{"id":10948,"date":"2026-04-17T06:51:02","date_gmt":"2026-04-17T04:51:02","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/?p=10948"},"modified":"2026-04-17T06:58:40","modified_gmt":"2026-04-17T04:58:40","slug":"los-discipulos-de-emaus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrocarisma.org\/index.php\/2026\/04\/17\/los-discipulos-de-emaus\/","title":{"rendered":"Los disc\u00edpulos de Emaus"},"content":{"rendered":"\t\t<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"10948\" class=\"elementor elementor-10948\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-8720a2f elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"8720a2f\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-0e23597\" data-id=\"0e23597\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-e55be2d elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"e55be2d\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO<\/strong><\/h3><p>\u00a0<\/p><p>Queridos hermanos: En el relato que acabamos de leer, Lucas describe de un modo hermoso uno de los encuentros que tuvo nuestro Se\u00f1or con sus disc\u00edpulos una vez resucitado.<\/p><h4><strong>I <\/strong><strong>\u2013 <\/strong><strong>EMA<\/strong><strong>U<\/strong><strong>S<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/h4><p>\u00a0<\/p><p>Este relato tiene una ense\u00f1anza important\u00edsima para nuestras vidas, ya que en estos disc\u00edpulos debemos saber vernos a nosotros. En ellos el evangelista descubre tres estados o momentos:<\/p><ul><li><em>Antes del contacto <\/em><em>con <\/em><em>Cristo <\/em><em>resucitado<\/em>: Clof\u00e1s, con su <em>rostro triste <\/em>le dijo \u00bfacaso t\u00fa eres el \u00fanico que no sabe lo que ha sucedido por estos <em>d\u00edas<\/em><em>? <\/em><em>&#8230;.<\/em><em>. <\/em><em>Nosotro<\/em><em>s <\/em><em>esper\u00e1bamos que fuera el quien liberara a <\/em><em>Israel..<\/em><em>. <\/em>Y nuestro Se\u00f1or les reprochara: <em>Hombres <\/em><em>duros de entendimiento<\/em><em>, <\/em><em>c\u00f3mo les cuesta creer <\/em><em>todo <\/em><em>lo que anunciaron <\/em><em>los <\/em><em>profetas. <\/em>Estaban tristes, desalentados, y esto porque su fe estaba como muerta (parec\u00eda que hab\u00eda muerto con Jesucristo en el G\u00f3lgota); y no ten\u00edan por esto esperanza, ante la cruz hab\u00edan desesperado de Jesucristo. Y por esto volv\u00edan como derrotados a Jerusal\u00e9n.<\/li><\/ul><ul><li>El encuentro: Se dio de un modo semejante a como se da en nuestras vidas, bajo el velo de la Fe. Ciertamente que de un modo distinto, pero semejante: <em>&#8230; el mi<\/em><em>s<\/em><em>mo Jes\u00fas <\/em><em>se acerc\u00f3 y continu\u00f3 caminando con ellos&#8230; pero algo imp<\/em><em>e<\/em><em>d\u00eda <\/em><em>qu<\/em><em>e <\/em><em>sus ojos lo reconocieran. <\/em>De hecho lo reconocer\u00e1n por efectos propios de Jesucristo, por dos cosas que solamente Jesucristo pod\u00eda hacer de ese modo: hacer arder los corazones con sus palabras y partir el pan.<\/li><\/ul><p><em>Juan Pablo II<\/em><em>: <\/em>\u201cNo hay duda de que san Lucas al narrar este episodio, especialmente el momento decisivo en que los dos disc\u00edpulos reconocen a Jes\u00fas, hace una alusi\u00f3n explicita a los relatos de la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, es decir, al modo como Jes\u00fas actu\u00f3 en la \u00daltima Cena (cf. Lc 24, 30). El evangelista, para relatar lo que los disc\u00edpulos de Emaus cuentan a los Once, utiliza una expresi\u00f3n que en la Iglesia naciente ten\u00eda un significado eucar\u00edstico preciso: <em>Le hab\u00edan <\/em><em>conocido <\/em><em>en la <\/em><em>fracci\u00f3n <\/em><em>del pan<\/em> (Lc 24, 35)\u201d (<em>Ecclesia <\/em><em>in America<\/em>).