23.<\/p><p><a href=\"#_ftnref98\" name=\"_ftn98\">[98]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 10.<\/p><p><a href=\"#_ftnref99\" name=\"_ftn99\">[99]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Discurso al Pontificio Consejo para la Promoci\u00f3n de la unidad de los cristianos<\/em>; OR (15\/2\/1991), 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref100\" name=\"_ftn100\">[100]<\/a> Cf. 1 P 3,15.<\/p><p><a href=\"#_ftnref101\" name=\"_ftn101\">[101]<\/a> Cf. <em>Directorio sobre los Principios del Ecumenismo<\/em>, 59-64.<\/p><p><a href=\"#_ftnref102\" name=\"_ftn102\">[102]<\/a> Cf. <em>Ibidem<\/em>, 73-78.<\/p><p><a href=\"#_ftnref103\" name=\"_ftn103\">[103]<\/a> Cf. <em>Ibidem<\/em>, 79; donde se presenta tambi\u00e9n un programa tentativo, con los principales temas que deber\u00edan ser tratados en tal curso.<\/p><p><a href=\"#_ftnref104\" name=\"_ftn104\">[104]<\/a> Cf. <em>Ibidem<\/em>, 87-90.<\/p><p><a href=\"#_ftnref105\" name=\"_ftn105\">[105]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 4. Cf. <em>Ut Unum Sint<\/em>, 57; donde se habla de \u201cintercambio de dones\u201d.<\/p><p><a href=\"#_ftnref106\" name=\"_ftn106\">[106]<\/a> <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref107\" name=\"_ftn107\">[107]<\/a> <em>Ut Unum Sint<\/em>, 28.<\/p><p><a href=\"#_ftnref108\" name=\"_ftn108\">[108]<\/a> Cf. Jn 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref109\" name=\"_ftn109\">[109]<\/a> Por ejemplo, Mt 16,13-20.<\/p><p><a href=\"#_ftnref110\" name=\"_ftn110\">[110]<\/a> As\u00ed, por ejemplo, con Pilato (Jn 18-19), con los fariseos (Jn 5,19-47), etc.<\/p><p><a href=\"#_ftnref111\" name=\"_ftn111\">[111]<\/a> <em>Ecclesiam Suam<\/em>, 31.<\/p><p><a href=\"#_ftnref112\" name=\"_ftn112\">[112]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 33.<\/p><p><a href=\"#_ftnref113\" name=\"_ftn113\">[113]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Catequesis<\/em>; OR (25\/1\/1981), 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref114\" name=\"_ftn114\">[114]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Alocuci\u00f3n a la Conferencia Episcopal Alemana<\/em>; OR (30\/11\/1980), 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref115\" name=\"_ftn115\">[115]<\/a> <em>Ut Unum Sint<\/em>, 18.<\/p><p><a href=\"#_ftnref116\" name=\"_ftn116\">[116]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 40.<\/p><p><a href=\"#_ftnref117\" name=\"_ftn117\">[117]<\/a> Cf. Jn 17.<\/p><p><a href=\"#_ftnref118\" name=\"_ftn118\">[118]<\/a> <em>Redemptor Hominis<\/em>, 6.<\/p><p><a href=\"#_ftnref119\" name=\"_ftn119\">[119]<\/a> \u201cUna marcha forzada hacia la unidad \u2013dice el Cardenal Ratzinger\u2013, como la que han propuesto recientemente Karl Rahner y H. Fries, es una figura artificial de acrobacia teol\u00f3gica, que desgraciadamente no se sostiene ante la realidad. No se puede reunir a las distintas confesiones como en un patio de cuartel y decir: lo esencial es que marchen juntos; lo que cada uno piense no es tan importante. La unidad de la Iglesia vive de la unidad de decisiones y de convicciones fundamentales&#8230;\u201d (Revista <em>AICA<\/em>, n\u00fam. 1445, 30\/8\/1984, 29).<\/p><p><a href=\"#_ftnref120\" name=\"_ftn120\">[120]<\/a> <em>Redemptor Hominis<\/em>, 6.<\/p><p><a href=\"#_ftnref121\" name=\"_ftn121\">[121]<\/a> Advirtiendo el Papa San Juan Pablo II sobre la imposibilidad de \u201cconcelebrar la Eucarist\u00eda\u201d con los Orientales separados y sobre las consecuencias nefastas que llevar\u00eda el tomar esto con ligereza, dice: \u201cPero nuestra prisa por llegar, la urgencia de poner fin al esc\u00e1ndalo intolerable de la desuni\u00f3n de los cristianos, nos obligan a evitar \u2018toda ligereza o celo imprudente que puedan perjudicar el progreso de la unidad\u2019\u201d (<em>Unitatis Redintegratio<\/em>, 24). No se cura el mal suministrando analg\u00e9sicos, sino atacando las causas (cf. <em>Catequesis<\/em>; OR [3\/12\/1978], 8).<\/p><p><a href=\"#_ftnref122\" name=\"_ftn122\">[122]<\/a> San Juan Pablo II, <em>A los j\u00f3venes en el encuentro organizado por la comunidad ecum\u00e9nica de Taiz\u00e9<\/em>; OR (11\/1\/1981), 8.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El misterio de la Iglesia se sit\u00faa en el misterio de la Sabidur\u00eda y de la Bondad de Dios que atrae a toda la familia humana e incluso a la creaci\u00f3n entera a la unidad hacia \u00c9l[1]. 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