{"id":2123,"date":"2021-01-02T08:40:41","date_gmt":"2021-01-02T06:40:41","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/?p=2123"},"modified":"2021-02-02T08:39:54","modified_gmt":"2021-02-02T06:39:54","slug":"el-sol-y-el-aguila","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/index.php\/2021\/01\/02\/el-sol-y-el-aguila\/","title":{"rendered":"El Sol y el \u00c1guila"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"2123\" class=\"elementor elementor-2123\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-29f22e70 elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"29f22e70\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-5ebc4b5b\" data-id=\"5ebc4b5b\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-4f61a36d elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"4f61a36d\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>El pensamiento de Santo Tom\u00e1s de Aquino en San Juan de la Cruz<\/strong><\/h3><p>Hoy estamos invadidos por falsos m\u00edsticos, que aunque aparentemente estudian mucho se equivocan mucho<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>. Son los que \u201cno conocen el camino (que es el Verbo) para descender desde s\u00ed mismos hacia \u00c9l, para poder ascender hasta \u00c9l. Ignorando, pues, este camino, se creen excelsos y luminosos como los astros, cuando en realidad se han venido a tierra y se ha oscurecido su coraz\u00f3n. No buscan con esp\u00edritu de piedad al Art\u00edfice del universo, y por eso no lo encuentran\u201d<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>.<\/p><p>No ha sido este el caso del Doctor Ang\u00e9lico, quien adem\u00e1s de ser un fil\u00f3sofo extraordinario fue adem\u00e1s un gran te\u00f3logo que defendi\u00f3 y explic\u00f3 las verdades divinas de la fe con encumbrada maestr\u00eda al punto de merecerle el t\u00edtulo de \u201cLumbrera de la Iglesia y del mundo entero\u201d<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a>. La suya, \u201cantes que metodolog\u00eda t\u00e9cnica de un maestro\u201d, aclaraba San Juan Pablo II, \u201cha sido la metodolog\u00eda del Santo, que vive en plenitud el Evangelio, en el que la caridad es todo. Amor a Dios, fuente suprema de toda verdad; amor al pr\u00f3jimo, obra maestra de Dios; amor a las cosas creadas, que son tambi\u00e9n cofres preciosos llenos de tesoros que Dios ha volcado en ellas. Esa fue la fuerza inspiradora de todo su af\u00e1n de estudioso y el impulso secreto de su donaci\u00f3n total como persona consagrada. Efectivamente, el gigantesco esfuerzo intelectual de este maestro del pensamiento estuvo estimulado, sostenido y orientado por un coraz\u00f3n henchido de amor a Dios y al pr\u00f3jimo. \u2018<em>Per ardorem caritatis datur cognitio veritatis<\/em>\u2019<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a>\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Sin embargo, no han faltado quienes encasillan a Santo Tom\u00e1s de Aquino en el \u00e1mbito de la filosof\u00eda haciendo de \u00e9l una especie de \u201cArist\u00f3teles cristiano\u201d y se sorprenden de que haya quienes quieran encontrar en sus obras los principios de la teolog\u00eda m\u00edstica. Hay incluso muchos que hacen una lectura y comentario muy poco sobrenatural y antim\u00edstico de sus escritos orientando el esp\u00edritu en un sentido muy diferente del pretendido por el Aquinate<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\"><sup>[6]<\/sup><\/a>.\u00a0<\/p><p>Quienes as\u00ed piensan muy probablemente no est\u00e1n familiarizados en absoluto con Santo Tom\u00e1s, no han le\u00eddo sus tratados sobre la <em>Trinidad<\/em>, la <em>Encarnaci\u00f3n<\/em>, la <em>Eucarist\u00eda<\/em>, la gracia, las virtudes teologales, los dones del Esp\u00edritu Santo; no han abierto sus comentarios sobre San Pablo, San Juan, sobre los Salmos, sobre el libro de Job, sobre Isa\u00edas; ignoran sus op\u00fasculos piadosos, sus oraciones, su Oficio del Sant\u00edsimo Sacramento; quiz\u00e1s no conocen su vida, no saben nada de sus noches pasadas ante el Sagrario, ni de sus arrobamientos y su contemplaci\u00f3n eminente que le obligaba a decir de sus <em>Summae<\/em>: que <em>no era m\u00e1s que paja<\/em> en comparaci\u00f3n con lo que entreve\u00eda. \u00c9l mismo \u201creconoc\u00eda gustoso que hab\u00eda aprendido m\u00e1s en la oraci\u00f3n que en el estudio<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\"><sup>[7]<\/sup><\/a>, y manten\u00eda tan vivo el sentido de la trascendencia divina que pon\u00eda como condici\u00f3n primordial, previa a cualquier investigaci\u00f3n teol\u00f3gica, este principio: \u2018en esta vida tanto m\u00e1s perfectamente conocemos a Dios, cuanto mejor entendemos que sobrepasa toda capacidad intelectual\u2019<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\"><sup>[8]<\/sup><\/a>\u201d<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\"><sup>[9]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Queremos destacar, entonces, que la doctrina que Santo Tom\u00e1s impart\u00eda en su c\u00e1tedra era corroborada con el testimonio de vida. \u201cDe este modo, toda su teolog\u00eda fue oraci\u00f3n, fue conversaci\u00f3n con Dios, fue contemplaci\u00f3n de Dios\u201d<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\"><sup>[10]<\/sup><\/a>. Por eso sus obras \u2013afirmaba San Juan Pablo II\u2013 nos revelan a un \u201cpensador capaz de los vuelos especulativos m\u00e1s audaces, al <strong>m\u00edstico<\/strong> habituado a beber directamente en la fuente misma de toda verdad la respuesta a las interpelaciones m\u00e1s profundas del esp\u00edritu humano.<\/p><p>[\u2026] Quien se acerca a Santo Tom\u00e1s, no puede prescindir de este testimonio que emerge de su vida; m\u00e1s a\u00fan, <em>debe encaminarse valientemente sobre sus huellas con el compromiso de imitar sus ejemplos<\/em>, si quiere llegar a gustar los frutos m\u00e1s rec\u00f3nditos y sabrosos de su doctrina\u201d<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\"><sup>[11]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Esto que acabamos de afirmar resulta particularmente interpelante para quienes, como nosotros, somos exhortados no s\u00f3lo a asimilar \u201cla doctrina de los grandes maestros de la vida espiritual\u201d<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\"><sup>[12]<\/sup><\/a> sino tambi\u00e9n a seguir sus ejemplos a fin de \u201cbuscar la ciudad futura\u2026 la perfecta uni\u00f3n con Cristo, o sea, la santidad\u201d<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\"><sup>[13]<\/sup><\/a>.<\/p><h4><strong>1. Teolog\u00eda y M\u00edstica <\/strong><\/h4><p>Conviene ahora \u2212a modo de prenotando\u2212 afirmar que \u201ccon el t\u00e9rmino teolog\u00eda indicamos todos los elementos de una reflexi\u00f3n sobre Dios y sus misterios en la vida de la Iglesia, mientras que a la m\u00edstica reservamos la elaboraci\u00f3n de los datos de esa experiencia de fe, sin duda m\u00e1s alta, vivida \u00edntimamente por el cristiano\u201d<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\"><sup>[14]<\/sup><\/a>. En este sentido, la teolog\u00eda y la M\u00edstica no son dos cosas diversas, no son dos ciencias que caminan paralelamente; pues la M\u00edstica como ciencia, es la exposici\u00f3n vital y pragm\u00e1tica de lo que la Teolog\u00eda nos ense\u00f1a especulativamente sobre la obra suprema de la divinizaci\u00f3n del alma o ascensi\u00f3n del alma hasta Dios<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\"><sup>[15]<\/sup><\/a>. Podemos decir entonces que la m\u00edstica es un sector propio y especializado de la misma teolog\u00eda; \u201ces su cumbre, su corona\u201d<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\"><sup>[16]<\/sup><\/a>. As\u00ed entendido, la experiencia de los m\u00edsticos viene a confirmar y vivificar las ense\u00f1anzas teol\u00f3gicas sobre el crecimiento espiritual del alma, hasta llegar a la uni\u00f3n transformante<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\"><sup>[17]<\/sup><\/a>.