<\/p><ul><li>Lo que qued\u00f3 en sus almas: La alegr\u00eda: <em>en ese mismo momento <\/em>(antes hab\u00edan dicho que era tarde y el d\u00eda se acababa) volvieron a Jerusal\u00e9n. El consuelo espiritual: \u00bf<em>no ard\u00edan nuestros corazon<\/em><em>e<\/em><em>s cuando nos e<\/em><em>x<\/em><em>plicaba las Escritura<\/em><em>s?<\/em><em style=\"font-size: 16px;\">\u00a0<\/em><\/li><\/ul><h4><strong>II <\/strong><strong>&#8211; <\/strong><strong>EMA<\/strong><strong>U<\/strong><strong>S EN LOS TIEMPOS DE LA <\/strong><strong>IGLESIA<\/strong><\/h4><p>\u00a0<\/p><p>\u00bfC\u00f3mo podemos nosotros repetir aquella experiencia de los disc\u00edpulos de Emaus?<\/p><p>Juan Pablo II: (explicar con mis palabras) <em>\u201c<strong>La Iglesia <\/strong><\/em><strong><em>es el <\/em><\/strong><strong><em>lugar donde los hombres, <\/em><\/strong><strong><em>encontrando <\/em><\/strong><strong><em>a Jes\u00fas<\/em><\/strong>, pueden descubrir el amor del Padre: en efecto, el que ha visto a Jes\u00fas ha visto al Padre (cf. Jn 14, 9). <em>Jes\u00fas, despu\u00e9s de su ascensi\u00f3n al cielo, act\u00faa mediante la acci\u00f3n poderosa del Par\u00e1clito <\/em>(cf. Jn 16,7), que transforma a los creyentes d\u00e1ndoles la nueva vida. De este modo ellos Began a ser capaces de amar con el mismo amor de Dios, <em>que ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo que se nos ha dado<\/em> (Rm 5, 5). <em>La gracia divina prepara, adem\u00e1s, a los cristianos a ser agentes de la transformaci\u00f3n del mundo, <\/em>instaurando en \u00e9l una nueva civilizaci\u00f3n, que mi predecesor Pablo VI llamo justamente \u2018civilizaci\u00f3n del amor\u2019\u201d.<\/p><p>Para que la b\u00fasqueda de Cristo presente en su Iglesia no se reduzca a algo meramente abstracto, es necesario mostrar los lugares y mementos concretes en los que, dentro de la Iglesia, es posible encontrarlo.<\/p><p>1- En primer lugar, \u201cla Sagrada Escritura le\u00edda a la luz de la Tradici\u00f3n, de los Padres y del Magisterio, profundizada en la meditaci\u00f3n y la oraci\u00f3n\u201d. Por ello debemos buscar el conocimiento de los Evangelios, en los que se proclama, con palabras f\u00e1cilmente accesibles a todos, el modo como Jes\u00fas vivi\u00f3 entre los hombres. La lectura de estos textos sagrados, cuando se escucha con la misma atenci\u00f3n con que las multitudes escuchaban a Jes\u00fas en la ladera del monte de las Bienaventuranzas o en la orilla del Lago de Tiber\u00edades mientras predicaba desde la barca, produce verdaderos frutos de conversi\u00f3n del coraz\u00f3n.<\/p><p>La Sagrada Escritura, incluso el Antiguo Testamento (<em>comenzando desde Moises y pasando por los profetas &#8230; todo lo que de \u00e9l se hab\u00eda dicho<\/em>). \u201cIgnorar a las Escrituras es ignorar a Jesucristo\u201d (San Jer\u00f3nimo) \u00a1Cu\u00e1ntas veces nuestro mundo se queja del silencio de Dios &#8230; y sin embargo deja en el olvido a la Palabra de Dios revelada en la cual Dios nos ense\u00f1a los misterios fundamentales de nuestra existencia.