\u00a0<\/p><p>El Doctor Ang\u00e9lico era un m\u00edstico. Al punto que Men\u00e9ndez-Reigada llega a afirmar que la misma \u201cobra teol\u00f3gica de Santo Tom\u00e1s es esencialmente m\u00edstica, como m\u00edstica es la participaci\u00f3n de la vida divina y esa ascensi\u00f3n del alma hasta Dios\u201d<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\"><sup>[18]<\/sup><\/a>. Es por eso que no pocos destacan la poderosa influencia del Doctor Ang\u00e9lico en los grandes m\u00edsticos, de entre los cuales San Juan de la Cruz es el mayor de todos.<\/p><p>Por tanto, si bien Santo Tom\u00e1s es referente insigne de la filosof\u00eda y teolog\u00eda y San Juan de la Cruz lo es de la m\u00edstica, desde el principio nos parece bien aplicar el t\u00edtulo de te\u00f3logo y de m\u00edstico a Santo Tom\u00e1s y a San Juan de la Cruz respectivamente, pero sin exclusivismos.<\/p><p>\u201cSan Juan de la Cruz, y los m\u00edsticos en general, miran m\u00e1s bien a la parte pragm\u00e1tica y experimental del alma en su hacerse \u2018deiforme\u2019<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\"><sup>[19]<\/sup><\/a>, prescindiendo casi de la parte especulativa que es la propiamente cient\u00edfica; por lo que no debe extra\u00f1arnos que al estudiar a San Juan de la Cruz notemos que apenas se hace menci\u00f3n de los dones del Esp\u00edritu Santo, cuando casi todo lo que \u00e9l nos ense\u00f1a es el efecto propio de esos mismos dones. Otro tanto podr\u00edamos decir de la gracia. Es que no le interesa investigar sus causas ni declarar su propia naturaleza, sino describir en cuanto sea posible, la realidad viviente y trascendente que el alma va descubriendo dentro de s\u00ed misma, y los medios pr\u00e1cticos conducentes a la uni\u00f3n perfecta con Dios en esta vida, que es el fin que se propone.<\/p><p>Por el contrario, Santo Tom\u00e1s plantea y resuelve el problema humano en toda su extensi\u00f3n y complejidad, por m\u00e9todo rigurosamente cient\u00edfico; estableciendo s\u00f3lidamente los principios, analiza las causas, consigna los efectos, y no se detiene a describir los fen\u00f3menos que tales efectos acompa\u00f1an. Por eso, a quien superficialmente lo estudiare, pudiera parecerle que Santo Tom\u00e1s no es m\u00edstico, cuando en realidad es el Maestro incomparable de la M\u00edstica, como lo es de Teolog\u00eda\u201d<a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\"><sup>[20]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Nuestro prop\u00f3sito es demostrar en este art\u00edculo el hecho de que la doctrina del Doctor Ang\u00e9lico y la doctrina del Doctor M\u00edstico no s\u00f3lo est\u00e1n en completa concordancia, sino que ambos sistemas \u2212cada uno con su riqueza singular\u2212 realizan una aportaci\u00f3n \u00fanica que de alg\u00fan modo define y le da una impronta singular a la aut\u00e9ntica espiritualidad cristiana.<\/p><p>A este fin, hemos de considerar la presencia del pensamiento tomista o, mejor dicho, de algunas de las doctrinas fundamentales de la s\u00edntesis tomista que mayor relaci\u00f3n tienen con la vida espiritual, en los escritos sanjuanistas.<\/p><h4><strong>2. San Juan de la Cruz, tomista <\/strong><\/h4><p><strong>\u00a0<\/strong>Comencemos entonces por decir que \u201cel ambiente cient\u00edfico teol\u00f3gico que se respiraba en la Universidad de Salamanca en sus mejores tiempos, cuando San Juan de la Cruz frecuentaba sus aulas, era ciertamente tomista\u201d<a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\"><sup>[21]<\/sup><\/a>. Es por eso que las obras del Aquinate eran el texto que comentaban los doctores y que estudiaban los alumnos y que tanto unos y otros reconoc\u00edan como autoridad indiscutible en cuestiones escol\u00e1sticas. Pero no s\u00f3lo curs\u00f3 el primer a\u00f1o de teolog\u00eda en la Universidad de Salamanca donde, como acabamos de decir, el tomismo era la corriente dominante, sino que al mismo tiempo Juan de la Cruz integr\u00f3 su formaci\u00f3n en el colegio de San Andr\u00e9s con las ense\u00f1anzas de varios autores carmelitas, y all\u00ed aun admitiendo claras divergencias que se refieren m\u00e1s bien a temas filos\u00f3ficos, el tomismo era el sistema seguido por la mayor parte de los maestros carmelitas<a href=\"#_ftn22\" name=\"_ftnref22\"><sup>[22]<\/sup><\/a>. Resulta innegable entonces el ambiente tomista en el que se educ\u00f3 San Juan de la Cruz. Es m\u00e1s, fue durante esos a\u00f1os en que el M\u00edstico de Fontiveros frecuentaba la universidad salmantina que Santo Tom\u00e1s de Aquino fue proclamado Doctor de la Iglesia (1567).<\/p><p>Pero no solo tuvo una formaci\u00f3n tomista, sino que era \u201ceminentemente tomista en toda su doctrina\u201d<a href=\"#_ftn23\" name=\"_ftnref23\"><sup>[23]<\/sup><\/a> y le sigui\u00f3 \u201csiempre fidel\u00edsimamente\u201d<a href=\"#_ftn24\" name=\"_ftnref24\"><sup>[24]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Ahora bien, \u201cla presencia del pensamiento tomista en los escritos sanjuanistas no puede medirse a citas expl\u00edcitas; son pocas, pr\u00e1cticamente dos, y adem\u00e1s de escritos poco representativos. Toda la s\u00edntesis de San Juan de la Cruz se sustenta, sin embargo, en la concepci\u00f3n filos\u00f3fica y teol\u00f3gica de la Escol\u00e1stica, que tiene en Santo Tom\u00e1s su m\u00e1ximo exponente. Casi siempre que el Doctor M\u00edstico remite a los \u2018te\u00f3logos\u2019, sin aducir nombres, tiene presente al de Aquino\u201d<a href=\"#_ftn25\" name=\"_ftnref25\"><sup>[25]<\/sup><\/a>, afirma el gran estudioso de la figura y temas sanjuanistas, Eulogio Pacho. Coincide tambi\u00e9n en dicha afirmaci\u00f3n el P. Juan Gonz\u00e1lez Arintero, diciendo que Juan de la Cruz ten\u00eda tan asimilado a Santo Tom\u00e1s de las escuelas salmantinas que, aunque le cita pocas veces expl\u00edcitamente en todo parece inspirado o apoyado en \u00e9l, y le vemos exponer la m\u00e1s pura doctrina tomista<a href=\"#_ftn26\" name=\"_ftnref26\"><sup>[26]<\/sup><\/a>. A modo de ilustraci\u00f3n presentamos aqu\u00ed un ejemplo de los muchos que se podr\u00edan citar<a href=\"#_ftn27\" name=\"_ftnref27\"><sup>[27]<\/sup><\/a>. Dice el M\u00edstico Doctor en su libro de la <em>Subida<\/em> <em>del Monte<\/em> al hablar de c\u00f3mo la fe es noche oscura para el alma: \u201cLa fe dicen los te\u00f3logos que es h\u00e1bito del alma cierto y oscuro. Y la raz\u00f3n de ser h\u00e1bito oscuro es porque hace creer verdades reveladas por el mismo Dios, las cuales son sobre toda luz natural y exceden todo humano entendimiento sin alguna proporci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn28\" name=\"_ftnref28\"><sup>[28]<\/sup><\/a>. Dicha afirmaci\u00f3n, fundamental para la comprensi\u00f3n de toda la doctrina sanjuanista, en particular para la <em>Subida<\/em> y la <em>Noche<\/em>, es eco del pensamiento escol\u00e1stico cl\u00e1sico sobre la naturaleza de la fe expresado por Santo Tom\u00e1s en la <em>Suma Teol\u00f3gica<\/em> II-II, 1-4; o en la <em>Suma Contra Gentiles<\/em> 3, 40; o en <em>De Veritate<\/em> 14, 1 (\u201cporque las verdades de fe exceden la raz\u00f3n humana. Por eso no caen dentro de la contemplaci\u00f3n del hombre si Dios no las revela\u201d), etc.<\/p><p>Es que en realidad \u201cSan Juan de la Cruz fue buen disc\u00edpulo de Santo Tom\u00e1s: fiel y original; porque bas\u00e1ndose en los principios tradicionalmente v\u00e1lidos, ha sabido adentrar sus pasos en el campo de la m\u00edstica con sentido de equilibrio, de renovada admiraci\u00f3n y de orientaci\u00f3n teol\u00f3gica. Incluso ha creado un sistema original describiendo y elaborando los efectos de la gracia en aquellas almas que viven solo en Dios y para Dios\u201d<a href=\"#_ftn29\" name=\"_ftnref29\"><sup>[29]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Toda la doctrina sanjuanista est\u00e1 firmemente enraizada en la corriente m\u00e1s pura del pensamiento cat\u00f3lico. Sirva como dato que entre las fuentes literario-doctrinales que el santo utilizaba para sus escritos<a href=\"#_ftn30\" name=\"_ftnref30\"><sup>[30]<\/sup><\/a>, se hallan los \u201csantos doctores\u201d<a href=\"#_ftn31\" name=\"_ftnref31\"><sup>[31]<\/sup><\/a> (expresi\u00f3n con la cual el santo denota a los Santos Padres); los tratadistas asc\u00e9ticos que el santo conoc\u00eda, \u201calgunos puntos de teolog\u00eda escol\u00e1stica\u201d<a href=\"#_ftn32\" name=\"_ftnref32\"><sup>[32]<\/sup><\/a> \u2212como \u00e9l mismo se\u00f1ala en el Pr\u00f3logo del <em>C\u00e1ntico espiritual<\/em>\u2212 refiri\u00e9ndose especialmente a la doctrina tomista; la Sagrada Escritura (con 1653 citas b\u00edblicas, de las cuales 1538 son expl\u00edcitas y 115 impl\u00edcitas) y finalmente, como norma suprema y piedra de toque indefectible de su ortodoxia: \u201cel juicio de la Santa Madre Iglesia\u201d<a href=\"#_ftn33\" name=\"_ftnref33\"><sup>[33]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Eulogio Pacho afirma que \u201cla predilecci\u00f3n de Juan de la Cruz por Santo Tom\u00e1s entre los escol\u00e1sticos est\u00e1 bien asentada en el hecho de ser el \u00fanico mencionado expl\u00edcitamente. No contradice esta apreciaci\u00f3n el que las dos citas m\u00e1s representativas y consistentes correspondan a escritos hoy considerados ap\u00f3crifos. No lo eran en el tiempo del Santo, que los aprecia precisamente por pensar que eran genuinos del Doctor Ang\u00e9lico\u201d<a href=\"#_ftn34\" name=\"_ftnref34\"><sup>[34]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Una de estas menciones expl\u00edcitas es el caso de la famosa cita de Santo Tom\u00e1s que San Juan de la Cruz utiliza para describir los diez grados de amor en la <em>Noche oscura<\/em> (Libro 2, caps. 19-10). El escrito que sigue muy de cerca el Maestro de la fe es, como dec\u00edamos, un ap\u00f3crifo de Santo Tom\u00e1s<a href=\"#_ftn35\" name=\"_ftnref35\"><sup>[35]<\/sup><\/a>, titulado <em>De decem gradibus amoris secundum Bernardum<\/em>.\u00a0 Aunque m\u00e1s diluida, resulta mucho m\u00e1s extensa la presencia de otro ap\u00f3crifo tomista llamado <em>De beatitudine<\/em>, citado expl\u00edcitamente en el <em>Cantico espiritual B<\/em> (canci\u00f3n 38, 4) que reza as\u00ed: \u201cHasta llegar a esto no est\u00e1 el alma contenta, ni en la otra vida lo estar\u00eda, si como dice Santo Tom\u00e1s en el op\u00fasculo <em>De Beatitudine<\/em>, no sintiese que ama a Dios tanto cuanto de \u00e9l es amada. Y, como queda dicho, en este estado de matrimonio espiritual de que vamos hablando en esta saz\u00f3n, aunque no haya aquella perfecci\u00f3n de amor glorioso, hay, empero, un vivo viso e imagen de aquella perfecci\u00f3n que totalmente es inefable\u201d.<\/p><p>El texto citado se halla en el cap\u00edtulo segundo de dicho op\u00fasculo, que si bien no era un escrito tomista aut\u00e9ntico, tuvo no poca incidencia en los escritos sanjuanistas. Asimismo, esto sirve para constatar el hecho de que las p\u00e1ginas de esos op\u00fasculos fueron muy frecuentadas por los autores espirituales del Siglo de Oro espa\u00f1ol sobre todo por la aureola de sabidur\u00eda del maestro a la que se le atribu\u00eda dicha obra<a href=\"#_ftn36\" name=\"_ftnref36\"><sup>[36]<\/sup><\/a>.\u00a0<\/p><p>Las citas expl\u00edcitas de escritos <em>aut\u00e9nticos<\/em> de Santo Tom\u00e1s afectan precisamente a temas secundarios en la s\u00edntesis sanjuanista, remitiendo tambi\u00e9n a escritos tomistas de segunda categor\u00eda. El primer texto tomista citado expl\u00edcitamente, viene a prop\u00f3sito para explicar con una frase sencilla la visi\u00f3n del mundo entero que San Benito tuvo en una visi\u00f3n espiritual. \u201cLa cual visi\u00f3n, dice Santo Tom\u00e1s en el primero de sus <em>Quodlibetos,<\/em> que fue en la lumbre derivada de arriba, que habemos dicho\u201d<a href=\"#_ftn37\" name=\"_ftnref37\"><sup>[37]<\/sup><\/a>. N\u00f3tese que la referencia sanjuanista es muy precisa y muy exacta, y efectivamente se lee en <em>Quodlibetos<\/em>, cuesti\u00f3n 1.<sup>a<\/sup>, art\u00edculo 1.<sup>o<\/sup>, en la respuesta a la primera objeci\u00f3n.<\/p><p>Menos concreta es la otra referencia nominal a Santo Tom\u00e1s, en el que la referencia es tan gen\u00e9rica que su identificaci\u00f3n no es segura. Se introduce as\u00ed: \u201c\u00e9sta es la teolog\u00eda m\u00edstica, que llaman los te\u00f3logos sabidur\u00eda secreta, la cual dice Santo Tom\u00e1s que se comunica e infunde en el alma por amor, lo cual acaece secretamente a oscuras de la obra del entendimiento y de las dem\u00e1s potencias\u201d<a href=\"#_ftn38\" name=\"_ftnref38\"><sup>[38]<\/sup><\/a>. Es cierto que esta doctrina podr\u00eda atribuirse a varios te\u00f3logos, sin embargo, algunos arguyen que al decir San Juan de la Cruz \u201cteolog\u00eda m\u00edstica\u201d se estar\u00eda refiriendo al comentario tomista del <em>De divinis nominibus<\/em>, cap. 7, lect. 1-2. De todos modos, se trata de algo marginal con poca incidencia en el sanjuanismo.<\/p><p>S\u00ed tienen mayor incidencia otras resonancias tomistas bastante perceptibles. Como, por ejemplo, la fuente inmediata para definir el n\u00famero de las pasiones y su distinci\u00f3n \u201cque son: gozo, dolor, esperanza y temor\u201d<a href=\"#_ftn39\" name=\"_ftnref39\"><sup>[39]<\/sup><\/a>, con mucha probabilidad est\u00e1 basado en el resumen tomista <em>Suma Teol\u00f3gica<\/em> I-II, 25, 4; <em>Suma Teol\u00f3gica <\/em>I-II, 80;<em> II Sent., dist. <\/em>5-8. O cuando Juan de la Cruz escribe en la <em>Subida<\/em> que \u201cDios ama todo lo bueno, aun en el b\u00e1rbaro y gentil\u2026como hizo en los romanos\u201d<a href=\"#_ftn40\" name=\"_ftnref40\"><sup>[40]<\/sup><\/a> por sus leyes justas parece aludir al texto <em>De regimine principium<\/em> del Doctor de Aquino (lib. 3, cap. 5-6). Asimismo, parece resonar la doctrina tomista de <em>Contra pestiferam doctrinam retrahentium homines a religionis ingressu<\/em>, cuando denuncia el Doctor M\u00edstico a los directores espirituales que impiden a muchos a abrazar los consejos evang\u00e9licos. La consonancia llega hasta el vocabulario con expresiones tan t\u00edpicas y fuertes como \u201cpest\u00edfera manera\u201d, \u201cestar compeliendo\u201d<a href=\"#_ftn41\" name=\"_ftnref41\"><sup>[41]<\/sup><\/a>, etc.<\/p><p>Son adem\u00e1s muchos los puntos concretos que, sin resonancia textual tan clara, anuncian el parentesco tomista.<\/p><p>Pueden recordarse, a t\u00edtulo de ejemplo, el tema de <em>las revelaciones<\/em> y su inclusi\u00f3n dentro del esquema del esp\u00edritu de profec\u00eda: \u201cse sigue ahora tratar de la segunda manera de aprehensiones espirituales, que arriba llamamos revelaciones, las cuales propiamente pertenecen al esp\u00edritu de profec\u00eda. Acerca de lo cual, es primero de saber que revelaci\u00f3n no es otra cosa que descubrimiento de alguna verdad oculta o manifestaci\u00f3n de alg\u00fan secreto o misterio [\u2026] Seg\u00fan esto, podemos decir que hay dos maneras de revelaciones: unas, que son descubrimiento de verdades al entendimiento, que propiamente se llaman noticias intelectuales o inteligencias; otras, que son manifestaci\u00f3n de secretos, y \u00e9stas se llaman propiamente, y m\u00e1s que estotras, revelaciones [\u2026] Seg\u00fan esto, bien podremos distinguir ahora las revelaciones en dos g\u00e9neros de aprehensiones. Al uno llamaremos noticias intelectuales, y al otro, manifestaci\u00f3n de secretos y misterios ocultos de Dios\u201d<a href=\"#_ftn42\" name=\"_ftnref42\"><sup>[42]<\/sup><\/a>. Todo lo cual se halla magn\u00edficamente tratado en la <em>Suma Teol\u00f3gica<\/em> II-II, 171-174.<\/p><p>La doctrina sobre <em>los carismas<\/em>: \u201cNuestro Se\u00f1or acerca de muchas cosas infunde h\u00e1bitos a muchas almas [\u2026] entre los cuales pone sabidur\u00eda, ciencia, fe, profec\u00eda, discreci\u00f3n o conocimiento de esp\u00edritus, inteligencia de lenguas, declaraci\u00f3n de las palabras, etc. Todas las cuales noticias son h\u00e1bitos infusos, que gratis los da (Dios) a quien quiere, ahora natural, ahora sobrenaturalmente. [\u2026] Pero es de saber que estos que tienen el esp\u00edritu purgado con mucha facilidad naturalmente pueden conocer [\u2026] El espiritual todas las cosas juzga. [\u2026] Y aunque en el conocimiento por indicios muchas veces se pueden enga\u00f1ar, las m\u00e1s veces aciertan. Mas ni de lo uno ni de lo otro hay que fiarse, porque el demonio se entremete aqu\u00ed grandemente y con mucha sutileza\u201d<a href=\"#_ftn43\" name=\"_ftnref43\"><sup>[43]<\/sup><\/a>.