<\/p><p>2- Un segundo lugar para el encuentro con Jes\u00fas es la Sagrada Liturgia. Al Concilio Vaticano II debemos una riqu\u00edsima exposici\u00f3n de las m\u00faltiples presencias de Cristo en la Liturgia. (SC 7): Cristo est\u00e1 presente en el celebrante que renueva en el altar el mismo y \u00fanico sacrificio de la Cruz; est\u00e1 presente en los Sacramentos en los que act\u00faa su fuerza eficaz. Cuando se proclama su palabra, es El mismo quien nos habla. Esta presente adem\u00e1s en la comunidad, en virtud de su promesa: <em>Donde est\u00e1n dos o tres reunidos en mi nombre, all\u00ed estoy yo en medio de ellos<\/em> (Mt 18,20). Esta presente \u201csobre todo bajo las especies eucar\u00edsticas\u201d. Mi predecesor Pablo VI crey\u00f3 necesario explicar la singularidad de la presencia real de Cristo en la Eucarist\u00eda, que \u201cse llama \u2018real\u2019 no por exclusi\u00f3n, como si las otras presencias no fueran \u2018reales\u2019, sino por antonomasia, porque es substancial\u201d. Bajo las especies de pan y vino, \u201cCristo todo entero est\u00e1 presente en su \u2018realidad f\u00edsica\u2019 aun corporalmente\u201d. (San Pablo VI <em>Mysterium fidei)<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p><p>3- La Escritura y la Eucarist\u00eda, como lugares de encuentro con Cristo, est\u00e1n sugeridas en el relato de la aparici\u00f3n del Resucitado a los dos disc\u00edpulos de Emaus. Adem\u00e1s, el texto del Evangelio sobre el juicio final ( cf. Mt 25, 31-46), en el que se afirma que seremos juzgados sobre el amor a los necesitados, en quienes misteriosamente est\u00e1 presente el Se\u00f1or Jes\u00fas, indica que no se debe descuidar un tercer lugar de encuentro con Cristo: \u201cLas personas, especialmente los pobres, con los que Cristo se identifica\u201d (29). Como recordaba el Papa Pablo VI, al clausurar el Concilio Vaticano II, \u201cen el rostro de cada hombre, especialmente si se ha hecho transparente por sus l\u00e1grimas y por sus dolores, podemos y debemos reconocer el rostro de Cristo (cf. Mt 25,40), el Hijo del hombre\u201d.<\/p><h4><strong>III &#8211; CONCLUSI\u00d3N<\/strong><\/h4><p>\u00a0<\/p><p>Queridos hermanos, debemos procurar encontrar a Cristo resucitado como lo hicieron aquellos disc\u00edpulos. Cristo vive, es nuestro contempor\u00e1neo y en la medida en que nos unamos a \u00e9l tendremos vida eterna y por ello tambi\u00e9n la verdadera alegr\u00eda del alma.<\/p><p>Sin embargo, dice Juan Pablo II: \u201cLa invitaci\u00f3n del Se\u00f1or respeta siempre la libertad de los que llama. Hay casos en que el hombre, al encontrarse con Jes\u00fas, se cierra al cambio de vida al que \u00c9l lo invita. Fueron numerosos los casos de contempor\u00e1neos de Jes\u00fas que lo vieron y oyeron, y, sin embargo, no se abrieron a su palabra. El Evangelio de san Juan se\u00f1ala el pecado como la causa que impide al ser humano abrirse a la luz que es Cristo: <em>Vino la luz al mundo y los hombres amaron m\u00e1s las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas<\/em> (Jn 3,19). Los textos evang\u00e9licos ense\u00f1an que el apego a las riquezas es un obst\u00e1culo para acoger el llamado a un seguimiento generoso y pleno de Jes\u00fas. T\u00edpico es, a este respecto, el caso del joven rico (cf. Mt 19, 16-22; Mc 10, 17-22; Lc 18, 18-23)\u201d.<\/p><p>Por ello no basta encontrar a Cristo, sino que adem\u00e1s el pide que busquemos las cosas de arriba para que el un d\u00eda nos llame de la muerte a la vida. <em>Si cre\u00e9is que hab\u00e9is sido resucitados con Cristo, buscad los bienes de arriba<\/em>; o como dice San Pedro: <em>De manera que la fe y la esperanza de ustedes est\u00e9n puestas en Dios<\/em>.<\/p><p>Pid\u00e1mosle esta gracia a la Sant\u00edsima Virgen, a ella que siempre nos dar\u00e1 a Jesucristo cuando se lo pidamos; ya que esa fue, es y ser\u00e1 su vocaci\u00f3n: darle a Jesucristo al mundo.<\/p>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO \u00a0 Queridos hermanos: En el relato que acabamos de leer, Lucas describe de un modo hermoso uno de los encuentros que tuvo nuestro Se\u00f1or con sus disc\u00edpulos una vez resucitado. 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