\u00a0<\/p><p>Por su parte ense\u00f1a Santo Tom\u00e1s: \u201ccomo gracias <em>gratis datae<\/em>, comportan un grado particularmente elevado de ciencia y sabidur\u00eda, merced al cual su depositario se encuentra capacitado no s\u00f3lo para juzgar con rectitud por s\u00ed mismo de las cosas divinas, sino tambi\u00e9n para instruir a otros y refutar a los contradictores\u201d<a href=\"#_ftn44\" name=\"_ftnref44\"><sup>[44]<\/sup><\/a>.<\/p><p><strong>\u00a0<\/strong>Recoge el Santo de Fontiveros la doctrina tomista sobre la <em>gloria esencial y accidental<\/em> cuando escribe en el <em>C\u00e1ntico<\/em>: \u201cla gloria esencial, consiste en ver el ser de Dios. [\u2026] [Y esto] Es por dos razones: La primera, porque as\u00ed como el fin de todo es el amor, que se sujeta en la voluntad, cuya propiedad es dar y no recibir, y la propiedad del entendimiento, que es sujeto de la gloria esencial, es recibir y no dar, estando el alma aqu\u00ed embriagada del amor, no se le pone por delante la gloria que Dios le ha de dar, sino darse ella a \u00e9l en entrega de verdadero amor sin alg\u00fan respeto de su provecho\u201d<a href=\"#_ftn45\" name=\"_ftnref45\"><sup>[45]<\/sup><\/a>;\u00a0 y tambi\u00e9n la ense\u00f1anza del Aquinate sobre las <em>dotes del cuerpo glorioso<\/em> cuando escribe, por ejemplo, en la <em>Subida<\/em>: \u201clos bienes de gloria que en la otra vida se siguen por el negamiento de este gozo, no hay necesidad de decirlo; porque, dem\u00e1s que los dotes corporales de gloria, como son agilidad y claridad, ser\u00e1n mucho m\u00e1s excelentes que los de aquellos que no se negaron, as\u00ed el aumento de la gloria esencial del alma, que responde al amor de Dios por quien neg\u00f3 las dichas cosas sensibles, por cada gozo que neg\u00f3 moment\u00e1neo y caduco, como dice San Pablo, <em>inmenso peso de gloria obrar\u00e1 en \u00e9l eternamente<\/em><a href=\"#_ftn46\" name=\"_ftnref46\"><sup>[46]<\/sup><\/a>\u201d<a href=\"#_ftn47\" name=\"_ftnref47\"><sup>[47]<\/sup><\/a>. Doctrina que se halla expuesta por el Doctor Ang\u00e9lico en su <em>Suma<\/em> I-II, 2-5; 67, 3; <em>Suppl<\/em>. 92-96.<\/p><p>Quedando fuera de duda la gran influencia tomista en los escritos sanjuanistas y habiendo se\u00f1alado algunos pasajes donde el influjo se hace m\u00e1s patente, nos parece conveniente hacer notar junto a Eulogio Pacho que \u201cJuan de la Cruz se aparta en ocasiones del \u2018tomismo\u2019 por exigencias de pensamiento, por influjo de otras corrientes filos\u00f3ficas y, principalmente, por motivos pr\u00e1cticos de comunicaci\u00f3n. A esta \u00faltima raz\u00f3n obedece probablemente el desmarque de Santo Tom\u00e1s en la propuesta de las tres potencias distintas del alma y el emparejamiento de la memoria con la esperanza. Algo semejante ocurre con la enumeraci\u00f3n de los sentidos corporales interiores y las funciones atribuidas a los mismos. Sin embargo, son detalles que no alteran sustancialmente la aproximaci\u00f3n constante de Juan de la Cruz y el Doctor Ang\u00e9lico\u201d<a href=\"#_ftn48\" name=\"_ftnref48\"><sup>[48]<\/sup><\/a>. En el decir del P. Arintero: \u201cSan Juan de la Cruz, con ser tambi\u00e9n hasta cierto punto original\u00edsimo, <em>par\u00e9cesele en todo<\/em>, en el fondo y aun con suma frecuencia hasta en la misma forma o expresiones de las alt\u00edsimas ense\u00f1anzas que m\u00e1s le caracterizan y acreditan\u201d<a href=\"#_ftn49\" name=\"_ftnref49\"><sup>[49]<\/sup><\/a>.<\/p><h4><strong>3. M\u00edstica tomista <\/strong><\/h4><p><strong>\u00a0<\/strong>Queremos ahora, partiendo de algunas de las principales doctrinas fundamentales de la s\u00edntesis tomista que mayor relaci\u00f3n tienen con la vida espiritual, se\u00f1alar c\u00f3mo estas se hallan reflejadas en la m\u00edstica del Maestro de la fe.<\/p><p>Acerca de nuestro <em>conocimiento intelectual del orden natural<\/em>, sobre todo de los primeros principios racionales, como el <em>principio de contradicci\u00f3n<\/em>, ense\u00f1a el Aquinate que ning\u00fan ser creado o increado puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo el mismo sujeto, seg\u00fan lo cual el Doctor M\u00edstico no duda en afirmar que \u201cdos contrarios, seg\u00fan nos ense\u00f1a la filosof\u00eda, no pueden caber en un sujeto. Y porque las tinieblas, que son las afecciones en las criaturas, y la luz, que es Dios, son contrarios y ninguna semejanza ni conveniencia tienen entre s\u00ed\u201d<a href=\"#_ftn50\" name=\"_ftnref50\"><sup>[50]<\/sup><\/a>, es necesario que el alma pase por la noche oscura para llegar a la divina uni\u00f3n ya que las afecciones son tinieblas y Dios es pura luz y no pueden convenir luz con tinieblas.<\/p><p>Acerca del <em>principio de causalidad<\/em> seg\u00fan el cual todo lo que puede no ser, cuerpo o esp\u00edritu, tiene una causa; consecuentemente escribe San Juan de la Cruz: \u201cTodo el ser de las criaturas, comparado con el infinito (ser) de Dios, nada es. [\u2026] Toda la hermosura de las criaturas, comparada con la infinita hermosura de Dios, es suma fealdad [\u2026] Y toda la gracia y donaire de las criaturas, comparada con la gracia de Dios, es suma desgracia y sumo desabrimiento [\u2026] Y toda la bondad de las criaturas del mundo, comparada con la infinita bondad de Dios, se puede llamar malicia [\u2026] Y toda la sabidur\u00eda del mundo y habilidad humana, comparada con la sabidur\u00eda infinita de Dios, es pura y suma ignorancia\u201d<a href=\"#_ftn51\" name=\"_ftnref51\"><sup>[51]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Asimismo, basado en el <em>principio de finalidad<\/em> por el que todo agente, material o espiritual, obra por un fin, afirma San Juan de la Cruz: \u201cpone Dios al alma en esta oscura noche a fin de enjugarle y purgarle el apetito sensitivo, [y] en ninguna cosa le deja engolosinar ni hallar sabor\u201d<a href=\"#_ftn52\" name=\"_ftnref52\"><sup>[52]<\/sup><\/a>. \u201cPorque el fin de todo es el amor\u201d<a href=\"#_ftn53\" name=\"_ftnref53\"><sup>[53]<\/sup><\/a> y \u201caunque es verdad que la gloria consiste en el entendimiento, el fin del alma es amar\u201d<a href=\"#_ftn54\" name=\"_ftnref54\"><sup>[54]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Por \u00faltimo, seg\u00fan el <em>principio fundamental de moral<\/em> que dice que hay que hacer el bien y evitar el mal escribe el M\u00edstico Fontivere\u00f1o que \u201cel camino de buscar a Dios es ir obrando en Dios el bien y mortificando en s\u00ed el mal\u201d<a href=\"#_ftn55\" name=\"_ftnref55\"><sup>[55]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Santo Tom\u00e1s afirma que el conocimiento intelectual de estas verdades primordiales proviene en cierto modo de los sentidos, porque nuestra inteligencia abstrae sus ideas de las cosas sensibles. Sin embargo, tal afirmaci\u00f3n nada tiene que ver con decir que la certeza intelectual de los primeros principios se resuelve <em>formalmente<\/em> en la sensaci\u00f3n (eso equivaldr\u00eda a subordinar lo superior a lo inferior, la inteligencia a los sentidos). Santo Tom\u00e1s dice que \u201cla certeza intelectual de los primeros principios no se resuelve m\u00e1s que <em>materialmente<\/em> en la sensaci\u00f3n pre-requerida (I, 84, 6); <em>formalmente<\/em> se resuelve en la evidencia puramente intelectual de la verdad absoluta de estos principios, que se le aparecen como leyes fundamentales, no solamente de los fen\u00f3menos, sino del ser o de toda la realidad inteligible, corp\u00f3rea o espiritual. Esta evidencia supone en nosotros una luz intelectual de orden infinitamente superior a la sensaci\u00f3n o a la imaginaci\u00f3n m\u00e1s sutil que se enriquece continuamente; luz intelectual que es una imagen lejana de la luz divina y que nada puede iluminar sin el constante concurso de Dios (I, 84, 5)\u201d<a href=\"#_ftn56\" name=\"_ftnref56\"><sup>[56]<\/sup><\/a>. En este sentido y bien situado en el orden natural, San Juan de la Cruz se expresa diciendo: \u201cPorque, aunque es verdad que todas ellas [las cosas sensibles] tienen, como dicen los te\u00f3logos, cierta relaci\u00f3n a Dios y rastro de Dios \u2212unas m\u00e1s y otras menos, seg\u00fan su m\u00e1s principal o menos principal ser\u2212, de Dios a ellas ning\u00fan respecto hay ni semejanza esencial, antes la distancia que hay entre su divino ser y el de ellas es infinita, y por eso es imposible que el entendimiento pueda dar en Dios por medio de las criaturas, ahora sean celestiales, ahora terrenas, por cuanto no hay proporci\u00f3n de semejanza\u201d<a href=\"#_ftn57\" name=\"_ftnref57\"><sup>[57]<\/sup><\/a>. Por eso \u201cde todo se ha de vaciar [el alma] como sea cosa que puede caer en su capacidad, de manera que, aunque m\u00e1s cosas sobrenaturales vaya teniendo, siempre se ha de quedar como desnuda de ellas y a oscuras, as\u00ed como el ciego, arrim\u00e1ndose a la fe oscura, tom\u00e1ndola por gu\u00eda y luz, y no arrim\u00e1ndose a cosa de las que entiende, gusta y siente e imagina. Porque todo aquello es tiniebla, que la har\u00e1 errar; y la fe es sobre todo aquel entender y gustar y sentir e imaginar. Y si en esto no se ciega, qued\u00e1ndose a oscuras totalmente, no viene a lo que es m\u00e1s, que es lo que ense\u00f1a la fe\u201d<a href=\"#_ftn58\" name=\"_ftnref58\"><sup>[58]<\/sup><\/a>. A\u00fan m\u00e1s agrega en el <em>C\u00e1ntico<\/em>: \u201cDios no le es al alma del todo oscuro, como oscura noche, sino sosiego y quietud en luz divina, en conocimiento de Dios nuevo, en que el esp\u00edritu est\u00e1 suav\u00edsimamente quieto, levantado a luz divina. Y llama bien propiamente aqu\u00ed a esta luz divina levantes de la aurora, que quiere decir la ma\u00f1ana. Porque as\u00ed como los levantes de la ma\u00f1ana despiden la oscuridad de la noche y descubren la luz del d\u00eda, as\u00ed este esp\u00edritu sosegado y quieto en Dios es levantado de la tiniebla del conocimiento natural a la luz matutinal del conocimiento sobrenatural de Dios, no claro sino, como dicho es, oscuro, como noche en par de los levantes de la aurora\u201d<a href=\"#_ftn59\" name=\"_ftnref59\"><sup>[59]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Conocido es el principio de Santo Tom\u00e1s referente a la vida sobrenatural que tantas veces hemos le\u00eddo, estudiado y ense\u00f1ado: \u201c<em>La gracia perfecciona la naturaleza, no la destruye<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn60\" name=\"_ftnref60\"><sup>[60]<\/sup><\/a>. \u201cLa gracia santificante es la que nos hace part\u00edcipes de su naturaleza divina (2 P 1, 4); es, como dicen los te\u00f3logos, una participaci\u00f3n, f\u00edsica y formal, aunque an\u00e1loga, de la misma naturaleza divina\u201d<a href=\"#_ftn61\" name=\"_ftnref61\"><sup>[61]<\/sup><\/a>, lo cual denota la importancia insustituible de la gracia en la econom\u00eda salv\u00edfica.<\/p><p>Ahora bien, resulta claro que, aunque Dios se entrega al alma al infundirle su gracia, el alma no le corresponde con la donaci\u00f3n perfecta de s\u00ed misma, ni vive solo para Dios. La gracia modifica al alma en su propia substancia, comunic\u00e1ndole esa vida divina, pero permanecen en el alma el desorden de sus pasiones y una cantidad imponderable de apetitos y afecciones que son incompatibles con la gracia y le impiden al alma salir de s\u00ed hacia esa donaci\u00f3n total que pide y reclama la correspondencia al don de Dios. Santo Tom\u00e1s mantiene admirablemente la infinita elevaci\u00f3n de la gracia sobre la naturaleza, a la vez que su armon\u00eda, pero esta armon\u00eda no se manifestar\u00e1 sino hasta despu\u00e9s de una profunda purificaci\u00f3n de la naturaleza por la mortificaci\u00f3n y la cruz. Por eso es t\u00edpica la ense\u00f1anza sanjuanista que explica, para que \u201centienda el buen espiritual que cuanto m\u00e1s se aniquilare por Dios, seg\u00fan estas dos partes, sensitiva y espiritual tanto m\u00e1s se une a Dios y tanto mayor obra hace. Y cuando viniere a quedar resuelto en nada, que ser\u00e1 la suma humildad, quedar\u00e1 hecha la uni\u00f3n espiritual entre el alma y Dios\u201d<a href=\"#_ftn62\" name=\"_ftnref62\"><sup>[62]<\/sup><\/a>. De all\u00ed la necesidad de las purificaciones activas y pasivas como medio normal para llegar a la uni\u00f3n con Dios. \u201cY si en este ejercicio hay falta\u201d, advierte el Doctor M\u00edstico, \u201cque es el total y la ra\u00edz de las virtudes, todas esotras maneras es andar por las ramas y no aprovechar, aunque tengan tan altas consideraciones y comunicaciones como los \u00e1ngeles\u201d<a href=\"#_ftn63\" name=\"_ftnref63\"><sup>[63]<\/sup><\/a>. Porque, como aclara \u00e9l mismo, para que seamos \u201cdeiformes\u201d, es decir, para que quede transformada el alma en las tres Personas en potencia y sabidur\u00eda y amor, para eso nos cre\u00f3 Dios<a href=\"#_ftn64\" name=\"_ftnref64\"><sup>[64]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Respecto de las virtudes teologales y dones del Esp\u00edritu Santo, Santo Tom\u00e1s analiza detenidamente cada uno de ellos, en general y en particular, preocup\u00e1ndose poco del efecto que en el alma producen en cuanto a su parte descriptiva. San Juan de la Cruz, por el contrario, apenas se preocupa de investigar las causas, mostr\u00e1ndonos solamente el camino del alma, en su parte experimental y positiva hasta llegar a la uni\u00f3n con Dios.<\/p><p>Seg\u00fan lo antedicho, \u201cla fe es una participaci\u00f3n del conocimiento que Dios tiene de su propia esencia, al cual ninguna inteligencia creada por s\u00ed misma puede llegar. Por eso es una virtud infusa y totalmente sobrenatural, por la cual se act\u00faa la vida de la gracia en el orden intelectivo\u201d<a href=\"#_ftn65\" name=\"_ftnref65\"><sup>[65]<\/sup><\/a>.<\/p><p>La fe nos da un conocimiento oscuro ya que se trata de una verdad trascendente: \u201cporque Dios es de otro ser que sus criaturas, en que infinitamente dista de todas ellas\u201d<a href=\"#_ftn66\" name=\"_ftnref66\"><sup>[66]<\/sup><\/a>. Por tanto, aun las ideas m\u00e1s altas que nos podamos formar de Dios abstray\u00e9ndolas de las cosas, distan infinitamente de Dios.<\/p><p>Ese conocimiento sobrenatural de Dios nos conduce al amor, no a un amor natural como de nuestro primer principio, sino a un amor de verdadera amistad, que es el que nos une a Dios. La misma fe, sin la caridad, explica Santo Tom\u00e1s en su tratado <em>De charitate<\/em>, es muerta y no puede conducirnos al t\u00e9rmino que nos se\u00f1ala.\u00a0<\/p><p>\u201cLa relaci\u00f3n entre conocimiento y amor se hace cada vez m\u00e1s \u00edntima. La verdadera ciencia lleva siempre al amor mientras que \u00e9ste \u2018anima\u2019 o da nuevo valor a todas las operaciones. Con claros t\u00e9rminos lo reafirma el Doctor Ang\u00e9lico: \u2018Aunque esencialmente la vida contemplativa consiste en el entendimiento, tiene su principio, sin embargo, en la voluntad, en cuanto que el amor de Dios impulsa a la contemplaci\u00f3n. El deleite que produce la visi\u00f3n de un objeto amado excita m\u00e1s su amor. Y esa es la perfecci\u00f3n \u00faltima de la vida contemplativa: no s\u00f3lo la visi\u00f3n de la verdad divina, sino tambi\u00e9n su amor\u2019<a href=\"#_ftn67\" name=\"_ftnref67\"><sup>[67]<\/sup><\/a>. Y el Doctor M\u00edstico hace propia esta misma doctrina: \u2018La contemplaci\u00f3n es ciencia de amor, la cual\u2026 es noticia infusa de Dios amorosa, que juntamente va ilustrando y enamorando el alma, hasta subirla de grado hasta Dios, su Criador, porque solo el amor es el que une y junta el alma con Dios\u201d<sup> <a href=\"#_ftn68\" name=\"_ftnref68\">[68]<\/a><\/sup>. Por eso ense\u00f1a el derecho propio: \u201cpor la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios\u201d<a href=\"#_ftn69\" name=\"_ftnref69\"><sup>[69]<\/sup><\/a><\/p><p>El amor es unitivo; \u201cporque la cosa amada se hace una con el amante; y as\u00ed hace Dios con quien le ama\u201d<a href=\"#_ftn70\" name=\"_ftnref70\"><sup>[70]<\/sup><\/a>. Y as\u00ed como el amor de Dios al hombre le hace unirse con \u00c9l por su gracia, la caridad, que es el amor del hombre a Dios, es, al perfeccionarse, la que le ha de llevar a las alturas de la uni\u00f3n m\u00edstica.<\/p><p>Es interesante notar en este punto, que ambos Doctores usan las categor\u00edas cl\u00e1sicas para describir a los fieles (principiantes, aprovechados o aventajados y perfectos) o las etapas principales del camino espiritual (purificativa, iluminativa y unitiva) y sus conclusiones son ciertamente similares. Cada acto humano tiene fuerza de salvaci\u00f3n si est\u00e1 impulsado por la caridad; cada paso es un medio hacia la perfecci\u00f3n cristiana, cuando est\u00e1 asistido por el Esp\u00edritu Santo. Y toda la existencia temporal adquiere un valor extraordinario, cuando lo que somos y hacemos est\u00e1 impregnado por el mismo amor divino.<\/p><p>El M\u00edstico de Fontiveros se deleita en sus obras explicando las consecuencias de esto. Por ejemplo, habla de la caridad, que entra en el alma<a href=\"#_ftn71\" name=\"_ftnref71\"><sup>[71]<\/sup><\/a> y hace vac\u00edo de todo lo que no es aut\u00e9ntico amor de Dios y del pr\u00f3jimo dejando por escrito aquella hermosa frase que el derecho propio recoge en las <em>Constituciones<\/em> y que dice: \u201camar es despojarse por Dios de todo lo que no es Dios\u201d<a href=\"#_ftn72\" name=\"_ftnref72\"><sup>[72]<\/sup><\/a>. Pues la caridad es \u201cel v\u00ednculo y atadura de la perfecci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn73\" name=\"_ftnref73\"><sup>[73]<\/sup><\/a> y por consiguiente nosotros queremos hacer \u201cque toda nuestra existencia sea un culto continuo a Dios en la caridad\u201d<a href=\"#_ftn74\" name=\"_ftnref74\"><sup>[74]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Despunta en este tratado del Ang\u00e9lico Doctor arriba mencionado, la totalidad del amor que dice es menester para con Dios. Amarle sobre todas las cosas es muy poco amarle, porque eso quiere decir que amamos otras cosas con \u00c9l. Por tanto, el amor de Dios ha de absorber toda nuestra capacidad, informar y vivificar todas nuestras potencias y mover todos nuestros actos. Es a trav\u00e9s de la purificaci\u00f3n continua de los sentidos y de las potencias superiores que el alma queda preparada para recibir el grado de amor que Dios le tiene dispuesto; o, como dice San Juan de la Cruz, \u201chasta que Dios la entre en sus divinos resplandores por transformaci\u00f3n de amor\u201d<a href=\"#_ftn75\" name=\"_ftnref75\"><sup>[75]<\/sup><\/a>. Pues hasta que eso no suceda no se verificar\u00e1 la perfecta uni\u00f3n con el Amado, la cual ser\u00e1 cuando \u201ctoda la fuerza de sus potencias est\u00e9 convertida en trato espiritual con el Amado\u201d<a href=\"#_ftn76\" name=\"_ftnref76\"><sup>[76]<\/sup><\/a>. Entonces el alma, embriagada en la bodega del Esposo, podr\u00e1 cantar:<\/p><p><em>Mi alma se ha empleado<\/em><\/p><p><em>y todo mi caudal en su servicio:<\/em><\/p><p><em>ya no guardo ganado,<\/em><\/p><p><em>ni ya tengo otro oficio,<\/em><\/p><p><em>que ya solo en amar es mi ejercicio<\/em><a href=\"#_ftn77\" name=\"_ftnref77\"><sup>[77]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Ahora bien, sobre estas dos virtudes teologales de la fe y caridad, se requiere otra virtud teologal que es la esperanza. Porque como ense\u00f1a Santo Tom\u00e1s, el amor no se contenta con un conocimiento superficial del Amado, sino que quiere penetrar hasta lo m\u00e1s \u00edntimo de \u00e9l; ni se satisface con una posesi\u00f3n imperfecta de su bondad y de su hermosura, sino que tiende a la posesi\u00f3n plena, sin trabas ni vestiduras. Y por eso el alma ans\u00eda que se rompa el velo de la fe, a trav\u00e9s del cual contempla a su Amado para verlo como es en s\u00ed, y fundirse en \u00c9l y gozarle sin tasa<a href=\"#_ftn78\" name=\"_ftnref78\"><sup>[78]<\/sup><\/a>. Y \u201chasta llegar a esto\u201d, dice San Juan de la Cruz repitiendo la ense\u00f1anza del Doctor Ang\u00e9lico, \u201cno est\u00e1 el alma contenta, ni en la otra vida lo estar\u00eda, si no sintiese que ama a Dios tanto cuanto de \u00c9l es amada\u201d<a href=\"#_ftn79\" name=\"_ftnref79\"><sup>[79]<\/sup><\/a>.<\/p><p><em>\u00a0<\/em>En este punto queremos hacer notar que si \u201cun solo pensamiento del hombre vale m\u00e1s que todo el mundo\u201d<a href=\"#_ftn80\" name=\"_ftnref80\"><sup>[80]<\/sup><\/a> o un acto humano no puede equipararse a todos los tesoros del mundo<a href=\"#_ftn81\" name=\"_ftnref81\"><sup>[81]<\/sup><\/a>, la elevaci\u00f3n de la persona humana a la condici\u00f3n divina es el mejor signo de su dignidad inalienable. Por eso con sapiencial tino dec\u00eda San Juan Pablo II: \u201cPienso que, para comprender la dignidad de la persona humana, la habilidad de la persona humana, es necesario <em>pasar por la teolog\u00eda de San Juan de la Cruz<\/em>; hay que pasar \u2212dig\u00e1moslo as\u00ed\u2212 una vez por aquella dimensi\u00f3n del hombre que se abre con la doctrina de San Juan de la Cruz y entonces se ve lo que quiere decir \u2018hombre\u2019. Despu\u00e9s no se puede olvidar su dignidad\u201d<a href=\"#_ftn82\" name=\"_ftnref82\"><sup>[82]<\/sup><\/a>.<\/p><p>*\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 *\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 *<\/p><p>Vemos entonces c\u00f3mo Santo Tom\u00e1s de Aquino, Sol de la Teolog\u00eda escol\u00e1stica, y San Juan de la Cruz, \u00c1guila de la M\u00edstica, cada uno con su aportaci\u00f3n espec\u00edfica, se integran, se complementan y se iluminan mutuamente, de tal forma que indican y favorecen el desarrollo de la vida del alma hasta llegar al m\u00e1ximo grado de uni\u00f3n con Dios, cumbre de la aut\u00e9ntica espiritualidad cristiana.\u00a0<\/p><p>Es com\u00fan en ambos doctores la pasi\u00f3n por \u201cla Verdad que salva\u201d<a href=\"#_ftn83\" name=\"_ftnref83\"><sup>[83]<\/sup><\/a>; un conocimiento que aumenta el amor a Dios; un amor que anima todos los actos de las virtudes. Por eso podemos decir que la clarividencia del Santo te\u00f3logo de Aquino ha sido la experiencia m\u00edstica del Santo de Fontiveros.<\/p><p>El testimonio de ambos resulta particularmente estimulante para quienes, como nosotros, tenemos la tarea de la evangelizaci\u00f3n de la cultura, tarea que \u201cexige una fe esclarecida por la reflexi\u00f3n continua que se confronta con las fuentes del mensaje de la Iglesia y un discernimiento espiritual constante procurado en la oraci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn84\" name=\"_ftnref84\"><sup>[84]<\/sup><\/a>, a la par que una formaci\u00f3n intelectual que se ordene a la verdad y que no se quede en conocer las meras opiniones de los te\u00f3logos<a href=\"#_ftn85\" name=\"_ftnref85\"><sup>[85]<\/sup><\/a>.<\/p><p>Tanto San Juan de la Cruz como Santo Tom\u00e1s de Aquino centraron sus investigaciones en la Persona de Cristo y hallaron en la contemplaci\u00f3n aquel \u201csentido com\u00fan cristiano que no es otra cosa que la santa familiaridad con el Verbo hecho carne\u201d<a href=\"#_ftn86\" name=\"_ftnref86\"><sup>[86]<\/sup><\/a>. Ambos se entregaron a Dios entendiendo que esta entrega s\u00f3lo pod\u00eda ser absoluta e incondicional. Ambos personificaron una vida m\u00edstica, tempranamente unitiva, m\u00e1s all\u00e1 de los fen\u00f3menos m\u00edsticos. Ambos vivieron a Cristo internamente con tal intensidad que ellos mismos se convirtieron en im\u00e1genes vivas del Se\u00f1or<a href=\"#_ftn87\" name=\"_ftnref87\"><sup>[87]<\/sup><\/a>.<\/p><p>De todo lo dicho se infiere que tanto uno y otro con sus obras no s\u00f3lo sentaron las bases para una profunda vida cristiana, sino que exploraron sus tesoros y riquezas y los expusieron para la gloria de Dios y extensi\u00f3n de su Reino. Por eso nada m\u00e1s conforme a nuestra \u201cespiritualidad seria\u201d que el estudio de Santo Tom\u00e1s en todo lo que hace a teolog\u00eda o doctrina sagrada y el seguimiento de San Juan de la Cruz en su magisterio acerca de la vida m\u00edstica.<\/p><p>Porque siempre ser\u00e1 cierto que la genuina \u201creflexi\u00f3n teol\u00f3gica \u2018tiene su centro en la adhesi\u00f3n a Jesucristo, Sabidur\u00eda de Dios\u2026, [lo cual] ayuda a desarrollar, adem\u00e1s del rigor cient\u00edfico, un grande y vivo amor a Jesucristo y a su Iglesia\u2019<a href=\"#_ftn88\" name=\"_ftnref88\"><sup>[88]<\/sup><\/a>, amor que, a la vez [&#8230;] alimenta la vida espiritual, [y] sirve de pauta para el ejercicio generoso del ministerio. Por eso la Teolog\u00eda debe <em>alimentarse en la oraci\u00f3n y en el amor a Jesucristo<\/em>. [En este sentido] advert\u00eda San Buenaventura: \u201cNadie crea que le baste la lectura sin la unci\u00f3n, la especulaci\u00f3n sin la devoci\u00f3n, la b\u00fasqueda sin el asombro, la observaci\u00f3n sin el j\u00fabilo, la actividad sin la piedad, la ciencia sin la caridad, la inteligencia sin la humildad, el estudio sin la gracia divina, la investigaci\u00f3n sin la sabidur\u00eda de la inspiraci\u00f3n sobrenatural\u2019<a href=\"#_ftn89\" name=\"_ftnref89\"><sup>[89]<\/sup><\/a>\u201d<a href=\"#_ftn90\" name=\"_ftnref90\"><sup>[90]<\/sup><\/a>.<\/p><p>En fin, que nuestro anhelo sea siempre \u201cCristo conocido, buscado, amado cada vez m\u00e1s a trav\u00e9s de los estudios, de los sacrificios personales, de las victorias sobre s\u00ed mismo, en la lenta conquista de las virtudes de la justicia, la fortaleza, la templanza, la prudencia; Cristo contemplado con perseverancia paciente y fervorosa a fin de que\u2026se imprima el rostro mismo de Cristo (cf. 2 Co 3, 18)\u201d<a href=\"#_ftn91\" name=\"_ftnref91\"><sup>[91]<\/sup><\/a>. Porque \u201cno hay aut\u00e9ntica pastoral cat\u00f3lica sin una profunda vida espiritual, sin una s\u00f3lida formaci\u00f3n doctrinal y sin una viril disciplina\u201d<a href=\"#_ftn92\" name=\"_ftnref92\"><sup>[92]<\/sup><\/a>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Cf. <em>Constituciones<\/em>, 142.<\/p><p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> <em>Ibidem<\/em>; <em>op. cit<\/em>. San Agust\u00edn, <em>Confesiones<\/em>, V, 3, 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> San Pablo VI, <em>Lumen Ecclesiae<\/em>, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Santo Tom\u00e1s de Aquino, <em>In Ioannem Ev<\/em>. V, 6.<\/p><p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Discurso al Pontificio Ateneo Internacional \u201cAngelicum\u201d con motivo del primer Centenario de la<\/em> Aeterni Patris (17\/11\/1979).<\/p><p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Cf. Reginald Garrigou-Lagrange, OP, <em>La M\u00edstica y las doctrinas fundamentales de Santo Tom\u00e1s<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> <em>Vita S. Thomae Aquinatis auctore Guillelmo de Tocco<\/em>,\u00a0cap. XXXI; cf. J. Pieper,\u00a0<em>Einf\u00fchrung zu Thomas von Aquin<\/em>,\u00a0M\u00fcnchen 1958, p. 172 ss.<\/p><p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> <em>Summa Theologiae<\/em>,\u00a0II-II, q. 8, a. 7:\u00a0Ed. Leonina, VIII, p. 72.<\/p><p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> <em>Lumen Ecclesiae<\/em>, 12.<\/p><p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Mons. Adolfo Tortolo, \u201cTom\u00e1s de Aquino, el Santo de la Verdad\u201d, publicado en la <em>Revista Mikael<\/em> (1974), 7-17.<\/p><p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> San Juan Pablo II, <em>Discurso al Pontificio Ateneo Internacional \u201cAngelicum\u201d con motivo del primer Centenario de la<\/em> Aeterni Patris (17\/11\/1979).<\/p><p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 212.<\/p><p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 256; <em>op. cit. Lumen Gentium<\/em>, 50.<\/p><p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> Emeterio De Cea, OP, <em>Teolog\u00eda y M\u00edstica: Santo Tom\u00e1s y San Juan de la Cruz<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> Cf. Fr. Ignacio G. Men\u00e9ndez-Reigada, OP, \u201cSanto Tom\u00e1s y San Juan de la Cruz\u201d, publicado en la Revista <em>La Vida Sobrenatural<\/em> (mayo-junio 1942).<\/p><p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> Marcelo del Ni\u00f1o Jes\u00fas, OCD, <em>El Tomismo de San Juan de la Cruz<\/em>, 26.<\/p><p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> Cf. Emeterio De Cea, OP, <em>Teolog\u00eda y M\u00edstica: Santo Tom\u00e1s y San Juan de la Cruz<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> Cf. Fr. Ignacio G. Men\u00e9ndez-Reigada, OP, \u201cSanto Tom\u00e1s y San Juan de la Cruz\u201d.<\/p><p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>C\u00e1ntico Espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 39, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> Fr. Ignacio G. Menendez-Reigada, OP, \u201cSanto Tom\u00e1s y San Juan de la Cruz\u201d, publicado en la Revista <em>La Vida Sobrenatural<\/em> (mayo-junio 1942).<\/p><p><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a> Marcelo del Ni\u00f1o Jes\u00fas, OCD, <em>El Tomismo de San Juan de la Cruz<\/em>, 64.<\/p><p><a href=\"#_ftnref22\" name=\"_ftn22\">[22]<\/a> Cf. Emeterio De Cea, OP, <em>Teolog\u00eda y M\u00edstica: Santo Tom\u00e1s y San Juan de la Cruz<\/em>. Aclara el autor en una nota al pie de p\u00e1gina: \u201cYa en las Constituciones especiales de 1540 la Congregaci\u00f3n carmelitana hab\u00eda previsto la lectura de la <em>Suma<\/em> de Santo Tom\u00e1s\u201d. Y, dado el ambiente tomista que se respiraba en las aulas de la Universidad de Salamanca, escribe Bruno de Jes\u00fas Mar\u00eda: \u201cE\u2019 dunque savio pensare che i maestri carmelitani di Giovanni di San Mattia seguissero, con una certa indipendenza, San Tommaso d\u2019Aquino\u201d; <em>S. Giovanni della Croce<\/em>, Milano 1938, 31.<\/p><p><a href=\"#_ftnref23\" name=\"_ftn23\">[23]<\/a> Cf. Antonio Royo Mar\u00edn, <em>Teolog\u00eda de la Perfecci\u00f3n Cristiana<\/em>, II Parte, cap. 1; cf. P. Marcelo del Ni\u00f1o Jes\u00fas, C.D., <em>El tomismo de San Juan de la Cruz,<\/em> Burgos 1930.<\/p><p><a href=\"#_ftnref24\" name=\"_ftn24\">[24]<\/a> Antonio Royo Mar\u00edn, <em>Los grandes maestros de la vida espiritual, <\/em>BAC 2003, 352; cf. Marcelo del Ni\u00f1o Jes\u00fas, C.D., Burgos 1930.<\/p><p><a href=\"#_ftnref25\" name=\"_ftn25\">[25]<\/a> Eulogio Pacho, <em>Diccionario de San Juan de la Cruz<\/em>, 1175.<\/p><p><a href=\"#_ftnref26\" name=\"_ftn26\">[26]<\/a> Cf. <em>Influencia de Santo Tomas en la m\u00edstica de San Juan de la Cruz y Santa Teresa, \u201cLa vida sobrenatural\u201d<\/em> (1924), 4-5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref27\" name=\"_ftn27\">[27]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 2, 8, 3; 2, 17, 2; Libro 3, 12, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref28\" name=\"_ftn28\">[28]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, Libro 2, 3, 1. \u00a0<\/p><p><a href=\"#_ftnref29\" name=\"_ftn29\">[29]<\/a> Cf. Fr. Ignacio G. Men\u00e9ndez-Reigada, OP, \u201cSanto Tom\u00e1s y San Juan de la Cruz\u201d.<\/p><p><a href=\"#_ftnref30\" name=\"_ftn30\">[30]<\/a> Resumimos en pocas l\u00edneas la informaci\u00f3n vertida por la investigaci\u00f3n realizada por Fr. Sime\u00f3n de la S. Familia, OCD, <em>Fuentes doctrinales y literarias de San Juan de la Cruz<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref31\" name=\"_ftn31\">[31]<\/a> <em>C\u00e1ntico espiritual B<\/em>, Pr\u00f3logo; canci\u00f3n 30, 7; canci\u00f3n 37, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref32\" name=\"_ftn32\">[32]<\/a> <em>C\u00e1ntico espiritual B<\/em>, Pr\u00f3logo, 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref33\" name=\"_ftn33\">[33]<\/a> <em>C\u00e1ntico espiritual B<\/em>, Pr\u00f3logo, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref34\" name=\"_ftn34\">[34]<\/a> <em>Diccionario de San Juan de la Cruz<\/em>, 1176.<\/p><p><a href=\"#_ftnref35\" name=\"_ftn35\">[35]<\/a> Atribuido por la cr\u00edtica moderna a un dominico del s. XIII o XIV, de nombre Elvico Teut\u00f3nico.<\/p><p><a href=\"#_ftnref36\" name=\"_ftn36\">[36]<\/a> Cf. Eulogio Pacho,<em> Estudios Sanjuanistas<\/em>, vol. 2, cap. 11.<\/p><p><a href=\"#_ftnref37\" name=\"_ftn37\">[37]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 2, 24, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref38\" name=\"_ftn38\">[38]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Noche oscura<\/em>, Libro 2, 17, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref39\" name=\"_ftn39\">[39]<\/a> Cf. San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 1, 13, 5; Libro 3, 16, 2; <em>Noche oscura<\/em>, Libro 1, 13, 15; <em>C\u00e1ntico espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 20, 4.9; canci\u00f3n 26, 19; <em>Avisos <\/em>161; <em>C\u00e1ntico espiritual A<\/em>, canci\u00f3n 29, 1).<\/p><p><a href=\"#_ftnref40\" name=\"_ftn40\">[40]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 3, 27, 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref41\" name=\"_ftn41\">[41]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Llama de amor viva B<\/em>, canci\u00f3n 3, 62.<\/p><p><a href=\"#_ftnref42\" name=\"_ftn42\">[42]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 2, 25.<\/p><p><a href=\"#_ftnref43\" name=\"_ftn43\">[43]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 26.<\/p><p><a href=\"#_ftnref44\" name=\"_ftn44\">[44]<\/a> <em>Suma Teol\u00f3gica<\/em> II-II, 111, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref45\" name=\"_ftn45\">[45]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>C\u00e1ntico espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 38, 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref46\" name=\"_ftn46\">[46]<\/a> 2 Co 4, 17.<\/p><p><a href=\"#_ftnref47\" name=\"_ftn47\">[47]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 3, 26, 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref48\" name=\"_ftn48\">[48]<\/a> Cf. <em>Diccionario de San Juan de la Cruz<\/em>, 1177.<\/p><p><a href=\"#_ftnref49\" name=\"_ftn49\">[49]<\/a> <em>Influencia de Santo Tomas en la m\u00edstica de San Juan de la Cruz y Santa Teresa, \u201cLa vida sobrenatural\u201d<\/em> (1924), 4-5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref50\" name=\"_ftn50\">[50]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 1, 4, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref51\" name=\"_ftn51\">[51]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 1, 4, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref52\" name=\"_ftn52\">[52]<\/a> Cf. San Juan de la Cruz, <em>Noche oscura<\/em>, Libro 1, 9, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref53\" name=\"_ftn53\">[53]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>C\u00e1ntico Espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 38, 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref54\" name=\"_ftn54\">[54]<\/a> Eulogio Pacho,<em> Estudios Sanjuanistas<\/em>, vol. 2, cap. 11.<\/p><p><a href=\"#_ftnref55\" name=\"_ftn55\">[55]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>C\u00e1ntico Espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 3, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref56\" name=\"_ftn56\">[56]<\/a> Cf. Reginald Garrigou-Lagrange, OP, <em>La M\u00edstica y las doctrinas fundamentales de <span style=\"text-decoration: line-through;\">Sto.<\/span> Santo Tom\u00e1s<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref57\" name=\"_ftn57\">[57]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 1, 8, 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref58\" name=\"_ftn58\">[58]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 1, 4, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref59\" name=\"_ftn59\">[59]<\/a> Canci\u00f3n 14 y 15, 23.<\/p><p><a href=\"#_ftnref60\" name=\"_ftn60\">[60]<\/a> <em>Suma Teol\u00f3gica<\/em> I, 1, 8, ad 2; 2, 2, ad 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref61\" name=\"_ftn61\">[61]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 188.<\/p><p><a href=\"#_ftnref62\" name=\"_ftn62\">[62]<\/a> Cf. San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 1, 7, 11.<\/p><p><a href=\"#_ftnref63\" name=\"_ftn63\">[63]<\/a> <em>Ibidem<\/em>, 8.<\/p><p><a href=\"#_ftnref64\" name=\"_ftn64\">[64]<\/a> Cf. San Juan de la Cruz, <em>C\u00e1ntico espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 39, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref65\" name=\"_ftn65\">[65]<\/a> Fr. Ignacio G. Men\u00e9ndez-Reigada, OP, \u201cSanto Tom\u00e1s y San Juan de la Cruz\u201d.<\/p><p><a href=\"#_ftnref66\" name=\"_ftn66\">[66]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 3, 12, 2.<\/p><p><a href=\"#_ftnref67\" name=\"_ftn67\">[67]<\/a> <em>Suma Teol\u00f3gica <\/em>II-II, 180, 7, ad. 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref68\" name=\"_ftn68\">[68]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Noche oscura<\/em>, Libro 2, 18, 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref69\" name=\"_ftn69\">[69]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 103; <em>op. cit. Dei Verbum<\/em>, 5.<\/p><p><a href=\"#_ftnref70\" name=\"_ftn70\">[70]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Epistolario<\/em>, Carta 11, A do\u00f1a Juana de Pedraza, en Granada Segovia (28\/01\/1589).<\/p><p><a href=\"#_ftnref71\" name=\"_ftn71\">[71]<\/a> Cf. San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte<\/em>, Libro 1, 2, 3.<\/p><p><a href=\"#_ftnref72\" name=\"_ftn72\">[72]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Dichos de luz y amor<\/em>, 143.<\/p><p><a href=\"#_ftnref73\" name=\"_ftn73\">[73]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>C\u00e1ntico espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 30, 9.<\/p><p><a href=\"#_ftnref74\" name=\"_ftn74\">[74]<\/a> Cf. <em>Constituciones<\/em>, 24.<\/p><p><a href=\"#_ftnref75\" name=\"_ftn75\">[75]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>C\u00e1ntico espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 13, 1.<\/p><p><a href=\"#_ftnref76\" name=\"_ftn76\">[76]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>C\u00e1ntico espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 30, 10.<\/p><p><a href=\"#_ftnref77\" name=\"_ftn77\">[77]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>C\u00e1ntico espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 28.<\/p><p><a href=\"#_ftnref78\" name=\"_ftn78\">[78]<\/a> Cf. Fr. Ignacio G. Men\u00e9ndez-Reigada, OP, \u201cSanto Tom\u00e1s y San Juan de la Cruz\u201d.<\/p><p><a href=\"#_ftnref79\" name=\"_ftn79\">[79]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>C\u00e1ntico espiritual B<\/em>, canci\u00f3n 38, 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref80\" name=\"_ftn80\">[80]<\/a> San Juan de la Cruz, <em>Dichos de luz y amor<\/em>, 35.<\/p><p><a href=\"#_ftnref81\" name=\"_ftn81\">[81]<\/a> <em>Suma Teol\u00f3gica<\/em> I-II, 13, 1; IV <em>Sent<\/em>., d. 8, 3, ad 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref82\" name=\"_ftn82\">[82]<\/a> Jos\u00e9 Vicente Rodr\u00edguez, <em>San Juan de la Cruz y San Juan Pablo II<\/em>, p. 44; <em>op. cit. Acta OCD<\/em>, vol. 24, 1976, p. 6.<\/p><p><a href=\"#_ftnref83\" name=\"_ftn83\">[83]<\/a> <em>Directorio de <\/em><em>Evangelizaci\u00f3n de la Cultura<\/em>, 242.<\/p><p><a href=\"#_ftnref84\" name=\"_ftn84\">[84]<\/a> <em>Directorio de Espiritualidad<\/em>, 51.<\/p><p><a href=\"#_ftnref85\" name=\"_ftn85\">[85]<\/a> Cf. <em>Constituciones<\/em>, 199.<\/p><p><a href=\"#_ftnref86\" name=\"_ftn86\">[86]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 231.<\/p><p><a href=\"#_ftnref87\" name=\"_ftn87\">[87]<\/a> Cf. Mons. Adolfo Tortolo, <em>Tom\u00e1s de Aquino, el Santo de la Verdad<\/em>.<\/p><p><a href=\"#_ftnref88\" name=\"_ftn88\">[88]<\/a> <em>Pastores Dabo Vobis<\/em>, 53.<\/p><p><a href=\"#_ftnref89\" name=\"_ftn89\">[89]<\/a> <em>Itinerarium mentis in Deum<\/em>, pr\u00f3l., 4.<\/p><p><a href=\"#_ftnref90\" name=\"_ftn90\">[90]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 224.<\/p><p><a href=\"#_ftnref91\" name=\"_ftn91\">[91]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 235.<\/p><p><a href=\"#_ftnref92\" name=\"_ftn92\">[92]<\/a> <em>Constituciones<\/em>, 228.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pensamiento de Santo Tom\u00e1s de Aquino en San Juan de la Cruz Hoy estamos invadidos por falsos m\u00edsticos, que aunque aparentemente estudian mucho se equivocan mucho[1]. Son los que \u201cno conocen el camino (que es el Verbo) para descender desde s\u00ed mismos hacia \u00c9l, para poder ascender hasta \u00c9l. 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